martes, 24 de marzo de 2015

Alex Lehane cazavampiros

Este es un fanfic entre Supernatural y Buffy cazavampiros, que hice como regalo a una amiga mía y gran roler. Interpreta a Alex Lehane en el foro en el que ambas participamos. Supernatural Fever Rol & Español. Para tí, Sabi. :)


Me encontraba en algún lugar de California y estaba esperando a que una camarera cuarentona me sirviese mi hamburguesa doble con queso y bacón. Llevaba tres cervezas y la comida no llegaba, comenzaba a impacientarme. 

Alex: ¡Al fin! Ni que hubiesen matado al cerdo en la cocina.

Cuando me disponía a pegarle el primer bocado a mi hamburguesa, vi por la ventana como una chica rubia huía de tres hombres. Miré a la rubia maciza y miré a mi hamburguesa, dejé el dinero encima de la mesa y salí corriendo tras ella, el deber me llamaba.



Cuando conseguí darles alcance, la rubia estaba manteniendo a raya a dos de los tipos, el tercero no aparecía en escena. Por lo que vi, eran fuertes y rápidos.

Alex: ¡Vampiros, mierda!

Me metí en la pelea para ayudar a la rubia e igualar la balanza. Cada una con un vampiro, hasta que terminamos con ellos.

Alex: Vaya, para ser una damisela en apuros no peleas nada mal. Me llamo Alex Lehane. Un gusto conocerte.

Le tendí la mano y la rubia me miró de arriba abajo y respondió de igual manera.

Buffy: Soy Buffy Anne Summers, encantada de conocerte. Gracias por la ayuda, pero no soy ninguna damisela en apuros. Soy cazavampiros. ¿Y tú?

Alex: Yo soy cazadora y no solo de vampiros, cazo todo ser sobrenatural que se mueva. Con algunas excepciones, claro está. ¿Tienes algo que hacer o te puedo invitar a comer? Estoy muerta de hambre, me dejé la hamburguesa sin tocar en aquella cafetería asquerosa por salir a buscarte.

Buffy: Entonces déjame invitarte a mí, es lo menos que puedo hacer.

Cuando me sonrió, por poco me caigo de culo. Tenía una sonrisa tan dulce, era tan guapa y dura al mismo tiempo, que me dieron ganas de casarme con ella allí mismo.

Nos fuimos a otra cafetería, la de antes no tenía buen servicio. Estuvimos comiendo juntas y hablando durante horas, ella me contaba su vida entre brujas, vampiros y apuntes en la universidad, mientras yo le contaba la mía entre Winchester’s, seres sobrenaturales y grasa de motor.

De pronto comenzó a sonar una alarma. Buffy miró su reloj y dijo que tenía que marcharse, cogió una servilleta y apuntó su número de teléfono. Cuando me dio la servilleta, se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla que me hizo ponerme roja como un tomate. Tras esto se marchó y yo…

Sam: Alex despierta. Te has quedado dormida en el Impala, como mi hermano se entere que le has llenado de babas la tapicería te corta la cabeza.

Alex: ¿Qué? ¡Mierda! Si es que tardabas mucho. ¿Tienes lo que veníamos a buscar?

Sam: Si claro, los demás nos esperan en el búnker. 

Alex: Pues no sé a qué esperas, písale a fondo.

De repente noté que me llegaba un mensaje al móvil. Miré la pantalla para ver si Dean se estaba impacientando y para mi sorpresa, no era él quien aparecía reflejado en la pantalla del teléfono, sino Buffy. ¡¡¡¿¿¿BUFFY???!!!

MÁS TARDE

La misión que tenía con los Winchester fue coser y cantar, ahora llegaba lo que más miedo me daba de todo, quedar con Buffy. Prefería enfrentarme a una jauría de lobos antes que a esos ojos azules, que me hacían parecer una colegiala con la carpeta llena de fotografías hasta arriba. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si no le gustaba como yo quería gustarle? Había hecho mis investigaciones y la chica era un tanto especial, había salido con un vampiro o dos y no le había salido muy bien que digamos, puede que si lo intentaba con una chica dura como yo, su suerte cambiase.

Me puse mis vaqueros rotos, porque me hacían más culo del que tenía, una camiseta de tirantes con un escote de vértigo y mi cazadora de cuero, quería causarle buena impresión.

Llegué antes de lo previsto, quería verla en todo su esplendor cuando apareciese ante mí y cuando lo hizo, no me defraudó para nada. Con su pantalón ceñido y una camiseta roja con la espalda descubierta, me dieron ganas de ponerme a babear, pero no hubiese quedado muy bien por mi parte. 

Buffy: Hola Alex. ¿Todo bien? Me encanta tu chaqueta.

Alex: Hola. ¿Sí? Gracias, esto… tu camiseta está genial.

Buffy: Verás te llamé para que me ayudases con un caso, tengo un problema con un vampiro que no consigo localizar y como me dijiste que eras buena en esto, pensé que podríamos trabajar juntas. Si quieres, claro.

¿Cómo? ¿Trabajar juntas? Pasar todo el día juntas, hacer vigilancias juntas, comer, dormir y… ¿juntas? CLARO QUE SÍ. Pensé para mis adentros, pero en lugar de decir todo eso, solo alcancé a decir… 

Alex: Claro, será divertido.

¿Divertido? ¿En qué estaba pensando? Seguro que he quedado como una tonta. Alex, reacciona niña.

Buffy: Claro. ¿Quién dijo que el trabajo no podía ser divertido? Podemos aprender mucho la una de la otra.

Entonces jugó su arma más mortífera, aquella a la que nadie podía resistirse, su sonrisa. Cuando Buffy me sonreía, no le podía decir que no a nada.

Comenzamos a estudiar el caso, básicamente era un vampiro que estaba aterrorizando Hollywood y estaba formando un ejército de vampiros. Quizás necesitase extras para una película, quien sabe. El caso es que teníamos un plan, al parecer le gustaban las universitarias dulces y temerosas, la típica damisela en apuros. Buffy pasaba más por una damisela en apuros que yo, por lo que ella sería el cebo.

Cuando el vampiro apareciese en la universidad, la que consideraba su coto de caza particular, ella le engañaría y juntas acabaríamos con él, terminando así con su clan vampírico. El plan parecía sencillo, lo que no lo iba a ser tanto era meterme a mí en un vestido de fiesta y unos tacones. El día que estaba previsto capturar a ese Cullen de pacotilla, era el mismo que se celebraba el baile de primavera de la universidad. ¿Yo, bailar? Iba a ser todo un cuadro. No quería imaginar las burlas de los Winchester, si me veían en tan lamentable situación.

Alex: Verás, eh… No sé si te has dado cuenta, pero lo mío no son los vestidos, tacones y esas cosas.

Buffy: No importa, yo soy una experta. Además, debes de estar guapísima con un vestido de fiesta.

Me puse roja al escuchar eso y no me quedó otra que sonreír y beber de mi cerveza un trago bien 
largo.

Buffy: Vale, lo tengo todo pensado, hoy nos iremos de compras. Te voy a convertir en la reina del baile.

Alex: No gracias, yo con no destacar mucho me conformo. Además, no tengo pareja.

Buffy: Iremos juntas. Yo lo acabo de dejar con mi ex y no tengo ganas de ir con nadie. Te puedo presentar a mis amigos, te encantarán.

Las dos se marcharon de compras por la ciudad. Alex estaba nerviosa, sobre todo a la hora de compartir probador, como suelen hacer las amigas. Quería mirar, pero tampoco mucho para que Buffy no se sintiese acosada.

Buffy: Vaya Alex, estás preciosa. De verdad, deberías ponerte tacones más a menudo, te resalta la figura.

Alex: ¿Tú crees? La verdad es que sí, hay que ver que apenas me reconozco. Vamos a ser las reinas de la fiesta. Jajaja

Buffy: Eso tenlo por seguro.

Llegó el día del baile, le había dicho a Buffy que nos encontraríamos en la puerta, por lo que allí estaba yo, en lo alto de las escaleras, con mi vestido rojo largo y escotado, unos tacones de infarto y mi pelo suelto, algo que no pasaba muy a menudo. Cuando la vi aparecer, fue un momento increíble, llevaba un vestido de seda de color rosa palo, el pelo recogido y unas sandalias abiertas de tacón a juego con el vestido.

Alex: Estás… no tengo palabras.

Buffy: Gracias. Tú estás increíble. Te dije que esto se me daba bastante bien.

Cuando entramos, todo el mundo se quedó mirándonos, era un poco incómodo, pero no me importaba porque Buffy estaba a mi lado.

Buffy: Es ese. 

Alex: ¿Dónde?

Buffy: A mis 3. Traje negro con raya diplomática y corbata fucsia.

Alex: Pues si tiene pinta de vampiro adolescente. 

Buffy se marchó en dirección a las aulas que estaban vacías y al pasar, se chocó a propósito con el vampiro.

Buffy: Disculpe.

El vampiro le hizo una reverencia con la cabeza y cuando vio que desaparecía entre la multitud, se puso a seguirla.

Alex: Bien, ha picado.

Seguí al vampiro, que a su vez seguía a Buffy hasta el laboratorio de química y esperé fuera hasta escuchar la señal. De pronto escuché gritar a Buffy y el ruido del cristal roto al chocar contra el suelo. Entré a toda prisa y los vi luchando mano a mano. Era más fuerte de lo normal, por lo que me uní a la lucha hasta que conseguimos rebanarle el cuello con un machete, que previamente, había guardado bajo la mesa del fregadero, como habíamos acordado.

Alex: ¿Estás bien?

Buffy: Perfectamente. ¿Bailamos?

Alex: ¿Dónde, aquí?

Buffy: ¿Por qué no?

Buffy sacó su teléfono y marcó un número.

Buffy: Willow, necesito ayuda para librarme de un cadáver. Estoy en el laboratorio de química, date prisa.

Entonces Buffy me tendió la mano y yo se la cogí, me arrimó hacia ella y comenzamos a bailar juntas, muy juntas, mientras de fondo se escuchaba “you look so fine – de Garbage”, una de mis canciones favoritas. Y entonces, me elevó la barbilla con la mano, para poder mirarme a los ojos, me atrajo hasta ella dulcemente y me besó.

Metatron: Pero qué bonito es todo. ¿Verdad?

Alex: ¿Qué?

Seguía en el Impala y el cerdo de Metatron estaba de pie junto al coche. Todo había sido una ilusión.

Alex: ¿Has sido tú? 

Metatron: Obvio querida. Tu adorada Buffy es un personaje inventado, solo quería divertirme un rato a tu costa. Jajaja

Entonces Metatron desapareció y en su lugar se abrió la puerta del coche y entró Sammy con dos cafés.

Sammy: ¿Alex, qué te pasa? Te encuentro un poco alterada.

Alex: Juro que mataré a ese ángel de pacotilla. Como me tope con Metatron, se le van a quitar las ganas de hacer bromitas.

Sammy: ¿Metatron? ¿Lo viste?

Alex: Sí, estuvo aquí mismo hace unos segundos.

Sammy: Eso quiere decir que Castiel tenía razón, Metatron encontró la manera de fugarse de su celda y anda suelto. Tenemos que ir al búnker y comenzar la búsqueda.

Alex: Eso Winchi, vamos a la batcueva. Cuando encuentre a ese enano asqueroso, me las va a pagar.


FIN





sábado, 21 de marzo de 2015

Un extraño en la comarca. Capítulo 4


Los orcos nos estaban rodeando, habíamos soltado a los caballos, porque aquél terreno era mejor recorrerlo a pie. Llevábamos corriendo más de quince minutos, todo un logro para una hacker como yo y de repente, algo se movió bajo mis pies.


La tierra tembló y se formó una gran grieta por la que caí, por suerte para mí, el foso no era muy hondo y solo me di un buen golpe en el trasero, bueno, por qué no decirlo, en el orgullo también.


Todos se detuvieron al ver que no les seguía, Lórien había visto lo que me había pasado y se asomó al hueco para preguntarme si estaba bien. Le dije que sí, estaba en una especie de cueva con varios túneles. Cuando los demás llegaron a nuestra altura, Gandalf decidió que sería mejor probar suerte en la cueva, antes que salir campo a través con los Orcos tras nuestra pista y dejarme allí sola. En ese momento, se reafirmó mi idea de que Gandalf era mi personaje favorito de la saga.

Cuando estábamos todos en la cueva, Gandalf encendió su bastón para que nos sirviese de guía. Muy práctico aquél palito.  
Había tres túneles, el primero olía mejor que los otros dos, a flores silvestres y canela, las paredes parecían bañadas de oro y relucían al reflejo de la luz. A Balin por poco le da un ataque al corazón, el oro para los enanos es como la droga para un adicto, irresistible. Pero a mí no me daba buena impresión, me vino una frase a la cabeza que solté sin darme cuenta. 


Charlie: No es oro todo lo que reluce.
 
Gandalf: Muy cierto, Charlie.

Observamos los otros dos túneles. El segundo olía a carne putrefacta y las paredes estaban bañadas con una pintura marrón que me recordaba a las pinturas de las cavernas. Adanedhel se acercó, pasó la mano por la pintura y se la llevó a la nariz.

Adanedhel: Lo que me temía, es sangre seca.

Freja: ¡¿Qué?!
Freja parecía estar en shock, se sacó la daga del cinturón y la agarró con las dos manos, tan fuerte, que por poco dobla el mango.

Charlie: Tranquila, creo que esa opción está más que descartada. ¿Qué hay del tercer túnel?

El tercer pasadizo olía a humedad y por las paredes caían hilos de agua cristalina y fresca.

Lórien: Creo que es nuestra mejor opción.

Todos asentimos y Gandalf fue el primero en entrar en el túnel. Cinco resbalones y unos cuantos minutos después, llegamos al final donde había una cascada de unos diez metros de altura que nos separaba de tierra firme.

Adanedhel: Tendremos que saltar, no queda otra. 

Balin: A los enanos no nos gusta el agua.

Adurant: Se nota, el olor de los enanos es inconfundible.

Todos nos echamos a reír con la ocurrencia del elfo. Me recordaban a Legolas y Gimli. 

Legolas: Igualito a su padre. Jajaja

Y tras decir esto, el elfo saltó con los brazos cruzados en el pecho.

Vi desaparecer a Legolas en el fondo del lago en el cual terminaba la cascada y contuve el aliento hasta verle salir a la superficie.

Uno tras otro nos fuimos lanzando al agua. Cuando llegó mi turno, recordé la película de la historia interminable, cuando Bastian tiene que lanzarse a una cascada para poder regresar a su casa y pensé que si ese crío lo había hecho, yo también.

Cerré los ojos y me lancé sin pensarlo. Al golpear contra el agua, me hice algo de daño, pero nada que un poco de descanso no pudiese curar. Salí a la superficie y cogí una gran bocanada de aire.

Al llegar a la orilla todos estaban sacando el agua de sus botas y escurriendo su ropa, por lo que hice lo mismo, mientras me sentaba junto a un fuego que Adanedhel y Adrahil habían improvisado en un momento.

Cuando estuvimos casi secos, reanudamos la marcha, intentando ocultar todo rastro que pudiese quedar de nosotros en aquél lugar, para evitar que los Orcos nos diesen caza.

Caminamos durante horas hasta llegar a una cabaña en medio del bosque, ya no estábamos lejos de nuestro destino, el hogar del árbol blanco, Minastirith, la ciudad de los reyes y de mi querido Montaraz.


Paramos a descansar, esa noche al menos dormiríamos bajo un techo. La cabaña parecía abandonada, por lo que no tendríamos que preocuparnos de ninguna visita inesperada.

Balin y yo no parábamos de reírnos viendo como Lórien y Adanedhel se miraban, se rozaban intencionadamente al pasar o escogían el lugar en el suelo donde dormir, uno junto al otro, era tan tierno. 
Los elfos estaban vigilando, Legolas daba órdenes a Adurant y Edrahil, mientras Gandalf estudiaba la ruta a seguir para el día siguiente, junto a Freja. 

A la mañana siguiente nos pusimos en marcha, apenas nos deteníamos en el camino para descansar y tomar algo. 

Pasaron días sin noticias de los Orcos, hasta que al fin, ante nosotros se alzaban los muros de marfil de la ciudad de los reyes, Minastirith.

Continuará...

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Un extraño en la Comarca. Capítulo 3

Había dormido en la antigua habitación de Arwen y al despertar, vi como los primeros rayos de sol de la mañana, se reflejaban en las aguas del rio.

Tras vestirme, salí a desayunar. ¿Más pan élfico? Me dieron arcadas solo de pensarlo, estaba empachada del día anterior, por lo que cogí algo de fruta para el camino y me dispuse a dar un paseo por Rivendell antes de marchar.

Cuando llegué a la sala de reunión, me di cuenta de que Balin tenía su hacha, los elfos sus arcos, Adanedhel y Lorien sus espadas, Gandalf su bastón y…


Charlie: ¿Qué pasa con Freja y conmigo? Necesitaremos armas también.


Uno de los escoltas de Legolas nos condujo a la sala de las armas y allí nos abastecieron. La espada que me dieron pesaba más de lo que me imaginaba, pero aun así era bastante más ligera que cualquier otra de sus características. A Freja le entregaron una daga élfica, ella no era alguien hecho para la lucha, por lo que solo le procuraron una buena defensa.


Cuando marchamos montados a caballo, vi hacerse más y más pequeño aquél paisaje, hasta desaparecer de mi vista. Dejábamos Rivendell atrás y nos disponíamos a vivir la mayor aventura de nuestra era, formaría parte de los libros de historia de la Tierra Media. Iba a ser alucinante.

Anduvimos durante varios días, apenas sin detenernos. Se notaba que entre Lorien y Adanedhel había una historia, y Balin y yo hicimos una apuesta para ver lo que tardaban en confesarse amor eterno, de alguna manera debíamos entretenernos.


Cruzábamos un río y de repente mi caballo se volvió loco, se desbocó y me tiró al agua. Me incorporé empapada de pies a cabeza y mientras me quejaba de la situación, algo llamó mi atención. Debajo de una piedra había algo que asomaba, algo reluciente que me embriagó en un instante. No podía ser tan fácil, no podía ser el anillo y no lo era.


Me agaché, metí la mano en el agua y tiré de una cadena de oro hasta sacar un pequeño colgante de oro que parecía tener un mapa grabado en su interior, junto con una inscripción en élfico en la parte posterior.


Gandalf desmontó de su caballo y se apresuró a coger el colgante. Por lo que pudieron comprobar con la inscripción, la historia era cierta, había otro anillo y su ubicación exacta estaba localizada en ese mapa.

Gandalf: No puede estar bien, indica que el anillo se encuentra en Mordor. Pero Mordor fue destruido por la lava. No puede ser, debe haber un error.


Charlie: Puede que no sea un error. Puede que el anillo esté cerca de Sauron, pues sino… ¿De qué otro modo podría haber resucitado? Quizás el anillo no sea tan poderoso como el otro y mientras que el otro existió, sencillamente lo eclipsó. Al destruirlo Frodo, éste absorbió su poder poco a poco y ahora está listo para ser encontrado. No sé si me explico bien. Da igual, creo que estoy desvariando.

Adanedhel: Quizás la pelirroja tenga razón. Se dijo que había varios anillos y todos fueron destruidos menos uno, del que más tarde Frodo se encargó, pero… ¿Y sino todos fueron destruidos? Alguien pudo mentir todo este tiempo y esperar a reinar cuando llegase su hora.


Charlie: Pues así visto, no parece tan descabellada mi idea, después de todo.


Gandalf: Debemos encontrarlo y destruirlo antes de que recupere toda su magia.


Legolas: ¿Pero quién portará el anillo cuando lo encontremos?


Charlie: Creo que debería ser Freja. Lo lleva en los genes. Tanto Bilbo como Frodo fueron los portadores predecesores, está claro que están predispuestos genéticamente para ello.


Sam: ¿Genéti…qué?


Charlie: En resumen, parece que son los únicos capaces de resistir sus encantos.


Freja: ¿Yo? No, jamás. Yo no soy como ellos. Solo he venido porque Gandalf me obligó, no tengo ninguna necesidad de aventuras.


Me acerqué a la pequeña y delicada hobbit, puse mis manos en sus hombros y mirándole a los ojos le dije que era su destino y uno no puede negarse a ser un héroe porque los héroes no se hacen, nacen con ese don y todo el mundo sabe que “un gran don conlleva una gran responsabilidad.” La fuerza está contigo mi querida Freja, confiamos en ti. Al parecer, mi charla había funcionado, porque la hobbit cambió la cara, sacó pecho y volvió a montar su poni encabezando la marcha.

Gandalf: Sabias palabras, querida extranjera. ¿Quién se las enseñó?


Charlie: Mi maestro, por supuesto.


Me hubiese gustado ver a Spiderman en la Tierra Media, pensamiento que me hizo sonreír y continuar la marcha, me estaba quedando rezagada. Aún nos quedaban muchos kilómetros por recorrer, pero parecía que la esperanza había llegado y se había asentado en los corazones de toda la compañía, eso me hacía sentir bien. Lástima que mis amigos no estuviesen allí, hubiese pagado por ver quien era más cabezota de los dos, si el mayor de los Winchester o mi querido Gandalf, parecían cortados por el mismo patrón.


Nos detuvimos para hacer noche bajo unos árboles. La hoguera nos mantenía calientes y gracias a eso caí en un profundo sueño. De pronto un ruido me desveló.

Charlie: ¿Qué ha sido eso?


Me levanté con la espada en la mano y vi que todos estaban alerta. A lo lejos escuché un cuerno sonar y lo que vino a continuación, me heló la sangre.


Balin: ¡¡¡ORCOS!!!


Gandalf: ¡¡¡Corred insensatos, corred!!!


¿En serio tendría que luchar? ¿Tan pronto? No sabía si estaba preparada o no, pero no tardaría mucho en comprobarlo.



Continuará...

lunes, 15 de septiembre de 2014

Un extraño en la comarca. Capítulo 2




Estábamos sentados, Adanedhel nos informó que venía de Minastirith, allí la guardia se estaba preparando para hacer frente a la horda de orcos que se estaba agolpando en las puertas de Mordor.

De pronto me fijé que bajo la capa, Adanedhel, llevaba una espada y por el mango me di cuenta que era Anduril. 

Charlie: Wow, wow, wow. Espera un momento. ¿Esa es Anduril? ¿Puedo tocarla? ¿Porfa?

Adanedhel: Tranquila, te la dejaré cuando salgamos de aquí, pero baja la voz, no quiero que nadie me reconozca.

Me quedé mirando embobada la espada, por lo que desconecté de la conversación hasta que vi que se levantaban.
 
Charlie: ¿Nos vamos?

Gandalf: Si, insensata. Nos vamos a Rivendel, baja la voz.

Charlie: Jo, ni que hablase a bocinazos.

Salimos de la posada y nos subimos al carro. Adanedhel, se montó a lomos de su corcel, que por cierto era impresionante y encabezó la marcha.

Pasamos varios días en el camino, parando solo a descansar para dar agua a los caballos y dormir un poco. 

Charlie: En la película parece que todo está más cerca. 

Sam: ¿Decías?

Charlie: Nada, nada. Tan solo me pregunto si aún nos falta mucho para llegar.

Gandalf: Estamos llegando. ¿No oyes las cascadas?

Charlie: No oigo nada. 

Gandalf: Pon atención a lo que te rodea.

Charlie: Sigo sin oír nada.

Gandalf: Bufff.

Intentaba escuchar algo, pero entre el ruido de los caballos, del carro y de Sam tragando como un desesperado a causa de los nervios, no escuchaba ni una cascada, ni un rio, ni siquiera un diluvio universal.
De pronto el carro se detuvo, al igual que Adanedhel. Me puse nerviosa, no sabía que pasaba hasta que Gandalf nos informó que estábamos llegando a Rivendel. Entonces, tras la vegetación pude observar la ciudad de los Elfos y las cascadas de las que hablaba Gandalf, me invadió un sentimiento de júbilo tan grande que me bajé del carro y eché a correr hacia allí. Me sentía flotar en el aire hasta que me di cuenta que no avanzaba y que en verdad estaba flotando, Gandalf me había enganchado de la camisa con su bastón y me tenía en vilo.

Gandalf: ¿A dónde vas insensata? 

Charlie: A Rivendel, siempre quise ir allí.

Gandalf: No puedes presentarte en la casa de Legolas como una necia loca, los arqueros no dejaran que pases más allá del puente. Si llegas conmigo no habrá problema.

Charlie: Lo siento, el entusiasmo me puede. 

Gandalf me obligó a subir de nuevo al carro, junto a Freja y Sam. Al llegar al puente, el mago exigió ver a Legolas, pero no había nadie. ¿O sí? De repente, varios elfos se mostraron ante nosotros, estaban ocultos entre las ramas de los árboles, tras la cascada y en los salientes de las rocas que había por encima de nuestras cabezas.

Charlie: ¡Vaya! Esto si que es un consejo de bienvenida, deberían de aprender en Moondor.

Freja: Había escuchado historias acerca de la ciudad de los elfos, pero jamás salí de la Comarca, es precioso.

Uno de los elfos que estaba al mando, nos llevó a través de la ciudad, hasta esa extraña plazoleta que vi en la película, donde se formó la primera comunidad del anillo. Se me saltaron las lágrimas al sentir que estaba en el lugar más maravilloso del mundo. Cerré los ojos y respiré hondo, me llené los pulmones de hierbas aromáticas que los elfos plantaban por todo el lugar. Laurel, hierba buena, eucalipto, menta, son algunas de las plantas que pude reconocer en el ambiente. Nos sentamos en las sillas de piedra que había formando un círculo, yo estaba sentada en el mismo puesto que años atrás había estado ocupado por Legolas, el actual señor de Rivendel. Las vueltas que da la vida, ahora él era el dueño y señor de todo aquello. De pronto, vi como los elfos se agachaban en una reverencia y abrían un camino hasta el interior del círculo. Me agaché, imitando su comportamiento, hasta que vi unos pies ante mí, levanté la cabeza y allí estaba el elfo, mirándome con esos ojos azules tan embriagadores. Hizo un leve gesto de inclinación con su cabeza mientras me mostraba una sonrisa, sonreí y agaché la cabeza al darme cuenta que se estaba dirigiendo a mi espalda y no a mí, ya que el hijo de Arwen se encontraba justo detrás mía. Después, con paso firme se acercó a Gandalf para estrecharlo en un fuerte abrazo.

Legolas: Gandalf, viejo amigo, cuanto me alegra verte.

Gandalf: Lo mismo digo, Legolas. ¿Qué hay de Gimli, cómo sigue ese viejo enano testarudo?

Legolas: No se encuentra en plena forma, pero sigue siendo un fiel amigo y viene a verme de vez en cuando. Ha sido padre ¿Lo sabías? Tuvo un hijo, igualito a él, la misma  terquedad y sangre fría corren por sus venas.

Sam: Por lo que veo, te va bastante bien.

Legolas: Querido Sam, a mis oídos ha llegado lo bien que te ha ido con el negocio de la cria de ponys, sobre todo estos últimos años. Me complacería poder visitar a tu familia un día de estos y conocer la Comarca. ¿Y quiénes son las dos jóvenes que os acompañan?

Gandalf: Ella es Freja. -Señalando a la hobbit- Es la prima de Frodo. Y esta joven de cabellos rojizos es Charlie, una humana. Creo que puede ser la portadora del nuevo anillo.

Charlie: ¿Yo? 

Legolas: Vamos Gandalf, tenemos que hablar. En privado.

Gandalf y Legolas se marcharon junto a Sam y Adanedhel, dejándonos a Freja y a mí en aquella pequeña plaza, siendo custodiadas por la guardia. Llevábamos esperando unos minutos cuando una joven elfa nos trajo una jarra con agua fría y pan élfico para tomar un tentempié. Al fin iba a probar otro manjar, el pan élfico, eso no sucede todos los días. Cuando di mi primer bocado, lo hice intentando saborear cada migaja que se desprendía, tenía un sabor a pan normal, pero con un leve toque de canela y te verde.  Era un bocado angelical.

¿Ángel? Me acordé de Castiel y me hizo gracia pensar que podríamos hablar durante horas sobre esta extraña aventura a mi regreso, si es que lograba encontrar la salida del juego. Al principio me supo a gloria, pero tras comerme casi toda la fuente de pan, debido a los nervios, comenzaba a tomarle manía. Freja permaneció ausente todo el tiempo, se encontraba apoyada en la barandilla mirando al horizonte. Me limpié las migajas y me acerqué a ella despacio.

Charlie: ¿Estás bien?

Freja: No lo sé. Nunca pensé que saldría de la comarca, que visitaría los lugares de los que mi tío y mi primo me habían hablado, siempre me imaginé casada con uno de mis vecinos y con una vida rutinaria, todo esto me supera.

Charlie: Eso no se sabe, mírame a mí. Yo era una simple, bueno, una magnífica hacker que tenía una vida rutinaria y fue conocer a los chicos y he cazado monstruos, he sido reina de Moondor y he vivido una historia de amor en Oz. Chica, la vida da muchas vueltas. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a tener la oportunidad de conocer a mis personajes favoritos? Nadie, pero como decía Forrest Gump, la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.

Freja: ¿Quién es ese Forrest Gump?

Miré a la hobbit con una sonrisa, me observaba extrañada, situación que en mi mundo hubiese sido justo a la inversa, ya que no hay persona en su sano juicio que no conozca a Forrest Gump, pero recordé dónde estaba, le puse una mano en el hombro y le quité hierro al asunto.

Charlie : Es una persona muy conocida en el mundo del que vengo. No le des más vueltas.

De pronto los chicos regresaron. Me dieron ganas de recriminarles lo sexistas que habían sido al dejarnos fuera de la reunión, pero comprendí que hacía tiempo que no se veían y se habrían estado poniendo al día.
Cuando la reunión daba comienzo, apareció, voz en grito, un pequeño niño barbudo y algo cabezón, que portaba un hacha casi más grande que él mismo. ¿Sería el hijo de Gimli? Parecía que sí.

Legolas: Balin, bienvenido. Siento que tu padre no haya podido venir por motivos de salud.

Charlie: ¿Balin, no era el señor de moria? 

Balin: Sí, mi padre me puso ese nombre en su honor. ¿Y tú quién eres, mujer?

Charlie: Charlie Bradbury, encantada de conocerle.

Todos comenzaron a hablar unos con otros, yo no entendía nada, por lo que me subí a la mesa de piedra que había en el centro y grité para que dejaran de berrear.

De pronto, una voz femenina me llamó la atención, por lo que me giré y pude ver a una joven muy guapa, de pelo castaño y ojos azules. 

Adanedhel: ¡Lórien! ¿Qué haces aquí?

Charlie: ¿Lórien?

Adanedhel: Es la hija de Eowin y Faramir. No puedes estar aquí.

Lórien: Claro que sí. También es mi lucha, no pienso quedarme encerradasi tú puedes ir, yo también.

Legolas: Dejad de discutir, toda la ayuda que podamos tener será bienvenida. Además, tenemos que ir hasta Gondor, su casa, por lo que puede acompañarnos. Será mucho más seguro que ir sola. Mis dos guardas de confianza nos acompañarán. Adurant y Edrahil. 

Los dos elfos se adelantaron e hicieron una reverencia.

Gandalf: La historia se vuelve a repetir, nueve fueron los integrantes de la antigua comunidad del anillo y nueve serán los integrantes de la nueva. Tres elfos, tres humanos, un enano, una hobbit y un mago. Preparemos todo, mañana partiremos hacia Gondor.


Continuará...