martes, 13 de septiembre de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 5 "Todo llega a su fin"

Abrió los ojos desconcertado. ¿Todo había sido un mal sueño? Se encontraba tirado en el suelo de aquél hospital abandonado y una gotera sobre su cabeza le había despertado de su letargo. Se incorporó e intentó levantarse, la cabeza le dolía un poco y se encontraba algo mareado. Miró a su alrededor, había estado toda la noche lloviendo y había charcos por todas partes. Se dispuso a salir por la ventana, la misma por la que la noche anterior no pudo hacerlo, esta vez para su sorpresa, salió sin problemas.  

Al caer de cuclillas al suelo, echó la vista hacia atrás por encima de su hombro y se sintió verdaderamente liberado. Fue directo hacia ese grande y viejo árbol que custodiaba a su pequeño bebé y allí estaba, negra como la noche y resplandeciente. Las gotas de agua reflejaban el sol en su carrocería y Alex sacó los guantes del sillín, se enfundó su casco y puso rumbo a la carrera, no había tiempo que perder. 

Durante todo el camino recordó lo acontecido como si hubiese ocurrido años atrás, tenía la sensación que había pasado allí metido toda una eternidad. 

Condujo hasta el circuito y al llegar no pudo creer lo que sus ojos le mostraban. ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Cuánto había dormido? Llevó la moto hasta el box, aparcó y al bajarse se sintió verdaderamente solo. Aquél lugar estaba abandonado desde hacía años, pero eso era imposible, tan solo llevaba un día fuera. De repente, una hoja de periódico antiguo salió volando y se enredó en su pierna. Alex cogió aquella hoja con las manos temblorosas y la leyó.

De pronto el mundo se lo tragó. ¿Dónde había estado los últimos 30 años? ¿Y por qué el tiempo no había pasado por él?

Entonces alzó la vista a través de las lágrimas de sus ojos y descubrió la silueta de un anciano que se aproximaba hacia él con una escoba en la mano. Alex se dirigió hacia el hombre sujetando el periódico con todas sus fuerzas y le preguntó lo qué había ocurrido, pero el hombre no le escuchaba. Alex se puso a gritarle por si el anciano había perdido facultades con el tiempo, pero no obtuvo respuesta. Se puso delante de él y éste le atravesó el cuerpo con la escoba como mantequilla. Entonces retuvo el aliento y bajó la vista hasta su estómago a la par que el “despistado” anciano le atravesaba sin inmutarse para continuar con su labor. 

Alex: No puede ser cierto, no puedo estar muerto. Yo… ¿Cómo?

Le dio mil vueltas al tema y llegó a la conclusión que aquél golpe en la cabeza habría sido su ruina. 

Derrotado cayó de rodillas al suelo y golpeó con fuerza el asfalto. De pronto, Alex escucha un aplauso a su espalda, se gira en aquella dirección y allí estaba él, con su elegante traje y una sonrisa de oreja a oreja que fundiría hasta el acero, el demonio aplaudía mientras se aproximaba hacia Alex.

Lucifer: Realmente una lástima. Tenías mucho futuro. Ya sabes lo que dicen, cuidado con los accidentes domésticos, suelen ser los peores.
Alex: ¿Qué haces aquí? ¿Esto es una de tus bromitas o qué?
Lucifer: Lo siento campeón, muerto estás, ahí no puedo hacer nada, eso es cosa de mi querido padre. ¿Qué pensabas, que podrías salir del infierno como si nada? ¡Qué mono!
Alex: ¿Pero por qué? ¿Por qué yo? No he sido un mal tío, hay gente mucho peor.
Lucifer: Lo sé, pero ya estaba harto de tanto político junto, el infierno se estaba volviendo demasiado aburrido con tanto trajeado paseándose por aquí.
Alex: ¡No! Esto no puede ser real.
Lucifer: Si quieres darte contra un muro es tu problema. Por suerte solo puedes morir una vez, adelante, tú mismo. - Indicándole con la mano el camino hacia el muro de piedra más cercano.-

Alex miró sus manos que abría y cerraba continuamente. Aquello tenía que ser otra prueba más, él no se merecía estar allí, no era su sitio y de repente lo supo, tenía que despertar. 

Alex: No eres real, todo esto es un producto de mi imaginación, este no es mi lugar.
Lucifer: Claro que es tu lugar, no digas tonterías. Has muerto a las puertas del infierno, me lo has puesto en bandeja, gracias a tí no tuve que pelearme esta vez por tu alma con ninguno de los emplumados de mis hermanos. Servicio a domicilio.
Alex: No puedo creerme que haya caído en la trampa. No eres real. Seguramente despertaré con un buen chichón y recordaré todo esto como un mal sueño.
Lucifer: ¿Estás seguro?
Alex: Quiero despertar, quiero despertar, quiero despertar…

Alex ya no escuchaba a nadie, tan solo el sonido de su propia voz que repetía lo mismo una y otra vez. 

Entonces el cielo comenzó a agrietarse, como si todo aquello fuese un mal decorado. Las paredes salieron volando en pedazos y el suelo bajo sus pies se deshizo en millones de partículas. En cuestión de segundos Alex dio con sus posaderas en el frío y duro suelo, tras caer al vacío. Volvía a estar en la planta de arriba del hospital psiquiátrico y el sol le golpeaba de lleno a través de los agujeros de las ventanas. ¿Estaba en un bucle? Porque juraría que estaba teniendo un deja vu. 

Repitió todos los pasos, salir de allí, montar en su moto que estaba empapada por la lluvia de la noche anterior, conducir hasta el circuito… pero esta vez, al llegar a las puertas de aquél lugar no pudo reprimir un grito de alivio ya que la carrera estaba a punto de comenzar. 

Llegó al box donde su preparador y amigo estaba dando vueltas sin parar, tan nervioso por la ausencia de Alex que si hubiese tenido pelo se lo hubiese arrancado de cuajo. 

Pedro: ¿Dónde demonios estabas?

Alex: Mejor no preguntes y no me hables de demonios, que bastante tuve ya.
Pedro: Estás hecho un despojo.
Alex: Vaya Pedrito, yo también te quiero majo. ¿Cuánto me quieres no?
Pedro: Lo digo en serio Alex. ¿No te ibas a descansar antes de la carrera? ¿Qué te ha pasado?
Alex: No hay tiempo, luego te pongo al día. Ayúdame a ponerme el mono y la moto a punto. 

Pocos minutos después, la carrera daba comienzo. Alex parecía volar por la pista y no dejaba de adelantar a un corredor tras otro hasta llegar a la primera posición. Todo iba de lujo, se sentía vivo y solo le quedaba la última vuelta para convertirse en campeón. Sus sueños se cumplirían por fin y estaba seguro que todo su esfuerzo había merecido la pena.

Pedro: La última curva, tranquilo, vas muy bien, estás en cabeza. – Le dijo a Alex a través de la radio del casco.-
Lucifer: La última vuelta y serás campeón, mi campeón.- Escuchó Alex en su cabeza y no precisamente debido a la radio.- 

Entonces supo lo que tenía que hacer, disminuyó la velocidad mientras Pedro le gritaba que no se rindiese, que ya estaba hecho, pero Alex sabía que si cruzaba el primero la línea de meta, su vida ya no le pertenecería, así que se dejó pasar y subió al pódium en segunda posición. 

Cuando Pedro le recibió y le pidió explicaciones acerca de lo que había sucedido, Alex le sonrió.

Alex: Tranquilo amigo, ésta carrera no era para mí, prometo que en la próxima los barreré a todos de la pista.
Pedro: No lo entiendo Alex, pero sabes que estoy contigo pase lo que pase, tus motivos tendrás, aunque sigo sin entenderlo chico.

Alex levantó la vista hacia el lugar donde el campeón de la carrera se encontraba rodeado de gente y allí estaba él, el demonio. Lucifer se encontraba felicitando al campeón y se ofreció para patrocinarle, cosa que el chico aceptó. Después miró a Alex y le saludó con la cabeza, Alex hizo lo propio y cuando fue a hacer lo mismo con el campeón lo supo, ese chico no era la primera vez que se cruzaba con el demonio y Alex lo vio reflejado en sus ojos, su alma ya no le pertenecía y aquél chico lo sabía. 

Alex: No te preocupes Pedro, todo ocurre por un motivo y así es como debe ser. Venga, te invito a unas cervezas para celebrar el triunfo. - Cogiendo a Pedro del cuello y haciendo que se agache para sacarle brillo a su calva.-


FIN

miércoles, 17 de agosto de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 4



Caía sin cesar, pasaba de unas manos a otras sin control y aquello no parecía tener fin. Aquellos seres tiraron de él hasta desgarrarle la camiseta y hacérsela añicos, por suerte su cazadora de la suerte seguía intacta. 

Con el pelo alborotado y la cara llena de arañazos, siguió descendiendo hacia las profundidades del mismísimo infierno, donde comenzó a notar un calor asfixiante que le impedía respirar con normalidad. ¿Sería aquél su destino? ¿Cuánto más seguiría cayendo antes de morir?


De repente una luz llamó su atención. Miró hacia abajo y vio una especie de saliente entre la multitud de brazos que le esperaba. Como pudo, consiguió saltar a dicho saliente y abrir la puerta de madera roída que allí se encontraba y para su asombro, no pudo creerse lo que vio ante sus ojos. 


Estaba en la calle, enfundado en su chupa de cuero y con el casco puesto. Frente a él, había una joven rubia de ojos azules encima de una Ducati 916, su moto favorita. 


Shane: ¿A qué esperas? ¡Sube, nos pisan los talones!

Alex: ¿Quién?… ¿Pero qué demonios les has hecho a esos tipos?– Al ver el grupo de motoristas de “los ángeles del infierno” que les perseguía, cadena en mano.


Alex subió a la moto, arrancó y la rubia se sujetó a su cintura para no caerse.


Alex: Creo que no nos han presentado como es debido. –Mirando las manos de la joven que se aferraban a él peligrosamente.

Shane: ¡Déjate de tonterías y conduce!


Salieron a toda pastilla de allí, la moto volaba sobre el asfalto y “los ángeles del infierno” apenas podían seguirles el paso. Entonces Alex comenzó a pensar que todo aquello no tenía sentido, aquella chica que no le sonaba de nada, parecía conocerle bastante bien a él, pero cómo había llegado él hasta allí era todo un misterio. 


Tomó las curvas al límite, sintiendo el calor del asfalto recorrer todo su cuerpo y la adrenalina se apoderó de él sin remedio. Shane clavó sus uñas con fuerza en la chaqueta de cuero de Alex y eso hizo que éste fuese aún más rápido. De repente, cruzaron una señal que indicaba que el puente por el que iban se encontraba en obras.


Alex: ¡No podremos seguir, el puente está sin acabar, falta un buen trozo! –Al ver el gran hueco unos metros más allá.

Shane: Confío en ti Alex, sé que lo conseguirás.

Alex: ¿Estás loca? ¡Es imposible!

Shane: Nada es imposible si estamos juntos. ¡HAZLO!


Alex cerró los ojos y la moto salió volando por los aires durante un par de segundos, aunque a nuestro intrépido motorista le parecieron más que segundos una eternidad. De pronto, sintió como el agua le rodeaba por completo, estaba claro que había muerto o estaba a punto de hacerlo, porque se estaba ahogando. 

Notó como algo rozaba sus labios y poco después sus pulmones se llenaban de aire. Abrió los ojos para mirar a la muerte de frente, como siempre había dicho que haría y se quedó perplejo.

Alex: ¿Estamos en una piscina? Pero… ¡Se mueve! –Saliendo a la superficie para respirar.

Shane: Cariño, eres el mejor. Has conseguido aterrizar en la piscina de un tráiler en marcha. Cada día me sorprendes un poquito más. –Acercándose a él, colocando los brazos alrededor de su cuello y besándole apasionadamente.


Alex no se podía creer que hubiese hecho todo aquello, algo no encajaba, no podía ser real. Reconocía que era un buen conductor, pero tanto… 


De pronto Shane sacó una pistola y disparó dos tiros certeros sin separarse un ápice de Alex, que se alejó de ella un poco asustado, para ver lo que había ocurrido. Un ángel del infierno se había colado de polizón en el tráiler y había intentado matarle, ahora ya no sería un problema.


Shane: ¿Por dónde íbamos? – Acercándose a él para poder besarle de nuevo.

Alex: ¡NO, PARA! Esto es demasiado raro, aquí pasa algo.

Shane: ¿Qué va a pasar? Acabo de salvarte la vida, estamos en paz. Podemos continuar donde lo habíamos dejado. 


Alex salió de la piscina, estaba empapado, pero lo extraño era que no sentía nada, ni frío, ni calor, absolutamente nada.


Shane: ¿De verdad me vas a dejar aquí sola? – Jugando con el agua para llamar su atención.


El joven miró a la increíble chica que tenía ante él, esos ojos azules le suplicaban que no se fuese, que se quedase un poco más con ella, pero ni él podía creerse lo que iba a decir a continuación, aunque así fue. 


Alex: Lo siento, pero tengo que irme. – Mirando apenado las gotas de agua que le resbalaban por el pelo de la rubia y bajaban por su escote. 


Entonces Shane volvió a sacar el arma y le apuntó a la cabeza con ella.


Alex: ¿Oye, qué haces?

Shane: Game Over.- Y lo último que escuchó fue el sonido de aquél proyectil al reventarle los sesos.
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Lucifer: ¡Lástima! ¡Menudo desperdicio! – Sentado en su sillón de terciopelo negro dentro de una sala llena de cámaras de vigilancia. – Arriba el telón, el espectáculo debe continuar.

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Pedro: ¿Alex me oyes? Vamos campeón, abre los ojos. ¡LA CARRERA ALEX, LA CARRERA!



Continuará…

sábado, 9 de julio de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 3



Alex miró la habitación en la que se encontraba, intentando hallar una salida. ¿Quién le mandaría ser tan curioso? Estaba claro que si no lograba salir de allí por su propio pie, tendría que hacer un pacto con el mismísimo Lucifer. Tres pruebas le separaban de la libertad y la primera estaba justamente frente a él. 

Cuando Cancerbero terminó de roer su hueso, se puso en pie y comenzó a relamerse mientras observaba el cuerpo tiritante de Alex de arriba abajo. Estaba claro que el campeón no tendría nada que hacer contra un perro de tres cabezas, por lo que rápidamente buscó por la habitación algo con lo que defenderse a parte de su linterna, ya que ésta no le serviría de mucho en ese momento. 

De pronto, se percató que lo único que había en aquél lugar, era un espejo antiguo con el marco dorado. Supo al instante que ese espejo le sería de gran utilidad, podría romperlo en mil pedazos con la linterna y cortar al animal con alguno de los cristales. 



Se acercó lentamente de espaldas al espejo, mientras Cancerbero se acercaba más y más a él. Alex no podía apartar la mirada de las fauces del animal, supuso que si lo hacía, sería la señal que el animal estaba esperando para devorarle, por lo que, cuando dio con su espalda en la pared y palpó con las manos para encontrar el espejo, notó algo, una respiración helada en la nuca que le hizo girarse sobre sí mismo, hasta quedar mirando de frente al espejo. 


Entonces Alex palideció al ver que en lugar de su reflejo, había una mujer con los ojos ensangrentados al otro lado del espejo. La mujer alargó los brazos atrapando a Alex por el cuello y arrastrándole hacia el interior del espejo con ella, a la par que emitía un grito desgarrador. El perro se abalanzó al ver que le arrebataban a su presa y estuvo a punto de atrapar la pierna de Alex, pero éste desapareció por completo ante la atónita mirada del animal. 



Cuando Alex cayó al suelo y se dio cuenta que estaba en una habitación como la anterior, se sintió abatido, pero a diferencia de la habitación de la que acababa de salir, en ésta había una mujer hermosa de cabello oscuro, que le sonreía desde un rincón de la habitación en lugar de un perro rabioso con un apetito voraz. La mujer se aproximó a Alex y éste intentó alejarse todo lo que pudo de ella, pero la pared no se lo permitía. Estando en el infierno, aquella mujer no debía ser nada bueno.


Alex: ¿Quién eres y qué quieres de mí?

Verónica: ¿Estás bien? He visto que has hablado con mi padre. ¿Ya te contó acerca de las tres pruebas? ¡Felicidades! Acabas de pasar la primera. Me llamo Verónica ¿Y tú quién eres, querido?

Alex: ¿Verónica? Claro, la hija del demonio, la chica del espejo.

Verónica: Premio para el listillo. Ahora me dirás que lo has deducido todo tú solito. –Riéndose falsamente.-

Alex: ¿Qué quieres de mí? – Pegado a la pared cual mosquito en un cristal.-

Verónica: No es lo que tú puedas darme a mí, sino lo que yo pueda darte a ti.


La joven se aproximó a Alex y le rodeó el cuello con sus brazos, después metió una de sus manos bajo la camiseta del joven asustado y la dejó reposar sobre su corazón, mientras le susurraba al oído dulcemente algo que Alex jamás olvidaría. 


Verónica: Puedo darte todo cuanto desees, aquello que anhela tu corazón. Solo debes pedírmelo. – Mientras le besaba en el cuello dulcemente.- 


Alex: Yo… - No sabía lo que le sucedía, pero se sentía embriagado por aquella extraña y a la par hermosa mujer. No podía moverse, ni si quiera a duras penas podía respirar, tan solo podía pensar en ella y todo lo demás se volvió insignificante.-

Verónica: ¡Quédate conmigo y yo te haré feliz! – Mordiéndole en el cuello y clavándole las uñas en el pecho, justo en el corazón.-

Alex: ¡No! – Mandando a Verónica de un empujón al otro lado de la habitación.- ¡¿Qué me hiciste, bruja?!

Verónica: Craso error. Te arrepentirás de tu elección. – Muy enfadada y a punto de estallar, mientras alzaba los brazos y apuntaba al centro de la habitación.- 


Instantes después, los adoquines del suelo comenzaron a desintegrarse uno a uno y Alex notó un calor asfixiante que salía de aquél agujero. Entonces se llevó las manos al cuello y comprobó que de él emanaba un fino hilillo de sangre donde Verónica le había mordido, después se fijó en el abismo que nuevamente se abría paso ante sus pies y lo observó más detenidamente. De las paredes del agujero salían unas manos que se agitaban con fuerza, unas manos que reclamaban el cuerpo de Alex, como si supiesen que muy pronto se uniría a ellos para el resto de la eternidad.


Alex intentó escapar como la vez anterior, palpando las paredes para ver si algún resorte le volvía a salvar la vida, pero no tuvo tanta suerte esta vez y al final el abismo se lo tragó.

Continuará...

jueves, 23 de junio de 2016

Carretera al Infierno. Capítulo 2



Mientras descendía por la quebradiza escalera, miró hacia arriba y pudo ver que había descendido al menos 5 plantas, pero aquello no parecía tener fin. Continuó bajando y notando cómo el calor se hacía cada vez más y más insoportable.

De repente, se topó con una gran puerta de piedra que tenía unas figuras grabadas en relieve y le dio muy mala espina. Los pelos se le pusieron como escarpias y las manos comenzaron a sudarle por la presión del momento, pero sabía que si se marchaba de allí sin saber lo que había tras esas puertas, su curiosidad jamás se lo perdonaría y le torturaría para el resto de sus días.

 Empujó la gran puerta y se dio cuenta que era más pesada de lo que creía, por lo que tuvo que empujar aún con más fuerza hasta conseguir que cediera un poco. Entonces escuchó un ruido y al mirar tras de sí al hueco de la escalera, vio como varios trozos de cemento caían hacia el abismo sin descanso. La escalera en la que estaba se desmoronaba a toda velocidad y no le quedaba otra opción que atravesar esas puertas o perecer en el intento. Empujó y empujó con todas sus fuerzas, mientras el descansillo en el que se encontraba se iba desintegrando por momentos, entonces dio un último empujón y consiguió entrar de golpe en la sala, cayendo al suelo antes que el último resquicio de escalera desapareciese bajo sus pies y le arrastrase a él también.

Alex: ¡Joder, por poco no lo cuento! – Sobresaltado por el esfuerzo.- 

Se puso en pie, recogió la linterna que comenzaba a fallar y le dio unos golpecitos para ver si así conseguía arreglarla. Entonces alzó la vista y se percató que la estancia en la que se encontraba, había estado abandonada durante muchos años. Las paredes y el suelo de piedra, estaban repletos de cadenas con grilletes clavados en ellas. Aquella mazmorra fría y húmeda, hizo que a Alex le temblasen las piernas por primera vez en mucho tiempo. De repente la luz de su linterna se apagó. No podían ser las pilas, las acababa de comprar. ¿Qué demonios estaba pasando? 

Al levantar la vista, se percató de una luz rojiza que se vislumbraba en un rincón de la habitación y al acercarse a ella, se dio cuenta que en la pared había una puerta oculta. Comenzó a tocar a oscuras todas las piedras de aquél muro, hasta que dio con la clave. Empujó una de las piedras y escuchó saltar un resorte. Con una sonrisa triunfal, contempló cómo la puerta oculta se abría ante él y daba paso a otra estancia igual de grande, pero iluminada con antorchas. Al entrar en dicha estancia, comprobó que las peores pesadillas de cualquier persona, podrían estar bien ambientadas en aquél lugar. Una pila de huesos humanos y un perro de tres cabezas le dieron la bienvenida.

Alex: Esto no puede estar pasando. ¿Estoy en el infierno? –Mirando a las fauces que el perro le mostraba.- 

Lo único que le separaba de convertirse en la comida de Cancerbero, era aquella pequeña linterna que sujetaba con fuerza entre sus manos. Si debía morir, lo haría luchando, por lo que Alex se puso en posición de ataque y el perro perdió el interés en el joven que parecía perplejo al ver al perro tumbarse de nuevo, para seguir royendo uno de sus huesos. 

Alex: El golpe que me di en la cabeza me debe haber afectado más de lo que yo creía. – Llevándose la mano a la cabeza, donde la sangre reseca indicaba la zona afectada.- 

De pronto se escucharon unas palmadas y Alex giró sobre sus talones, para ver de dónde procedía aquél sonido. 

Hombre misterioso: Empezaba a pensar que ya no vendrías, llevo mucho tiempo esperándote Alex.

Alex: ¿Quién demonios eres?

Hombre misterioso: No vas desencaminado, muchacho. Algunos me llaman “Portador de Luz”, otros “Ángel de las Tinieblas”. Anticristo y Satanás los oigo muy a menudo, pero seguramente tú me conocerás por Lucifer. Puedes llamarme como más te plazca. 

Alex: Seguramente esto sea un sueño, pero vale, te seguiré el juego. ¿Qué quieres de mí? ¿Mi alma? Porque no está en venta. 

Lucifer: ¿Estás seguro, Alejandro? Yo sé lo que en verdad ansía tu corazón. Quieres competir contra los mejores y ganarles. Sueñas con ser una gran leyenda dentro y fuera del circuito. Conmigo lo puedes lograr, Alex, solo he de chasquear los dedos y todo lo que deseas, todo lo que de verdad necesitas para ser feliz, será tuyo.

Alex: Es tentador, no te lo niego. ¿Pero qué me pasaría si no tuviese alma?

Lucifer: El alma en los seres humanos está demasiado sobrevalorada. Para vosotros no sirve de mucho, solo os trae sufrimiento. Sin ella nada podrá dañarte, nada más importará, excepto tú mismo, tus problemas desaparecerán por completo. No es un mal trato.

Alex: ¿Y de qué te sirve a ti mi alma? Seguramente ya tendrás muchas allá abajo.

Lucifer: El infierno no se mantiene solo, necesita energía y el alma es solo eso. Pero como ya te dije, a vosotros los humanos no os hace ninguna falta, podéis vivir sin conciencia y ser felices eternamente o tener conciencia y vivir atormentados para el resto de vuestros días. ¡Piénsalo Alex! Premios, reconocimiento, fama, dinero, mujeres hermosas. ¿Qué más se puede pedir?

Alex: Lo siento pero creo que paso. Me gusta conseguir las cosas por mí mismo. 
Lucifer: Nadie consigue nada gratis, chico. Si tú no haces el trato, otro lo hará por y tú jamás ganarás nada.
Alex: Sigo diciendo que NO, pero gracias por la oferta. Ahora… ¿Cómo salgo de aquí?
Lucifer: ¿No esperarás que yo te lo diga, verdad? Quien entra en el infierno, no vuelve a salir a menos que pase las 3 pruebas.
Alex: ¿Qué pruebas?
Lucifer: Todo a su tiempo, Alejandro, todo a su tiempo. Aunque yo en tu lugar no me emocionaría demasiado. NADIE ha logrado pasar de la segunda, JAMÁS.

De pronto Lucifer chasqueó los dedos y desapareció ante la atónita mirada de Alex, que seguía observando al perro mientras éste devoraba su hueso, con miedo a ser el siguiente plato en el menú del chucho.

Continuará…