sábado, 6 de julio de 2019

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 4


¿Hablaba su idioma? ¿Cómo era eso posible? Entonces su cuerpo reaccionó, ese abrazo, ese olor, le resultaban muy familiares. Los recuerdos que creía perdidos, se agolparon de repente en su cabeza y se hicieron cada vez más nítidos.

Aquel hombre cuando era más joven, aparecía en esos recuerdos depositando a un bebé en una especie de nave, y una mujer que había junto a él, lloraba desconsolada mientras cantaba una canción.

-Dulce niña, dulce amor, repliega tus alas y tu calor. Llega la noche y el día se va, no tengas miedo, mi luz contigo está. – Cantó de repente, bajo la atenta mirada del chamán y de Álex, que se quedó embobado al escuchar cantar a Alicia.

-¿De dónde has sacado eso?- Preguntó el joven perplejo.

-Estoy en casa, he recordado que era la nana que me cantaba mi madre cuando nací.- Respondió Alicia, mientras su cuerpo sufría un cambio repentino. Su piel se volvía más luminosa, su cabello más rojizo y el azul de sus ojos daba paso a un amarillo anaranjado como el de un fuego encendido.

-¿Qué demonios está pasando?- Quiso saber Alex.

-Acabo de recordarlo todo, el abrazo que me ha dado este hombre, mi padre, me ha abierto los ojos. He recordado a mi madre, cuando me cantaba esa canción de niña, cómo me mandaron lejos de mi casa en una nave espacial para salvarme la vida y cómo enterré todos esos recuerdos tan dolorosos en lo más profundo de mi mente, por miedo a no volverlos a verlos nunca más.- Confesó Alicia, mientras cogía las manos de Álex entre las suyas y las apretaba con fuerza.

-Espera un momento, ¿me estás diciendo que tus padres te mandaron a la Tierra en una nave espacial como si fueses el mismísimo Superman, que eres un extraterrestre y que te acuerdas de todo lo que has vivido desde que eras un bebé? Vale, ahora sí que estoy más confundido que antes.- Confesó mientras caía de rodillas y permanecía arrodillado en el suelo.


Instantes después, la misma niña que les había llevado las frutas, entró nuevamente en esa especie de tienda de campaña en la que se encontraban y les sonrió. Entonces chasqueó los dedos, y la tienda se convirtió en una gran habitación futurista llena de comodidades y luces de colores, que le daban a la estancia un brillo especial y completamente diferente. Pero no solo cambió aquel lugar en un abrir y cerrar de ojos, además la pequeña niña se convirtió en una mujer adulta, muy bella y esbelta, que Alicia reconoció inmediatamente como su madre biológica.



-Pensé que sería más sencillo acercarme a vosotros como una niña, así os sentiríais más cómodos.– Se disculpó su madre, y al parecer no se equivocaba.

-¿Por qué entiendo ahora lo que dices?- Quiso saber Álex.

-Somos capaces de leer tu mente y adaptarnos a tus necesidades. Idioma, costumbres, entornos. Todo lo anterior lo hemos sacado de tus recuerdos, son muy variados. No sabía que en la Tierra pasasen tantas cosas y hubiese gente tan especial. Seguramente viajeros como tú, mi pequeña Shaina.- Le dijo a Alicia, mientras se fundía con ella en un abrazo.

-¿Viajeros? ¿Qué clase de viajeros? – Álex creía estar alucinando. No debería de haber comido tanto.

La madre de Alicia, o Shaina, como realmente se llamaba, elevó la mano derecha grácilmente en el aire y después la bajó rápidamente, como si estuviese atrapando  una mosca. Entonces, como salidos de la nada, aparecieron en el centro de la sala los mismísimos Vengadores, parecían tan reales que Álex dio un respingo hacia atrás y cayó al suelo, donde se quedó sentado.

-Espera un momento, ¿estos son los viajeros a los que te refieres? – Álex no podía dejar de reírse y Alicia cuando cayó en la cuenta de lo que había pasado, se unió a él.

-Verás madre, estos viajeros como tú los haces llamar, no son reales. Son personajes ficticios, creaciones que los humanos inventan para su entretenimiento. Personas que fingen ser lo que no son. – Dijo la joven, mientras volvía a abrazar a su madre con ternura.

-Pues tú si eres real y tienes más poder que todos esos ficticios juntos.- Contestó la madre.

-¿Yo?- Ahora era Alicia la que no cabía en su asombro.

-¿Por qué malgastas el aire respirando? No lo necesitas para vivir. Al igual que no necesitas los alimentos que has probado hace unos instantes, ni el agua que ha sofocado tu sed. Somos seres de energía, la energía está en todas partes, ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Podemos canalizar esa energía, canalizarnos a nosotros mismos y crear o destruir aquello que nuestra mente ansíe. Ven, te lo mostraré.- Le dijo su madre antes de coger entre sus manos las de Alicia. – Piensa en algo que solo pueda estar en la Tierra y juntas lo traeremos hasta aquí.-


Alicia quería pensar en un tigre, le encantaban los tigres y le hubiese encantado tener uno delante, pese al peligro que aquello conllevaba, pero sin poder evitarlo pensó en aquel conejo blanco del cuento, en su querido almirante que había dado su vida por salvarla a ella.

De repente sintió una presencia. Abrió los ojos lentamente mientras se giraba, tras escuchar en un susurro a su espalda, pronunciar su nombre por una voz rasgada.



-Los años no te han tratado tan mal como a mí, me alegro.- Dijo aquel hombre, antes de verse interrumpido por un ataque de tos.

-¿Cuántos años tienes?- Preguntó la joven al ver a su joven y apuesto almirante convertido en un anciano enfermo y bastante pálido.

- Lo sé, estoy peor de lo que te habrías imaginado, pero he vivido los últimos 60 años bajo tierra y eso deja huella en cualquiera, incluso en mí. – Contestó.

-¿Por qué me mentiste? ¿Por qué no me diste la opción de elegir? Sabes que me hubiese quedado contigo.- Dijo Alicia con lágrimas en los ojos, cosa que a Álex le dolió.

-Siempre supe que no eras una chica normal, que eras alguien especial y por ello merecías regresar a tu hogar.- Confesó.

-¿Lo sabías? – Preguntó Alicia.

-Lo intuía, aunque no estaba seguro. Vaya, qué lugar más espectacular.-Dijo al echar un vistazo a su alrededor.

-Es mi hogar.- Añadió Alicia con la voz rota.

-¿En serio? Vaya, sí que tuve buen ojo al escoger destino. Me alegro mucho por ti, Alicia. Por fin puedo descansar sabiendo que hice algo bien en vida.- Dijo antes de que sus piernas flaqueasen y Álex lo sostuviese por detrás.- Vaya, cuídala mucho chico, es un ser muy especial y tú me recuerdas mucho a mí cuando era joven, por eso sé que lo harás bien.- 

Entonces el silencio se apoderó de la sala y los ojos del almirante se cerraron, mientras Álex y Alicia cruzaban la mirada. 

Continuará...

jueves, 25 de abril de 2019

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 3º


El aire de aquél planeta era respirable, un poco denso, pero soportable. La humedad hacía que la ropa se les pegase a la piel, por lo que Álex se quitó la camiseta, dejando sus grandes músculos al descubierto.

-¿Qué?- Preguntó Álex al ver que Alicia apartaba la mirada.
-Nada, que hace calor.- Dijo Alicia sonriendo y adelantándose a Álex en el camino.
-Por mí no te cortes.- Añadió Álex.
-No pienso descamisarme delante tuya.- Se quejó Alicia.

-Estamos supuestamente solos, en un planeta supuestamente deshabitado. Creo que podemos comportarnos como dos adultos civilizados, sin tener que acabar deshidratados o revolcándonos en cualquier rincón. Además, eres muy guapa, pero ni que fueses la única mujer en este mundo.- Le dijo Álex mientras se reía y echaba a correr, adelantando a Alicia.

Ésta se lo tomó como un reto personal y comenzó a perseguirle. Parecían dos críos jugando al pilla-pilla, cuando de repente escucharon un silbido y una gran roca encendida cayó justo a su lado.

-AHHH.- Gritó Álex, al ser salpicado por un trozo de roca candente que le quemó en el torso.
-¿Estás bien?- Dijo Alicia preocupada por él.
-Sí, no es nada, vayamos a esa cueva a resguardarnos.- Sugirió el joven, intentando parecer menos dolorido de lo que estaba en realidad.

Corrieron como si la vida les fuese en ello, ya que las rocas seguían cayendo y al llegar a la cueva, se recostaron en su interior.

-Estás sangrando, hay que poner un vendaje en esa herida o se infectará.- Dijo Alicia, mientras se quitaba la camiseta y la hacía jirones. 
-Reconócelo, estabas deseando hacer eso.- Dijo Álex entre risas, interrumpidas poco después por un quejido, al sentir que Alicia apretaba con fuerza la tela sobre la herida sangrante del joven.

Entonces Álex llevó su mano hacia la de Alicia y la sostuvo con delicadeza. Alicia sintió el tacto de Álex en su piel y se estremeció.

-Bueno, sostenlo así, voy a hacer un fuego para calentarnos.- Comentó Alicia, mientras retiraba la mano que sostenía la tela y dejaba a Álex al cargo. 
-Alicia, yo…- Quiso decir el joven, pero se vio interrumpido por un dedo sobre sus labios.
-No es el momento. Quédate aquí, enseguida vuelvo.- Dijo ella antes de levantarse y adentrarse más en la cueva, puesto que en el exterior los proyectiles de roca candente seguían cayendo sin cesar. 

Cuando Alicia regresó momentos después, traía las manos vacías. 

-No hay nada que nos pueda servir. Intenté hacer el fuego con dos piedras, pero no tenemos nada que mantenga la llama. No hay árboles aquí dentro y por lo que vimos al llegar, tampoco hay muchos ahí fuera.- Le dijo a su compañero que tiritaba de frío.
-Bueno, no pasa nada. Dentro de poco podremos salir de aquí y buscar un refugio más cálido donde pasar la noche.- Comentó Álex.
-Estás tiritando. Ven aquí.- Le dijo Alicia, mientras se sentaba junto a él y le rodeaba con los brazos. – Así entrarás en calor.-
-No comprendo cómo puedes estar tan caliente.- Dijo el joven al sentir la piel cálida de Alicia junto a la suya.
-Porque hace calor, tú tienes que estar peor de lo que pareces. Esa herida no me gusta.- Le dijo a Álex, mientras retiraba un poco la tela para observar la sangre salir.
-Estaré bien. Solo necesito…- El joven no pudo terminar la frase, pues una roca candente atravesó el techo de la cueva, obligándolos a moverse.

Atravesaron varios recovecos de la cueva de forma bastante torpe. Álex apenas podía tenerse en pie, por lo que Alicia lo ayudó sirviéndole de sostén, pero al llegar al final de la cueva, donde la luz volvía a divisarse, Álex perdió el equilibrio y cayó al suelo, arrastrando a Alicia con él. 

-Álex, contesta, Álex.- Dijo la joven preocupada por su compañero, que permanecía inconsciente y tendido en el suelo. 

Como pudo se levantó y consiguió arrastrar el cuerpo inerte de su amigo hasta la entrada de la cueva, donde para su sorpresa, unos hombres los estaban esperando. Echaron unos polvos rojizos por encima de los dos náufragos estelares, y Alicia cayó junto a Álex en un sueño profundo.

Horas más tarde, Alicia se despertó sobre un lecho de pieles y sintió que alguien estaba tendido junto a ella. Al fijarse, vio a Álex a su lado y se abalanzó sobre él para despertarlo, cosa que consiguió. 

-Álex despierta, hemos sido apresados.- Dijo Alicia bastante alterada.
-Lo sé, me desperté hace horas y me estaban curando. No entiendo lo que dicen, pero parece que nos han rescatado. Nos trajeron aquí y por el momento no nos han matado, eso es buena señal.- Dijo Álex, intentando calmar a la joven cuyo nerviosismo aumentaba por momentos. 
-¿Y te quedas tan tranquilo? Quizás te hayan curado para después devorarnos vivos o algo por el estilo.- Preguntó Alicia perpleja. 
-Creo que si hubiesen querido comernos, lo hubiesen hecho cuando estábamos inconscientes.- Dijo el joven bastante seguro de sus palabras.

De repente apareció una niña de unos 9 años, con una bandeja de frutas y frutos secos en las manos, la dejó sobre la cama de pieles, a los pies de los dos extraños y se marchó.

-Vaya, al final sí que hay árboles por algún lado, lo que no sabemos es dónde están, pero esto no sale de la nada.- Afirmó Álex, mientras devoraba los frutos a manos llenas.
-Eso parece. Es muy extraño. Primero hacen que se estrelle la nave, después nos lanzan rocas y ahora nos salvan la vida. No lo puedo comprender.- Se preguntó Alicia en voz alta.
-Ni tú ni nadie, pero mientras no sean hostiles en estos momentos, bienvenidos sean.- Dijo Álex antes de seguir comiendo. 

Alicia cogió un fruto parecido a un mango y lo degustó. No era exactamente un mango, pero tenía un sabor parecido, así que lo disfrutó porque estaba hambrienta.

Poco después, un hombre con apariencia de Chamán entró en la tienda donde se encontraban, se inclinó ante ellos y les hizo una reverencia.

-Creo que se dirige a ti.- Comentó Álex, mientras seguía con la mirada las alabanzas que aquél hombre le hacía a Alicia.
-¿A mí por qué?- Se preguntó la joven.

El hombre hablaba una lengua que ninguno supo reconocer, pero ambos se fijaron en los rasgos tan parecidos a los de Alicia. Pelirrojo, de piel blanquecina, ojos claros.

-Ahora que me fijo, la verdad es que tú encajas perfectamente aquí.- Dijo Álex.
-¿A qué te refieres?- Preguntó ella intrigada.
-He visto a unos cuantos lugareños y todos se parecen bastante a ti. Al menos en lo que respecta al pelo, los ojos, el tono de piel. Parece que fuesen parientes tuyos, pero lejanos.- Añadió Álex.

De pronto  sucedió algo que les dejó atónitos. Aquel hombre se levantó del suelo con lágrimas en los ojos y se lanzó hacia Alicia para abrazarla. Ella de la impresión se quedó en shock y no movió ni un músculo, pero cuando escuchó la palabra “HIJA”, todo su mundo se puso patas arriba. ¿Qué acababa de decir?


Continuará...



miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 2º


Pasaron los días y la nave cada vez se acercaba más a su destino. Por las noches, cuando todos los demás dormían, Alicia y Álex se colaban en los ordenadores e intentaban descifrar el expediente que tan intrigados les tenía.


-No puedo creer que no seamos capaces de descifrar esto. Recuerdo un capítulo de Castle en el que comprobaban el ancho de las palabras y el tipo de letra, para intentar descifrar algo parecido.- Dijo Alicia un poco desilusionada.

-Ya, pero eso es ciencia ficción y esto la vida real. Aunque si lo piensas, parece que estamos en una película de Ridley Scott, como poco.- Añadió Álex.

De repente, Alicia se levantó de la silla donde estaba sentada y salió de la sala sin decir una palabra. Álex cerró todas las ventanas abiertas en la pantalla del ordenador, borró su rastro y salió tras ella. Cuando la encontró, estaba de pie junto a uno de los grandes ventanales del corredor, con la mano puesta en el cristal. Álex se aproximó a ella y le preguntó si estaba bien, pero al poner su mano sobre la de Alicia, notó un calor intenso y la retiró instintivamente.

-¡Estás ardiendo! Tienes que tener fiebre, vayamos a la enfermería.- Le dijo, antes de quedarse boquiabierto al ver los ojos de Alicia, que estaban en llamas. 

De repente, Alicia parpadeó y pareció volver en sí. Miró a Álex, que seguía en shock y le preguntó lo que le había sucedido. Cuando Álex se miró la palma de la mano, la tenía enrojecida.

-Me has quemado al tocarte y tus ojos… Tus ojos estaban en llamas. ¿Cómo es posible?- Le dijo el joven aún perplejo.

-¿Me tomas el pelo?- Preguntó ella dudosa.

Entonces Álex le mostró su mano enrojecida y Alicia abrió los ojos de par en par. Estaba sorprendida, pero pronto su expresión cambió.

-Eso quiere decir que no fue un sueño. De pequeña, en una ocasión, incendié un peluche con solo tocarlo. Lo recuerdo vagamente, era muy pequeña, pero jamás olvidaré que días después mis padres me abandonaron en un orfanato, el mismo del que me habían sacado cuando era solo un bebé.- Añadió Alicia mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. -Apenas recuerdo nada de mi infancia, solo eso y creí que era un cuento producto de mi imaginación, pero nunca imaginé que pudiera ser cierto. –

-Quizás sea eso lo que oculta tu expediente y por ello estés en esta nave.- Dijo Álex pensativo. 

-¿Tú tienes alguna historia parecida que contarme? Lo digo, porque quizás este viaje sea algo más que un intento de salvar a la humanidad.- Añadió Alicia.

En ese preciso instante, una alarma comenzó a sonar. Por los altavoces se escuchó una grabación que pedía a toda la tripulación que volviese a sus camarotes, por fin iban a tomar tierra.

Ambos se miraron y comprendieron que no querían pasar solos aquél momento, se cogieron de la mano y se marcharon hasta el camarote de Alicia, donde recogieron todas sus pertenencias, antes de marcharse al camarote de Álex, donde permanecerían hasta el momento de salir de la nave.

Allí sentados, el uno junto al otro y con las manos entrelazadas, se dieron cuenta que la vida que conocían había desaparecido, el nuevo mundo les esperaba y con él, un sinfín de posibilidades.

Las turbulencias aumentaban a medida que se acercaban a su destino. Los compartimentos se abrieron, dejando caer su contenido y esparciéndolo por todas partes. Entonces, lo último que vio Alicia fue un casco espacial que le golpeaba en la cabeza.

-Alicia, Alicia.- Dijo Álex mientras la zarandeaba. 

La alarma volvió a sonar en toda la nave, esta vez, acompañada de una luz roja de emergencia. Aquello solo podía significar una cosa, habían perdido el control y terminarían estrellándose. Álex cogió en brazos a Alicia, y se dirigió hacia una de las cápsulas de escape. La gente andaba como loca de un lado para otro mientras la nave se desmontaba poco a poco. No habían contado con la fuerza de atracción de aquél planeta. ¿ O acaso…? ¿Eso había sido un impacto?

Volvió a sentir una sacudida que le llevó directamente a caer al suelo sobre el cuerpo de Alicia. Se levantó, la recogió y se metió en la primera cápsula de escape que encontró. Justo cuando cerró la puerta y se sentó a los mandos, vio cómo una ola de fuego arrasaba con todo a su paso en el corredor que momentos antes habían cruzado. Pulsó el botón de emergencia y la cápsula se desacopló de la nave, justo antes de que esta explotase. La fuerza de la explosión, unida al campo de atracción del planeta, los llevó a hacer un aterrizaje forzoso en el borde de un gran cañón.

-¿Qué ha pasado?- Preguntó Alicia al despertarse en esos momentos de su letargo.

-No te muevas o nos caeremos. La nave ha explotado y hemos tenido suerte al escapar en una cápsula de emergencia, pero estamos solos en el planeta, todos los demás han muerto, o eso creo.- Informó Álex, mientras intentaba  abrir la puerta para salir de la cápsula sin hacer movimientos bruscos. – Dame tu mano y ven hacia mí con cuidado.- Le pidió a Alicia.

La joven le tendió la mano y poco a poco salieron de la cápsula, justo a tiempo de ver cómo el habitáculo se precipitaba por el gran cañón que tenían a sus espaldas y se hacía pedazos.

-¿De verdad me estás diciendo que somos los únicos habitantes de este planeta y estamos sin recursos?- Preguntó Alicia algo alterada.

-Sin recursos, puede.- Confirmó Álex, mientras echaba una mirada a la cápsula en llamas.- Pero eso de que estamos solos en el planeta… no me apresuraría a afirmar tal cosa. La nave se ha estrellado porque ha recibido varios impactos procedentes de este planeta, por lo que, alguien nos estaba esperando.- Añadió.

-Pero no puede ser. Las lecturas térmicas… nos dijeron que estaba deshabitado.- Recordó Alicia.

-Creo que nos han ocultado demasiadas cosas. Por suerte o por desgracia, pronto descubriremos la verdad. De momento, busquemos un refugio y recursos de algún tipo. ¿Tengo hambre y tú?- Preguntó Álex, mientras le tendía la mano con una sonrisa a su nueva compañera de vida.

Continuará...



sábado, 2 de junio de 2018

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 1º


Abrió los ojos de golpe, mientras su primera bocanada de aire en años le inundaba los pulmones. Se sentía confusa y tenía náuseas, pero aquellos síntomas eran de lo más normal. Sobre todo, después de llevar varios años metida en una cápsula espacial.

Salió con cuidado de aquél minúsculo habitáculo, y se encaminó hacia su taquilla, donde elegiría algo decente que ponerse antes de enfrentarse de nuevo a los convencionalismos sociales.

Al mirarse en el espejo del cuarto de baño, y tras una ducha con la que seguramente había soñado varias veces en aquél estado de letargo, intentó ver si su rostro se había modificado con el paso del tiempo, pero no, seguía teniendo la piel tan tersa como el primer día que se fue a dormir. ¿Cuánto tiempo habría pasado esta vez? ¿Dónde se encontrarían en ese momento?

Como bien sabemos, los viajes por el espacio pueden llegar a ser un tanto confusos. Un día te marchas al trabajo y al volver a casa, todo lo que conocías, y todos a los que querías, ya no están. 

Alicia estaba sola en el oscuro y frío Universo, y al igual que su tocaya en el cuento de Lewis Carroll, había seguido a un estúpido conejo blanco hasta su madriguera, lo que había puesto su mundo patas arriba. Pero en resumen, estaba sin Almirante (su conejo blanco), sin hogar y en una nave a miles de kilómetros de ninguna parte. ¿Qué más le podría pasar?

Tras salir de su habitación, recorrió los pasillos de aquél lugar, mientras escuchaba por los altavoces al comandante dando los buenos días a su tripulación. Al parecer, estaban a punto de llegar a su destino, un pequeño planeta a unos 40 millones de años luz de la Tierra, y el que a partir de ese momento, se convertiría en su nueva residencia. Alicia sería una de las primeras colonizadoras de aquél hermoso planeta del que apenas había visto un par de fotos tomadas por satélite y en el que, al tener unas condiciones semejantes a las de la Tierra, podrían vivir sin problemas.

Sayari era el nombre que su descubridor le había puesto y, aunque era un nombre bonito, tampoco es que aquél hombre se hubiese estrujado mucho la sesera para escogerlo. Sayari en suajili, significa eso mismo, “Planeta”, por lo que Alicia viviría a partir de ahora en un planeta llamado Planeta, cosa bastante inverosímil, pero resulta irrelevante para la historia, por lo que, continuemos.

Entró en el comedor que estaba a rebosar de gente y se acercó a la máquina/ordenador, donde encargaría su primera comida desde hacía tanto tiempo. Observó aquél artilugio y acercó el código de barras, que tenía tatuado en su muñeca derecha, hasta una luz roja de un lector de códigos. Segundos más tarde, una compuerta cercana se abrió y Alicia sacó una bandeja repleta de comida, por la cual se le hizo la boca agua. Todo lo que había querido comer en aquél momento se encontraba en aquella bandeja reciclable. Una ensalada de frutos rojos y queso de cabra con nueces, pan recién hecho libre de alérgenos y un Smoothie de frutas del bosque bien fresquito. Recogió su bandeja y abandonó la cola, ahora solo tenía que encontrar un hueco donde sentarse a degustar aquél delicioso manjar, pero las mesas estaban a rebosar. De repente, una voz varonil a su espalda, la sacó de su ensoñación.

-Disculpa, si quieres podemos sentarnos juntos.- Le dijo un apuesto joven, mientras le señalaba dos sitios libres que acababa de reservar.

-No quiero quitarle el sitio a tu novia.- Dijo Alicia un poco contrariada.

-No, no tengo novia. Estoy solo, al igual que tú en este viaje. Reservé dos sitios por si conocía a alguien durante el trayecto, no me gusta comer solo o con gente rara, y por lo que he podido observar en esta nave, hay demasiado cerebrito por ahí suelto. ¿Por qué estás tú aquí?- Le preguntó el joven.

-Soy uno de esos cerebritos con los que no quieres juntarte. Me llamo Alicia y soy una de las psicólogas que mandan para evitar que cunda el pánico en el Nuevo Mundo.- Contestó Alicia un poco molesta por sentirse menospreciada.

-Lo siento, estaba de broma. Me llamo Álex y también soy un cerebrito. No solo soy ingeniero aeroespacial, sino que también tengo un máster en biología extraterrestre. Encantado de conocerte, Alicia. ¿Comemos juntos?- Le pidió amablemente Álex a su nueva amiga.

-Claro, no veo por qué no.- Contestó Alicia entre risas. 

Tras sentarse y empezar a degustar sus platos, Alicia decidió romper el silencio incómodo que se había instaurado entre los dos. 

-¿Qué tal es la carne sintética?- Preguntó Alicia al observar el gran filete sintético que su compañero estaba degustando a dos carrillos.

-¿Quieres probarlo? Está bastante bueno.- Contestó Álex.

-No, gracias. Soy vegetariana. No entiendo cómo puedes comer carne que en realidad no es carne. Me resulta demasiado extraño.- Comentó Alicia.

-Lo sé. Desde la prohibición del consumo de animales y la creación de estos sucedáneos, intenté volverme vegetariano, pero donde esté un falso filete que se quite una lechuga real.- Dijo Álex, mientras se metía un buen trozo de filete en la boca y sonreía.

-Prefiero la comida sana, pero gracias.- Respondió Alicia.

-Bueno, y tan sana que eres. ¿Por qué te embarcaste en una misión suicida como esta? ¿No hay ningún joven guapo al que dejes atrás en la Tierra?- Preguntó Álex, intentando parecer indiferente, mientras tomaba otro bocado de su comida.

-Pues lo había. Me embarqué en esta misión por un joven y guapo Almirante, pero no salió como yo pensaba.- Contestó Alicia mientras daba vueltas a su comida con el tenedor en el plato.

-¿Y dónde está ese joven Almirante?- Preguntó Álex.

-¿Nadie te ha dicho que preguntas demasiado? No lo sé… Supongo que estará en la Tierra, ligándose a otra insensata y haciéndola creer que es el amor de su vida, para después mandarla lejos y hacer que embarque en alguna loca misión como esta. Supuestamente íbamos a viajar juntos, pero qué casualidad que no quedaban más plazas en este crucero.- Dijo Alicia con una falsa media sonrisa.

-Vaya, lo siento. Si te sirve de consuelo, la Tierra tiene los días contados, por eso nos mandan a colonizar otros planetas.- Añadió Alex.

-¿Qué me estás contando? No puede ser, habrían avisado, dado la alarma global.- Dijo Alicia algo contrariada.

-Lo sé de buena tinta. El sol lanzó su última llamarada, poco antes de embarcar nosotros. A estas horas, la Tierra estará sumida en la completa oscuridad y cubierta de  hielo. Nuestro grupo no es el único que ha partido para intentar colonizar otros planetas. Los que hayan podido sobrevivir en la Tierra, tendrán que vivir en las profundidades de la misma durante mucho tiempo, hasta que puedan encontrar una solución al respecto o viajar a otros lugares, como nosotros. Después de todo, tendrías que estar agradecida a ese mal nacido, por haberte dado un billete en esta nave sin retorno.- Concluyó Álex.

Alicia estaba perpleja. Aquél joven Almirante le había cedido su sitio en la nave y aun así, ella le estaba poniendo a parir. Seguramente, si él le hubiese dicho que la amaba y que no podrían viajar juntos, ella se habría quedado con él y hubiesen muerto los dos. Porque seamos claros, ante una situación semejante, los únicos que ocuparían un puesto en el “Arca de la Salvación”, serían los ricos y poderosos. Un simple Almirante y su novia psicóloga, no hubiesen tenido muchas oportunidades en un mundo apocalíptico. 

Tras un largo e incómodo silencio, terminaron de comer. 

-Bueno, ¿y ahora qué tienes pensado hacer? Podemos ir a …- Dijo Álex, hasta que se vio interrumpido.

-¿Por qué estás tú aquí?- Preguntó Alicia.

-¿Yo? Pues verás. Soy un experto en varios campos, me propusieron el trabajito y no me lo pensé dos veces, acepté encantado. He de reconocer que saber que el mundo se iba por el retrete fue un gran motivador. ¿Por qué lo preguntas?- Quiso saber Álex.

-Yo no tenía a nadie en la Tierra, pero tú…- Preguntó Alicia.

-Ya somos dos. Me crié en un orfanato, al igual que tú. Sí, lo siento, soy muy curioso y mi cápsula se abrió antes de tiempo, así que… tuve un par de días para hackear los ordenadores y mirar los historiales de la mayoría de los personajes que ves por aquí. Lo siento de verdad, pero me aburría muchísimo.- Se disculpó el joven.

- ¿También sabes de ordenadores? Vaya, eres todo un descubrimiento.- Dijo Alicia entre risas.

-¿Después de lo que te he contado lo que más te ha llamado la atención es eso? Pensaba que te picaría la curiosidad o me montarías una escenita por invadir el espacio personal de todo ser vivo que habita esta nave. Me sorprendes gratamente.- Dijo Álex levantando los pulgares hacia arriba.

-Si después de leer mi historial sigues queriendo sentarte a comer conmigo, eso no puedo desaprovecharlo.- Añadió Alicia.

-Cierto, hay algo que vi en tu historia que me llamó mucho la atención y no sabía cómo sacarte el tema, pero ahora que lo mencionas… Había muchas partes de tu informe que estaban cifradas y no pude descifrar. ¿Por qué?- Preguntó Álex totalmente intrigado.

-¿Cifradas? ¿De qué demonios hablas? Yo me refería a cosas como que soy propensa a los desastres o cosas así. Una vez iba caminando y me distraje tanto que me equivoqué de autobús y acabé en la otra punta de la ciudad sin darme cuenta. ¿Por qué iba a estar cifrado mi expediente?- Comentó Alicia totalmente preocupada.

-No lo sé, pero si necesitas ayuda para averiguarlo, cuenta conmigo. Creo que el viaje se va poniendo interesante por momentos.- Dijo Álex entusiasmado. 
-Dalo por hecho.- Sentenció Alicia, decidida a descubrir la verdad sobre quién era ella. 

Continuará...

jueves, 23 de noviembre de 2017

Luces y Sombras. Capítulo 5. "El final"


El sol comenzaba a desperezarse cuando Álex y Luna continuaron su viaje, había llegado la hora de retomar la búsqueda del espejo mágico y terminar con todo aquello. De repente, escucharon el graznido de un pájaro que les resultaba familiar. Al mirar hacia las copas de los árboles, divisaron al cuervo de ojos rojos en que se había convertido el “Destripador”, que permanecía impasible sobre una de las ramas de un árbol cercano. Luna comenzó a gruñir mientras se preparaba para lanzar su ataque más mortífero y derribarle de un salto. Por fin había llegado el esperado momento. ¿Sería capaz de saltar tan alto? La verdad es que tampoco se lo había planteado, tan solo quería hincar sus afilados dientes en el cuello del animal y degollarle hasta morir. Entonces Álex se percató que una luz fija y brillante le deslumbraba.

-¿Qué demonios es eso?- Dijo Álex intrigado, mientras se interponía entre Luna y el cuervo, evitando así que la loba se preparase unos jugosos fingers de pollo con el “Destripador”.
Cuando Álex comenzó a andar en aquella dirección y tras haber perdido de vista al escurridizo cuervo, Luna decidió seguir los pasos del joven bombero hasta llegar al objeto deseado, el espejo. Y vaya si llegaron, parecía increíble que aquél objeto mágico permaneciese oculto en el bosque sin llamar la atención, pero ahora que lo pensaba fríamente, Alex se daba cuenta que la alta tasa de desapariciones de aquél bosque, realmente tenía una buena explicación.


Luna se quedó mirando al espejo anonadada. Al otro lado se podía ver la tienda por la que la joven y el asesino habían entrado a ese disparatado mundo, donde nada es lo que parece ser y donde todo está del revés. Pero puede que aquél lugar no fuese el infierno que parecía ser al compararlo con el mundo del que provenía la joven policía, había algo que la retenía y le impedía cruzar aquél umbral, algo que...
……………………………..

-Luna, ¿estás bien? ¿Qué haces recogiendo tus cosas? Ya te dije que estás en activo nuevamente, la investigación se ha cerrado y los de asuntos internos ya no tienen nada contra ti. Eso hay que celebrarlo, pequeña.- Dijo el jefe de policía al ver a Luna recogiendo las cosas de su escritorio y meterlas en una caja de cartón.

-Gracias jefe, pero no puedo más. Me he dado cuenta que necesito tiempo para mí, estos días fuera de servicio me han demostrado que no estoy hecha para este trabajo.- Respondió la joven policía, mientras cogía una hoja de papel que tenía encima de su escritorio y se la tendía a su jefe.

-¿Renuncias? Eres mi mejor agente, no pienso dejar que renuncies. Sé que lo has pasado muy mal, tienes estrés post traumático, es normal que pienses en tirar la toalla, pero aquí estoy yo para evitarlo.- Dijo el jefe mientras rompía la carta de renuncia y le proponía a Luna una opción mejor.
Aquella joven era su mejor agente y su ahijada, y no pensaba darse por vencido con ella tan fácilmente.


- ¿Qué te parece una excedencia? Creo que podré arreglarlo sin problemas. Tómate unos meses, un año, lo que necesites. Y si después de ese tiempo te das cuenta que tu sitio está aquí, con nosotros,  para entonces tu placa y tu puesto seguirán aquí, esperándote. ¿Qué me dices?- Añadió el jefe.
Luna no dijo nada, sonrió dulcemente, recogió la caja con sus cosas y le dio a su jefe un beso en la mejilla a modo de despedida. Después salió por la puerta de la comisaría, mientras sus compañeros observaban cómo su estela se desvanecía poco a poco.
Estaba claro que todo le recordaba a Álex, el caso del “Destripador" cerrado, que había guardado en un cajón de su mesa en la comisaría, aquél escritorio vacío frente al suyo, perteneciente a su compañero caído y la tienda de espejos por la que pasaba cada día para ir a trabajar. Esa tienda...

Metió las cosas en el maletero de su coche y cerró con llave. Tenía ganas de pasear por las calles de Madrid, y por  una vez en la vida, sin prisas. Caminó y caminó con la mirada perdida en el horizonte, hasta que de pronto se paró sin saber por qué frente a un lugar que reconoció al instante, era la tienda de espejos que había cambiado su vida por completo. Permaneció allí parada un buen rato, hasta que se armó de valor y por fin entró a aquél lugar que le traía tantísimos recuerdos. Para su sorpresa, la tienda permanecía vacía, como siempre, algo que le resultó demasiado peculiar. ¿Dónde se habría metido el vendedor?
Se abrió camino hasta llegar al espejo por el cual días antes había viajado a otro mundo y puso la mano en él, tocando el cristal.

-Álex…- Dijo Luna con lágrimas en los ojos, mientras recordaba los últimos momentos que habían pasado juntos.

FLASHBACK

Allí, en aquél bosque, delante de aquél espejo mágico se encontraban Álex, Luna y el “Destripador”. El joven bombero sabía que si su “otro yo” y él se llegaban a tocar, se fusionarían, y de ese modo Luna jamás regresaría ni a su mundo, ni a su cuerpo real. Solo puede haber una copia en cada mundo, habían sido las palabras que la bruja les había dicho y que Álex había grabado a fuego en su memoria. Si Luna se quedaba con él, permanecería como loba en ese mundo, y el “Destripador” seguiría siendo un cuervo hasta el fin de sus días. En cambio, si Luna cruzaba el espejo y regresaba a su mundo con el asesino, jamás podrían volver a verse, aunque de ese modo ella lograría lo que más deseaba, su venganza. Álex sabía que la decisión estaba en manos de la joven loba y aunque quería lo mejor para ella, sabía que tomase la decisión que tomase, a él le dolería en lo más profundo de su alma. ¿Cómo podía haberse enamorado de aquél animal? Sonaba tan raro solo de pensarlo... Pero así era, en el fondo aquella loba era una mujer de carne y hueso, y él lo sabía. ¿Sería como la mujer que se le había aparecido en aquél sueño o todo habría sido producto de su imaginación?
Si no cruzaban juntos al otro lado, ninguno de los dos regresaría, así que tenían que dar caza al pájaro y acabar con aquello cuanto antes. El cuervo comenzó a revolotear por encima del árbol que sostenía el espejo, ya que sabía que si Luna cruzaba un instante antes que él al otro lado, cogería la pistola que se habían dejado tirada en el suelo, si es que seguía estando en aquél rincón y estaría acorralado. Solo tenía una oportunidad y no la pensaba desaprovechar.  
-Te voy a echar mucho de menos, compañera. Creo que no te haces una idea de cuánto.- Le dijo Álex mientras sujetaba la cabeza de la loba entre sus manos y depositaba un beso entre sus orejas puntiagudas.


La loba pareció sentir un gran pesar en su interior al tener que decir adiós al extraño bombero que le había robado el corazón, por lo que se lamentó y acto seguido le lamió la cara a modo de despedida.

El cuervo que veía la escena desde las alturas, decidió aprovechar que ambos estaban distraídos y se lanzó en picado hacia el espejo, pero Luna estuvo más ágil y le interceptó en el aire, atrapando al cuervo entre sus dientes y tirándolo al suelo casi inerte.
De repente, Álex notó que un líquido caliente le resbalaba por el cuello helado y llevó su mano instintivamente hasta la zona en cuestión. Al comprobar que sus dedos estaban ensangrentados, lo supo, si el cuervo moría desangrado, él también lo haría, por lo que fijó la mirada en el cuervo herido, que permanecía tendido sobre la espesura que comenzaba a cubrirse de nieve y cayó de rodillas. Luna se lamentó por haberle clavado tan fuerte los dientes al animal, pero sus ansias de venganza le habían jugado una mala pasada y ahora su querido Álex estaba a punto de morir por culpa suya.

Entonces Álex se quitó la mochila que llevaba a la espalda y tiró las cosas al suelo, cogió un poco de cinta aislante que había guardado sin saber muy bien por qué y se la puso en el cuello para taponar la herida. Acto seguido, fue a hacer lo mismo con el cuervo mal herido, pero Luna le gruñó e hizo que el joven se apartase rápidamente del cuervo. La loba cogió entre sus dientes al animal que seguía tendido en el suelo que poco a poco se tenía de nieve y sangre y tras echar un último vistazo a esos ojos dulces y profundos, saltó dentro del espejo con el cuervo aún entre sus fauces.


Al llegar al otro lado, ambos habían recuperado su forma humana. Luna se abalanzó a por el arma que permanecía allí tirada, como si la acabasen de dejar momentos antes y apuntó al “Destripador”, que permanecía de rodillas en el suelo con sus manos taponando la herida del cuello.

AHORA

Luna había visto morir allí mismo al “Destripador”, mientras se desangraba, por lo que supuso que su querido Álex también habría muerto. Los de asuntos internos ya no la habían vuelto a molestar, tras ver el informe del forense, en el que se deducía que el “Destripador” había muerto desangrado a consecuencia de las heridas producidas por un mordisco de un lobo, el cual le había seccionado la yugular, no tenían nada que recriminarle a la agente. Lo que nadie en la comisaría lograba comprender, era cómo un lobo les había atacado en pleno centro de Madrid. ¿Dónde estaba el animal? Los de protección animal llevaban días buscando por los alrededores como locos, pero estaba claro que jamás lo iban a encontrar.

Cuando Luna se dio cuenta de la hora que era, apartó la mano del espejo y se dio media vuelta. Tenía que llegar a casa, coger las maletas y prepararlo todo para aquél viaje sin retorno. No sabía dónde iría, lo único que tenía claro era que su camino la llevaría lo más lejos posible de aquél lugar, de aquellos recuerdos, de aquél hombre que jamás de su memoria podría borrar.

Entonces escuchó su nombre en la lejanía. Alguien la estaba llamando… al otro lado del espejo. Se giró a tiempo de ver cómo Álex salía del espejo y la abrazaba con fuerza. 
-No sabes las ganas que tenía de hacer esto.- Le dijo el joven bombero a la atónita policía.
-¿Cómo es posible? Estás vivo, en mi mundo y con tu forma humana.- Preguntó la joven sin salir de su asombro.


- Le estuve dando vueltas cuando te fuiste. Regresé a casa y mi vecina la bruja me ayudó a curarme, pero no solo eso, también me abrió los ojos. En ese mundo no quedaba nada para mí, en cambio en este sí, estás tú y tenía que decirte que te amo con locura. Y sí, digo con locura porque estoy haciendo una estupidez tras otra. Somos de mundos distintos y para colmo, aquí soy el doble de un asesino muerto. ¿Por qué está muerto, verdad? Si no fuese así, yo no podría estar aquí en mi forma humana. No sabía qué pasaría al cruzar, pero tenía que intentarlo, aunque ahora que lo pienso, tendré que tener cuidado para no acabar preso por equivocación o peor, muerto. Pero tenía que decírtelo, no podía dejar que te fueses para siempre de mi vida sin saberlo. Te quiero, Luna. Te quiero y te querré siempre, me aceptes o no.- Confesó por fin Álex, después de tantos rodeos.

Luna estaba tan feliz que no podía ni articular palabra, por eso puso sus manos en las mejillas de Álex, como él había hecho al despedirse la vez anterior y le besó. Pero no fue un beso casto y puro como el que le había dado entre las orejas a la loba en la que ella se había convertido, sino un beso de película, de esos que te dejan sin respiración y con ganas de parar el mundo. Un beso que no necesita de ninguna otra explicación, ni motivo, ni razón.

-Tendré que ponerte al día en muchos aspectos, pero antes tendremos que poner kilómetros de por medio. Como bien has comentado, por aquí piensan que estás muerto y queremos que lo sigan creyendo. ¿Qué te parece si cruzamos el charco y nos vamos un tiempo a Méjico? Dicen que en esta época del año está bastante bien.- Dijo Luna con una pícara sonrisa dibujada en su rostro.

-¿Méjico? ¿Qué es eso?- Preguntó Álex intrigado.

-Ya lo verás amor, ya lo verás.- Sentenció Luna mientras cogía de la mano a Álex y salían de aquella tienda sin mirar atrás.

FIN






domingo, 15 de octubre de 2017

Luces y Sombras. Capítulo 4


-Menuda mierda.- Dijo Alex al darse cuenta que la camioneta había pasado a mejor vida.

Luna le miró preocupada, ambos estaban heridos, Alex tenía una herida en la cabeza y ella en un costado. Habían hecho un buen uso del maletín de primeros auxilios, pero aquellas heridas les supondrían un hándicap en su aventura y más tarde o más temprano, les pasarían factura. La camioneta estaba inservible y aún les quedaban varios kilómetros hasta llegar al punto en que Alex había atropellado a Luna, ese sería el lugar de partida para dar con el espejo. Pero para llegar allí,  tendrían que recorrer a pie aquél frondoso bosque y por desgracia la noche se les echaría encima.

-Atajaremos por el bosque, prefiero enfrentarme a cualquier animal, antes que volver a encontrarme con "los bestias" de antes. – Añadió Alex intentando disimular. No quería que Luna se preocupase más de la cuenta, pero aquél bosque no era lo que se dice, un cuento de hadas.

El Bosque Sombrío, así lo llamaban en el pueblo y con razón. Las innumerables desapariciones, los terribles aullidos incesantes o la espesa niebla, que se abría paso entre los recovecos de aquellos enormes pinos negros, le daban al lugar una apariencia sin igual. Alex sabía lo complicado que sería salir de allí de una pieza, pero sin la camioneta y heridos como estaban, no tenían otra opción que caminar fuera de la carretera, alejados de los saqueadores en la medida de lo posible.  “Los hombres dan más miedo que las fieras. Ellas matan para sobrevivir, los hombres lo hacen porque sí.”, es lo que Alex siempre solía decir, de ese modo soportaba mejor la existencia en aquél extraño lugar al que llamaba hogar. 
Las grandes ciudades estaban tomadas por hombres sin alma, sin escrúpulos, sin piedad, tan solo en los pueblos más apartados se podía vivir un poco en paz. Alex lo sabía bien, toda su vida la había pasado en uno de esos pueblecitos de las afueras, rodeado de espesos bosques y grandes montañas. Donde la gente formaba una pequeña resistencia que se hacía fuerte contra los saqueadores, plantándoles cara a la primera oportunidad y durmiendo con un ojo abierto como era habitual. Llevaban tanto tiempo resistiendo justo en el límite, que apenas recordaba nada más. Su trabajo de bombero le había servido, en más de una ocasión, para librarse de una muerte segura a manos de algún saqueador. Solían perdonar la vida de quien salvaba las suyas y en eso Alex era todo un experto. A veces se odiaba a sí mismo al pensar que, si tan solo hubiese mirado hacia otro lado, si no hubiese salvado a aquél desalmado en aquél incendio, aquella familia a la que habían asesinado tiempo después estaría a salvo. Pero él no era ningún Dios, no podía elegir a quién salvar y a quién no, eso no estaba en sus manos. Aquél mundo le consumía poco a poco y por desgracia, él lo sabía. Miró a la loba que permanecía a su lado impasible, le guiñó un ojo y metió en una mochila que llevaba lo imprescindible de la camioneta, después echó a andar a través de la espesura con la loba a su lado y juntos, se adentraron en el Bosque Sombrío sin echar la vista hacia atrás. 

El sol estaba en lo más alto y hacia mucho calor, demasiado para lo que estaban acostumbrados en esas fechas, cosa que dificultaba aún más la travesía por la densa espesura. Llevaban varias horas caminando cuando Alex se detuvo, se sentó en el tronco de un árbol caído y sacó un par de sándwiches de su mochila, le dio uno de los sándwiches a Luna y el otro se lo comió él. Después, vertió agua en sus manos y las puso a modo de cuenco para que la loba bebiese de ellas, ya que estaba sedienta y no tenían ningún cuenco del que pudiese beber.

-Tendremos que racionar el agua y la comida, quizás tardemos varios días en dar con el espejo, sobre todo porque no sabemos exactamente la forma que tiene en este plano.- Dijo Alex, mientras le daba vueltas a las posibles formas que tendría el espejo en medio de un bosque como ese. 

La noche se cernía sobre ellos mientras procuraban encontrar un lugar a salvo para pernoctar, pero tras varios minutos buscando por las inmediaciones, regresaron al árbol caído al ser su mejor opción. Alex sacó de la mochila una manta y la echó en el suelo, era lo bastante amplia para que pudiese sentarse junto a Luna y además, se cubriesen con ella. Recostó la espalda en aquél viejo tronco y mientras los aullidos de los lobos le cantaban a la luna llena, ellos fueron perdiendo el sentido hasta quedar completamente dormidos.

Alex seguía en el bosque,  pero algo había cambiado, se sentí extraño. La luz del sol entraba por las copas de los árboles, las mariposas revoloteaban por su alrededor y notaba que su cuerpo flotaba. Llevaba puesto un pantalón y una camisa blancos de lino e iba descalzo. Sentía la hierba fresca entre los dedos de sus pies. De repente alzó la vista al escuchar el crujido de una rama frente a él y ante sus ojos apareció una hermosa mujer con un vestido blanco y margaritas en el pelo. Esa mujer alzaba los brazos en su dirección y le invitaba a unirse a ella. Alex sin saber cómo, comenzó a dar un paso tras otro y cuando estaba a punto de entrelazar sus manos con las de aquella hermosa mujer, la joven cayó al suelo convertida en un gran lobo blanco.

De repente, algo sobresaltó a Luna e hizo que Alex se despertase de golpe. La loba comenzó a gruñir, mirando fijamente a una densa zona de árboles, por lo que Alex cogió la linterna que llevaba y antes de poder alumbrar con ella, pudo ver dos ojos amarillos aproximándose hacia ellos. Cuando consiguió alumbrar en esa dirección, comprobó que estaban siendo rodeados por una manada de tres lobos hambrientos, deseosos por desgarrarles la garganta a la primera oportunidad. 

Alex se puso en pie y Luna se interpuso entre él y los lobos. Era imposible que saliesen ilesos de aquella pelea, Luna no podría con más de un lobo y eso dejaba otros dos para él solo y su linterna. De repente, uno de los lobos se lanzó a por Alex, pero Luna pegó un salto y le interceptó en el aire, mordiéndole en el cuello y cayendo con él al suelo. Los dos lobos rodaron por él mientras luchaban uno contra otro ferozmente. Entonces los dos lobos que faltaban, se abalanzaron sobre Alex y él consiguió golpear a uno en la cabeza con la linterna, lanzándolo contra el tronco de un árbol y haciéndole caer inconsciente a sus pies. El otro lobo aprovechó que estaba distraído y le mordió en un brazo, haciéndole sangrar y haciéndole gritar de dolor. Luna que lo escuchó, dejó malherido al lobo con el que se estaba peleando y se lanzó a por el lobo que seguía enganchado al brazo de Alex, haciendo que el muchacho cayese al suelo por el placaje de la loba y quedase libre del mordisco. Luna le hincó los dientes al lobo en un costado y éste se revolvió, mordiendo a la loba en una pata y manchando su pelaje blanco inmaculado de un tono rojo carmesí. Alex que vio lo que sucedía, se levantó tan rápido como pudo y le pegó con la linterna en la cabeza al lobo, haciendo que perdiese el conocimiento y quedase tendido sobre el verde follaje, después se arrodillo junto a Luna y la abrazó con lágrimas en los ojos. Él amaba a los animales, jamás se hubiese atrevido a hacerle daño a ningún ser vivo, pero no le habían dejado elección, lo había hecho para salvar a Luna, para salvarse él, pero qué mal se sentía por ello. Cogió en brazos a Luna y la llevó hasta la manta, donde alumbrado por la tenue luz de su linterna, curó las heridas de la loba y las suyas propias. Cuando terminó, dejó que Luna descansase con la cabeza sobre sus rodillas un rato y él montó guardia el resto de la noche, ya le habían pillado desprevenido una vez, cosa que no volvería a suceder. Vio cómo los lobos se levantaban malheridos poco antes del amanecer y emprendían la retirada a través del frondoso bosque que les rodeaba. Por suerte aquellos hermosos animales habían sobrevivido y Alex, pese a todo, se alegró de ello. 


 Continuará...