martes, 24 de marzo de 2015

Los ángeles de Muerte

Este es un fanfic que les hice a mis amigas e intérpretes de Gala, Clarisse y Gabrielle en el foro de rol SupernaturalFever Rol & Español. :)



En algún lugar de Wichita, Kansas.

Eran las siete de la tarde, Gabrielle, Clarisse y Gala, tres amigas reunidas tomando café como cualquier otro grupo de mujeres, llevaban horas poniéndose al día. Que si el trabajo esto, que si las parejas lo otro, normales.

De repente algo llamó su atención, todo quedó paralizado excepto ellas.

Gabrielle: ¿Qué pasa? Creo que el café llevaba algún tipo de droga, no entiendo nada.

Gala: Maldita sea, para una vez que me escapo del infierno y no tengo a Crowley dándome la brasa me pasa esto.

Clarisse: Gala, no blasfemes. ¿Y qué demonios es “esto”? 

Se oyeron aplausos en la mesa de al lado y las chicas se giraron para ver lo que sucedía. Allí estaba él, Muerte.

Muerte: Hola chicas. Espero no haber interrumpido nada. Necesito que me hagáis un favor y os dejaré vivir.

Gala: ¿Quién demonios crees que eres? No sabes con quién te estás metiendo.

Gabrielle: Gala calla, que es la muerte.

Muerte: Un respeto a tus mayores, ojos negros. 

Clarisse: ¿Qué quieres?

Muerte: Necesito que me busquéis un objeto, está hechizado y no puedo hacerme con él. Mi anillo. Alguien me lo robó y lo hechizó para que no lo encontrase, lo quiero de vuelta.  

Gabrielle: ¿Y dónde…?

Gala: Se esfumó, perfecto. ¿Por dónde íbamos?

Clarisse: Tenemos que hacer lo que nos dijo.

Gala: Ni loca, para una vez que me tomo el día libre paso de buscar nada.

Gabrielle: Tenemos que hacerlo, no quiero morir por una tontería como buscar un anillo perdido, aunque creo que a Castiel no le hará ninguna gracia cuando se lo diga.

Gala: No tiene por qué enterarse.

Tanto Gala como Gabrielle, primero compartieron una mirada cómplice y después posaron sus ojos en los de Clarisse.

Clarisse: No me miren así, es mi jefe, tiene que saberlo.



Gala: No decimos que no se lo cuentes, pero sí que lo retrases. Angelito, prueba el lado oscuro de vez en cuando, no es tan malo.

Gabrielle: No le tenemos que mentir, seguimos estando las tres en un día de chicas. El resto son detalles sin importancia.

Clarisse: De acuerdo, solo espero no encontrarme con él antes de terminar esta misión suicida, o no podré ocultárselo.

Gala: Bienvenida al lado oscuro, Clarissa. 

De pronto todo volvió a su ritmo normal, las tres chicas se levantaron como si no hubiese pasado nada y se marcharon por la puerta.

MÁS TARDE. COCHE DE GABRIELLE

Gala: Te digo que es por la derecha, tienes que girar aquí. Hecate dijo que era la casa con la puerta azul y está ahí mismo.

Gabrielle: No puedo girar, es de sentido único.

Gala: Si está a 200 metros, no vamos a dar toda la vuelta para eso.

Gabrielle y Gala, se giraron pidiendo opinión a Clarisse, pero se llevaron una sorpresa cuando vieron que el asiento trasero estaba vacío. Entonces la vieron frente a la puerta de la casa a la que se dirigían.

DIN DON

Un niño de unos 16 años, pelo castaño y ojos azules les abrió la puerta. 

Patrick: ¿Qué quieren?

Gala: Que nos devuelvas el anillo. Eso queremos.

Patrick: ¿Qué anillo?

Gala: Niño no te hagas el tont…

Gabrielle le dio un codazo a Gala.

Gabrielle: Alguien vio como te llevabas el anillo de nuestro padre, si lo devuelves no te denunciaremos.

Patrick: No puedo devolverlo, porque ya no lo tengo. Un hombre me pagó 10 dólares si le quitaba el anillo a vuestro padre y se lo entregaba.

Clarisse: ¿Cómo se lo quitaste sin que se diera cuenta?

Patrick: Le seguí al baño cuando la camarera le echó la bebida encima sin querer y cuando se lo quitó para limpiarse el traje, se lo mangué. Así de simple. El hombre vino hará una media hora a mi casa y se llevó el anillo.

Gabrielle: ¿Cómo era el hombre que te pagó? ¿Viste hacia dónde se fue?

Patrick: No lo vi.  Era alto, delgado y vestía de negro.

Gala: Crowley no es. Está más bien regordete.

Clarisse: ¿Podrías hacernos un retrato de ese hombre?

Patrick: Podría intentarlo, se me da bastante bien dibujar. 

Tras varias horas, volvieron al coche y decidieron ir a descansar mientras planeaban como localizar al hombre del retrato, cuando estaban a punto de llegar al motel de Gabs, Muerte apareció en el coche junto a Clarisse. Gabrielle del susto pegó un volantazo sacando el coche de la carretera. 

Gala: ¿Estás loco? Casi nos matamos. Bueno, a la rubia, a nosotras no.

Muerte: Hola ángeles.

Gala: Aquí el único ángel es la Clarisse. ¿Qué haces aquí?

Muerte: Quería saber cómo va la investigación.

Clarisse: Bien, tenemos el retrato robot del que se llevó tu anillo. ¿Te suena de algo?

Muerte: ¿Debería sonarme?

Clarisse le enseñó el retrato y Muerte no le reconoció.

Muerte: Aún no está en mi lista. ¡Encontradle!

Y Muerte desapareció.

Gala: Otra vez se esfumó.

Gabrielle: Tú haces lo mismo Gala, no te quejes. Jajajaja

Clarisse dijo que iría a buscar datos sobre ese hombre en los archivos del cielo y desapareció.

Gala: ¿Ves? Otra igual.

Mientras estaban en el hotel, Gabrielle intentó encontrar algo en el ordenador, pero no sabía por dónde empezar a buscar y terminó haciendo acreditaciones del FBI para Gala y Clarisse, por si acaso las necesitaban. Gala mientras tanto, estaba saqueando el mini bar de la habitación de Gabrielle.

Gabrielle: Me vas a dejar sin existencias.

Gala: Me aburro y Clarisse tarda mucho.

Clarisse: ¿Me buscabas?

Clarisse había estado buscando información y tuvo éxito. El hombre que buscaban era un demonio de bajo nivel. Al decir esto, Gabrielle y Clarisse miraron a Gala de forma intimidatoria. 

Gala: A mí no me miren, no conozco a todo el mundo ahí abajo.

Las chicas le pidieron a Gala que volviese con Crowley a ver qué conseguía sacarle acerca de ese demonio y desapareció.

Al llegar donde estaban Crowley y su madre, Gala les contó que había un demonio que se estaba revelando, había iniciado una misión sin autorización y necesitaba localizarlo para acabar con él. Cuando Rowena oyó esas palabras, se levantó de su silla y comenzó a dar vueltas por toda la sala recogiendo brebajes que mezclaba en un caldero.

Rowena: Si alguien quiere hacer daño a mi querido Fergus, no se lo voy a permitir.

De pronto echó algo al caldero y una nube de humo gris se alzó, formando una flecha que señaló una dirección en el mapa que había junto al caldero.

Rowena: Ahí lo tienes querida. Tráeme la cabeza de ese traidor. Quería decir… tráesela a tu rey.

Gala: Así lo haré.

Gala apareció con la ubicación del demonio en la habitación de las chicas y les contó lo sucedido. Tras esto, se marcharon hacia las afueras de Kansas, donde se ocultaba el demonio.

Gabrielle: No me puedo creer que la madre de Crowley esté viva. 

Gala: Pues eso que no la conoces, la señora es de armas tomar.

Clarisse: Con un Fergus ya teníamos bastante, no nos hacía falta su versión femenina.

Gala: No sé cuál de los dos es más femenino. Aparca por ahí Gabs. Ese es el granero.

Gabrielle: No entiendo qué pinta un demonio en un granero. 

Clarisse: Tengo un mal presentimiento.

Gala: Los ángeles siempre tenéis un mal presentimiento, sois demasiado pesimistas.

Las tres chicas entraron en el granero que parecía estar vació y cayeron en la trampa. El demonio apareció y cogió por sorpresa a Gabrielle del cuello, mientras que varios de sus esbirros se enfrentaron a Clarisse y a Gala.

Clarisse: Son demasiados.

Gala: Crowley sabe que estás planeando algo, estás muerto y lo sabes.

Demonio: Ese pelele no me asusta. En cuanto me enfrente a él teniendo el anillo de Muerte, no tendrá nada que hacer contra mí y la marimandona de su madre tampoco. Me pone de los nervios, no la soporto más.

Gala: Ahí te tengo que dar la razón, pero este no es el modo de hacerlo.

Clarisse y Gala estaban al límite de sus fuerzas. Clarisse no podía usar su gracia porque no le daba tiempo ni de respirar. Un demonio, otro y después otro. Gala estaba en la misma situación, mientras, Gabrielle luchaba por zafarse de las garras del demonio que la asfixiaba lentamente. Cuando estaba a punto de perder el conocimiento, algo sucedió. Todo se detuvo como la vez anterior en aquel bar.

Muerte: Buen trabajo ángeles. 

Muerte se acercó al demonio y le quitó el anillo que estaba en el altar que tenía a su espalda. Cuando se puso el anillo, alzó la mano y los demonios comenzaron a ser exorcizados. Cuando terminó, los cadáveres estaban en el suelo y los únicos que permanecían de pie eran Muerte y las chicas.


Clarisse: ¿Estáis bien?

Gabrielle: Si. ¿Y tú?

Gala: Podías haber aparecido un poco antes. ¿Cómo nos encontraste? Y deja de llamarnos ángeles que no eres Charly. Creo que has visto demasiada televisión.

Muerte: Os estaba vigilando. Ahora me tengo que marchar, espero no tener que volver a cruzarme con vosotras, pero si se da el caso, será un placer.

Y Muerte desapareció.

Gala: Hala, ya está otra vez. Ni las gracias que nos dio.

Gabrielle: Chicas, creo que necesito un trago después de esto.

Gala: Me apunto.

Clarisse: Yo debería ir a informar.

Gabrielle: Hazlo más tarde. Creo que por hoy nos hemos ganado un descanso. ¿No crees?



FIN

Alex Lehane cazavampiros

Este es un fanfic entre Supernatural y Buffy cazavampiros, que hice como regalo a una amiga mía y gran roler. Interpreta a Alex Lehane en el foro en el que ambas participamos. Supernatural Fever Rol & Español. Para tí, Sabi. :)


Me encontraba en algún lugar de California y estaba esperando a que una camarera cuarentona me sirviese mi hamburguesa doble con queso y bacón. Llevaba tres cervezas y la comida no llegaba, comenzaba a impacientarme. 

Alex: ¡Al fin! Ni que hubiesen matado al cerdo en la cocina.

Cuando me disponía a pegarle el primer bocado a mi hamburguesa, vi por la ventana como una chica rubia huía de tres hombres. Miré a la rubia maciza y miré a mi hamburguesa, dejé el dinero encima de la mesa y salí corriendo tras ella, el deber me llamaba.



Cuando conseguí darles alcance, la rubia estaba manteniendo a raya a dos de los tipos, el tercero no aparecía en escena. Por lo que vi, eran fuertes y rápidos.

Alex: ¡Vampiros, mierda!

Me metí en la pelea para ayudar a la rubia e igualar la balanza. Cada una con un vampiro, hasta que terminamos con ellos.

Alex: Vaya, para ser una damisela en apuros no peleas nada mal. Me llamo Alex Lehane. Un gusto conocerte.

Le tendí la mano y la rubia me miró de arriba abajo y respondió de igual manera.

Buffy: Soy Buffy Anne Summers, encantada de conocerte. Gracias por la ayuda, pero no soy ninguna damisela en apuros. Soy cazavampiros. ¿Y tú?

Alex: Yo soy cazadora y no solo de vampiros, cazo todo ser sobrenatural que se mueva. Con algunas excepciones, claro está. ¿Tienes algo que hacer o te puedo invitar a comer? Estoy muerta de hambre, me dejé la hamburguesa sin tocar en aquella cafetería asquerosa por salir a buscarte.

Buffy: Entonces déjame invitarte a mí, es lo menos que puedo hacer.

Cuando me sonrió, por poco me caigo de culo. Tenía una sonrisa tan dulce, era tan guapa y dura al mismo tiempo, que me dieron ganas de casarme con ella allí mismo.

Nos fuimos a otra cafetería, la de antes no tenía buen servicio. Estuvimos comiendo juntas y hablando durante horas, ella me contaba su vida entre brujas, vampiros y apuntes en la universidad, mientras yo le contaba la mía entre Winchester’s, seres sobrenaturales y grasa de motor.

De pronto comenzó a sonar una alarma. Buffy miró su reloj y dijo que tenía que marcharse, cogió una servilleta y apuntó su número de teléfono. Cuando me dio la servilleta, se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla que me hizo ponerme roja como un tomate. Tras esto se marchó y yo…

Sam: Alex despierta. Te has quedado dormida en el Impala, como mi hermano se entere que le has llenado de babas la tapicería te corta la cabeza.

Alex: ¿Qué? ¡Mierda! Si es que tardabas mucho. ¿Tienes lo que veníamos a buscar?

Sam: Si claro, los demás nos esperan en el búnker. 

Alex: Pues no sé a qué esperas, písale a fondo.

De repente noté que me llegaba un mensaje al móvil. Miré la pantalla para ver si Dean se estaba impacientando y para mi sorpresa, no era él quien aparecía reflejado en la pantalla del teléfono, sino Buffy. ¡¡¡¿¿¿BUFFY???!!!

MÁS TARDE

La misión que tenía con los Winchester fue coser y cantar, ahora llegaba lo que más miedo me daba de todo, quedar con Buffy. Prefería enfrentarme a una jauría de lobos antes que a esos ojos azules, que me hacían parecer una colegiala con la carpeta llena de fotografías hasta arriba. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si no le gustaba como yo quería gustarle? Había hecho mis investigaciones y la chica era un tanto especial, había salido con un vampiro o dos y no le había salido muy bien que digamos, puede que si lo intentaba con una chica dura como yo, su suerte cambiase.

Me puse mis vaqueros rotos, porque me hacían más culo del que tenía, una camiseta de tirantes con un escote de vértigo y mi cazadora de cuero, quería causarle buena impresión.

Llegué antes de lo previsto, quería verla en todo su esplendor cuando apareciese ante mí y cuando lo hizo, no me defraudó para nada. Con su pantalón ceñido y una camiseta roja con la espalda descubierta, me dieron ganas de ponerme a babear, pero no hubiese quedado muy bien por mi parte. 

Buffy: Hola Alex. ¿Todo bien? Me encanta tu chaqueta.

Alex: Hola. ¿Sí? Gracias, esto… tu camiseta está genial.

Buffy: Verás te llamé para que me ayudases con un caso, tengo un problema con un vampiro que no consigo localizar y como me dijiste que eras buena en esto, pensé que podríamos trabajar juntas. Si quieres, claro.

¿Cómo? ¿Trabajar juntas? Pasar todo el día juntas, hacer vigilancias juntas, comer, dormir y… ¿juntas? CLARO QUE SÍ. Pensé para mis adentros, pero en lugar de decir todo eso, solo alcancé a decir… 

Alex: Claro, será divertido.

¿Divertido? ¿En qué estaba pensando? Seguro que he quedado como una tonta. Alex, reacciona niña.

Buffy: Claro. ¿Quién dijo que el trabajo no podía ser divertido? Podemos aprender mucho la una de la otra.

Entonces jugó su arma más mortífera, aquella a la que nadie podía resistirse, su sonrisa. Cuando Buffy me sonreía, no le podía decir que no a nada.

Comenzamos a estudiar el caso, básicamente era un vampiro que estaba aterrorizando Hollywood y estaba formando un ejército de vampiros. Quizás necesitase extras para una película, quien sabe. El caso es que teníamos un plan, al parecer le gustaban las universitarias dulces y temerosas, la típica damisela en apuros. Buffy pasaba más por una damisela en apuros que yo, por lo que ella sería el cebo.

Cuando el vampiro apareciese en la universidad, la que consideraba su coto de caza particular, ella le engañaría y juntas acabaríamos con él, terminando así con su clan vampírico. El plan parecía sencillo, lo que no lo iba a ser tanto era meterme a mí en un vestido de fiesta y unos tacones. El día que estaba previsto capturar a ese Cullen de pacotilla, era el mismo que se celebraba el baile de primavera de la universidad. ¿Yo, bailar? Iba a ser todo un cuadro. No quería imaginar las burlas de los Winchester, si me veían en tan lamentable situación.

Alex: Verás, eh… No sé si te has dado cuenta, pero lo mío no son los vestidos, tacones y esas cosas.

Buffy: No importa, yo soy una experta. Además, debes de estar guapísima con un vestido de fiesta.

Me puse roja al escuchar eso y no me quedó otra que sonreír y beber de mi cerveza un trago bien 
largo.

Buffy: Vale, lo tengo todo pensado, hoy nos iremos de compras. Te voy a convertir en la reina del baile.

Alex: No gracias, yo con no destacar mucho me conformo. Además, no tengo pareja.

Buffy: Iremos juntas. Yo lo acabo de dejar con mi ex y no tengo ganas de ir con nadie. Te puedo presentar a mis amigos, te encantarán.

Las dos se marcharon de compras por la ciudad. Alex estaba nerviosa, sobre todo a la hora de compartir probador, como suelen hacer las amigas. Quería mirar, pero tampoco mucho para que Buffy no se sintiese acosada.

Buffy: Vaya Alex, estás preciosa. De verdad, deberías ponerte tacones más a menudo, te resalta la figura.

Alex: ¿Tú crees? La verdad es que sí, hay que ver que apenas me reconozco. Vamos a ser las reinas de la fiesta. Jajaja

Buffy: Eso tenlo por seguro.

Llegó el día del baile, le había dicho a Buffy que nos encontraríamos en la puerta, por lo que allí estaba yo, en lo alto de las escaleras, con mi vestido rojo largo y escotado, unos tacones de infarto y mi pelo suelto, algo que no pasaba muy a menudo. Cuando la vi aparecer, fue un momento increíble, llevaba un vestido de seda de color rosa palo, el pelo recogido y unas sandalias abiertas de tacón a juego con el vestido.

Alex: Estás… no tengo palabras.

Buffy: Gracias. Tú estás increíble. Te dije que esto se me daba bastante bien.

Cuando entramos, todo el mundo se quedó mirándonos, era un poco incómodo, pero no me importaba porque Buffy estaba a mi lado.

Buffy: Es ese. 

Alex: ¿Dónde?

Buffy: A mis 3. Traje negro con raya diplomática y corbata fucsia.

Alex: Pues si tiene pinta de vampiro adolescente. 

Buffy se marchó en dirección a las aulas que estaban vacías y al pasar, se chocó a propósito con el vampiro.

Buffy: Disculpe.

El vampiro le hizo una reverencia con la cabeza y cuando vio que desaparecía entre la multitud, se puso a seguirla.

Alex: Bien, ha picado.

Seguí al vampiro, que a su vez seguía a Buffy hasta el laboratorio de química y esperé fuera hasta escuchar la señal. De pronto escuché gritar a Buffy y el ruido del cristal roto al chocar contra el suelo. Entré a toda prisa y los vi luchando mano a mano. Era más fuerte de lo normal, por lo que me uní a la lucha hasta que conseguimos rebanarle el cuello con un machete, que previamente, había guardado bajo la mesa del fregadero, como habíamos acordado.

Alex: ¿Estás bien?

Buffy: Perfectamente. ¿Bailamos?

Alex: ¿Dónde, aquí?

Buffy: ¿Por qué no?

Buffy sacó su teléfono y marcó un número.

Buffy: Willow, necesito ayuda para librarme de un cadáver. Estoy en el laboratorio de química, date prisa.

Entonces Buffy me tendió la mano y yo se la cogí, me arrimó hacia ella y comenzamos a bailar juntas, muy juntas, mientras de fondo se escuchaba “you look so fine – de Garbage”, una de mis canciones favoritas. Y entonces, me elevó la barbilla con la mano, para poder mirarme a los ojos, me atrajo hasta ella dulcemente y me besó.

Metatron: Pero qué bonito es todo. ¿Verdad?

Alex: ¿Qué?

Seguía en el Impala y el cerdo de Metatron estaba de pie junto al coche. Todo había sido una ilusión.

Alex: ¿Has sido tú? 

Metatron: Obvio querida. Tu adorada Buffy es un personaje inventado, solo quería divertirme un rato a tu costa. Jajaja

Entonces Metatron desapareció y en su lugar se abrió la puerta del coche y entró Sammy con dos cafés.

Sammy: ¿Alex, qué te pasa? Te encuentro un poco alterada.

Alex: Juro que mataré a ese ángel de pacotilla. Como me tope con Metatron, se le van a quitar las ganas de hacer bromitas.

Sammy: ¿Metatron? ¿Lo viste?

Alex: Sí, estuvo aquí mismo hace unos segundos.

Sammy: Eso quiere decir que Castiel tenía razón, Metatron encontró la manera de fugarse de su celda y anda suelto. Tenemos que ir al búnker y comenzar la búsqueda.

Alex: Eso Winchi, vamos a la batcueva. Cuando encuentre a ese enano asqueroso, me las va a pagar.


FIN





sábado, 21 de marzo de 2015

Un extraño en la comarca. Capítulo 4


Los orcos nos estaban rodeando, habíamos soltado a los caballos, porque aquél terreno era mejor recorrerlo a pie. Llevábamos corriendo más de quince minutos, todo un logro para una hacker como yo y de repente, algo se movió bajo mis pies.


La tierra tembló y se formó una gran grieta por la que caí, por suerte para mí, el foso no era muy hondo y solo me di un buen golpe en el trasero, bueno, por qué no decirlo, en el orgullo también.


Todos se detuvieron al ver que no les seguía, Lórien había visto lo que me había pasado y se asomó al hueco para preguntarme si estaba bien. Le dije que sí, estaba en una especie de cueva con varios túneles. Cuando los demás llegaron a nuestra altura, Gandalf decidió que sería mejor probar suerte en la cueva, antes que salir campo a través con los Orcos tras nuestra pista y dejarme allí sola. En ese momento, se reafirmó mi idea de que Gandalf era mi personaje favorito de la saga.

Cuando estábamos todos en la cueva, Gandalf encendió su bastón para que nos sirviese de guía. Muy práctico aquél palito.  
Había tres túneles, el primero olía mejor que los otros dos, a flores silvestres y canela, las paredes parecían bañadas de oro y relucían al reflejo de la luz. A Balin por poco le da un ataque al corazón, el oro para los enanos es como la droga para un adicto, irresistible. Pero a mí no me daba buena impresión, me vino una frase a la cabeza que solté sin darme cuenta. 


Charlie: No es oro todo lo que reluce.
 
Gandalf: Muy cierto, Charlie.

Observamos los otros dos túneles. El segundo olía a carne putrefacta y las paredes estaban bañadas con una pintura marrón que me recordaba a las pinturas de las cavernas. Adanedhel se acercó, pasó la mano por la pintura y se la llevó a la nariz.

Adanedhel: Lo que me temía, es sangre seca.

Freja: ¡¿Qué?!
Freja parecía estar en shock, se sacó la daga del cinturón y la agarró con las dos manos, tan fuerte, que por poco dobla el mango.

Charlie: Tranquila, creo que esa opción está más que descartada. ¿Qué hay del tercer túnel?

El tercer pasadizo olía a humedad y por las paredes caían hilos de agua cristalina y fresca.

Lórien: Creo que es nuestra mejor opción.

Todos asentimos y Gandalf fue el primero en entrar en el túnel. Cinco resbalones y unos cuantos minutos después, llegamos al final donde había una cascada de unos diez metros de altura que nos separaba de tierra firme.

Adanedhel: Tendremos que saltar, no queda otra. 

Balin: A los enanos no nos gusta el agua.

Adurant: Se nota, el olor de los enanos es inconfundible.

Todos nos echamos a reír con la ocurrencia del elfo. Me recordaban a Legolas y Gimli. 

Legolas: Igualito a su padre. Jajaja

Y tras decir esto, el elfo saltó con los brazos cruzados en el pecho.

Vi desaparecer a Legolas en el fondo del lago en el cual terminaba la cascada y contuve el aliento hasta verle salir a la superficie.

Uno tras otro nos fuimos lanzando al agua. Cuando llegó mi turno, recordé la película de la historia interminable, cuando Bastian tiene que lanzarse a una cascada para poder regresar a su casa y pensé que si ese crío lo había hecho, yo también.

Cerré los ojos y me lancé sin pensarlo. Al golpear contra el agua, me hice algo de daño, pero nada que un poco de descanso no pudiese curar. Salí a la superficie y cogí una gran bocanada de aire.

Al llegar a la orilla todos estaban sacando el agua de sus botas y escurriendo su ropa, por lo que hice lo mismo, mientras me sentaba junto a un fuego que Adanedhel y Adrahil habían improvisado en un momento.

Cuando estuvimos casi secos, reanudamos la marcha, intentando ocultar todo rastro que pudiese quedar de nosotros en aquél lugar, para evitar que los Orcos nos diesen caza.

Caminamos durante horas hasta llegar a una cabaña en medio del bosque, ya no estábamos lejos de nuestro destino, el hogar del árbol blanco, Minastirith, la ciudad de los reyes y de mi querido Montaraz.


Paramos a descansar, esa noche al menos dormiríamos bajo un techo. La cabaña parecía abandonada, por lo que no tendríamos que preocuparnos de ninguna visita inesperada.

Balin y yo no parábamos de reírnos viendo como Lórien y Adanedhel se miraban, se rozaban intencionadamente al pasar o escogían el lugar en el suelo donde dormir, uno junto al otro, era tan tierno. 
Los elfos estaban vigilando, Legolas daba órdenes a Adurant y Edrahil, mientras Gandalf estudiaba la ruta a seguir para el día siguiente, junto a Freja. 

A la mañana siguiente nos pusimos en marcha, apenas nos deteníamos en el camino para descansar y tomar algo. 

Pasaron días sin noticias de los Orcos, hasta que al fin, ante nosotros se alzaban los muros de marfil de la ciudad de los reyes, Minastirith.

Continuará...

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Un extraño en la Comarca. Capítulo 3

Había dormido en la antigua habitación de Arwen y al despertar, vi como los primeros rayos de sol de la mañana, se reflejaban en las aguas del rio.

Tras vestirme, salí a desayunar. ¿Más pan élfico? Me dieron arcadas solo de pensarlo, estaba empachada del día anterior, por lo que cogí algo de fruta para el camino y me dispuse a dar un paseo por Rivendell antes de marchar.

Cuando llegué a la sala de reunión, me di cuenta de que Balin tenía su hacha, los elfos sus arcos, Adanedhel y Lorien sus espadas, Gandalf su bastón y…


Charlie: ¿Qué pasa con Freja y conmigo? Necesitaremos armas también.


Uno de los escoltas de Legolas nos condujo a la sala de las armas y allí nos abastecieron. La espada que me dieron pesaba más de lo que me imaginaba, pero aun así era bastante más ligera que cualquier otra de sus características. A Freja le entregaron una daga élfica, ella no era alguien hecho para la lucha, por lo que solo le procuraron una buena defensa.


Cuando marchamos montados a caballo, vi hacerse más y más pequeño aquél paisaje, hasta desaparecer de mi vista. Dejábamos Rivendell atrás y nos disponíamos a vivir la mayor aventura de nuestra era, formaría parte de los libros de historia de la Tierra Media. Iba a ser alucinante.

Anduvimos durante varios días, apenas sin detenernos. Se notaba que entre Lorien y Adanedhel había una historia, y Balin y yo hicimos una apuesta para ver lo que tardaban en confesarse amor eterno, de alguna manera debíamos entretenernos.


Cruzábamos un río y de repente mi caballo se volvió loco, se desbocó y me tiró al agua. Me incorporé empapada de pies a cabeza y mientras me quejaba de la situación, algo llamó mi atención. Debajo de una piedra había algo que asomaba, algo reluciente que me embriagó en un instante. No podía ser tan fácil, no podía ser el anillo y no lo era.


Me agaché, metí la mano en el agua y tiré de una cadena de oro hasta sacar un pequeño colgante de oro que parecía tener un mapa grabado en su interior, junto con una inscripción en élfico en la parte posterior.


Gandalf desmontó de su caballo y se apresuró a coger el colgante. Por lo que pudieron comprobar con la inscripción, la historia era cierta, había otro anillo y su ubicación exacta estaba localizada en ese mapa.

Gandalf: No puede estar bien, indica que el anillo se encuentra en Mordor. Pero Mordor fue destruido por la lava. No puede ser, debe haber un error.


Charlie: Puede que no sea un error. Puede que el anillo esté cerca de Sauron, pues sino… ¿De qué otro modo podría haber resucitado? Quizás el anillo no sea tan poderoso como el otro y mientras que el otro existió, sencillamente lo eclipsó. Al destruirlo Frodo, éste absorbió su poder poco a poco y ahora está listo para ser encontrado. No sé si me explico bien. Da igual, creo que estoy desvariando.

Adanedhel: Quizás la pelirroja tenga razón. Se dijo que había varios anillos y todos fueron destruidos menos uno, del que más tarde Frodo se encargó, pero… ¿Y sino todos fueron destruidos? Alguien pudo mentir todo este tiempo y esperar a reinar cuando llegase su hora.


Charlie: Pues así visto, no parece tan descabellada mi idea, después de todo.


Gandalf: Debemos encontrarlo y destruirlo antes de que recupere toda su magia.


Legolas: ¿Pero quién portará el anillo cuando lo encontremos?


Charlie: Creo que debería ser Freja. Lo lleva en los genes. Tanto Bilbo como Frodo fueron los portadores predecesores, está claro que están predispuestos genéticamente para ello.


Sam: ¿Genéti…qué?


Charlie: En resumen, parece que son los únicos capaces de resistir sus encantos.


Freja: ¿Yo? No, jamás. Yo no soy como ellos. Solo he venido porque Gandalf me obligó, no tengo ninguna necesidad de aventuras.


Me acerqué a la pequeña y delicada hobbit, puse mis manos en sus hombros y mirándole a los ojos le dije que era su destino y uno no puede negarse a ser un héroe porque los héroes no se hacen, nacen con ese don y todo el mundo sabe que “un gran don conlleva una gran responsabilidad.” La fuerza está contigo mi querida Freja, confiamos en ti. Al parecer, mi charla había funcionado, porque la hobbit cambió la cara, sacó pecho y volvió a montar su poni encabezando la marcha.

Gandalf: Sabias palabras, querida extranjera. ¿Quién se las enseñó?


Charlie: Mi maestro, por supuesto.


Me hubiese gustado ver a Spiderman en la Tierra Media, pensamiento que me hizo sonreír y continuar la marcha, me estaba quedando rezagada. Aún nos quedaban muchos kilómetros por recorrer, pero parecía que la esperanza había llegado y se había asentado en los corazones de toda la compañía, eso me hacía sentir bien. Lástima que mis amigos no estuviesen allí, hubiese pagado por ver quien era más cabezota de los dos, si el mayor de los Winchester o mi querido Gandalf, parecían cortados por el mismo patrón.


Nos detuvimos para hacer noche bajo unos árboles. La hoguera nos mantenía calientes y gracias a eso caí en un profundo sueño. De pronto un ruido me desveló.

Charlie: ¿Qué ha sido eso?


Me levanté con la espada en la mano y vi que todos estaban alerta. A lo lejos escuché un cuerno sonar y lo que vino a continuación, me heló la sangre.


Balin: ¡¡¡ORCOS!!!


Gandalf: ¡¡¡Corred insensatos, corred!!!


¿En serio tendría que luchar? ¿Tan pronto? No sabía si estaba preparada o no, pero no tardaría mucho en comprobarlo.



Continuará...