lunes, 11 de julio de 2011

Terror en las clases 1ª parte

Megan se levantó como cada mañana para ir al instituto. Estaba aburrida de su rutina, pero le consolaba el pensar que en unas semanas le darían las vacaciones de verano. Era una chica popular, a pesar de ser huérfana y haber entrado a clases a mitad de curso. Fue adoptada por una familia que no la comprendía, ya era la cuarta adopción en un año. La gente se asustaba cuando empezaba a hablar de las cosas que veía, por ello decidió dejar de hacerlo, para que no la tomaran por loca. El instituto le brindaba la tranquilidad que necesitaba. En esa nueva vida nadie conocía su pasado y aunque la familia que la acogió eran unos católicos muy practicantes, ella les contentaba haciendo que rezaba de vez en cuando, aunque en realidad era atea. No quería buscarse más problemas ni volverse a cambiar de ciudad, estaba harta de todo eso. Su asistente social le dijo, que si volvía a tener alguna queja, terminaría en un hospital psiquiátrico, por lo que aguantaba lo que fuera, incluso ir a misa.
Cuando llegó al instituto, su amiga Karen la esperaba frente a las taquillas. Llevaba su característica ropa gótica, que la hacía parecer una vampiresa. Desde que Karen se había sumergido en el mundo de las novelas románticas sobrenaturales para adolescentes, había cambiado el equipo de natación, por el de literatura. Su vida había dado un giro de 180º, pero por mucho que cambiase, Megan siempre sería su mejor amiga. Estaban hablando de lo que harían en las vacaciones, camino de clase, cuando un chico desmembrado, con la boca ensangrentada y la ropa roída, apareció en el pasillo, estaba observando a Megan, que del susto tiró los libros al suelo. Cuando se agachó por los libros y volvió a mirar, el chico había desaparecido. Su amiga le preguntó que le había pasado y ella solo pudo decir que había sufrido un calambre, para salir del paso.
Pasó el tiempo como siempre, comiendo el la cafetería con el resto de sus amigos y de vez en cuando, riéndose de los defectos de algún profesor.
Faltaba una hora para terminar, estaba ansiosa en clase de historia, no hacía más que pensar en el chico del pasillo. Estaba acostumbrada a ver cosas, pero nada como eso. Hacía unos años, vio a uno de los chicos con los que compartía orfanato, muerto a los pies de su cama. A los pocos días el chico se escapó y murió atropellado. También había visto fuego una noche que se encontraba en la bañera, el fuego estaba en el agua en la que ella se bañaba, a los pocos días hubo un incendio en la cocina, nadie murió, pero tuvieron que desalojar el orfanato y los chicos fueron reubicados. Esas cosas era las que solía ver ¿pero zombies, a que se refería esa visión? Hacía tiempo que una medium la paró por la calle y le dijo que era una fuerte psíquica y que de ella dependería el destino del mundo. Pensó que la mujer estaba loca, aunque, después de vivir todo lo que había vivido, comenzaba a creer que la loca en verdad era ella.
De pronto la puerta del aula se abrió y la secretaria se acercó corriendo al profesor, estaba temblando y llorando, le dijo algo al oído y se marchó corriendo de nuevo. El profesor se puso muy nervioso, las gotas de sudor le caían por la frente.
Profesor 1: Chicos, algo está pasando ahí fuera, debéis iros a casa los que podáis, los que no, id al gimnasio inmediatamente.
El profesor salió corriendo de la clase, dejando todas sus cosas sobre el escritorio. La clase se quedó un poco conmocionada, pero la gente se fue dispersando. Cuando Megan y Karen llegaron a la puerta principal,  la gente estaba apelotonada mirando por el grueso cristal, estaban histéricos y mantenían sujeta la puerta. Alguien llegó con una cadena gruesa que pusieron alrededor de la cerradura.
Megan: ¿Pero qué pasa?
Patrick: Míralo tu misma.
Megan se acercó a la puerta y vio el aparcamiento repleto de cadáveres. Golpeando la puerta, había una masa de gente enfurecida, cuando se fijó bien, vio que dicha masa eran cadáveres y al ver los que estaban en el suelo, como recobraban la vida, aunque estuviesen desangrados y destrozados, se dio cuenta que estaba viviendo una pesadilla, pero lo malo es que era real. Había visto muchas películas, pero no pensó jamás que eso pudiese suceder en la vida real.
Patrick: Intentamos salir, pero se abalanzaron y cogieron a un puñado de nosotros, los que escapamos nos encerramos aquí.
Megan: Bueno como no podemos salir, será mejor que vayamos al gimnasio, allí nos estaban reuniendo los profesores.
Se dirigieron todos hasta el gimnasio, allí había mucha gente herida, otros estaban sentados en el suelo, frente al televisor de audiovisuales. En la televisión se veía gente correr, se escuchaban gritos desesperados. Una de las veces el cámara enfocó a una de esas bestias mientras devoraba a una joven, fue lo último que grabó, se vio como la cámara caía al suelo y a la periodista perseguida por una masa hambrienta. La conexión se perdió y en plató, el presentador estaba atónito, de pronto la emisión se cortó. El rey se encontraba dando un comunicado, en el decía que por todo el mundo, estaba sucediendo lo mismo, que se nos había ocultado por seguridad, pero que no habían logrado contenerlo fuera de las fronteras de nuestro país. Recomendaba a la gente que no saliese de sus casas, que permanecieran confinados porque el ejército se estaba encargando de normalizar la situación. Estaban preparando refugios en varias zonas y cuando estuviesen montados, se daría un comunicado indicando a donde se debía acudir. Explicaban que era un virus, una mutación para ser exactos de un virus mortal. El primer infectado era un Suizo que viajó a Francia, se cree que fue infectado en un laboratorio de pruebas de armas bacteriológicas, algo salió mal y se infectó. Cogió un avión y al llegar a París murió. Pasadas unas horas revivió y se comió al personal del laboratorio que no murió, se transformó en muertos vivientes. Eso se ha ido extendiendo, incluso a Estados Unidos, ya que creen que alguien robó el virus del laboratorio y lo vendió en el mercado negro. De pronto las comunicaciones se rompieron, uno de los profesores subió por una de las cuerdas que colgaban en el gimnasio y miró por las ventanas que se encontraban casi tocando el techo del gimnasio y que solo servían para dejar entrar la luz, pues estaban tan altas que no dejaban ver nada. Los monstruos estaban tirando los postes de la luz ¿cómo era posible que fueran inteligentes? Les habían dejado a oscuras, incomunicados. Los móviles no tenían cobertura ya que las líneas estaban saturadas. Estaban atrapados en el gimnasio, eran al menos 200 personas y no tenían comida, el agua que tenían era la que podían obtener de los lavabos.
Megan y Karen estaban sentadas junto a Patrick y su inseparable amigo Mike. Patrick era el chico más popular del instituto, el más guapo y atlético. Todos se llevaban bien con él, Mike era su amigo más cómico. Le encantaba sacar el punto gracioso de cualquier situación, aunque ahora no tenía tantas ganas de reirse, permanecía callado mirando al suelo.
Patrick: Y ahora ¿qué haremos? No podemos quedarnos aquí.
Megan: Lo que no podemos es salir, es un suicidio. Debemos permanecer aquí hasta que nos rescaten, o por lo menos hasta que los monstruos esos se marchen.
Karen: ¿Y si no se van? ¿Y si no nos rescatan?
Megan: Entonces nos rescataremos nosotros mismos. Estamos en un gimnasio, debe haber algo con lo que poder defendernos, raquetas, palos, lo que sea.
Mike: Pero eso es por si entran, ¿pero, cómo encontraremos comida en el gimnasio?
Megan: Debemos salir, hay que mandar un grupo a la cocina, por provisiones.
Karen: ¿Estás loca? yo no salgo.
Megan: Pues como no quieras comerte las colchonetas, tú me dirás. Debemos organizarnos y no estaría de más que a los heridos les pusiéramos en cuarentena, por si acaso.
Uno de los profesores los estaba escuchando y se acercó.
Profesor 2: La verdad es que tienes razón, con los nervios no hemos planeado nada, no podemos quedarnos de brazos cruzados, parece que no se detienen, que cada vez vienen más, debemos encontrar un plan para salir o permanecer a salvo aquí todo lo posible.
Megan: Lo que necesitamos es sobre todo, comida y medicamentos. Un grupo debe ir a la cocina y el otro a la enfermería. Cuanto más pequeño sea el grupo, más fácil será que se muevan sin ser vistos.
Profesor 1: Si chicos, ¿pero, quién irá?
Megan: Debemos escoger a los más rápidos, hay que correr. Yo saldré también, no soy de las que se quedan sentadas esperando. Yo iré a la enfermería, necesito dos más que me acompañen para vigilar mi espalda. Otros tres, deberán ir a la cocina y cargar con todas las latas y cosas que se puedan comer sin cocinar, no queremos que el olor los atraiga más a nosotros.
Patrick: Voy a organizarlo, ahora vengo.
Patrick se fue a buscar voluntarios que se unieran a la expedición, mientras Megan, Karen, Mike y el profesor, fueron haciendo un inventario de lo que deberían traer.
¿Lograrían salir y regresar con lo necesario?¿cuánto tiempo se necesitaba para incubar el virus? ¿cuántos llegarían con vida a mañana?


Continuará...



viernes, 8 de julio de 2011

Viviendo en las sombras 5ª parte

Drake estaba de pie, dando vueltas de un lado para otro por el descansillo de las escaleras, buscaba la solución para devolverle la vida, igual que ella había hecho antes con ellos, pero no se le ocurría nada. Caleb estaba de rodillas, frente al cuerpo sin vida de Sarah, tenía su mano entrelazada con la suya y estaba inclinado de tal forma, que dos lágrimas resbalaron por sus mejillas y fueron a parar a los morados labios de la chica. Drake maldecía y cavilaba en voz alta, Caleb solo lloraba, en silencio. De pronto, por la ventana que tenían justo al lado, entró una luz cegadora con tanta fuerza que les hizo caer al suelo de espaldas. La luz era tan clara, que convirtió la noche en día por un momento. El rayo de luz apuntaba directamente al cuerpo de Sarah y como por arte de magia, el cuerpo comenzó a elevarse totalmente rígido. Los chicos se miraban, miraban lo que ocurría y se volvían a mirar atónitos. ¿Qué estaba sucediendo?
Pasados unos segundos, que parecieron horas, la luz se apagó, la oscuridad lo volvió a bañar todo y el cuerpo de Sarah regresó al suelo. Pero el charco de sangre que la había rodeado, ya no estaba, había desaparecido. Las marcas de sus muñecas, habían sanado y cuando se levantaron del suelo para verla más de cerca, abrió los ojos.
Caleb: ¿Sarah, estás bien?
Sarah: Si te soy sincera, he estado mejor.
Drake: ¿Pero qué ha pasado?
Sarah: No lo sé. Tan solo recuerdo que estaba en un bosque, había un lago que emitía un ruido extraño, cuando me acerqué, era una voz que me decía que si quería regresar, debía meterme en el lago y eso hice.
Caleb: Creo que ya se lo que pasó. Al cedernos tu sangre y salvarnos la vida, ofreciste la tuya a cambio, hiciste el mayor sacrificio que se puede hacer. Por eso "ellos" te han devuelto la vida. Eres el equilibrio.
Drake: Ahora lo entiendo todo.
Sarah: Pues que bien. ¿Me lo puede explicar alguien? Porque yo, si que no entiendo nada.
Drake: La leyenda decía que tu sangre era la salvación, pero no de que tipo. Lo que hemos podido comprobar, es que no eres una simple bruja, eres la guardiana del equilibrio. Aunque hubieses querido salvar a Caleb o a mí, solo a uno, no hubieses podido hacerlo. Tu sangre solo sirve para salvar a los dos lados de la moneda a la vez. Digamos, para que quede claro, el yin y el yan.
Sarah: Sigo sin pillarlo, perdona pero acabo de revivir, eso deja en shock a cualquiera.
Caleb: Lo que Drake intenta decir, es que todo el mundo quiere tu sangre porque cree que le puede dar la vida a su bando y así crear ventaja en la guerra de lo sobrenatural, lo que no saben es que tu sangre solo tiene poderes curativos si se cede a la vez a los dos bandos. Un ejemplo, si esto fuese un partido, deberías beneficiar al equipo de casa y al visitante a la vez. ¿Lo entiendes ahora?
Sarah: Sí, pero no comprendo porque yo.
Drake: Alguien tenía que ser.
Caleb: Además, tu vienes de un clan de brujas muy antiguo y poderoso.
Sarah: Sí, pero os recuerdo que tengo atados los poderes.
Drake: Y yo te recuerdo que antes cuando nos habían matado, tú solita les diste una lección a esos dos.
Sarah: Tres, había un ogro en los árboles, él fue quien os mató con las flechas negras.
Caleb: Esas flechas son venenosas, llevan cuerno de unicornio maldecido, por lo que pueden matar cualquier cosa.
Sarah: ¿Tan poderoso es? ¿Exísten de verdad los unicornios? ¿Y quienes son "ellos"?
Drake: Poco a poco señorita, que no eres la única con dolor de cabeza después de resucitar.
Sarah: Esa es otra, ¿pero tú no estabas muerto de antes, eres un vampiro, no?
Drake: Que poco tacto. Pues sí, pero esas flechas lo matan todo y cuando digo todo, es todo.
Sarah: Y si mi sangre te revivió ¿ya no eres un vampiro?
Drake: Sigo siendo vampiro, la sangre de vampiro seguía en mis venas, por lo que reviví como vampiro por segunda vez.
Caleb: Alégrate, eres pionero en eso.
Drake: Que listillo eres.
Sarah: Bueno ¿me contestáis, qué pasa con lo otro que os pregunté?
Caleb: Sí, existen los unicornios. No hace falta que los maten para usar su cuerno, con rasparlo un poco vale, además los que los tienen, no son tan tontos como para matarlos, porque escasean. Y "ellos" son los jefes de todo, es un consejo. Digamos que Dios y el demonio no están solos, si echaran un pulso, tú serias el arbitro y "ellos" serían los jueces, por lo que "ellos", que son los poderes supremos, te necesitan para que mantengas dicho equilibrio.
Sarah: Pues que bien, el sueño de mi vida, ser mediadora entre el bien y el mal. ¿No había otra pringada?
Drake: Ya te lo hemos explicado, que tú...
Sarah: Vale, vale, era una pregunta retórica. ¿Y ahora qué pasará?
Caleb: Pues si te soy sincero no lo sé. Supongo que volveremos a la vida normal hasta que haya otro ataque, otra guerra que librar. Ahora ya saben lo que hay, pero averiguaran otro modo de volverlo a su favor. Pero estaremos preparados, tenemos ventaja.
Sarah: ¿Por normal a que te refieres?
Drake: Supongo que a las clases y cosas así. Los demás siguen abajo y no se han enterado de nada.
Sarah: Drake, cariño. La próxima vez que montes una fiesta así, no me llames. Jajaja
Drake: Jajaja. Por cierto ¿ya has elegido?
Caleb: ¿Elegido el qué?
Drake: Antes que pasara todo esto, le pedí que escogiera entre tú y yo.
Caleb: ¿Cómo? Hicimos un pacto para no presionarla.
Sarah: Chicos, mirad, estoy aquí, no habléis de mi como si no estuviera presente. Me fastidia. Ahora en serio, os quiero mucho a los dos y vosotros mismos lo dijisteis, soy el equilibrio, no me puedo decantar por uno o por otro, está en mi naturaleza. Os quiero de verdad a los dos, pero no pienso jugar con vosotros, por lo que no escojo a ninguno.
Caleb/Drake: ¡¿Qué?!
Drake: Esto si que no me lo esperaba.
Caleb: Ni yo.
Sarah: Os lo he dicho. Os quiero demasiado, pero no puedo inclinar la balanza a favor de un bando o del otro. Drake, tu despiertas mi lado salvaje, me encanta estar contigo, reírme, lo sensual que me siento cuando estamos juntos, lo segura de mí misma que me haces sentir. Y tú Caleb, eres el chico más maravilloso que conocí nunca, eres dulce, amable, simpático, despiertas mi lado más tierno, me haces sentir querida y a salvo y lo adoro. Vosotros juntos me completáis, pero por separado no podría ser yo misma. Por ello os pido que seamos amigos, como hasta ahora, si no es mucho pedir, que sé que sí, pero es todo lo que os puedo ofrecer. Si lo aceptáis bien, sino...
Caleb: La verdad es que llevo muchos años cuidando de ti, dejé mi cargo en el cielo como tu ángel de la guarda por venir a estar más cerca de ti y, ¿sabes qué? no me arrepiento de nada. Estaré a tu lado siempre y si algún día escoges, tanto si es a Drake como si es a mí, siempre seguiré a tu lado. Te debo la vida y no tendré suficiente tiempo para poder pagarte esa deuda.
Drake: ¡Qué bien! El pajarraco ya me ha quitado el discurso, excepto por lo del angelito, yo estuve esperando encontrar alguien como tú toda mi vida y mi no vida, también,  pero bueno, por una vez y que no sirva de precedente, opino igual que él. Te queremos y siempre estaremos contigo. Si algún día cambias de opinión, avisa ¿eh? Llevo mucho tiempo esperando, un poco más no me hará daño.
Sarah: Gracias chicos, os quiero mucho, de verdad.
Drake: ¿Qué tal un beso para sellar nuestra amistad?
Caleb: Drake........
Drake: ¿Qué? Tenía que intentarlo jejeje.
Sarah: Vamos a la fiesta, somos los anfitriones y nos la estamos perdiendo, no puede ser.
Caleb: ¿Drake?
Drake: ¿Qué hice ahora?
Caleb: Jajaja. Nada, sólo decirte que es un gusto pasar la eternidad contigo, camarada.
Drake: No seas pasteloso pajarraco jajaja. Pero estoy de acuerdo de nuevo, me caes bien, pero no lo digas por ahí, debo mantener mi reputación.

Los tres fueron derechos a la fiesta, se lo pasaron en grande y cuando terminó, todos regresaron a sus casas. Nadie se había dado cuenta de la lucha que se había vivido allí esa noche, estaban encantados al comprobar que sus compañeros, en el fondo, no eran tan inalcanzables como creían.
El tiempo pasó y la alianza continuó, pero esa es otra historia, que puede que algún día sea contada, hasta entonces, disfruta de lo bonito de tener un final abierto. Imagina las infinitas posibilidades que te ofrece y deja volar tu imaginación.

Fin.




jueves, 7 de julio de 2011

Viviendo en las sombras 4ª parte

Drake estaba a punto de arrebatar a Sarah de los brazos de Caleb, cuando escucharon un aullido fuera de la casa. El aullido era tan fuerte que hizo a todos los asistentes de la fiesta, detenerse en seco. Cuando todos regresaron a las andadas, Caleb le pasó la mano de Sarah a Drake y le pidió que la llevase a ver la casa, cuando en realidad le estaba pidiendo que la llevase a un lugar seguro sin que ella lo sospechase. Caleb salió por la puerta del jardín como una flecha, Sarah se quedó atónita de lo rápido que salió, pero Drake le estaba hablando, mostrando los cuadros y estatuas de la casa, que parecían sacados de otra época. Cuando Sarah se quiso dar cuenta, habían llegado a las escaleras de su visión, estaban ascendiendo por ellas mientras Drake hablaba y no dejaba de hablar. Sarah iba pensando en las cosas tan extrañas que le habían pasado últimamente, sobre todo, desde que conoció a esos dos chicos. Cuando llegaron arriba, vio una pequeña habitación en la que una gran chimenea y un sillón rojo de terciopelo, presidían la estancia. Había una pequeña botella de champán en una cubitera con hielo y dos copas en una pequeña mesilla junto al sillón. Habían improvisado un ambiente muy acogedor con el fuego encendido, velas y un tocadiscos del año la polca, con música clásica. Sarah estaba muy incómoda.

Sarah: ¿Qué hacemos aquí?
Drake: Es una pequeña sorpresa que tenía preparada para ti.
Sarah: Pero la fiesta es abajo.
Drake: Lo sé. Pero me gustaría estar a solas contigo y poder hablar sobre algo que prefiero contarte en privado.
Sarah: Mira Drake, no soy tonta. No me hiciste venir hasta aquí solo para hablar.
Drake: No se te escapa una. Pero en realidad, esperaba poder hablar contigo y confesarte algo que he querido decirte desde que te conocí. Lo que soy en realidad. Soy...
Sarah: ¿Un vampiro? Lo sé.
Drake: ¿Cómo?
Sarah: He de reconocer que me costó darme cuenta, todavía no entiendo lo que te pasa con el sol, porque eres el primero en plantarte tus gafas oscuras y salir a la terraza sin problemas. Por eso me desconcerté un poco al principio. Pero eso de que no comas nada, mientras Caleb y yo devoramos el sandwiche de la cafetería, que hables a veces un poco raro, como si hubieses salido de una novela de Shakespeare, o que siempre estés helado, aunque haga un calor de cuidado con la calefacción a toda pastilla. ¡Ah! se me olvidaba, que además,  tus ojos se vuelven rojos, sobre todo cuando estás cerca de mí.
¿Qué quieres? soy escritora, fui atando cabos. Además, el disfraz de esta noche no ayuda mucho si lo que querías era mantenerlo en secreto, porque fue la pista definitiva que necesitaba. Supongo que Caleb, es un ángel ¿no? Os parecéis más de lo que creéis, tenía dudas sobre lo que él era, pero esta noche al ver su disfraz, lo comprendí. Qué poca imaginación tenéis chicos.
Drake: No entiendo como puedes haberlo asociado y estar tan tranquila.
Sarah: Créeme, cosas más raras he visto. ¿O no te has dado cuenta que soy bruja? Os lo he puesto fácil con mi disfraz, también yo.
Drake: ¿También lo sabías?
Sarah: Pues claro, lo que pasa es que no soy una súper bruja, como la Samantha de Embrujada. Yo cuando muevo la nariz no me aparecen las respuestas del exámen delante de mi cara, créeme, ya lo he intentado.
Drake: En verdad, si eres una súper bruja. ¿Te lo contó tu abuela?
Sarah: Sí. Ahora la que pregunta soy yo. ¿Conociste a mi abuela?
Drake: Sí, era una de las mejores. Aunque tú lo eres mucho más, solo que no sabes como funcionan tus poderes. ¿Cierto?
Sarah: Pues sí, mi familia me ató los poderes, no dejaban de decir que era por mi seguridad, aunque es un fastidio, tanta energía desperdiciada. Aprendí a vivir si ellos y ya ni los hecho de menos, bueno a veces.
Drake: Entonces puedo ser sincero contigo. Estás en peligro.
Sarah: ¿Y cuándo no? Según mi abuela siempre estoy en peligro, de ahí que me atara los poderes. Ya es costumbre, no te preocupes, sé cuidarme sola.
Drake: Lo has disimulado muy bien todo este tiempo.
Sarah: Normal, estas cosas sólo pasan en los cuentos, no iba a llegar una mañana en el desayuno y preguntaros: "¿Qué pasa Drake, cuantas gargantas desgarraste anoche? ¿Y tú Caleb, qué se cuece por las nubes, se anuncia tormenta, saco el paraguas?" Venga por favor, seamos racionales, dentro de lo que cabe.
Drake: Lo digo en serio, hay seres ahí fuera que intentan matarte. Todo por culpa de tu sangre, se dice que tiene poderes curativos y devuelve la vida a quien se le ha arrebatado.
Sarah: Leches, pues si lo llego a saber la vendo como la fuente de la juventud, me hubiese pagado la carrera con un par de botecitos. Jajaja
Drake: ¡Sarah, que no es una broma!
Sarah: Si quieres me pongo a llorar y a temblar como un flan, ¿pero de qué serviría? De nada. Vamos a buscar a Caleb, creo que tenemos que planear algo los tres juntos, así seremos más fuertes. ¿Pero hay algo que aún no entiendo? ¿Porqué un ángel y un vampiro se molestan en protegerme?
Drake: Tan lista para unas cosas y tan tonta para otras. Porque estamos enamorados de ti. No lo planeamos, surgió así. El destino es caprichoso.
Sarah: ¿De mí? Pues eso sí que se me escapó. Estaba tan perdida intentando averiguar qué erais que ni lo vi venir.
Drake: Cuando todo esto termine, espero que me escojas a mí. Te quiero Sarah, llevo siglos esperando encontrar alguien como tú. Al fin encontré a mi alma gemela y no quiero perderte.
Sarah: ¡Ahhhh!
Drake: ¿¡Ahhh.....qué!? ¿Sólo dices eso?
Sarah: Pues no sé que esperas que diga, la verdad es que aún estoy procesando los datos y llegas tú y me pides que elija. Vamos por Caleb, será lo mejor.

Sarah bajó de dos en dos los escalones, iba huyendo de Drake, pero a la vez le había gustado que él se sincerara con ella, que la dijese que la quería. Ella le quería, igual que a Caleb, pero aún no sabía hasta que punto les quería a ambos. Iba absorta en sus pensamientos cuando una ventana, justo delante de ella se rompió en mil pedazos y por ella entró algo dorado, era Caleb, que luchaba con un demonio que lanzaba llamaradas por un tridente. Sarah se quedó paralizada, eso era demasiado para una sola noche. Se llevó las manos a los oídos para dejar de escuchar el ruido tan estridente que emitía el demonio. Drake se abalanzó sobre ella, echándola al suelo para protegerla, pero en ese momento, un lobo del tamaño de un jugador de baloncesto entró por la ventana rota y se estreyó contra Drake, haciendo que Sarah cayera al suelo y se golpeara la cabeza quedando inconsciente. Mientras Caleb luchaba contra el demonio, Drake luchaba contra el licantropo,  ambos contra su peor enemigo y a muerte. Cuando estaban a punto de vencer, dos flechas negras, atravesaron el arco de la ventana e impactaron en Drake y Caleb, haciendo que cayesen al suelo. En ese instante, Sarah se despertó, a tiempo de ver como sus amigos caían al suelo sin vida. Se incorporó y algo le recorrió el cuerpo desde la punta de los pies hasta la cabeza. Estiró la cabeza hacia atrás, expandió los brazos y las piernas y se elevó unos centímetros por encima del suelo. Su cuerpo emanaba rayos eléctricos que alcanzaron al licantropo, al demonio e incluso al ogro que lanzaba las flechas desde lo alto de un árbol en el jardín. Tal era la fuerza de los rayos que soltaba, que carbonizó a sus presas en menos de un segundo y en el lugar donde antes estaban, sólo quedaron montones de ceniza que se esparcieron por el suelo.
Cuando volvió en sí, se posó en el suelo majestuosamente y acercó a los dos chicos a la pared, donde los dejó reposar. Bajó las escaleras casi volando hasta la cocina, allí cogió un cuchillo y regresó al descansillo de la escalera donde se encontraban los cuerpos de sus amigos. Cuando llegó hasta ellos, se arrodilló, se hizo un corte con el cuchillo en ambas muñecas y les dio de beber su sangre. Al poco tiempo, Drake abrió los ojos y un poco más tarde era Caleb el que los abría. Cuanto más abrían los ojos ellos, más los cerraba ella, hasta que todo se volvió oscuro y quedó tendida en el suelo, sin vida.

Continuará...




miércoles, 6 de julio de 2011

Viviendo en las sombras 3ª parte

Era la noche de Halloween y los tres amigos habían quedado con sus compañeros de clase para hacer una fiesta en un local cercano. Cada uno debía disfrazarse de una cosa. Drake escogió ir de sí mismo, al igual que Caleb, ¿para qué complicarse?. Drake se visitó de negro y se puso una capa antigua que aún guardaba. Caleb en cambio, se dejó el pecho descubierto, se puso unos pantalones blancos del tipo ibicencos y unas alas postizas blancas que compró en una tienda del centro, no sacaría las suyas, llamarían demasiado la atención. Sarah iría de lo mismo de siempre, de bruja. Le encantaba disfrazarse con el vestido negro de seda, el gorro en forma de pico, sus medias de araña y su caldero lleno de caramelos colgado del brazo. Se sentía en su salsa. De pequeña se creía una super bruja y hacía pociones mezclando todo lo que se encontraba por casa, como colonia, pasta de dientes y muchos otros ingredientes que por suerte, nunca se atrevió a probar. Estaban en la puerta, esperando a los demás, cuando Caleb se puso tenso. Miraba al horizonte y abrió los ojos de par en par. Drake que estaba distraído hablando con el portero, tardó algo más en darse cuenta, pero cuando lo hizo, se puso tan tenso como Caleb. Sarah estaba perdida, no sabía lo que estaban observando sus amigos con tanta atención, así que se puso a mirar en la misma dirección. A lo lejos, vio un grupo de hombres que parecían borrachos, andaban arrastrando los pies y emitiendo ruidos raros. Cuando se fijó un poco más, se dio cuenta que iban disfrazados de zombis. La verdad es que era un disfraz muy elaborado, hasta a esa distancia se podía oler la putrefacción. ¿Cómo lo harían?
De pronto, algo cambió en los ojos de Caleb y Drake se dio cuenta.
Caleb: ¿Drake?
Drake: Dalo por hecho.
Sarah: ¿Qué pasa chicos?
Drake: Nada Sarah. Sólo que hay un cambio de planes, la fiesta se hará en mi casa, Caleb se encargará de avisar al resto, hubo una equivocación con el dueño del local.
Sarah: ¿Cómo? Pero vaya tío más informal. Espera que me lo tope, le voy a decir unas cuantas cosas.
Caleb: Tranquila cielo, yo me encargo. Tu ves con Drake a preparar su casa para la llegada de los demás, yo  iré en cuanto arregle las cosas con el dueño.
Drake y Sarah se dirigieron al lugar donde el vampiro tenía aparcado el coche.
Sarah: ¿Has visto qué cochazo? Es precioso, algún día me gustaría tener uno de esos. Es mi favorito. ¿De quién será?
Drake: ¿A cuál te refieres?
Sarah: Obviamente al Aston Martin que está allí aparcado, el v12.
Drake metió las manos en los bolsillos y sacó unas llaves que lanzó a Sarah. Las cogió al vuelo y pudo ver el escudo de Aston Martin en la empuñadura de la llave.
Drake: Conduce tú, si quieres.
Sarah: ¿En serio es tuyo?
Drake vivía a las afueras, en un caserón antiguo reformado, parecía un castillo al estar rodeado por 4 torres, que se comunicaban con la buhardilla, cada una dispuesta en un punto cardinal de la casa. Era extraña, pero a la vez cautivadora. A Sarah le vino a la cabeza, lo que vio el día en que conoció a Drake. Llevaba el mismo vestido negro que ahora y allí, ante ella, estaban las torres, una de las cuales, aparecía en su visión. No entendía nada. Cuando llegaron, comenzaron a preparar la casa, decorándola antes que llegaran los invitados. La fiesta se concentraría en el salón principal.
Mientras, en el local, Caleb llamó a la delegada de la clase para que se encargara de avisar a los demás de lo de la fiesta y habló con el dueño del local, para cancelarla, aunque la pagó sin poner pegas a cambio que el dueño no comentase nada y abriese de forma habitual. Cuando hizo todo eso, salió de nuevo fuera y los zombis le estaban esperando en la puerta, el de seguridad estaba dentro organizando a sus chicos, por lo que no habría que preocuparse por él. No eran hombres disfrazados, eran zombis de verdad.
Caleb: ¿Porqué la buscáis?
Zombi 1: La necesitamos para que nos devuelva la vida. Su sangre es la clave.
Caleb: Ella no es la que buscáis.
Zombi 2: La leyenda lo dice muy claro, la descendiente de la bruja que nos hechizó, será mediadora entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. ¿Sino como explicas que un vampiro y un ángel estén tan pendientes de una bruja?
Zombi 1: Si ella no fuese la descendiente, no estaríamos aquí. Su sangre nos llama. Ha sido lo que nos ha despertado. Si no acallamos nosotros su sangre, lo harán otros. No somos los únicos que la oímos, otros seres vendrán por ella. Lo sabes.
Caleb: Marchaos. Volved al lugar de donde venís, sino queréis que os arranque la cabeza. Os lo advierto, no permitiremos que os acerquéis a ella.
Zombi 1: Sabes que no puedes hacer nada, está escrito. Antes que la última luna llena del año termine, ella morirá. Lo único que no está escrito en la profecía es cómo, ni quién.
Caleb estaba harto, procuró que nadie le viese desplegar sus alas, al hacerlo, las falsas cayeron al suelo. Parecían ridículas al lado de esas alas doradas, tan grandes, que podrían envolver a dos personas por completo. Con un movimiento de hombros veloz, arrancó las cabezas de los zombis una por una y éstos se convirtieron en polvo que una ráfaga de aire se llevó. Caleb volvió a esconder sus alas, el proceso era doloroso, la piel se desgarraba y las alas se plegaban para meterse por dichas heridas, cuando lo hacían, las heridas cicatrizaban de una forma asombrosa. Recogió sus alas de pega del suelo y se marchó en su moto hasta casa de Drake.
Cuando Caleb llegó, la mayoría de su clase estaba allí. Faltaban unos pocos que no podían ir por culpa de problemas familiares, así que ya podían empezar. Caleb entró por la gran puerta principal y se quedó en medio del Hall. Miró hacia lo más alto de una de las escaleras que descendía hasta el vestíbulo y vio a Drake, le hizo un gesto con la cabeza y éste asintió. Bajó a toda prisa y cerró la puerta principal, asegurandola con la alarma. Caleb seguía mirando hacia lo alto de la escalera, Sarah apareció en su campo de visión con una sonrisa que le impulsaba a protegerla. No lo podía remediar, había sido su ángel de la guarda tanto tiempo que no podía dejar de cuidarla, la veía tan frágil y a la vez tan fuerte. Sarah descendió por la escalera hasta ponerse delante de Caleb.
Sarah: ¿Ya pusiste en su sitio a ese tipejo?
Caleb: Sí, le dí lo que merecía.
Sarah: Bueno en el fondo se lo agradezco, la casa de Drake es como de película. Será una fiesta de Halloween inolvidable.
Caleb: Lo sé, eso me temo.
Sarah: ¿Porqué tan negativo? Sonríe un poco, que estamos de fiesta.
Entonces Sarah, cogió de la mano a Caleb y lo llevó al salón central para bailar juntos. Se estaban divirtiendo, bailaban, reían, daban vueltas y más vueltas, se lo estaban pasando en grande. Mientras Drake, estaba de pie junto a la gran mesa de catering, que milagrosamente había podido encargar con tan poco preaviso, tomando un vaso de ponche, observando cómo el ángel le arrebataba lo que más quería. Suspiró, dejó el vaso en la mesa y se dispuso a meterse entre medias de Caleb y Sarah. ¿Caleb se lo permitiría o le montaría una escenita en su casa? ¿estarían a salvo en el baile o tendrían que terminar la fiesta pronto? ¿conseguirían mantener a Sarah con vida? ¿a quién elegirá, al pajarraco o a él?

Continuará...

martes, 5 de julio de 2011

Viviendo en las sombras 2ª parte

A media mañana, los tres compañeros se dirigieron a la cafetería para tomar algo, la mañana se les había echo eterna y necesitaban cambiar el chip. Mientras Sarah reservaba una de las mesas, los dos chicos iban a la barra a pedir algo para tomar.

Caleb: Quiero que sepas, que sé lo que eres. Y no pienso dejar que la hagas daño.
Drake: Yo también se lo que eres, pajarraco. No pienso hacerla daño, pero no esperes que te deje vía libre. Además ¿qué haces tú aquí? ¿estabas barriendo tu nube y sin querer te caíste? ¡Qué pena! Pero no te preocupes, ya puedes irte, yo cuidaré de ella.
Caleb: Ya, lo que quieres decir con cuidarla es... ¿merendártela? No te rías mucho con sus chistes o se te verán los piños. Por cierto, ¿llevas bastante cremita solar, cuál usas protección 3000?
Drake: ¿Sabes? Si no fueras mi enemigo, hasta me caerías bien.
Caleb: Yo no sé, si podría decir lo mismo, pero la verdad es, que chistoso eres un rato. Jajajaja
Drake: Jajaja. Después de tantos siglos y sigo sin perder la chispa. ¡Soy un as!
Caleb: Menuda conversación de besugos.
Drake: Mejor esto que ponernos a pelear. ¿No crees?
Caleb: Pelear ¿porqué? Vamos a hacer un pacto, nada de truquitos, que elija ella. ¿Te parece bien?
Drake: Me parece bien. Aunque no sé, si fiarme de la palabra de un ángel es lo más lógico.
Caleb: Claro, y yo si debo fiarme de la palabra de un vampiro. En un día cuerdo, no lo haría, pero este día promete ser bastante rarito.
Drake: Y que lo digas compañero.

Cuando llegaron a la mesa, se sentaron uno a cada lado de Sarah, ella era como la línea neutral que separa dos bandos, con ella se sentían bien, a gusto. Pasaron el resto del día sin más altercados, pero los días se fueron sucediendo y un día, en el baño de chicas, Sarah estaba mirándose al espejo cuando le pareció ver algo dentro, era ella pero estaba cambiada, no podía explicarlo y se asustó. Una de las chicas que allí estaba se le acercó.

Megan: Hola ¿estás bien?
Sarah: Sí, no sé que me pasó, creo que hay agua en el suelo y me escurrí, menos mal que me agarré al lavamanos.
Megan: ¿Sarah, verdad?
Sarah: Sí, tu te llamas... Megan. Estamos juntas en un par de clases. ¡Dime! ¿en qué puedo ayudarte?
Megan: Verás, espero que no te moleste que te aborde aquí para pedírtelo, pero es que como siempre vas con tus guardaespaldas, me da un poco de palo acercarme.
Sarah: ¿Guardaespaldas? ¿Te refieres a esos dos? Jajaja. No son mis guardaespaldas, son dos compañeros con los que hice muy buenas migas, aunque casi siempre están a la gresca, yo para ellos soy una zona neutral, soy como Suiza. ¿Pero porqué dices que te da palo?
Megan: Os veo a los tres tan...
Sarah: ¿Tan... qué?
Megan: Pues eso, tan inalcanzables, no sé. Es como si hubieseis sido sacados de uno de esos libros de adolescentes, con seres sobrenaturales que andan en un triángulo amoroso. ¿Me explico?
Sarah: Pues siento desilusionarte pero no, además, a mi no me pega el papel de dama desvalida, no va conmigo. Pero es gracioso, eso no te lo niego. Mira, la próxima vez que nos veas, ven y te los presento, verás como no son tan inaccesibles como parecen. ¿Pero, qué me ibas a pedir?
Megan: En realidad eran dos cosas. La primera, tus apuntes, dicen que se te da muy bien resumir y la segunda era más que nada información. ¿Tus amigos... tienen novia? Es que son tan guapos. Y no soy la única que lo piensa.
Sarah: Pues que yo sepa no, aunque tampoco se lo pregunté, no caí en ello.
Megan: Bueno, gracias por todo, luego en la comida me siento con vosotros ¿Vale?
Sarah: Ok. Luego nos vemos.

A Sarah le había extrañado que apenas nadie se le acercara cuando estaba con sus amigos, pero pensaba que era ella la que no caía muy bien, aunque no sabía porqué. Ahora empezaba a atar cabos, no era ella, eran ellos los que despertaban tanta expectación y ella sólo era un daño colateral.
(Pensó: "Bien Sarah, no te creas el ombligo del mundo porque no lo eres.")
¿Pero... porqué se había referido Megan a los tres cuando dijo aquello de..."os veo a los tres tan inalcanzables"? ¿De verdad iría Megan a sentarse con ellos en la comida?
Cuando salió del baño, le pareció ver un halo de luz alrededor de los dos chicos, en realidad eran dos, cada uno de distinto color. El que envolvía a Caleb era dorado, de una luminosidad intensa y una calidez embriagadora. En cambio, el que rodeaba a Drake, era de un color rojo sangre, intenso, fuerte, puro fuego.
Sarah sacudió la cabeza a ambos lados, con los ojos cerrados, para borrar esa imagen de su mente, pero al abrir los ojos, la imagen seguía allí, con una pequeña variación, los dos chicos ya no se miraban mutuamente y discutían como siempre, ahora la miraban a ella, en silencio, expectantes, como si pudieran adivinar lo que acababa de ver. Las dudas la invadieron de nuevo. Por un instante se quedó paralizada, en blanco, hasta que volvió en sí y se acercó a ellos con una sonrisa. Les contó lo de Megan y los tres se rieron, ella por ingenua, ellos por disimular, en el fondo los tres lo sabían, su unión era única y a la vez algo prohibido, Sarah lo intuía, pero no sabía el motivo, aunque no dudaba en que más tarde o más temprano lo averiguaría.


Continuará...

lunes, 4 de julio de 2011

Viviendo en las sombras 1ª parte

Caleb estaba nervioso, llevaba años observando a Sarah, cada movimiento, cada paso que daba y por fin llegó el día, hoy la conocería. Estaba ansioso, llevaba mucho tiempo preparando lo que le diría cuando se la encontrase en la facultad, pero una cosa era soñar y otra llevarlo a cabo, era muy tímido, no estaba acostumbrado. Decidió ponerse en marcha y esperar, estaría en la puerta hasta verla aparecer. Comenzó a recordar cuando de pequeña se cayó del columpio y él curó sus heridas mientras dormía, cuando el primer chico le rompió el corazón y él le dio el empujoncito necesario para seguir adelante, cuando se sacó el carnet de conducir que tantos quebraderos de cabeza le trajo para mantenerla a salvo, la chica era un poco kamikaze, pero no le importaba, la quería. Y sobre todo, cuando la salvó de aquel incendio del cual aún no se habían recuperado, ninguno de los dos. ¿Le recordaría cuando le viese?
Mientras, Drake estaba preparándose para su vigésimo "primer día" de clase en la facultad, esta vez escogió las letras, le apetecía escribir y después de tantos siglos vividos, material tenía de sobra. Ya había cursado 19 carreras distintas, esta no le supondría ningún reto. Salió de casa con un presentimiento, hoy sería un día especial, este día le marcaría para el resto de la eternidad, lo sabía.
Sarah estaba atacada de los nervios, se peinó como pudo, se puso lo primero que encontró y salió disparada por la puerta, no tenía tiempo para desayunar, ya tomaría algo en la cafetería a media mañana, no quería llegar tarde su primer día y le quedaba aún un largo camino hasta la facultad. Por un extraño motivo, últimamente se sentía más torpe, pero serían los nervios, la emoción. Cuando llegó a la puerta, un escalofrío le recorrió el cuerpo. Allí, de pie en la puerta, había un chico que le sonaba muy familiar, pero que no lograba hubicar. Su pelo era tan rubio como los rayos del sol y sus ojos tan verdes como el jade. Estaba atlético y bien definido, parecía tener el tatuaje de una espada alada en una de sus muñecas. Fue lo que más le llamó la atención a Sarah, ¿dónde había visto eso antes? No lo podía recordar, así que decidió entrar con la cabeza baja para hacer como si no le conociese, por si acaso no le conocía de verdad. Cuando pasó por su lado, notó como si el chico intentase decirla algo y se lo pensara mejor. Así que sin más dilación, entró en el edificio para buscar su primera clase. Cuando llegó se sentó en la 3ª fila, no quería parecer una empollona, pero tampoco una pasota, quería enterarse de la clase sin fastidiar su reputación desde el principio. Estaba colocando sus cosas en el escritorio cuando el chico de la entrada se le aproximó.
Caleb: ¿Perdona está ocupado?
Sarah: No. ¿Te conozco de algo? Es que me suena mucho tu cara.
Caleb: Creo que no, me acordaría jajaja. Me llamo Caleb, encantado. Aunque también me suena mucho tu cara, perdona por haberme quedado mirando antes como un bobo, pero sino fuera imposible, juraría que ya nos conocemos.
Sarah: Jajaja. Cierto, menos mal que no fui la única que lo pensó. Mi nombre es Sarah y no hay nada que perdonar. ¿De dónde eres?
Caleb: De las afueras, tirando para el norte (señalando hacia el techo) ¿Y tú?
Sarah: Más bien del centro. (Señalando a la pizarra) jajaja
Caleb: Jajaja
En ese momento, Sarah volvió a sentir el mismo escalofrío de antes, por lo que, no lo había provocado Caleb, sino... Miró hacia la puerta y allí vio a un chico de pelo moreno como la noche oscura y de unos ojos azules, casi trasparentes, tanto como el cristal. Era muy alto y esbelto, estaba apoyado en el marco de la puerta con los tobillos y los brazos cruzados, mirando a Sarah. Sus ojos eran cautivadores y por un instante Sarah se perdió en ellos, se vio así misma envuelta en seda negra, subiendo por unas escaleras de piedra con forma de caracol, en una gran torre, perseguida por él, por ese chico, pero no corría por miedo, sino por deseo. No lo entendía. De pronto reaccionó y fijó sus ojos en Caleb, que miraba fijamente al otro chico, como si le sentenciase a muerte. De pronto el chico se acercó.
Drake: Perdonad ¿está libre el asiento?
Sarah: Sí, claro. Me llamo Sarah, éste es Caleb ¿y tú?
Drake: Me llamo Drake.
Caleb: Un nombre peculiar.
Drake: Lo mismo digo, compañero.
Comenzó la clase y Sarah se sentía abrumada, sus nuevos compañeros no dejaban de mirarse desafiantes y se temía que ella era la causante de dicha disputa. ¿Qué podría hacer? Acababa de empezar una nueva etapa en su vida y ya se estaba complicando todo. ¿Cómo terminaría este lío?


Continuará...