lunes, 12 de agosto de 2019

Larimón. El Subyugador. Capítulo 1


-No creo que cojan todas tus cosas en este armario, es demasiado pequeño.- Le dijo Amaia a su amiga y ahora, compañera de piso.
-Bueno, siempre puedo ocupar parte del armario de Jorge, los hombres no aprovechan todo el espacio. –Respondió Patricia entre risas.

-Ni hablar, no quiero ir oliendo a perfume de mujer todo el día, eso anularía mis posibilidades de tener una cita.- Contestó Jorge,
-Cielo, eso no es culpa del perfume, ahora tampoco te comes un colín. Jajaja. – Añadió Patricia antes de sacarle la lengua a su compañero.
-Chicos vale ya, esta será nuestra primera noche como compañeros de piso y tenemos muchas cosas que hacer antes de la fiesta que hemos organizado.- Sentenció Amaia que seguía colocando la ropa en su armario, mientras sus dos compañeros hacían pelea de almohadas.
Cuando la ropa estuvo colocada, las camas hechas y la casa lo suficientemente limpia como para que tres estudiantes universitarios, viviesen en ella si morir en el intento, decidieron descansar un rato y se tumbaron los tres en el sofá.
-Esto es lo mejor que tiene la casa, en este gran sofá cogemos los tres sin problemas.- Dijo Jorge con una sonrisa picarona.
-Las manos quietas Jorgito, o pasaré a llamarte don Pulpillo.- Le dijo Amaia, mientras apartaba las manos de Jorge de sus caderas.
-Anda que no es listo aquí el amigo, ten cuidado Amaia, porque duerme en la habitación que está pegada a la tuya, no vaya a ser que a media noche le dé por meterse en tu cama y no te des ni cuenta.-  Añadió Patricia bastante molesta por no ser ella el centro de atención.
-Tranquila, que para eso existe una cosa llamada pestillo que acabo de instalar. Jajaja. – Confesó Amaia bastante tranquila.
-Qué mala fama me estáis dando, con lo bueno que soy yo. Voy a tener que instalar yo también un pestillo, no vaya a ser que vivir con dos mujeres solteras y un poco locas, termine pasándome factura.- Comentó Jorge, mientras se levantaba del sofá y pasaba por encima de las chicas con dificultad, pese a sus quejidos.
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La fiesta fue genial, amigos, alcohol, juegos, música, incluso un karaoke improvisado que fue la delicia de los invitados. Cuando estaban a punto de dar las 12 y todas las visitas se habían marchado, alguien llamó a la puerta.
-Alguno se habrá dejado algo o será un vecino cabreado.- Dijo Jorge mientras se disponía a abrir la puerta. 
-Pues empezamos bien.- Se quejó Amaia. 
-Chicas, vais a flipar. –Dijo el joven mientras regresaba al salón donde se encontraban sus compañeras recogiendo un poco los daños colaterales de aquella reunión. –Me he encontrado esto en la puerta, alguien lo tiene que haber dejado a postas, porque cuando se han ido estos no estaba. Seguramente nos han querido hacer un regalito de bienvenida y meternos el miedo en el cuerpo. – Añadió, mostrando la tabla ouija que tenía en sus manos a sus compañeras.
-¡Mierda! Esas cosas no me gustan, deshazte de ella.- Pidió Amaia horrorizada.
-¿Por qué? Seguramente es un regalito del tonto de Pedro, siempre está con lo mismo. Pero no lo tires, vamos a jugar con ello un rato.- Dijo Patricia muy ilusionada por tener una excusa por la que dejar de limpiar. 
-Yo paso, ¿no habéis oído historias sobre eso?- Se negó Amaia.
-Historias, leyendas urbanas, cuentos de viejas. Llámalo como quieras, todo son tonterías. –Sentenció Jorge y se sentó en el suelo junto a Patricia y colocaron la tabla en el suelo.
-Yo no pienso participar en eso, ya os lo digo.- Respondió Amaia firmemente.
-No lo hagas, podemos jugar nosotros dos. ¿Verdad? Dale Jorgito, así no tenemos que limpiar. Jajaja.- Pidió Patricia, mientras Jorge colocaba la púa encima del centro del tablero.
Amaia no quería estar presente en todo aquello, así que dejó de limpiar el salón y se fue a la cocina a lavar los cacharros, pero seguía sintiendo miedo por lo que sus compañeros estaban llevando a cabo en la habitación de al lado. 
Poco después se escuchó la puerta de la calle, por lo que Amaia salió de la cocina y se encontró a Patricia recogiendo la ouija. 
-¡Qué rápido! ¿Habéis cambiado de idea o qué?- Quiso saber Amaia.
-¡Qué va! A Jorge le ha llamado una “amiguita” y se ha ido corriendo, ni me ha dejado cerrar la sesión en condiciones, pero vamos que da igual, porque estaba claro que era él quien movía el vaso todo el rato.- Se quejó Patricia.
-Bueno, mejor. Así no tenemos nada que lamentar. – Añadió la joven mientras regresaba a la cocina a por un vaso de agua.
-¿No quieres saber lo que pasó? Está claro que a Jorge le pones mucho. Lo dijo hasta el espíritu. Cuando me he reído de él en su cara se ha largado con la excusa que tenía una cita, pero seguramente está rebotado por ahí solo en un bar.- Confesó Patricia entre risas. 
-¿Por qué dices eso?- Quiso saber Amaia.
-Cuando le hemos preguntado al supuesto espíritu lo que quería, nos ha dicho que a ti. Está claro que su subconsciente le ha jugado una mala pasada o quería que yo lo supiese para ver si te lo decía porque él no se atreve.- Añadió Patricia mientras se quitaba la camiseta y los zapatos y los dejaba tirados en el salón antes de irse a dormir.- Por cierto, buenas noches Amaia y buenas noches, Larimón.- 
-¿Lari qué?- Preguntó Amaia mientras recogía la ropa que su amiga había dejado tirada en el suelo y la dejaba sobre el reposabrazos del sofá. 
-Larimón, ese es el nombre que Jorge se ha inventado para el espíritu. Creo que iba a decir Larry o algo así, pero como no daba miedo, lo cambió en el último momento. –Se despidió Patricia, lanzando un beso al aire con la mano y cerrando la puerta tras ella. 
Amaia sintió un escalofrío al escuchar ese nombre, aunque no sabía por qué. Realmente imponía más un espíritu con ese nombre que uno llamado Larry.
Entró a su cuarto, cerró la puerta con el pestillo, y se puso el pijama- Aquella camisola de color gris y con un dibujo de Betty Boop era su favorita. Apagó la luz de su cuarto y por fin se metió en la cama, estaba tan cansada de la limpieza y la fiesta, que poco tardó en sucumbir al sueño que la rondaba hacía horas. 
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Sintió una presión sobre ella, algo la mantenía pegada a la cama. Un calor intenso comenzó a recorrer todo su cuerpo. ¿Había unas manos deslizándose por sus muslos.
Quería abrir los ojos, necesitaba abrirlos, pero algo se lo impedía. Notó como apartaban las sábanas que la cubrían y cómo su camisola se deslizaba hacia arriba.
-Abre los ojos, abre los ojos. – Se decía una y otra vez.
Entonces un ruido sordo la despertó de golpe, empapada en sudor. Miró a su alrededor, pero apenas vio nada con la luz que se filtraba por las rendijas de la persiana. ¿Lo había soñado? Se levantó de la cama y encendió la luz. Comprobó que el pestillo estaba echado y entonces se fijó en la sábana que estaba tirada en el suelo al otro lado de la habitación. ¿Realmente había sido un sueño?
Salió al pasillo, donde se encontró con Jorge, que andaba medio perdido por las copas de más que no se debió tomar.
-¿Estás bien?- Preguntó la joven.
-Perfectamente. –Dijo él arrastrando cada sílaba.
-Venga, te ayudo a llegar a tu cama.- Se ofreció ella, mientras le cogía de la mano y le guiaba hasta la puerta.
-¿Sabes? Estás muy guapa con ese camisón. ¿Quieres dormir conmigo?- Preguntó él mientras se trastabillaba hasta caer en la cama a plomo y quedar inconsciente hasta la mañana siguiente.
Amaia se echó a reír, aquello le resultaba demasiado gracioso como para contenerse. Se marchó, cerró la puerta y puso rumbo de nuevo hacia su habitación. 
Temerosa y sin saber por qué, volvió a meterse en la cama, deseosa de que el sueño que tuvo, no volviese a reaparecer nunca más. 

Continuará...

domingo, 11 de agosto de 2019

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 5


La muerte del almirante le había pasado factura a Alicia y tanto sus padres como Álex no sabían cómo animarla, por lo que estaban preocupados.

-¿Puedo hacerle una pregunta?- Le dijo Álex a la madre de Alicia. – Me gustaría saber por qué no me mataron al igual que hicieron con el resto de tripulantes de la nave en la que viajábamos.-

-No fuimos nosotros. El planeta en el que habitamos está vivo, tenemos una simbiosis con él. Nosotros producimos energía que lo alimenta con nuestra sola presencia y a su vez, nos nutrimos de la energía del universo que es canalizada por el planeta. Aquí no  necesitamos comer, ni respirar, en otros planetas sí. Pero digamos que al planeta no le gustan los extraños. – Respondió la mujer.

-Yo no soy como vosotros, soy un extraño. – Añadió el joven.

-Para el corazón de mi hija eres alguien muy cercano y esa unión es la que te hace especial, el planeta lo sabe.- Dijo la mujer entre risas, al ver la cara que había puesto el muchacho.

-Pero eso quiere decir que el planeta está vivo y tiene voluntad propia. No puede ser real. – Álex cada vez estaba más perplejo.

-Todo lo que nos rodea está vivo, incluso tu planeta lo estaba. Las mareas, los seísmos, todo lo que vosotros llamabais catástrofes eran respuestas del planeta ante vuestra continua explotación de los recursos. El nuestro tiene más autonomía, pero esa es la única diferencia entre uno y otro.- Respondió la mujer, mientras juntaba las manos y hacía aparecer de la nada una bola de energía de color azul. 

-¡Vaya, es precioso! ¿Cómo lo has hecho?- Quiso saber el joven, mientras unía las palmas de sus manos, intentando emular aquél gesto.

-Con paciencia y visualizando aquello que quieres conseguir. Desde que nacemos estamos predispuestos a ello, por lo que nos resulta más sencillo hacerlo que a ti, que estás comenzando tu adiestramiento. – Afirmó la mujer.

-¿Adiestramiento para qué?- Preguntó Álex.

-Para ser uno de nosotros. Te enseñaremos a utilizar la energía en tu beneficio y en el de los demás y pronto serás uno más. – Le dijo la madre de Alicia, mientras veía aproximarse a su hija.

-¿Esto se puede aprender? ¿Yo también irradiaré calor como Alicia?- Preguntó Álex, bajo la atenta mirada de la joven que acababa de llegar.

- Alicia no solo irradia calor, también controla el fuego, pero ese es su don. Cada uno tenemos uno y el tuyo se desvelará cuando estés preparado. –Confesó la mujer antes de marcharse y dejar a los dos jóvenes a solas en aquella habitación.

El joven se acercó al gran ventanal, desde el cual se podían ver las llanuras rojizas que rodeaban la instalación donde se encontraban, y no pudo evitar pensar en la frondosidad de los bosques de la Tierra que tanto echaba de menos. ¿Se acostumbraría alguna vez a aquél desierto? ¿Y a comer igual que lo hace un niño perdido en el país de Nunca Jamás? Si tenía que imaginarse la comida, iba a pasar mucha hambre porque no era ningún chef.

-¿Estás bien?- Preguntó Alicia, mientras colocaba su mano en la espalda de Álex.

-Sí, solo tengo que hacerme a la idea. ¿Y tú estás bien?- Le preguntó mientras se giraba y quedaba justo frente a ella.

-Creo que sí, he asumido lo que soy, y también, que la persona que me salvó la vida al mandarme en esa nave, ya no está. Le quería, pero la vida sigue y… - Se detuvo, le cogió de la mano y continuó con lo que estaba diciendo.- No sé en qué momento pasó, pero creo que tenerte junto a mí es lo mejor que me ha ocurrido en mucho tiempo. Haces que todo resulte más fácil y junto a ti el tiempo se me pasa volando.- Dijo la joven, mientras agachaba la mirada temerosa, por las incipientes rojeces que asomaban en sus mejillas.

-No me extraña que el almirante diese su vida por ti. Yo también siento la necesidad de protegerte, cuando sé que realmente no necesitas a nadie que te proteja. Y tengo la esperanza, al ser el único hombre de verdad en este planeta, que decidas dejarme estar a tu lado.- Dijo Álex, mientras rodeaba a Alicia por la cintura, y se fundía con ella en un dulce beso que, poco a poco, encendió el fuego que ambos llevaban dentro.

De repente Álex sintió que todo se desvanecía, y pensó que Alicia lo había carbonizado sin querer. Ya está, ya no hay vuelta atrás, había viajado a millones de años luz para morir a manos de la mujer que amaba, tampoco era un final tan malo. ¿Verdad? 
Pero entonces, escuchó cómo Alicia repetía su nombre una y otra vez. Abrió los ojos y se dio cuenta que se encontraba en el suelo, pero por desgracia no sentía su propio cuerpo. ¿Qué estaba pasando? Vio a la joven en llamas mirarle desde las alturas, extrañada, y eso viniendo de una mujer envuelta en fuego que volaba sobre su cabeza, era bastante perturbador.

Por primera vez en su vida, Álex descubrió la verdad, por qué se sentía tan diferente al resto de los mortales, pero tan conectado con Alicia. ¡ERA UN CHARCO DE AGUA!

-¡¿Qué me está pasando?!- Gritó a la desesperada. 

Al escuchar los gritos, los padres de Alicia entraron en la sala y vieron a su hija en llamas, y un charco de agua en el suelo con el que hablaba.

-¿Hola? ¿Alguien me dice qué me está pasando?- Preguntó el joven bastante molesto.

-Vaya, ahora lo entiendo todo. ¿Recuerdas que te dije que cuando estuvieses preparado encontrarías tu don? Pues al igual que el de mi hija es el fuego, tú eres su opuesto, el agua. Puedes controlar el agua en todos sus estados, incluso puedes transmutarte en ella, como podemos ver.- Respondió la mujer que le observaba intrigada.

-Muy bien, pero lo que no sé es cómo vuelvo a mi estado normal. ¿Una ayudita?- Pidió cansado de estar tirado en el suelo.

-Piensa en tu cuerpo, en recuperar la estabilidad, la firmeza del hielo.- Y tras sus palabras certeras, el joven recuperó su forma habitual, mientras que Alicia también volvía a su estado natural.

Cuando la madre de Alicia le preguntó a Álex lo que había pensado antes de convertirse en agua, el joven sintió la presión de explicarle a sus futuros suegros, que estaba besando a su hija cuando ésta le hizo sopa. No era algo que le apeteciese contar, pero Alicia se adelantó y lo hizo por él.

-Así que, os estabais besando.- Dijo el padre con cara de preocupación.

-¿Qué se te pasó por la cabeza en ese momento?- Preguntó la madre.

-¡Mamá!- Protestó Alicia, que estaba intentando mantener la compostura.

-Esto… yo solo quería conectar con su hija, fundirme con ella. Aunque dicho así, sonaba mejor en mi cabeza.- Confesó Álex, antes de darse cuenta que sus palabras podrían malinterpretarse.

-Ahí lo tienes, querías fundirte y eso hiciste. A partir de ahora deberás tener más cuidado con lo que deseas, querido. – Añadió la madre de Alicia entre risas.

-Si te digo la verdad, ahora que ya está solucionado, me hizo bastante gracia verte como un huevo frito, espanzurrado ahí en el suelo.- Dijo la joven a carcajada limpia.

-Muy graciosa chispitas. – Contestó Álex, mientras envolvía a Alicia en sus brazos y la besaba de nuevo, esta vez bajo la atenta mirada de su nueva familia.

FIN


sábado, 6 de julio de 2019

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 4


¿Hablaba su idioma? ¿Cómo era eso posible? Entonces su cuerpo reaccionó, ese abrazo, ese olor, le resultaban muy familiares. Los recuerdos que creía perdidos, se agolparon de repente en su cabeza y se hicieron cada vez más nítidos.

Aquel hombre cuando era más joven, aparecía en esos recuerdos depositando a un bebé en una especie de nave, y una mujer que había junto a él, lloraba desconsolada mientras cantaba una canción.

-Dulce niña, dulce amor, repliega tus alas y tu calor. Llega la noche y el día se va, no tengas miedo, mi luz contigo está. – Cantó de repente, bajo la atenta mirada del chamán y de Álex, que se quedó embobado al escuchar cantar a Alicia.

-¿De dónde has sacado eso?- Preguntó el joven perplejo.

-Estoy en casa, he recordado que era la nana que me cantaba mi madre cuando nací.- Respondió Alicia, mientras su cuerpo sufría un cambio repentino. Su piel se volvía más luminosa, su cabello más rojizo y el azul de sus ojos daba paso a un amarillo anaranjado como el de un fuego encendido.

-¿Qué demonios está pasando?- Quiso saber Alex.

-Acabo de recordarlo todo, el abrazo que me ha dado este hombre, mi padre, me ha abierto los ojos. He recordado a mi madre, cuando me cantaba esa canción de niña, cómo me mandaron lejos de mi casa en una nave espacial para salvarme la vida y cómo enterré todos esos recuerdos tan dolorosos en lo más profundo de mi mente, por miedo a no volverlos a verlos nunca más.- Confesó Alicia, mientras cogía las manos de Álex entre las suyas y las apretaba con fuerza.

-Espera un momento, ¿me estás diciendo que tus padres te mandaron a la Tierra en una nave espacial como si fueses el mismísimo Superman, que eres un extraterrestre y que te acuerdas de todo lo que has vivido desde que eras un bebé? Vale, ahora sí que estoy más confundido que antes.- Confesó mientras caía de rodillas y permanecía arrodillado en el suelo.


Instantes después, la misma niña que les había llevado las frutas, entró nuevamente en esa especie de tienda de campaña en la que se encontraban y les sonrió. Entonces chasqueó los dedos, y la tienda se convirtió en una gran habitación futurista llena de comodidades y luces de colores, que le daban a la estancia un brillo especial y completamente diferente. Pero no solo cambió aquel lugar en un abrir y cerrar de ojos, además la pequeña niña se convirtió en una mujer adulta, muy bella y esbelta, que Alicia reconoció inmediatamente como su madre biológica.



-Pensé que sería más sencillo acercarme a vosotros como una niña, así os sentiríais más cómodos.– Se disculpó su madre, y al parecer no se equivocaba.

-¿Por qué entiendo ahora lo que dices?- Quiso saber Álex.

-Somos capaces de leer tu mente y adaptarnos a tus necesidades. Idioma, costumbres, entornos. Todo lo anterior lo hemos sacado de tus recuerdos, son muy variados. No sabía que en la Tierra pasasen tantas cosas y hubiese gente tan especial. Seguramente viajeros como tú, mi pequeña Shaina.- Le dijo a Alicia, mientras se fundía con ella en un abrazo.

-¿Viajeros? ¿Qué clase de viajeros? – Álex creía estar alucinando. No debería de haber comido tanto.

La madre de Alicia, o Shaina, como realmente se llamaba, elevó la mano derecha grácilmente en el aire y después la bajó rápidamente, como si estuviese atrapando  una mosca. Entonces, como salidos de la nada, aparecieron en el centro de la sala los mismísimos Vengadores, parecían tan reales que Álex dio un respingo hacia atrás y cayó al suelo, donde se quedó sentado.

-Espera un momento, ¿estos son los viajeros a los que te refieres? – Álex no podía dejar de reírse y Alicia cuando cayó en la cuenta de lo que había pasado, se unió a él.

-Verás madre, estos viajeros como tú los haces llamar, no son reales. Son personajes ficticios, creaciones que los humanos inventan para su entretenimiento. Personas que fingen ser lo que no son. – Dijo la joven, mientras volvía a abrazar a su madre con ternura.

-Pues tú si eres real y tienes más poder que todos esos ficticios juntos.- Contestó la madre.

-¿Yo?- Ahora era Alicia la que no cabía en su asombro.

-¿Por qué malgastas el aire respirando? No lo necesitas para vivir. Al igual que no necesitas los alimentos que has probado hace unos instantes, ni el agua que ha sofocado tu sed. Somos seres de energía, la energía está en todas partes, ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Podemos canalizar esa energía, canalizarnos a nosotros mismos y crear o destruir aquello que nuestra mente ansíe. Ven, te lo mostraré.- Le dijo su madre antes de coger entre sus manos las de Alicia. – Piensa en algo que solo pueda estar en la Tierra y juntas lo traeremos hasta aquí.-


Alicia quería pensar en un tigre, le encantaban los tigres y le hubiese encantado tener uno delante, pese al peligro que aquello conllevaba, pero sin poder evitarlo pensó en aquel conejo blanco del cuento, en su querido almirante que había dado su vida por salvarla a ella.

De repente sintió una presencia. Abrió los ojos lentamente mientras se giraba, tras escuchar en un susurro a su espalda, pronunciar su nombre por una voz rasgada.



-Los años no te han tratado tan mal como a mí, me alegro.- Dijo aquel hombre, antes de verse interrumpido por un ataque de tos.

-¿Cuántos años tienes?- Preguntó la joven al ver a su joven y apuesto almirante convertido en un anciano enfermo y bastante pálido.

- Lo sé, estoy peor de lo que te habrías imaginado, pero he vivido los últimos 60 años bajo tierra y eso deja huella en cualquiera, incluso en mí. – Contestó.

-¿Por qué me mentiste? ¿Por qué no me diste la opción de elegir? Sabes que me hubiese quedado contigo.- Dijo Alicia con lágrimas en los ojos, cosa que a Álex le dolió.

-Siempre supe que no eras una chica normal, que eras alguien especial y por ello merecías regresar a tu hogar.- Confesó.

-¿Lo sabías? – Preguntó Alicia.

-Lo intuía, aunque no estaba seguro. Vaya, qué lugar más espectacular.-Dijo al echar un vistazo a su alrededor.

-Es mi hogar.- Añadió Alicia con la voz rota.

-¿En serio? Vaya, sí que tuve buen ojo al escoger destino. Me alegro mucho por ti, Alicia. Por fin puedo descansar sabiendo que hice algo bien en vida.- Dijo antes de que sus piernas flaqueasen y Álex lo sostuviese por detrás.- Vaya, cuídala mucho chico, es un ser muy especial y tú me recuerdas mucho a mí cuando era joven, por eso sé que lo harás bien.- 

Entonces el silencio se apoderó de la sala y los ojos del almirante se cerraron, mientras Álex y Alicia cruzaban la mirada. 

Continuará...

jueves, 25 de abril de 2019

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 3º


El aire de aquél planeta era respirable, un poco denso, pero soportable. La humedad hacía que la ropa se les pegase a la piel, por lo que Álex se quitó la camiseta, dejando sus grandes músculos al descubierto.

-¿Qué?- Preguntó Álex al ver que Alicia apartaba la mirada.
-Nada, que hace calor.- Dijo Alicia sonriendo y adelantándose a Álex en el camino.
-Por mí no te cortes.- Añadió Álex.
-No pienso descamisarme delante tuya.- Se quejó Alicia.

-Estamos supuestamente solos, en un planeta supuestamente deshabitado. Creo que podemos comportarnos como dos adultos civilizados, sin tener que acabar deshidratados o revolcándonos en cualquier rincón. Además, eres muy guapa, pero ni que fueses la única mujer en este mundo.- Le dijo Álex mientras se reía y echaba a correr, adelantando a Alicia.

Ésta se lo tomó como un reto personal y comenzó a perseguirle. Parecían dos críos jugando al pilla-pilla, cuando de repente escucharon un silbido y una gran roca encendida cayó justo a su lado.

-AHHH.- Gritó Álex, al ser salpicado por un trozo de roca candente que le quemó en el torso.
-¿Estás bien?- Dijo Alicia preocupada por él.
-Sí, no es nada, vayamos a esa cueva a resguardarnos.- Sugirió el joven, intentando parecer menos dolorido de lo que estaba en realidad.

Corrieron como si la vida les fuese en ello, ya que las rocas seguían cayendo y al llegar a la cueva, se recostaron en su interior.

-Estás sangrando, hay que poner un vendaje en esa herida o se infectará.- Dijo Alicia, mientras se quitaba la camiseta y la hacía jirones. 
-Reconócelo, estabas deseando hacer eso.- Dijo Álex entre risas, interrumpidas poco después por un quejido, al sentir que Alicia apretaba con fuerza la tela sobre la herida sangrante del joven.

Entonces Álex llevó su mano hacia la de Alicia y la sostuvo con delicadeza. Alicia sintió el tacto de Álex en su piel y se estremeció.

-Bueno, sostenlo así, voy a hacer un fuego para calentarnos.- Comentó Alicia, mientras retiraba la mano que sostenía la tela y dejaba a Álex al cargo. 
-Alicia, yo…- Quiso decir el joven, pero se vio interrumpido por un dedo sobre sus labios.
-No es el momento. Quédate aquí, enseguida vuelvo.- Dijo ella antes de levantarse y adentrarse más en la cueva, puesto que en el exterior los proyectiles de roca candente seguían cayendo sin cesar. 

Cuando Alicia regresó momentos después, traía las manos vacías. 

-No hay nada que nos pueda servir. Intenté hacer el fuego con dos piedras, pero no tenemos nada que mantenga la llama. No hay árboles aquí dentro y por lo que vimos al llegar, tampoco hay muchos ahí fuera.- Le dijo a su compañero que tiritaba de frío.
-Bueno, no pasa nada. Dentro de poco podremos salir de aquí y buscar un refugio más cálido donde pasar la noche.- Comentó Álex.
-Estás tiritando. Ven aquí.- Le dijo Alicia, mientras se sentaba junto a él y le rodeaba con los brazos. – Así entrarás en calor.-
-No comprendo cómo puedes estar tan caliente.- Dijo el joven al sentir la piel cálida de Alicia junto a la suya.
-Porque hace calor, tú tienes que estar peor de lo que pareces. Esa herida no me gusta.- Le dijo a Álex, mientras retiraba un poco la tela para observar la sangre salir.
-Estaré bien. Solo necesito…- El joven no pudo terminar la frase, pues una roca candente atravesó el techo de la cueva, obligándolos a moverse.

Atravesaron varios recovecos de la cueva de forma bastante torpe. Álex apenas podía tenerse en pie, por lo que Alicia lo ayudó sirviéndole de sostén, pero al llegar al final de la cueva, donde la luz volvía a divisarse, Álex perdió el equilibrio y cayó al suelo, arrastrando a Alicia con él. 

-Álex, contesta, Álex.- Dijo la joven preocupada por su compañero, que permanecía inconsciente y tendido en el suelo. 

Como pudo se levantó y consiguió arrastrar el cuerpo inerte de su amigo hasta la entrada de la cueva, donde para su sorpresa, unos hombres los estaban esperando. Echaron unos polvos rojizos por encima de los dos náufragos estelares, y Alicia cayó junto a Álex en un sueño profundo.

Horas más tarde, Alicia se despertó sobre un lecho de pieles y sintió que alguien estaba tendido junto a ella. Al fijarse, vio a Álex a su lado y se abalanzó sobre él para despertarlo, cosa que consiguió. 

-Álex despierta, hemos sido apresados.- Dijo Alicia bastante alterada.
-Lo sé, me desperté hace horas y me estaban curando. No entiendo lo que dicen, pero parece que nos han rescatado. Nos trajeron aquí y por el momento no nos han matado, eso es buena señal.- Dijo Álex, intentando calmar a la joven cuyo nerviosismo aumentaba por momentos. 
-¿Y te quedas tan tranquilo? Quizás te hayan curado para después devorarnos vivos o algo por el estilo.- Preguntó Alicia perpleja. 
-Creo que si hubiesen querido comernos, lo hubiesen hecho cuando estábamos inconscientes.- Dijo el joven bastante seguro de sus palabras.

De repente apareció una niña de unos 9 años, con una bandeja de frutas y frutos secos en las manos, la dejó sobre la cama de pieles, a los pies de los dos extraños y se marchó.

-Vaya, al final sí que hay árboles por algún lado, lo que no sabemos es dónde están, pero esto no sale de la nada.- Afirmó Álex, mientras devoraba los frutos a manos llenas.
-Eso parece. Es muy extraño. Primero hacen que se estrelle la nave, después nos lanzan rocas y ahora nos salvan la vida. No lo puedo comprender.- Se preguntó Alicia en voz alta.
-Ni tú ni nadie, pero mientras no sean hostiles en estos momentos, bienvenidos sean.- Dijo Álex antes de seguir comiendo. 

Alicia cogió un fruto parecido a un mango y lo degustó. No era exactamente un mango, pero tenía un sabor parecido, así que lo disfrutó porque estaba hambrienta.

Poco después, un hombre con apariencia de Chamán entró en la tienda donde se encontraban, se inclinó ante ellos y les hizo una reverencia.

-Creo que se dirige a ti.- Comentó Álex, mientras seguía con la mirada las alabanzas que aquél hombre le hacía a Alicia.
-¿A mí por qué?- Se preguntó la joven.

El hombre hablaba una lengua que ninguno supo reconocer, pero ambos se fijaron en los rasgos tan parecidos a los de Alicia. Pelirrojo, de piel blanquecina, ojos claros.

-Ahora que me fijo, la verdad es que tú encajas perfectamente aquí.- Dijo Álex.
-¿A qué te refieres?- Preguntó ella intrigada.
-He visto a unos cuantos lugareños y todos se parecen bastante a ti. Al menos en lo que respecta al pelo, los ojos, el tono de piel. Parece que fuesen parientes tuyos, pero lejanos.- Añadió Álex.

De pronto  sucedió algo que les dejó atónitos. Aquel hombre se levantó del suelo con lágrimas en los ojos y se lanzó hacia Alicia para abrazarla. Ella de la impresión se quedó en shock y no movió ni un músculo, pero cuando escuchó la palabra “HIJA”, todo su mundo se puso patas arriba. ¿Qué acababa de decir?


Continuará...



miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 2º


Pasaron los días y la nave cada vez se acercaba más a su destino. Por las noches, cuando todos los demás dormían, Alicia y Álex se colaban en los ordenadores e intentaban descifrar el expediente que tan intrigados les tenía.


-No puedo creer que no seamos capaces de descifrar esto. Recuerdo un capítulo de Castle en el que comprobaban el ancho de las palabras y el tipo de letra, para intentar descifrar algo parecido.- Dijo Alicia un poco desilusionada.

-Ya, pero eso es ciencia ficción y esto la vida real. Aunque si lo piensas, parece que estamos en una película de Ridley Scott, como poco.- Añadió Álex.

De repente, Alicia se levantó de la silla donde estaba sentada y salió de la sala sin decir una palabra. Álex cerró todas las ventanas abiertas en la pantalla del ordenador, borró su rastro y salió tras ella. Cuando la encontró, estaba de pie junto a uno de los grandes ventanales del corredor, con la mano puesta en el cristal. Álex se aproximó a ella y le preguntó si estaba bien, pero al poner su mano sobre la de Alicia, notó un calor intenso y la retiró instintivamente.

-¡Estás ardiendo! Tienes que tener fiebre, vayamos a la enfermería.- Le dijo, antes de quedarse boquiabierto al ver los ojos de Alicia, que estaban en llamas. 

De repente, Alicia parpadeó y pareció volver en sí. Miró a Álex, que seguía en shock y le preguntó lo que le había sucedido. Cuando Álex se miró la palma de la mano, la tenía enrojecida.

-Me has quemado al tocarte y tus ojos… Tus ojos estaban en llamas. ¿Cómo es posible?- Le dijo el joven aún perplejo.

-¿Me tomas el pelo?- Preguntó ella dudosa.

Entonces Álex le mostró su mano enrojecida y Alicia abrió los ojos de par en par. Estaba sorprendida, pero pronto su expresión cambió.

-Eso quiere decir que no fue un sueño. De pequeña, en una ocasión, incendié un peluche con solo tocarlo. Lo recuerdo vagamente, era muy pequeña, pero jamás olvidaré que días después mis padres me abandonaron en un orfanato, el mismo del que me habían sacado cuando era solo un bebé.- Añadió Alicia mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. -Apenas recuerdo nada de mi infancia, solo eso y creí que era un cuento producto de mi imaginación, pero nunca imaginé que pudiera ser cierto. –

-Quizás sea eso lo que oculta tu expediente y por ello estés en esta nave.- Dijo Álex pensativo. 

-¿Tú tienes alguna historia parecida que contarme? Lo digo, porque quizás este viaje sea algo más que un intento de salvar a la humanidad.- Añadió Alicia.

En ese preciso instante, una alarma comenzó a sonar. Por los altavoces se escuchó una grabación que pedía a toda la tripulación que volviese a sus camarotes, por fin iban a tomar tierra.

Ambos se miraron y comprendieron que no querían pasar solos aquél momento, se cogieron de la mano y se marcharon hasta el camarote de Alicia, donde recogieron todas sus pertenencias, antes de marcharse al camarote de Álex, donde permanecerían hasta el momento de salir de la nave.

Allí sentados, el uno junto al otro y con las manos entrelazadas, se dieron cuenta que la vida que conocían había desaparecido, el nuevo mundo les esperaba y con él, un sinfín de posibilidades.

Las turbulencias aumentaban a medida que se acercaban a su destino. Los compartimentos se abrieron, dejando caer su contenido y esparciéndolo por todas partes. Entonces, lo último que vio Alicia fue un casco espacial que le golpeaba en la cabeza.

-Alicia, Alicia.- Dijo Álex mientras la zarandeaba. 

La alarma volvió a sonar en toda la nave, esta vez, acompañada de una luz roja de emergencia. Aquello solo podía significar una cosa, habían perdido el control y terminarían estrellándose. Álex cogió en brazos a Alicia, y se dirigió hacia una de las cápsulas de escape. La gente andaba como loca de un lado para otro mientras la nave se desmontaba poco a poco. No habían contado con la fuerza de atracción de aquél planeta. ¿ O acaso…? ¿Eso había sido un impacto?

Volvió a sentir una sacudida que le llevó directamente a caer al suelo sobre el cuerpo de Alicia. Se levantó, la recogió y se metió en la primera cápsula de escape que encontró. Justo cuando cerró la puerta y se sentó a los mandos, vio cómo una ola de fuego arrasaba con todo a su paso en el corredor que momentos antes habían cruzado. Pulsó el botón de emergencia y la cápsula se desacopló de la nave, justo antes de que esta explotase. La fuerza de la explosión, unida al campo de atracción del planeta, los llevó a hacer un aterrizaje forzoso en el borde de un gran cañón.

-¿Qué ha pasado?- Preguntó Alicia al despertarse en esos momentos de su letargo.

-No te muevas o nos caeremos. La nave ha explotado y hemos tenido suerte al escapar en una cápsula de emergencia, pero estamos solos en el planeta, todos los demás han muerto, o eso creo.- Informó Álex, mientras intentaba  abrir la puerta para salir de la cápsula sin hacer movimientos bruscos. – Dame tu mano y ven hacia mí con cuidado.- Le pidió a Alicia.

La joven le tendió la mano y poco a poco salieron de la cápsula, justo a tiempo de ver cómo el habitáculo se precipitaba por el gran cañón que tenían a sus espaldas y se hacía pedazos.

-¿De verdad me estás diciendo que somos los únicos habitantes de este planeta y estamos sin recursos?- Preguntó Alicia algo alterada.

-Sin recursos, puede.- Confirmó Álex, mientras echaba una mirada a la cápsula en llamas.- Pero eso de que estamos solos en el planeta… no me apresuraría a afirmar tal cosa. La nave se ha estrellado porque ha recibido varios impactos procedentes de este planeta, por lo que, alguien nos estaba esperando.- Añadió.

-Pero no puede ser. Las lecturas térmicas… nos dijeron que estaba deshabitado.- Recordó Alicia.

-Creo que nos han ocultado demasiadas cosas. Por suerte o por desgracia, pronto descubriremos la verdad. De momento, busquemos un refugio y recursos de algún tipo. ¿Tengo hambre y tú?- Preguntó Álex, mientras le tendía la mano con una sonrisa a su nueva compañera de vida.

Continuará...



sábado, 2 de junio de 2018

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 1º


Abrió los ojos de golpe, mientras su primera bocanada de aire en años le inundaba los pulmones. Se sentía confusa y tenía náuseas, pero aquellos síntomas eran de lo más normal. Sobre todo, después de llevar varios años metida en una cápsula espacial.

Salió con cuidado de aquél minúsculo habitáculo, y se encaminó hacia su taquilla, donde elegiría algo decente que ponerse antes de enfrentarse de nuevo a los convencionalismos sociales.

Al mirarse en el espejo del cuarto de baño, y tras una ducha con la que seguramente había soñado varias veces en aquél estado de letargo, intentó ver si su rostro se había modificado con el paso del tiempo, pero no, seguía teniendo la piel tan tersa como el primer día que se fue a dormir. ¿Cuánto tiempo habría pasado esta vez? ¿Dónde se encontrarían en ese momento?

Como bien sabemos, los viajes por el espacio pueden llegar a ser un tanto confusos. Un día te marchas al trabajo y al volver a casa, todo lo que conocías, y todos a los que querías, ya no están. 

Alicia estaba sola en el oscuro y frío Universo, y al igual que su tocaya en el cuento de Lewis Carroll, había seguido a un estúpido conejo blanco hasta su madriguera, lo que había puesto su mundo patas arriba. Pero en resumen, estaba sin Almirante (su conejo blanco), sin hogar y en una nave a miles de kilómetros de ninguna parte. ¿Qué más le podría pasar?

Tras salir de su habitación, recorrió los pasillos de aquél lugar, mientras escuchaba por los altavoces al comandante dando los buenos días a su tripulación. Al parecer, estaban a punto de llegar a su destino, un pequeño planeta a unos 40 millones de años luz de la Tierra, y el que a partir de ese momento, se convertiría en su nueva residencia. Alicia sería una de las primeras colonizadoras de aquél hermoso planeta del que apenas había visto un par de fotos tomadas por satélite y en el que, al tener unas condiciones semejantes a las de la Tierra, podrían vivir sin problemas.

Sayari era el nombre que su descubridor le había puesto y, aunque era un nombre bonito, tampoco es que aquél hombre se hubiese estrujado mucho la sesera para escogerlo. Sayari en suajili, significa eso mismo, “Planeta”, por lo que Alicia viviría a partir de ahora en un planeta llamado Planeta, cosa bastante inverosímil, pero resulta irrelevante para la historia, por lo que, continuemos.

Entró en el comedor que estaba a rebosar de gente y se acercó a la máquina/ordenador, donde encargaría su primera comida desde hacía tanto tiempo. Observó aquél artilugio y acercó el código de barras, que tenía tatuado en su muñeca derecha, hasta una luz roja de un lector de códigos. Segundos más tarde, una compuerta cercana se abrió y Alicia sacó una bandeja repleta de comida, por la cual se le hizo la boca agua. Todo lo que había querido comer en aquél momento se encontraba en aquella bandeja reciclable. Una ensalada de frutos rojos y queso de cabra con nueces, pan recién hecho libre de alérgenos y un Smoothie de frutas del bosque bien fresquito. Recogió su bandeja y abandonó la cola, ahora solo tenía que encontrar un hueco donde sentarse a degustar aquél delicioso manjar, pero las mesas estaban a rebosar. De repente, una voz varonil a su espalda, la sacó de su ensoñación.

-Disculpa, si quieres podemos sentarnos juntos.- Le dijo un apuesto joven, mientras le señalaba dos sitios libres que acababa de reservar.

-No quiero quitarle el sitio a tu novia.- Dijo Alicia un poco contrariada.

-No, no tengo novia. Estoy solo, al igual que tú en este viaje. Reservé dos sitios por si conocía a alguien durante el trayecto, no me gusta comer solo o con gente rara, y por lo que he podido observar en esta nave, hay demasiado cerebrito por ahí suelto. ¿Por qué estás tú aquí?- Le preguntó el joven.

-Soy uno de esos cerebritos con los que no quieres juntarte. Me llamo Alicia y soy una de las psicólogas que mandan para evitar que cunda el pánico en el Nuevo Mundo.- Contestó Alicia un poco molesta por sentirse menospreciada.

-Lo siento, estaba de broma. Me llamo Álex y también soy un cerebrito. No solo soy ingeniero aeroespacial, sino que también tengo un máster en biología extraterrestre. Encantado de conocerte, Alicia. ¿Comemos juntos?- Le pidió amablemente Álex a su nueva amiga.

-Claro, no veo por qué no.- Contestó Alicia entre risas. 

Tras sentarse y empezar a degustar sus platos, Alicia decidió romper el silencio incómodo que se había instaurado entre los dos. 

-¿Qué tal es la carne sintética?- Preguntó Alicia al observar el gran filete sintético que su compañero estaba degustando a dos carrillos.

-¿Quieres probarlo? Está bastante bueno.- Contestó Álex.

-No, gracias. Soy vegetariana. No entiendo cómo puedes comer carne que en realidad no es carne. Me resulta demasiado extraño.- Comentó Alicia.

-Lo sé. Desde la prohibición del consumo de animales y la creación de estos sucedáneos, intenté volverme vegetariano, pero donde esté un falso filete que se quite una lechuga real.- Dijo Álex, mientras se metía un buen trozo de filete en la boca y sonreía.

-Prefiero la comida sana, pero gracias.- Respondió Alicia.

-Bueno, y tan sana que eres. ¿Por qué te embarcaste en una misión suicida como esta? ¿No hay ningún joven guapo al que dejes atrás en la Tierra?- Preguntó Álex, intentando parecer indiferente, mientras tomaba otro bocado de su comida.

-Pues lo había. Me embarqué en esta misión por un joven y guapo Almirante, pero no salió como yo pensaba.- Contestó Alicia mientras daba vueltas a su comida con el tenedor en el plato.

-¿Y dónde está ese joven Almirante?- Preguntó Álex.

-¿Nadie te ha dicho que preguntas demasiado? No lo sé… Supongo que estará en la Tierra, ligándose a otra insensata y haciéndola creer que es el amor de su vida, para después mandarla lejos y hacer que embarque en alguna loca misión como esta. Supuestamente íbamos a viajar juntos, pero qué casualidad que no quedaban más plazas en este crucero.- Dijo Alicia con una falsa media sonrisa.

-Vaya, lo siento. Si te sirve de consuelo, la Tierra tiene los días contados, por eso nos mandan a colonizar otros planetas.- Añadió Alex.

-¿Qué me estás contando? No puede ser, habrían avisado, dado la alarma global.- Dijo Alicia algo contrariada.

-Lo sé de buena tinta. El sol lanzó su última llamarada, poco antes de embarcar nosotros. A estas horas, la Tierra estará sumida en la completa oscuridad y cubierta de  hielo. Nuestro grupo no es el único que ha partido para intentar colonizar otros planetas. Los que hayan podido sobrevivir en la Tierra, tendrán que vivir en las profundidades de la misma durante mucho tiempo, hasta que puedan encontrar una solución al respecto o viajar a otros lugares, como nosotros. Después de todo, tendrías que estar agradecida a ese mal nacido, por haberte dado un billete en esta nave sin retorno.- Concluyó Álex.

Alicia estaba perpleja. Aquél joven Almirante le había cedido su sitio en la nave y aun así, ella le estaba poniendo a parir. Seguramente, si él le hubiese dicho que la amaba y que no podrían viajar juntos, ella se habría quedado con él y hubiesen muerto los dos. Porque seamos claros, ante una situación semejante, los únicos que ocuparían un puesto en el “Arca de la Salvación”, serían los ricos y poderosos. Un simple Almirante y su novia psicóloga, no hubiesen tenido muchas oportunidades en un mundo apocalíptico. 

Tras un largo e incómodo silencio, terminaron de comer. 

-Bueno, ¿y ahora qué tienes pensado hacer? Podemos ir a …- Dijo Álex, hasta que se vio interrumpido.

-¿Por qué estás tú aquí?- Preguntó Alicia.

-¿Yo? Pues verás. Soy un experto en varios campos, me propusieron el trabajito y no me lo pensé dos veces, acepté encantado. He de reconocer que saber que el mundo se iba por el retrete fue un gran motivador. ¿Por qué lo preguntas?- Quiso saber Álex.

-Yo no tenía a nadie en la Tierra, pero tú…- Preguntó Alicia.

-Ya somos dos. Me crié en un orfanato, al igual que tú. Sí, lo siento, soy muy curioso y mi cápsula se abrió antes de tiempo, así que… tuve un par de días para hackear los ordenadores y mirar los historiales de la mayoría de los personajes que ves por aquí. Lo siento de verdad, pero me aburría muchísimo.- Se disculpó el joven.

- ¿También sabes de ordenadores? Vaya, eres todo un descubrimiento.- Dijo Alicia entre risas.

-¿Después de lo que te he contado lo que más te ha llamado la atención es eso? Pensaba que te picaría la curiosidad o me montarías una escenita por invadir el espacio personal de todo ser vivo que habita esta nave. Me sorprendes gratamente.- Dijo Álex levantando los pulgares hacia arriba.

-Si después de leer mi historial sigues queriendo sentarte a comer conmigo, eso no puedo desaprovecharlo.- Añadió Alicia.

-Cierto, hay algo que vi en tu historia que me llamó mucho la atención y no sabía cómo sacarte el tema, pero ahora que lo mencionas… Había muchas partes de tu informe que estaban cifradas y no pude descifrar. ¿Por qué?- Preguntó Álex totalmente intrigado.

-¿Cifradas? ¿De qué demonios hablas? Yo me refería a cosas como que soy propensa a los desastres o cosas así. Una vez iba caminando y me distraje tanto que me equivoqué de autobús y acabé en la otra punta de la ciudad sin darme cuenta. ¿Por qué iba a estar cifrado mi expediente?- Comentó Alicia totalmente preocupada.

-No lo sé, pero si necesitas ayuda para averiguarlo, cuenta conmigo. Creo que el viaje se va poniendo interesante por momentos.- Dijo Álex entusiasmado. 
-Dalo por hecho.- Sentenció Alicia, decidida a descubrir la verdad sobre quién era ella. 

Continuará...