sábado, 19 de abril de 2014

Abrazando lo sobrenatural. 3ª Parte. “Hasta donde la magia nos lleve ”.

Samantha estaba aburrida, llevaba varios días sin nada que hacer. Decidió echarse las cartas del tarot, por entretenerse un rato. Pero había un problema, supuestamente, las brujas no se pueden echar las cartas a sí mismas, no por la creencia popular de que trae mala suerte, sino, porque no hay objetividad con los resultados. Decidió probar entonces con su pasado, pero era una tontería, el pasado ya lo había vivido y se lo conocía al dedillo. Pasaron varios minutos, mientras daba vueltas a la baraja de cartas en sus manos, de pronto tuvo una idea, no sabía si funcionaría, nunca lo había probado y tampoco había oído de nadie que lo hubiese intentado antes, pensó que estaría bien conocer su vida pasada.

Cada vez que lo pensaba, estaba más segura, le gustaría saber quién había sido, a qué se había dedicado y si había heredado algunos de los gustos o temores de aquella persona. Si no salía bien, no perjudicaba a nadie y si funcionaba, sería un buen modo de pasar el tiempo en casa.
Se quitó el reloj, para evitar que las cartas se imantaran y se relajó. Soltó las cartas boca abajo en la mesa y las esparció por ella, las mezcló en sentido contrario a las agujas del reloj y las recogió de nuevo. Barajó un poco las cartas y se dispuso a levantar la primera carta que necesitaba, mientras pensaba en su vida pasada.
La carta que sacó era la del mago. 

Comenzó a escrutar la carta, a ver si notaba algo. Se fijó en su cara, en los productos que tenía alrededor de la mesa donde se encontraba, pero sobre todo en sus manos. De pronto vio ante sus ojos, esas mismas manos, las de un alquimista que mezclaba con cuidado, varias sustancias. ¿Eso que tenía en las manos era cicuta?

Notaba el relincho de unos caballos a lo lejos y el olor característico de los prados verdes. Hacía frío, aunque el alambique que tenía a su lado le proporcionaba algo de calor. Miró a su alrededor y vio donde se encontraba, una tienda de campaña grande de tela, como las que usan los ejércitos para resguardarse en el campo de batalla, cubría una pequeña estructura con apuntalamientos de madera. La tela estaba vieja y sucia y era de un color ocre tirando a marrón. Había un pequeño camastro detrás de ella, junto a un taburete con una palancana llena de agua encima y una mesa de madera, justo ante la que estaba el alquimista preparando sus brebajes, nada más. 

De pronto el sonido de los caballos se hizo más fuerte, hasta que se escuchó hablar a alguien fuera de la tienda. No reconocía el idioma, pero parecía que lo hablase de toda la vida, podía entender que los hombres que se encontraban al otro lado, hablaban de asesinar a otro hombre, un tal Temujin.
A Sam no le sonaba mucho el nombre, pero al alquimista si.

En ese momento de ansiedad, Sam regresó a su hogar, la conexión se había perdido, intentó forzar demasiado al procurar indagar en los recuerdos de aquél hombre. Volvía a estar en su casa, a salvo, pero quería saber más, necesitaba volver a ese lugar.
Sacó una nueva carta del mazo y la puso junto al mago. De repente, se fijó en algo que destacaba en esa carta, era el juicio y no podía apartar los ojos de una bandera blanca con una cruz roja en el centro. 

Instintivamente cerró los ojos y respiró hondo, poco tuvo que esperar, volvió a concentrarse y apareció de nuevo ante esas manos curtidas por el duro trabajo de muchos años y los productos químicos. Las voces se aproximaban, al fin descubriría de quien se trataba. Al instante, una silueta blanca con una cruz roja en el pecho entró por la abertura de la tienda. Era un hombre alto y fuerte, con una barba negra que le cubría parte del rostro y unos ojos negros azabache que parecían cansados y estaban llenos de arrugas. Seguido de ese hombre, de barba y porte elegante, entró otro hombre más joven, pero con la barba igual de cuidada que el anterior y los ojos color avellana. Se aproximaron al alquimista que estaba terminando de embotellar un líquido negro en un frasco de cristal. Era un veneno, seguro, había introducido un líquido hecho a base de cicuta y otras sustancias que no podía reconocer, pero lo sabía. 

El hombre más alto, se quitó la capucha y un mechón de pelo negro le cayó por la frente. Recogió el frasco y se retiró el pelo de la cara sin apenas inmutarse. El hombre más joven, le entregó una bolsa al alquimista, que este, esperó a abrir, cuando los dos hombres se hubieron marchado. Sam supuso que lo haría como muestra de confianza hacia aquellos hombres, se notaba que les respetaba y temía en igual medida. Cuando ambos hombres salieron de la tienda y mientras se escuchaba relinchar a los caballos y como se alejaban al galope, el alquimista abrió la bolsa y Sam pudo ver lo que contenía. Estaba repleta de piedras preciosas, rubís, esmeraldas, zafiros y perlas que relucían junto a varias monedas de oro. Sam se quedó petrificada, pero sin poder hacer nada para remediarlo, se fue alejando de todo eso poco a poco, hasta que regresó a su casa y abrió los ojos de golpe.

Recogió las cartas, pero algo no le cuadraba. Recordaba perfectamente todo lo vivido y al igual que había sabido el principal ingrediente para el veneno, sabía para quien era y dónde había estado viviendo en su vida pasada, Mongolia.
Nada de eso tenía sentido, los Templarios jamás se enfrentaron a Gengis Kahn, era imposible.
Decidió indagar en la historia, buscó en la biblioteca nacional, en los libros que tenía en su casa y en internet. Nada la complacía, sería cosa de su imaginación, como siempre creía, pero cuando la búsqueda llegaba a su fin, encontró algo bastante extraño que le llamó la atención. 

"Tiempo atrás, en los últimos años de vida de Gengis Kahn, un grupo de Templarios intentó matarlo, envenenándolo. El intento de asesinato fue en vano y dichos Templearios, fueron asesinados, supuestamente por venganza, se cree que por el hijo menor de Gengis Kahn, Ogatai Kahn.
Más tarde se descubrió que la venganza, no había sido el único motivo que llevó a Ogatai a intentar acabar con la vida de los templarios.
Los historiadores creen que han descubierto el motivo principal de aquella disputa. En  la isla de Issyk-Kul, los Templarios habrían construido un castillo, ayudados por los nestorianos cristianos, para guardar sus inmensas riquezas, acumuladas a lo largo de los años. Gengis Kahn se enteró de aquella posible riqueza al alcance de su mano y quería apoderarse de ella. 
La batalla se dio en el campo de Liegnitz, donde la horda de Templarios que acudió, no fue rival para el inmenso ejército del comandante. Como ya dije anteriormente, por aquél entonces, se cree que Gengis Kahn no sería el que lideraría la batalla, sino su hijo menor. Ogatai estaba cegado por la riqueza y la venganza, lo que le condujo directamente a la victoria en la batalla."


Sam estaba sorprendida, nunca hubiese imaginado que esa pequeña historia que apenas aparecía reflejada en ningún parte, hubiese sido tan clara para ella. Las cartas no se habían equivocado. Nunca sabría si era cierto, que ella había sido quien fabricó el veneno en su antigua vida, no había modo de corroborarlo, pero de lo que si estaba segura, era que había podido vivir un pedacito de la historia en sus propias carnes y le dieron ganas de volver a intentarlo, no en ese momento, pero sabía que más tarde o más temprano, su ansia de saber le reclamaría y tendría que seguir retrocediendo en el tiempo. Dudaba hasta cuándo ni dónde podría llegar, pero ahora que lo había probado, estaba deseando volver a viajar en el tiempo, eso seguro.

Continuará...

jueves, 17 de abril de 2014

Abrazando lo sobrenatural. 2ª Parte. “El otro lado”

Sam estaba sentada frente a su escritorio, actualizaba su libro de las sombras, en él, guardaba celosamente todos sus conocimientos adquiridos, hechizos y pociones.
Apoyó la cabeza en su mano izquierda y comenzó a mordisquear la tapa del boli. Cuanto tiempo había pasado desde que se inició en este nuevo mundo. Los fallos que había cometido por tener que aprender ella sola y las alegrías de los trabajos bien hechos. Recordó en especial un momento, aquél en el que descubrió, que no estamos solos y que al otro lado hay muchos seres esperando un descuido, para entrar en nuestro mundo y sentirse vivos de nuevo….

Era medio día, Sam estaba entusiasmada, iba a realizar su segundo hechizo, ya se consideraba toda una experta. Preparó todas las cosas y comenzó a formar el círculo mágico. Colocó la vela blanca, el incienso, el agua bendita y el arroz que utilizaba en representación del elemento tierra. Formó su círculo y recitó el hechizo de apertura, el que ella misma había creado para evitar que nada malo sucediese, sabía cubrirse bien las espaldas.

De pronto, cuando el círculo ya estaba abierto, algo la distrajo. El que por entonces, era el chico con el que salía, le habló por el ordenador, se había olvidado de apagarlo. Sin poder evitarlo, vio como el chico la intentaba chinchar, algo que le encantaba hacer y no lo pudo remediar, rompió el círculo para contestarle, algo que nunca se debería hacer, pero no se dio cuenta. Al ser una bruja novata, no sabía las consecuencias que sus actos podrían ocasionar, pero no tardaría mucho en averiguarlo.
De pronto notó un aire frío, la ventana estaba cerrada y fuera hacía calor, no se movía ni un solo árbol. Pero cegada por la furia, no le prestó mayor atención, cerró el círculo y siguió a lo suyo.

Con el tiempo, notó que algo extraño estaba sucediendo en su casa. Las cosas desaparecían y volvían a aparecer a los 3 días, escuchaba que la llamaban a cualquier hora en su casa, aunque estuviese sola. Por ello, comenzó a picarle la curiosidad.

Una mañana, cuando se disponía a ir al trabajo, se despertó, como cada mañana, abrió el armario automáticamente y sacó la percha con la ropa que se iba a poner ese día. Cada noche preparaba lo que se pondría al día siguiente, para no perder tiempo dándole vueltas. Dejó la percha en la cama, justo a su lado, se giró para cerrar el armario, cuando lo hizo, se volvió a girar hacia el lugar donde se encontraba la ropa y….

Samantha: ¡¿Qué demonios?! Juraría que la he sacado.

Volvió a abrir el armario y nada, deshizo la cama por completo y nada, rebuscó debajo de esta, en el armario de al lado, en los cajones, en todas partes…. Y nada.

Se vistió con lo primero que encontró y se fue corriendo, ya llegaba tarde.

Pasaron los días y no conseguía encontrar sus prendas, le fastidiaba mucho, porque eran sus favoritas. La noche del tercer día, cuando iba a ponerse el pijama, abrió el armario y para su sorpresa, allí estaba la percha. No lo podía creer, estaba en el lugar adecuado con la ropa preparada, como si no se hubiese movido jamás de allí. No daba crédito a lo que estaba ocurriendo ante sus ojos. Preguntó en su casa si alguien lo había movido de sitio, pero todos lo negaron. No conseguía hallar explicación alguna. Por lo que lo dejó pasar.

Semanas después, Sam se encontraba estudiando en casa, era fin de semana, pero al trabajar y estudiar, debía aprovechar las horas libres, los exámenes se acercaban. Estaba concentrada, intentando comprender lo que leía, cuando de repente…

Escuchó que alguien pronunciaba su nombre. Su madre se encontraba en el salón, por lo que fue a ver si necesitaba algo. Cuando le preguntó, negó haberla llamado y no había nadie más en casa, sería producto de su imaginación, por lo menos eso era lo que pensaba antes de saber que era bruja, pero como tampoco sabía a qué se debía, volvió a darle la espalda al problema, ojos que no ven, corazón que no siente.

Sam regresó a su habitación, se asomó a la ventana, como última opción, por si alguien la reclamaba a gritos, pero no había nadie allí abajo. Decidió seguir estudiando, o por lo menos intentarlo, ya que su calma, no duró mucho. Volvió a escuchar su nombre y esta vez, notó un aliento frío en la nuca. Se giró de golpe, pero como ya sabía, allí no había nadie, por lo que dejó lo que estaba haciendo y sin pensárselo dos veces, se conectó a internet para indagar sobre las sensaciones que tenía, necesitaba respuestas e internet era el medio más rápido.

De repente algo le llamó la atención, alguien había escrito algo parecido en un foro, una mujer. Leyó con atención la contestación que otra mujer le había dado. ¿Su casa estaba embrujada? ¿Compartía techo con un fantasma?

A Sam se le abrieron los ojos de par en par, se sintió observada de repente, sucia. Le entró un escalofrío por el cuerpo. ¿Cómo había llegado eso hasta su casa?

En ese instante, algo saltó en su cerebro, tuvo un flashback del momento en el que tiempo atrás, había roto el círculo y recordó lo que sintió en ese momento, el alma del fantasma rozándole la espalda al salir. No podía ser cierto. Habló con su madre y ambas habían notado la presencia extraña. Por lo que pudieron compartir, se trataba de una niña rubia, con un camisón blanco y de unos siete u ocho años de edad.

No sabían cómo echarla y tampoco molestaba tanto, así que siguieron conviviendo con ella durante años. Sam se hizo a la idea que era una hermana pequeña, le divertía incordiar a Sam, le escondía las cosas,  jugaba con ella al escondite, le lanzaba la pelota. Sam no terminaba de hacerse a la idea del todo y su perro Skype, tampoco. El pobre perro no entendía, como la pelota de repente aparecía sola en el pasillo y llegaba rodando hasta él, eso le frustraba.

Un día, Sam fue a la habitación de sus padres por unas toallas y lo que se encontró, le llamó rápidamente la atención. En el cabecero de la cama, había una pelota de rugby, puesta en vertical. Eso era imposible, el cabecero mediría medio centímetro de grosor, no más, era técnicamente imposible que la pelota se pudiese sujetar sola. Sam cogió la pelota e intentó colocarla en esa misma posición, pero tras media hora de dificultosos intentos, desistió. Depositó la pelota en la cama y se marchó, no sin antes echar un último vistazo al cabecero y a la pelota. Cuando salía por la puerta, algo le golpeó en las piernas, se giró y la pelota estaba junto a ella en el suelo. 
¿Quizás alguien queriendo llamar la atención?

Pasaron los años y los sucesos continuaron, una televisión que se encendía sola a media noche, una luz que se encendía tres veces seguidas cuando estabas intentando apagarla, un toquecito en la espalda de vez en cuando a las visitas más escépticas y cosas así.

De repente un día Sam estaba sentada frente a su ordenador y tuvo una brillante idea, podría revertir lo que hizo para que el fantasma volviese a su lugar de origen.

Tenía que pensarlo bien, le había cogido cariño, pero sabía que ese no era su lugar. Tampoco se quería arriesgar a enfadar a un espíritu o a que algo saliese mal y en lugar de arreglarlo, todo fuese a peor.

Lo preparó durante días, lo que diría, como lo diría, lo que necesitaría, no quería dejar nada al azar.

Por fin llegó el gran día, preparó todo lo necesario y antes de crear el círculo, le pidió al fantasma que entrara junto a ella en el círculo que se disponía a crear. Una vez que sintió que el fantasma le había hecho caso, creó el círculo mágico y se sentó en el suelo. 

Respiró hondo y se concentró, le dijo al espíritu que ambas sabían que ese no era su sitio, que era libre de irse y regresar a donde debía estar o de quedarse atrapada en este mundo, eternamente. Le contó que la decisión era suya y le pidió que lo pensara bien. Le dedicó una sonrisa y le dijo que la echaría de menos, pero que su tiempo aquí había terminado y ya era hora de seguir adelante y ser feliz. Dicho esto, algo cambió, Sam notó como un pesar se apoderaba de ella. Una parte de sí misma se alejaba, cerró los ojos y contuvo las lágrimas, dibujó una sonrisa en su rostro y se despidió por última vez, de aquella dulce niña a la que había llegado a considerar su hermana pequeña adoptiva. Recordó todas las trastadas que le había hecho, todos los sustos que se había llevado y tantos buenos momentos que le había regalado y se rió en silencio. Cuando sintió que estaba hecho, Sam cerró el círculo y borró todo rastro que pudiera quedar. Ahora se sentía sola, pero había hecho lo que correcto y no había vuelta atrás.

Qué tiempos aquellos, pensó Sam, apesadumbrada. Volvió a concentrarse en su libro de las sombras y siguió escribiendo en él. Algún día pasaría a manos de la siguiente generación de brujas, por lo que debía hacerlo bien, no quería que sus errores volviesen a cobrar vida. De pronto recordó a esa pequeña niña con la que a veces soñaba, esa niña que le sonreía, de ojos castaños y cabello color chocolate. Aquella versión de sí misma en miniatura y que la llamaba, mamá. No pudo remediarlo, sonrió emocionada y dejó escapar un leve suspiro.

Samantha: Continuemos.

“Abrazando lo sobrenatural. 1ª Parte…”

Continuará...

miércoles, 16 de abril de 2014

Abrazando lo sobrenatural 1ª Parte "El comienzo"

Sam era una chica normal. Acudía al instituto cada día, salía con sus amigas, incluso se saltaba las clases de vez en cuando. Soñaba con muchas cosas, como era lo típico de la adolescencia. Pero había cosas en ella, que la hacían sentirse rara. Algunas veces escuchaba voces cuando no había nadie cerca, soñaba con cosas que a los pocos días sucedían y al entrar en una habitación, en algunas ocasiones, un escalofrío le recorría todo el cuerpo.



Una tarde, estaba en su habitación dándole vueltas al tema, como hacía desde que habían puesto en la televisión una serie de brujas. A ella y a sus amigas les encantaba. Había empezado a pensar, que algunas de las cosas que aparecían en la serie, tenían un gran parecido con lo que a ella le ocurría cada día. 
Pero no podía ser cierto ¿Qué era, una bruja? Todo aquello era ciencia ficción, una mera casualidad, tal vez. Su gran imaginación le estaría jugando una mala pasada, como era habitual.

Pasaron los días y sus amigas y ella empezaron a divertirse imitando a las brujas de la serie, iban por la calle riéndose y actuando como si en verdad fueran las hermanas Halliwell y tuvieran poderes. Cada una escogió la que era más afín a su forma de ser, Samantha escogió a Piper, según le decían sus amigas, eran exactas, igual de protectoras y marimandonas, dos líderes natas y cuyos cambios de humor irritarían hasta al mismísimo demonio. Pero según avanzaban los capítulo y según iba metiéndose en el mundo de la brujería, sin darse cuenta, más cosas inexplicables le sucedían.
No podía explotar cosas, ni detener el tiempo como su personaje favorito, pero si predecir aquello que iban a suceder, cosa bastante rara, porque no era esa la bruja que ella había escogido para interpretar.

Un día se dio cuenta que al escuchar una historia que alguien le contaba, junto a esa persona, veía reproducirse dicha historia, como si estuviese cobrando vida frente a sus ojos y ella estuviese dentro. Era igual que vivir una película, teniendo al narrado junto a ella. Sus amigas le recriminaban que en ocasiones parecía estar ausente mientras le hablaban, pero ver la historia ante sus ojos era mucho más interesante que imaginársela. Se sentía como Mary Poppins cuando entraba dentro de aquella pintura en el parque.

De pronto, un día iba caminando sola por el centro de la ciudad mientras llovía. Le encantaba pasear sola por el centro en los días lluviosos, porque simplemente se dejaba llevar por la marea de gente y la mayoría de las veces ni si quiera sabía ni hacia donde iba, ni donde terminaría, pero no le importaba. De repente se dio cuenta que su estado de ánimo variaba a cada paso que daba. No era algo normal, no tenía motivos. Pasaba del enfado y la crispación a la ilusión y la euforia en menos que canta un gallo. Decidió volver a casa, eso de jugar a las brujas le estaba trayendo problemas serios, se estaba volviendo loca. 

Cuando llegó, no pudo hacer más que recapitular todo lo acontecido hasta el momento y de tantas vueltas que le dio al tema, terminó agotada, por lo que se acostó. Esa noche tuvo una de las peores pesadillas de su vida, una cara apareció en las sombras, oculta en sus sueños. La cara estaba echa solo de luz, una luz blanca y brillante que le hacía daño a la vista, tenía las facciones de un hombre rudo y fuerte que la miraba fijamente y parecía recriminarle que mirase hacia otro lado, en lugar de afrontar su destino. La cara le seguía a todas partes, le decía que alguien iba a morir y ella no quería escucharlo.
Abrió los ojos y suspiró, pero la cara seguía allí, encendió la luz y aún podía ver el rostro que la atormentaba, parecía estar grabado a fuego en su retina. Se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación con los ojos cerrados y tapándose los oídos con las manos. De repente ese ser desapareció y ella no pudo volver a pegar ojo en toda la noche.
No quiso comprobar, si lo que le decía aquél ser era cierto, por lo que no intentó indagar acerca de lo ocurrido. (Pero lo malo de estas cosas, es que nadie puede escapar a su destino, siempre te acaba encontrando y con el tiempo, Sam se dio cuenta de aquello).

Al día siguiente, no pudo más y se lo contó todo a su madre, creía que estaba loca y necesitaba ayuda. Su madre le dijo que a ella también le habían sucedido cosas así desde hacía mucho tiempo, pero nunca supo a que se debían y procuró ignorarlas. 
De pronto, la abuela de Samantha apareció en el salón y las escuchó hablar. Entonces, se acercó a ellas y como quien habla del tiempo, les confesó la verdad, que no estaban locas, que tan solo eran brujas. 

Samantha: ¿Tan sólo? Eso no puede ser, las brujas de verdad no existen. Solo son cuentos de hadas.
Abuela: No es ningún cuento, mi madre fue una gran bruja y curandera.
Samantha: ¿Y porqué nunca nos hablaste de ello?
Abuela: Porque nunca me gustaron esas cosas, siempre les tuve mucho respeto y esperaba que no tuvieseis que enfrentaros a ellas. Pero está visto, que no es algo que se puede elegir.

Les contó que la bisabuela de Sam, había sido una bruja y curandera muy buena. Había ayudado a mucha gente y los dones que tenía, eran hereditarios. La abuela de Sam había sido melliza y al nacer, su mellizo murió con toda la boca llena de cruces, símbolo que en las profecías, auguraba un gran poder. Al morir el niño, la abuela de Sam había heredado dicho poder. 
Tras conocer aquella noticia, Samantha no pudo hacer otra cosa que indagar en temas de brujería. Leyó muchos libros, aprendió muchas cosas a base de probar y equivocarse. Muchas de ellas dignas de mención.

Descubrió que la alianza que formaba junto a su madre y su abuela, representaban a la trinqueta que era el símbolo de  la Diosa,  abarcando a la doncella, la madre y la anciana. También descubrió que el poder se heredaba genéticamente entre las mujeres de la familia, a través de su sangre, nada más y nada menos. Además, dicho poder se repartía según el papel que cada una desempeñaba, la más poderosa era la anciana, después la madre y por último la doncella o joven.

Poco a poco fue dominando sus pequeños dones y según los dominaba, aparecían otros nuevos. Cuanto más practicaba o más hablaba del tema, más dones se despertaban en ella, como leer el aura de las personas, predecir el futuro a través del tarot o las runas y descubrir las vidas pasadas de las personas que le rodeaban. El curar a través de las manos pequeñas dolencias, era algo que Sam recibió gustosamente, al igual que poder manipular la energía a su antojo. Tuvo que aprender a protegerse de las malas energías que la rodeaban, mucha de ella era desprendida por la gente de su entorno.

Se inició en el mundo de las pociones y hechizos, descubrió que era una hacedora de hechizos bastante buena, lo que se resumía en que los hechizos que leía en los libros, no eran ni la mitad de buenos que los creados por ella misma. Descubrió que sus repentinos cambios de humor se debían a la super empatía que había desarrollado a lo largo de los años, otro de esos "dones", como ella los llamaba y que todavía le quedaba mucho por aprender de si misma.

Pasó de ser la persona más escéptica del mundo, a convivir con la magia que la rodeaba y a formar parte de ella. Pero no todo sería un camino de rosas, le había abierto la puerta a lo desconocido, a lo sobrenatural y nunca sabes lo que puede estar acechando para abrirse paso desde el otro lado.

Continuara...

martes, 18 de febrero de 2014

Soñando con él. 5º Capítulo

Becky se giró lentamente. Tras ella, se encontraba un chico moreno de ojos verdes. No era Jeremy, ni se le parecía, pero había algo en ese chico que le recordaba a él.

Becky: No puede ser mi hora. Es demasiado pronto.
Travis: Me llamo Travis y he venido a buscarte. El consejo ha decidido que debes venir con nosotros. Eres una amenaza, sabes demasiado.
Becky: ¡No es culpa mía! ¡No pienso ir contigo a ninguna parte! (Dijo gritando)

De pronto una columna de humo negro, apareció en el centro de la habitación. De ella, salió Jeremy y se lanzó a por la otra parca sin dudarlo. Se enzarzaron en una lucha, golpes y más golpes sin cesar. Becky aprovechó que ambos estaban distraídos para salir corriendo, salió a la calle, estaba lloviendo con fuerza  y de pronto...unos faros, fue lo último que vio.
Jeremy sintió una fuerte punzada en el pecho y se detuvo antes de darle un duro golpe en la cara a Travis. Se incorporó y salió corriendo. Allí estaba tirada, en el suelo, casi inconsciente. El hombre que la había atropellado, hablaba con la operadora pidiendo una ambulancia, estaba temblando aún del susto que se dio.
Jeremy se arrodilló y le cogió la mano. Recordó la primera vez que la había visto, aquella vez en la que se enamoró de ella y su vida cambió. Recordó las lágrimas en los ojos de Becky al perder a aquel chico y como un reflejo de esa misma escena, las lágrimas brotaron de sus ojos igual que en aquél momento, lo habían hecho de los ojos de Becky. No era posible, la muerte no lloraba, no sentía nada, tan solo era un medio para cruzar al otro lado, no era humano.

Detrás de Jeremy se encontraba Travis, justo de pie, a su lado. Le puso una mano en el hombro, para hacerle sentir que no estaba solo y que no era culpa suya.

Travis: Era su hora, no podíamos hacer nada. Ya sabes como es esto. Sabía demasiado y en cuanto te cruzaste con ella, entró en mi lista.
Jeremy: Todo ha sido por mi culpa. Lo siento, no tenía que haberte implicado. Te quiero. (Le dijo a Becky y la besó con lágrimas en los ojos)

Se echó a llorar desconsoladamente, notaba como su corazón se ralentizaba, con cada latido. No había nada que pudiese hacer y tendría que vivir eternamente con ese sentimiento. De pronto todo se detuvo, el ruido de los coches, el sonido de los pájaros, todo, excepto Jeremy. Miró a todas partes y a lo lejos, vio una luz blanca que se hacía cada vez más y más grande. Esa luz, se dividió y al ver 3 luces juntas, Jeremy se quedó extrañado. Cuando las luces se acercaron lo suficiente, Jeremy se dio cuenta que no eran simples destellos, eran 3 ángeles que venían a su encuentro.

Jeremy: ¿Quiénes sois?
Ángel 1: Yo soy Miguel, estoy aquí para llevarme a tu amada y reclutarla en el cielo, será un buen ángel guardian, ya lo verás.
Ángel 2: Yo soy Rafael, vengo a sanarla y devolverle la vida. Pero a cambio, tu debes venir conmigo para no verla nunca más, te borraremos la memoria y podrás hacer borrón y cuenta nueva. Te convertirás en humano, pero no recordarás absolutamente nada.
Ángel 3: Yo soy Lucifer, vengo para llevarme este alma, gobernará junto a mí en el infierno. ¿Qué más podría pedir?
Jeremy: No os la podéis llevar los tres.
Ángel 1: En tus manos está su destino. Has de elegir con cuál de los tres se ha de quedar. Yo le proporcionaré la paz y la alegría del cielo, conmigo podrá cuidar de otros, igual que hizo en vida. Incluso tendrá la vida eterna en el cielo, como ángel en que se convertirá.
Ángel 2: Conmigo siempre tendrá la esperanza de llevar una vida normal y tomar su elección por el bien o por el mal, más tarde, cuando verdaderamente llegue su hora..
Ángel 3: Conmigo podrá ser Reina y dominarles a todos, no volverá a sufrir jamás y tú podrás acompañarla, si lo deseas. Tendrá todo lo que pudiese desear y encima, un clima cálido. De todas, es la mejor oferta.

A Jeremy le daba vueltas la cabeza, no sabía que elección tomar. La idea de vivir sin ella, era muy dura, pero saber que iba a ser feliz haciendo lo que más le gustaba, salvar vidas y que encima, iba a dejar de sufrir, le atraía mucho. Pero el dejarla vivir una vida completa y plena, también era muy tentador. Lo que más le preocupaba era que la tercera opción, la que proponía el demonio, era la que más le gustaba. Podría estar con ella eternamente y juntos gobernarían el infierno, pero esa opción era muy egoísta, además, no se fiaría jamás de un demonio. No se podía confiar en ellos. ¿Qué debía hacer?

................................................................

Era tarde, Becky salía del metro, se había retrasado en casa porque no encontraba las llaves del coche y como no tenía tiempo, decidió coger el transporte público. Subía las escaleras de salida cuando se chocó con un hombre que bajaba. De pronto se giró para pedirle disculpas y se quedó paralizada, le resultaban familiar esos ojos verdes tan atrayentes, se miraron durante unos minutos a los ojos sin decir palabra y una chispa saltó. Era la primera vez que se veían ¿O no?

Becky: Hola, me llamo Becky. Te sonará raro, pero ¿nos conocemos?
Jason: No lo sé, me resultas familiar, pero no recuerdo quien soy, me he pasado tanto tiempo en coma que he tenido que comenzar una nueva vida hace unos meses. Puede que nos conociésemos, pero no lo recuerdo. En el hospital una de las enfermeras me llamaba Jason, porque le recordaba a su hijo y con ese nombre me quedé.
Becky: Pues encantada de conocerte Jason, soy psicóloga, si necesitas hablar con alguien, me encantará ayudarte.
Jason: ¿Tienes tiempo? Te invito a tomar una taza de té.
Becky: Tengo todo el tiempo del mundo.

FIN


lunes, 17 de febrero de 2014

Soñando con él. 4º Capítulo

Becky: Muy bien, ahora concentrate. Cierra los ojos y respira profundamente. Escucha el sonido de mi voz.
Jeremy: Ya lo hago, pero no es fácil concentrarme cuando los nombres no dejan de sonar en mi cabeza.
Becky: Intentalo. Visualiza una cascada, el sonido de los pájaros, el olor a hierba mojada. Céntrate en ver caer el agua.

De pronto, Jeremy entró en trance. Becky le hizo regresar al momento en que todo cambió, un momento de hace unas semanas en la que fue testigo de algo.

Jeremy: Estoy en una calle concurrida, vengo a llevarme el alma de un chico de 16 años, esta tirado en el suelo, apunto de morir. Una chica joven le sujeta la mano y le dice que todo saldrá bien, pero yo se que no, es el siguiente de mi lista y no me gusta perder el tiempo.Cocon, cocon, cocon. Pi..............(Jeremy, imitando el sonido de una máquina de hospital) Ya es la hora. Un momento.
Becky: ¿Que sucede?
Jeremy: La chica, se le ha escapado una lágrima furtiva. Que hermosa es. Se ha levantado, esta manchada de sangre y se aleja cabizbaja. No se porque, pero debo averiguar quien es. Aún no es su hora, por lo que me será difícil dar con ella. He de seguirla, no puedo perderla.
Becky: ¿Sabes quién es esa chica?
Jeremy: Solo se que es morena de ojos castaños. Se está despidiendo de un policía. Es psicóloga y el chico que ha muerto, era su paciente y se vio envuelto en un tiroteo.
Becky: Jeremy. ¿Soy yo esa chica?
Jeremy: Sí.
Becky: Cuando cuente tres, despertarás. 1, 2 y 3, despierta. (Chasqueando los dedos)
Jeremy: Lo siento.
Becky: ¿Porqué no me lo dijiste?
Jeremy: Tenía miedo.
Becky: ¿Tu? Imagínate lo que siento ahora mismo.

Jeremy le explicó que al verla, había sentido cosas que nunca se hubiese imaginado y que pensó, que algún día podría estar en su lista, sin haber tenido el placer de conocerla. Por ello, intentó remediarlo presentándose en la consulta como paciente. Nunca antes había sentido la necesidad de acercase a un ser humano, solo llegaba, cumplía con su trabajo y volvía a empezar. Pero algo cambió en aquella calle, ya no era el mismo. Ahora tenía sentimientos muy fuertes que eran incompatibles con lo que hacía.
Becky se quedó traumatizada, tener que tratar a "la muerte" ya era bastante duro de asimilar y más, si la muerte se había enamorado de ella. ¿Qué podría hacer?
Su hora de visita había terminado. Continuó con sus citas del día, como una profesional, pero al terminar, se quedó en el despacho llorando, impotente ante lo que se le venía encima.
De pronto la puerta del despacho se abrió y... Era Paula, le decía que se marchaba y que tuviese cuidado.
Un pequeño susto sin importancia, estoy demasiado sensible. (Pensó)
Cruzó los brazos sobre la mesa y puso la cabeza entre ellos. Quería esconderse como las avestruces.
Las luces parpadearon y el ambiente se tornó gélido. Levantó la cabeza y el vaho salió por su boca, los cristales se empañaron y tuvo la sensación de que no estaba sola. Algo estaba detrás de ella y no era nada bueno.


Continuará...



miércoles, 2 de octubre de 2013

Soñando con él. 3º Capítulo



Becky estaba terminando de arreglarse, ya había firmado los papeles del alta y quería darse prisa en abandonar el hospital, antes que la muerte la encontrase, aunque… supongo que no se puede escapar de la muerte.
Jeremy: ¿Ya estás lista? Siento el retraso, pero como te dije antes, llevo un tiempo en que no soy el mismo.
Becky: ¡Qué susto! La próxima vez avísame. No ví por donde llegastes.
Jeremy: Soy una parca, las paredes para mí no son un problema.
Becky: Pues si quieres que te trate, vas a tener que pedir cita como el resto de los mortales.
Jeremy: Lo sé. Por eso ya he pedido cita a tu secretaria para primera hora. ¿Te acerco?
Becky: Si no es mucha molestia, te lo agradecería, mi coche aún sigue en el río.
Jeremy: Acércate.
Becky: ¿Para qué?
Jeremy: ¿No creerás que vamos a ir en coche, verdad? ¿Sábes los accidentes que hay a lo largo del año? Ya te he salvado de uno, mejor no arriesgarnos tan pronto.
Becky: ¿Entonces…cómo?
Jeremy le cogió la mano, se la besó y la atrajo hacia él. De pronto estaban abrazados y las ventanas de la habitación se abrieron de golpe, una brisa otoñal entró por las ventanas y los envolvió un tornado, hasta que desaparecieron por completo. En un abrir y cerrar de ojos se encontraban en la consulta, fuera, para no levantar sospechas. Al tocar suelo firme Becky perdió el equilibrio y cayó de espaldas, por suerte Jeremy la sostuvo a tiempo. Se miraron a los ojos y mientras Becky vislumbraba una sombra negra que se movía en los ojos verdes de Jeremy, creyó ver como esa sombra se transformaba en un nombre y después otro, así sucesivamente. No podía ser cierto. De pronto la puerta se abrió y la secretaria de Becky salió, escoba en mano.
Paula: ¡Oh, Doctora! Que pronto ha llegado. Buenos días. ¿Qué le ha pasado?
Becky: Tropecé, aun estoy algo torpe por la conmoción. Gracias a que nuestro primer paciente es puntual y me sostuvo.
Paula: Es cierto, estará agotada de pasar la noche en el hospital, por ello le he reducido al mínimo las visitas de hoy y tiene su infusión en el despacho, junto a muchos ramos de flores, no han dejado de llegar en todo el día. Son preciosos, aunque sin tarjeta.
Becky: Gracias Paula, ya estoy mucho mejor. Me cuidas muy bien. Empecemos, que así podremos irnos antes a casa.
Entraron en el despacho, mientras Paula barría la entrada.
Jeremy: Bueno, ¿me vas a ayudar?
Becky: Sí, pero no sé como.
Jeremy: Tu eres la experta.
Becky: Veamos. ¿Desde cuando has notado el cambio en tu conducta?
Jeremy: Desde hace un par de semanas. Siempre he tenido mis dudas, pero hace una par de semanas me lo comencé a replantear todo, cosa que antes no hacía.
Becky: Replanteártelo ¿en qué sentido?
Jeremy: Sobre todo la lista. ¿Porqué éste tiene que ir antes que aquél o porqué si estoy en una punta, me toca encargarme de alguién que está a 10.000 kilómetros? ¿Es que no hay otra parca más cerca? Pero sobre todo, porque no se me permite tener relación alguna con los humanos.
Becky: Puede ser, porque el día en que ese humano que forma parte de tu vida, aprezca en tu lista, te cree un conflicto de valores y no puedas llevar a cabo tu trabajo. ¿No has pensado en ello?
Jeremy: Lo he pensado. Pero podía aparecer en la lista de otra parca, no solo en la mía.
Becky: ¿Y cómo te sentaría?
Jeremy: La verdad…. Es que mal, muy mal. No quiero implicarme con nadie por eso, pero no lo puedo evitar, no se porqué, pero hace dos semanas que estoy así. No sé a que se debe.
Becky: Podemos intentar algo, una regresión.
Jeremy: ¿Hipnosis? Soy la muerte, no creo que eso funcione conmigo.
Becky: Por intentarlo no perdemos nada. ¿Te parece bien …. La semana que viene?

RINGGGGGGG

Jeremy: Aquí estaré.


Continuará...