jueves, 23 de junio de 2016

Carretera al Infierno. Capítulo 2



Mientras descendía por la quebradiza escalera, miró hacia arriba y pudo ver que había descendido al menos 5 plantas, pero aquello no parecía tener fin. Continuó bajando y notando cómo el calor se hacía cada vez más y más insoportable.

De repente, se topó con una gran puerta de piedra que tenía unas figuras grabadas en relieve y le dio muy mala espina. Los pelos se le pusieron como escarpias y las manos comenzaron a sudarle por la presión del momento, pero sabía que si se marchaba de allí sin saber lo que había tras esas puertas, su curiosidad jamás se lo perdonaría y le torturaría para el resto de sus días.

 Empujó la gran puerta y se dio cuenta que era más pesada de lo que creía, por lo que tuvo que empujar aún con más fuerza hasta conseguir que cediera un poco. Entonces escuchó un ruido y al mirar tras de sí al hueco de la escalera, vio como varios trozos de cemento caían hacia el abismo sin descanso. La escalera en la que estaba se desmoronaba a toda velocidad y no le quedaba otra opción que atravesar esas puertas o perecer en el intento. Empujó y empujó con todas sus fuerzas, mientras el descansillo en el que se encontraba se iba desintegrando por momentos, entonces dio un último empujón y consiguió entrar de golpe en la sala, cayendo al suelo antes que el último resquicio de escalera desapareciese bajo sus pies y le arrastrase a él también.

Alex: ¡Joder, por poco no lo cuento! – Sobresaltado por el esfuerzo.- 

Se puso en pie, recogió la linterna que comenzaba a fallar y le dio unos golpecitos para ver si así conseguía arreglarla. Entonces alzó la vista y se percató que la estancia en la que se encontraba, había estado abandonada durante muchos años. Las paredes y el suelo de piedra, estaban repletos de cadenas con grilletes clavados en ellas. Aquella mazmorra fría y húmeda, hizo que a Alex le temblasen las piernas por primera vez en mucho tiempo. De repente la luz de su linterna se apagó. No podían ser las pilas, las acababa de comprar. ¿Qué demonios estaba pasando? 

Al levantar la vista, se percató de una luz rojiza que se vislumbraba en un rincón de la habitación y al acercarse a ella, se dio cuenta que en la pared había una puerta oculta. Comenzó a tocar a oscuras todas las piedras de aquél muro, hasta que dio con la clave. Empujó una de las piedras y escuchó saltar un resorte. Con una sonrisa triunfal, contempló cómo la puerta oculta se abría ante él y daba paso a otra estancia igual de grande, pero iluminada con antorchas. Al entrar en dicha estancia, comprobó que las peores pesadillas de cualquier persona, podrían estar bien ambientadas en aquél lugar. Una pila de huesos humanos y un perro de tres cabezas le dieron la bienvenida.

Alex: Esto no puede estar pasando. ¿Estoy en el infierno? –Mirando a las fauces que el perro le mostraba.- 

Lo único que le separaba de convertirse en la comida de Cancerbero, era aquella pequeña linterna que sujetaba con fuerza entre sus manos. Si debía morir, lo haría luchando, por lo que Alex se puso en posición de ataque y el perro perdió el interés en el joven que parecía perplejo al ver al perro tumbarse de nuevo, para seguir royendo uno de sus huesos. 

Alex: El golpe que me di en la cabeza me debe haber afectado más de lo que yo creía. – Llevándose la mano a la cabeza, donde la sangre reseca indicaba la zona afectada.- 

De pronto se escucharon unas palmadas y Alex giró sobre sus talones, para ver de dónde procedía aquél sonido. 

Hombre misterioso: Empezaba a pensar que ya no vendrías, llevo mucho tiempo esperándote Alex.

Alex: ¿Quién demonios eres?

Hombre misterioso: No vas desencaminado, muchacho. Algunos me llaman “Portador de Luz”, otros “Ángel de las Tinieblas”. Anticristo y Satanás los oigo muy a menudo, pero seguramente tú me conocerás por Lucifer. Puedes llamarme como más te plazca. 

Alex: Seguramente esto sea un sueño, pero vale, te seguiré el juego. ¿Qué quieres de mí? ¿Mi alma? Porque no está en venta. 

Lucifer: ¿Estás seguro, Alejandro? Yo sé lo que en verdad ansía tu corazón. Quieres competir contra los mejores y ganarles. Sueñas con ser una gran leyenda dentro y fuera del circuito. Conmigo lo puedes lograr, Alex, solo he de chasquear los dedos y todo lo que deseas, todo lo que de verdad necesitas para ser feliz, será tuyo.

Alex: Es tentador, no te lo niego. ¿Pero qué me pasaría si no tuviese alma?

Lucifer: El alma en los seres humanos está demasiado sobrevalorada. Para vosotros no sirve de mucho, solo os trae sufrimiento. Sin ella nada podrá dañarte, nada más importará, excepto tú mismo, tus problemas desaparecerán por completo. No es un mal trato.

Alex: ¿Y de qué te sirve a ti mi alma? Seguramente ya tendrás muchas allá abajo.

Lucifer: El infierno no se mantiene solo, necesita energía y el alma es solo eso. Pero como ya te dije, a vosotros los humanos no os hace ninguna falta, podéis vivir sin conciencia y ser felices eternamente o tener conciencia y vivir atormentados para el resto de vuestros días. ¡Piénsalo Alex! Premios, reconocimiento, fama, dinero, mujeres hermosas. ¿Qué más se puede pedir?

Alex: Lo siento pero creo que paso. Me gusta conseguir las cosas por mí mismo. 
Lucifer: Nadie consigue nada gratis, chico. Si tú no haces el trato, otro lo hará por y tú jamás ganarás nada.
Alex: Sigo diciendo que NO, pero gracias por la oferta. Ahora… ¿Cómo salgo de aquí?
Lucifer: ¿No esperarás que yo te lo diga, verdad? Quien entra en el infierno, no vuelve a salir a menos que pase las 3 pruebas.
Alex: ¿Qué pruebas?
Lucifer: Todo a su tiempo, Alejandro, todo a su tiempo. Aunque yo en tu lugar no me emocionaría demasiado. NADIE ha logrado pasar de la segunda, JAMÁS.

De pronto Lucifer chasqueó los dedos y desapareció ante la atónita mirada de Alex, que seguía observando al perro mientras éste devoraba su hueso, con miedo a ser el siguiente plato en el menú del chucho.

Continuará…

miércoles, 15 de junio de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 1º



Alex estaba batiendo todos los records en la pista, las ruedas de su Ducati apenas rozaban el asfalto, pero era de esperar, se conocía aquél circuito como la palma de su mano. 


Pedro: ¡Genial campeón! Estoy seguro que los barrerás a todos de la pista este domingo en la carrera. – Le dijo su preparador al terminar las vueltas de entrenamiento.-


Alex: No sé lo que me pasa, pero me siento genial. Llevo unos días trabajando a tope y creo que tanto esfuerzo ha dado sus frutos. – Bajándose de la moto y quitándose el casco para beber un poco de agua.-


Pedro: Pero también tienes que descansar, ya lo sabes. Machácate todo lo que quieras en la pista, pero no fuera de ella. Vete a casa o a dar una vuelta. Tómate el resto del día libre y mañana nos vemos en el circuito. Has trabajado demasiado y no quiero que te agotes antes de tiempo, debes estar al 100%. Ya sabes que nos jugamos mucho con esto.


Alex: Lo sé, tienes razón. Me iré a casa a descansar, últimamente no duermo muy bien por culpa de los nervios.


Pedro: Venga vete, yo me encargo de recoger todo esto. ¡Largo! –Intentando parecer más serio de lo que estaba en realidad.-


Alex: ¡A sus órdenes, mi coronel! –Cuadrándose ante él.-

Pedro: ¡Déjate de cachondeítos y vete de una vez! –Sonriendo al muchacho mientras se marchaba rápidamente, para evitar que la toalla que Pedro le había lanzado le diese en la espalda.-


Alex hizo caso a su preparador y se fue directamente a casa, estaba agotado y necesitaba una buena ducha para refrescarse un poco, pero no pudo evitar detenerse a mitad de camino en medio de la carretera y dar media vuelta pocos segundos después. Las motos le encantaban, para Alex eran su vida, pero no su única afición. Había algo más que conseguía hacer que despejase su mente por completo y le inyectaba esa adrenalina que necesitaba para convertirse en un auténtico campeón, su afición por explorar lugares abandonados siempre fue su secreto mejor guardado.


Detuvo su moto a los pies de un gran edificio sucio y destartalado, cuyos ventanales, que ahora se encontraban llenos de polvo o carentes de cristales, habían vivido tiempos mejores. Los alrededores de aquél lugar estaban llenos de vegetación, como si la madre naturaleza anduviese reclamando el terreno, que anteriormente, la mano del hombre le había arrebatado. La valla que rodeaba aquél frío y oscuro lugar, se encontraba abierta de par en par, algo que Alex achacó a la racha de buena suerte que experimentaba esos últimos días. 

Apagó las luces, quitó las llaves del contacto y descendió de la moto. Comenzaba a llover y las gotas de agua resbalaban por la cazadora de cuero negro en la que iba enfundado. Decidió poner la moto a salvo de la lluvia, bajo la copa de un gran roble cercano. Se quitó los guantes, abrió el sillín de la moto y los metió allí, sacó la linterna que le acompañaba a todas partes y se encaminó hacia el gran edificio que se alzaba ante sus pies. Tenía que darse prisa, colarse en un sitio abandonado es un delito y no quería terminar en el calabozo y perderse la carrera más importante de su vida. 


La puerta estaba cerrada, había una gruesa cadena que le impedía pasar, por lo que se dio una vuelta por el lugar y encontró una ventana por la que colarse. Estaba un poco alta, pero por suerte había unas cajas de madera muy cerca de allí y las usó a modo de escalón. Al saltar al otro lado, su vieja lesión se resintió e instintivamente se echó las manos a la rodilla.


Alex: ¡Qué mierda! La lluvia hace que me duela más de lo normal y eso que hace años del accidente


Se incorporó, dio un par de patadas al aire para comprobar que estaba bien y siguió adelante. Aquél lugar estaba lleno de hojas secas, barro y pintadas en las paredes. Apenas quedaba nada del mobiliario del antiguo hospital, Alex solo pudo ver un par de camillas oxidadas y una vieja silla de metal a la que le faltaba una de las patas.


Alex: Menudo panorama. La verdad es que no sé qué demonios pinto yo aquí.

Pero en el fondo sí lo sabía, esa sensación de electricidad que le recorría por todo el cuerpo cuando visitaba esos lugares, esa adrenalina bombeando con fuerza por su torrente sanguíneo, el saber que estaba haciendo algo prohibido y nunca le pillaban, todo eso le hacía sentir muy bien, muy poderoso y era justo lo que necesitaba en ese momento. 


Continuó por los pasillos caminando sin rumbo fijo, entraba en las habitaciones y al no ver nada interesante volvía a salir y buscaba un nuevo lugar al que acudir, hasta que su suerte cambió de repente. 


Llegó a una habitación en la que había algo extraño, restos de velas negras a medio consumir y una marca en el suelo que al principio no le llamó mucho la atención. Entonces se fijó en el marco de la ventana, había algo en ella, por lo que al alumbrar con su linterna en aquella dirección, se llevó un buen susto (cosa que jamás reconocería ante nadie, ni bajo coacción) vio alzar el vuelo a un cuervo que se dirigía directo hacia él, con los ojos inyectados en sangre y del que salía una extraña luz. Alex se agachó y llevó sus manos a la cabeza para cubrirse, haciendo que la linterna cayese al suelo y rodase por el piso unos pocos metros más allá, hasta quedar en medio de la habitación. 

Cuando el cuervo se marchó, Alex se incorporó y con una risa nerviosa y el sudor cayendo por su frente, se aproximó a la linterna y la cogió con las manos temblorosas. De pronto se percató de las marcas del suelo, alumbró aquél círculo que se vislumbraba a través de la capa de polvo y hojas secas. 


Alex: ¡Mierda! ¿Eso es sangre seca o pintura? Lo que me faltaba, seguro que estoy en la sala de fiestas de un par de frikis satánicos. Genial Alex, será mejor que te largues cagando leches antes que los locos esos regresen a seguir con la fiesta. –Se dijo a sí mismo y se dispuso a salir a toda prisa de aquella habitación.- 

Alex: ¿Qué demonios pasa?


Alex no podía moverse, algo le retenía en el interior de aquél círculo, pegado al suelo. Notó como una mano le sujetaba del brazo e intentó zafarse, pero allí con él no había nadie más, estaba solo. ¿Sería producto de su imaginación? 

Forcejeando, consiguió deshacerse del extraño agarre y corrió todo lo rápido que su pierna fastidiada le permitió. A su paso, las puertas se cerraban herméticamente de un portazo. Intentó escapar por la misma ventana por la que había accedido al lugar y una fuerza sobrenatural le impidió pasar, tirándolo al suelo de espaldas y haciendo que se golpeara la cabeza contra el suelo.


Alex: No puede ser, no… - Llevándose las manos a la cabeza y manchándose de sangre.-


Allí no había nadie que él viese a simple vista. La ventana estaba abierta, no tenía cristales y antes había entrado por ese mismo lugar, por lo que no era normal lo que estaba sucediendo. ¿Por qué ahora no podía salir de allí?


Todas las puertas estaban cerradas. ¿Tendría que quedarse allí encerrado para siempre? Pero de repente, escuchó como una puerta se abría tras él y decidió investigar. Se levantó del suelo y se dio cuenta que la única puerta abierta que había era una que daba al sótano, pero Alex no recordaba haber visto esa puerta con anterioridad y le pareció bastante extraño, ya que era conocido por fijarse en cada pequeño detalle. Entró por la puerta con cuidado y se aproximó al borde de la escalera, que comenzaba justo en ese tramo y descendía hasta perderse de vista en el abismo.


Alex: ¿Pero cuántas plantas tiene este sitio?- Al observar la interminable escalera que se encontraba ante él y descendía hacia las entrañas de aquél sombrío lugar.



Continuará…




lunes, 2 de mayo de 2016

Leyendas de cristal. Capítulo 5 "El final"



Sarah entreabrió los ojos y se llevó las manos a la cabeza. Tenía una pequeña brecha en la frente de la que emanaba un fino hilo de sangre. Miró a su alrededor, descubriendo así que la puerta del conductor estaba abierta y no había ni rastro de su acompañante. 



Recordó el motivo por el que habían tenido el accidente. El psicópata de Ben, les había sacado de la carretera haciendo ráfagas de luz con los faros del coche, sin motivo aparente. Sarah entendía que quisiera matarla a ella, pero a su propio hermano que era el que conducía, eso no lograba comprenderlo.
Entonces decidió salir de allí lo más rápido que pudo, antes que uno de los dos apareciese de nuevo, por lo que se cambió de asiento, se puso al volante del coche y cruzó los dedos para que el golpe no hubiese sido tan grave como para haber destrozado por completo el motor. Cerró la puerta y arrancó, el motor rugió y pensó que al fin tenía algo de suerte, pero como suele pasar, esa suerte no dura mucho tiempo. 
Sintió que había alguien arañando el techo, justo encima de ella y se puso como loca, metió la marcha atrás y apretó el acelerador al máximo. El coche comenzó a moverse y de pronto notó que algo ofrecía resistencia, por lo que siguió acelerando hasta que el coche se caló y la cuerda que lo sujetaba se rompió de golpe, haciendo que el coche volviese a deslizarse por la pendiente y chocase contra el árbol de nuevo y un cuerpo cayese a plomo, atravesando el destrozado parabrisas.

Sarah se llevó las manos al rostro al comprobar que el cuerpo que estaba sobre ella era el de Ben. El joven estaba en las últimas, atado por el cuello con una cuerda. Tuvo que ser él quien arañó el techo en un último gesto desesperado por sobrevivir y Sarah luchó por quitárselo de encima a toda costa. Ben intentó avisarla de algo con su último aliento, pero ella estaba tan conmocionada que lo sacó fuera del coche sin prestarle atención y salió de allí marcha atrás a toda velocidad. 

Iba conduciendo con los ojos empañados por las lágrimas, de vuelta a la comisaría cuando se dio cuenta que apenas le quedaba gasolina. Unos metros más allá, había una gasolinera donde esperaba encontrar una cabina de teléfonos o que el trabajador de la gasolinera le prestase un móvil con el que llamar a emergencias.


El hombre de la gasolinera se aproximó a echarle gasolina cuando Sarah detuvo el coche junto a los surtidores y ella, saliendo rápidamente del coche le dijo que no era necesario, que solo necesitaba un teléfono para llamar a la policía y un lugar donde quedarse hasta que llegaran.  


Trabajador: ¿Está usted bien, señorita? Menudo accidente ha debido tener.


Tras ver cómo el hombre palidecía de golpe y se le dibujaba una mueca de terror en la cara, le siguió al interior del local, suponiendo que el asombro de verla de una pieza tras observar el impacto del coche, sería como haber divisado un auténtico fantasma.


Cuando la joven entró, el hombre echó el cierre de la puerta apresuradamente y Sarah sintió que la pesadilla continuaba. Se apartó hacia atrás al ver que se aproximaba hacia ella con paso firme y sintió que algo no iba bien. Cuando el hombre le pidió a Sarah que no se asustase y le dijo que había visto a un hombre escondido en el asiento trasero de su coche con un hacha en la mano, Sarah recordó que no había visto en el coche a David cuando se despertó y tragó saliva con dificultad.



Sarah: ¡Es él y viene a por mí!

El hombre intentó llamar a emergencias, pero alguien había cortado la línea del teléfono y justo cuando se lo estaba notificando a Sarah, las luces se apagaron y todo quedó en penumbras.



Sarah: Tenemos que salir de aquí, ya. ¿Tiene algún coche en el que poder huir?



El hombre le dijo que sí y cuando se disponían a salir corriendo del establecimiento en dirección al aparcamiento, escucharon una explosión que hizo saltar los cristales de la gasolinera por los aires.



Trabajador: ¡Mi coche! – Al ver el pequeño automóvil envuelto en una bola de fuego.- ¡Ahora sí que tenemos que salir de aquí, esto va a explotar!



El trabajador iba en cabeza y justo cuando atravesó el umbral de la puerta, David apareció y le clavó el hacha en el pecho, haciendo que cayese de rodillas al suelo y Sarah gritase horrorizada. Estaba harta de toda aquella situación y sobre todo, de ser la víctima de su propia película de terror.

Decidida a morir luchando, se abalanzó sobre David mientras éste arrancaba el hacha del cuerpo inerte del trabajador, haciendo que cayese de espaldas y Sarah quedase tendida sobre él.
Consiguió que soltase el hacha, mordiéndole la mano con la que la sujetaba y rodaron en dirección contraria sobre el asfalto. Esta vez, David quedó sobre ella y puso sus manos alrededor de su cuello para asfixiarla.



David: No te resistas. ¡Deja de luchar!

Ésta intentó alargar el brazo todo lo posible para atrapar el hacha con su mano derecha, pero le faltaban unos centímetros y no llegaba. Su visión se volvía más y más borrosa por momentos y sabía que no tenía otra opción que pelear por seguir respirando, así que reunió fuerzas de donde no las había y puso los pulgares en los ojos de David, apretando  tanto como pudo. Él apartó las manos del cuello de Sarah y ésta aprovechó para propinarle un derechazo directo a la mandíbula, seguido de un empujón certero, consiguiendo así apartarlo de ella lo suficiente como para escabullirse y recoger el hacha del suelo antes que lo hiciese él.


Ahí estaba ella, con el hacha bien sujeta entre sus manos y su agresor cara a cara, mirándola fijamente a los ojos.



David: No me vas a matar. No tienes lo que hay que tener para hacerlo. Suelta el hacha, no quiero hacerte daño. Podemos ser felices juntos ahora que mi hermano no está.



Entonces Sarah echó el cuerpo hacia atrás, cogió impulso y le clavó la pesada hacha en la cabeza con todas sus fuerzas, haciendo que éste cayera al suelo sin vida y ella terminase salpicada por la sangre de su agresor.

Sarah: Si quieres matar a alguien, no le des un discurso, hazlo sin más. Y por cierto, sí tengo lo que hay que tener, se llama instinto de supervivencia. ¿Te ha gustado, puerco? – Escupiendo al cadáver del hombre que había destrozado su vida por completo.-



Se fijó en la sangre que resbalaba por la hoja del hacha y notó cómo se le escurría de la mano. La dejó caer mientras apartaba la mirada y se sentó en un bordillo cercano a descansar. 


Observó la escena mientras recapitulaba todo lo que había vivido hasta ese momento. El secuestro, el encierro, las torturas, David, Ben, la sangre por todas partes y todo lo que había sentido a lo largo de su cautiverio. Se dio cuenta que ya no era la misma persona, ya no quedaba nada de la joven recién graduada que había sido meses atrás. Sus manos estaban manchadas de sangre y eso nada lo podría cambiar. 


A lo lejos se escucharon las sirenas de los coches patrulla. Al parecer, un camionero había visto la explosión en la gasolinera y había dado el aviso.



Agente 1: ¡Póngase de rodillas con las manos en la nuca! – Apuntándole con un arma.-

Agente 2: ¡Para, es ella! – Bajando el arma de su compañero.-

Agente 1: Lo siento mucho señorita, la hemos estado buscando por todas partes. ¿Se encuentra bien?

Sarah: Sí, ahora sí.

Agente 2: Venga con nosotros, la llevaremos al hospital. ¿Qué ha pasado?

Sarah: Antes he de hacer una última parada, ya recuerdo dónde estuve encerrada y aún queda gente a la que salvar.


FIN

sábado, 23 de abril de 2016

Leyendas de cristal. Capítulo 4



Sarah se acercó a Ben que llevaba una cinta negra de seda y una brida en la mano. La joven juntó sus muñecas y él se las ató con la brida. Tras esto, le mostró una pequeña sonrisa a través del pasamontañas que llevaba puesto y le vendó los ojos.


Ella caminaba delante, guiada por las manos de Ben que se encontraban sobre sus hombros. Cuando se encontraron a los pies de una escalera, él la frenó y puso sus manos en la cintura de Sarah, se acercó a su oído y entre susurros le fue indicando cuando había un tramo de escaleras y cuando no. Sarah se sentía sucia al notar aquellas manos sudorosas sobre su cintura y aquél aliento a menta sobre su piel, pero se dijo a sí misma que si quería salir de allí no le quedaba otra que aguantar un poco más, por lo que tomó aire y siguió adelante.



Pocos minutos después, el aire fresco le golpeó en la cara y la luz de una farola, le hizo apartar la mirada al verse despojada de la venda de los ojos. Había permanecido tanto tiempo a oscuras que cualquier cambio de iluminación le hacía daño a la vista.



Ben: Ya estás fuera. ¿Contenta?


Sarah, intentó llenarse los pulmones con aquél aire con olor a pescado podrido. Seguramente estaban cerca de un puerto, ya que había escuchado en la lejanía la sirena de un gran barco al salir.



Ben: ¿Ya tuviste suficiente?

Sarah: Nunca es suficiente, pero has cumplido tu parte del trato y ahora yo cumpliré la mía. – Volviendo a tragar saliva, porque sabía lo que le esperaba.



Volvió a vendarle los ojos y mientras él cerraba la puerta con todos sus cerrojos, ella se precipitó por las escaleras de un salto.



Ben: ¡NOOO!



Sarah estaba medio inconsciente al final de la escalera, tenía un fuerte golpe en la cabeza, pero estaba viva. Ben la cogió en brazos y la llevó a toda prisa hasta una habitación cercana, donde la depositó en una cama medio desecha y le quitó la venda de los ojos.



Ben: ¿Qué has hecho? ¿Por qué? Iba todo tan bien entre nosotros.



Comenzó a recorrer la habitación y se acercó a ella con un montón de instrumental médico. Tras examinarla, le quitó la brida de las manos y la dejó descansar. Horas después y viendo que no se despertaba, se marchó dejando a Sarah encerrada en aquella habitación bajo llave.



Sarah abrió los ojos de golpe y tomó una gran bocanada de aire. Su plan, aunque un poco arriesgado, había funcionado a la perfección. Había contado los pasos mentalmente y había recordado todos los giros que habían hecho hasta llegar a la habitación desde la salida. Al fin estaba fuera de ese cubículo y aunque muy dolorida, tenía las fuerzas necesarias para escapar de allí. Se levantó de la cama y lo primero que hizo fue revisar los monitores, vio a Ben ensañarse con un sujeto a través de las cámaras de infrarrojos, le estaba dando una paliza de muerte en la oscuridad. Rebuscó por la habitación algo con lo que abrir las cerraduras y encontró una habitación contigua llena de objetos, pensó que serían las pertenencias de todas aquellas personas secuestradas a lo largo de los años. Por suerte para ella, entre aquellas cosas había un estuche con ganzúas y una palanca de hierro. 



Sarah: Al fin algo de suerte. –Se dijo aliviada.-



Cogió una chaqueta y abrió la puerta después de varios intentos. Consiguió llegar a la escalera sigilosamente y al ver todas las cerraduras, por poco entra en pánico. No tendría tiempo de abrirlas todas antes de ser descubierta y la palanca haría mucho ruido, por lo que tenía que darse mucha prisa. Comenzó a hacer palanca con los cerrojos y uno tras otro, fueron cediendo y saltando por los aires. Cuando le quedaba solo uno escuchó a Ben gritar, estaba claro que había descubierto que no estaba y había salido a buscarla.



Por fin el último cierre saltó y Sarah salió a correr como alma que llevaba el diablo. Corrió y corrió hasta que no pudo más. No tenía fuerzas, por lo que se escondió en uno de los grandes barcos a pasar la noche, pero con el temor a ser descubierta apenas pudo pegar ojo. 


A la mañana siguiente se despertó con los primeros rayos de sol, la luz entraba por las pequeñas ventanas con forma de ojo de pez del barco, dándole en toda la cara. Miró por todas partes antes de salir de su escondrijo y cuando vio el terreno libre, echó a correr. Unas horas después, estaba sentada con una manta sobre los hombros y una taza de café caliente entre sus manos en una comisaría cercana.



Llevaban horas interrogándola y ya comenzaba a hacerse de noche.



Policía: Una última vez, señorita. Necesito que me repita toda la historia desde el principio. De esa forma podremos encontrar el lugar que usted nos ha descrito y detener a su secuestrador.

Sarah: Lo haré, señor agente. Ese hombre sigue ahí fuera y yo soy la primera interesada en que lo atrapen. Pero no lo recuerdo, tan solo sé que había un puerto cerca, allí fue donde pasé la noche, ya se lo he dicho.

Policía: Pero el puerto es inmenso, señorita. Nos llevaría semanas dar con su localización y para entonces ya sería tarde.

Sarah: ¿Y cree que no lo sé?


De repente, las luces se apagaron.



Sarah: ¿Qué fue eso? – Levantándose de golpe de la silla.

Policía: No se preocupe solo fue un corte de luz, enseguida volverá, tenemos un generador.

Sarah: ¿Está seguro? ¿Y entonces por qué no funciona?

Policía: No se mueva de aquí, en seguida vuelvo. – Saliendo por la puerta.-



Sarah comenzaba a impacientarse, estaba a oscuras con la única compañía de una pequeña linterna que le había dejado el policía y al escuchar tanto movimiento fuera, la linterna se le escurrió de las manos, cayendo al suelo. Cuando se acercó para recuperarla, su mano se rozó con la de alguien más y al levantar la linterna del suelo, no se lo podía creer.



Sarah: ¿David? ¿Eres tú? ¿Pero cómo?

David: Hola Sarah. ¿Me echabas de menos?

Sarah: No lo puedo creer, él te mató. Vi aquél lugar y había demasiada sangre.

David: Me dio por muerto, pero no lo estaba. Me tiró al agua y unos trabajadores del puerto me rescataron.

Sarah: Me alegra tanto que estés vivo. – Abrazándole.-

David: Y yo. Ahora no hay tiempo, él está aquí. Debemos irnos.

Sarah: Pero la policía nos ayudará.

David: No hay tiempo, los policías no tienen nada que hacer contra él.

Sarah: Es solo un hombre, si yo pude escapar de sus garras, seguro que los policías puden atraparlo.

David: ¿Estás segura que solo hay un secuestrador?

Sarah: Sí, yo… El siempre hablaba en primera persona.

David: Es imposible que montase todo aquello él solo, Sarah. Yo soy más alto y más fuerte que él y aun así casi me mata. ¿Por qué entonces apaga las luces cada vez que nos visita? Si nos va a matar de todas formas, se lo podría ahorrar. ¿No crees?



Sarah se quedó pensando en las palabras que David le había dicho y recordó algo. ¿Por qué había dos sillas en la sala de vigilancia? De pronto se dio cuenta que no era tan lista como ella creía, por lo que miró a los ojos de David a través de la poca iluminación que les brindaba la linterna y asintió.



Sarah: Está bien, te seguiré.



David cogió la mano de Sarah y salieron por la puerta de la comisaría como si no pasase nada. Los policías iban de un lado para otro intentando averiguar por qué el generador no funcionaba e intentando solventar los altercados que se formaban entre los policías y detenidos. Nadie se percató de su huída, nadie o casi nadie.



Al salir de aquél lugar, David dirigió a Sarah hasta un callejón cercano donde un coche los esperaba. Cuando entraron en el Mustang, Sarah se fijó en el uniforme que vestía David.



Sarah: ¿David, por qué vas vestido de policía?

David: Para pasar desapercibido en la comisaria.



Entonces Sarah sintió un mal presentimiento al ver el interior de cuero rojo del Mustang. Escuchó retumbar en su cabeza las palabras que David le había dicho momentos antes. 



“¿Estás segura que solo hay un secuestrador?”  “Yo soy más alto y más fuerte que él y aun así casi me mata.” “¿Por qué entonces apaga las luces cada vez que nos visita?”



Sarah se quedó sin aliento, miró a David de reojo mientras éste arrancaba el coche e intentó abrir la puerta disimuladamente, pero David echó el cierre de seguridad rápidamente e hizo un gesto de desacuerdo.



David: Siento mucho tener que hacer esto, Sarah. Pero mi hermano está loco por ti y no me extraña nada, la verdad. Todo iba muy bien entre nosotros hasta que tú llegaste. Era muy sencillo, ambos solíamos ir de caza y de vez en cuando uno de los dos se hacía pasar por una víctima más, así lográbamos conocer los miedos de la gente a la que solemos torturar y sobre todo, a las marionetas que son difíciles de leer como tú. Pero jamás nos había pasado nada parecido, ninguna chica se había interpuesto entre nosotros. Así que, le dije a mi hermano que tendríamos que matarte. ¿Lo puedes creer? Ninguno de los dos queríamos hacerlo, pero era algo necesario. Por lo que mi hermano me sacó de allí fingiendo mi propia muerte. Es la manera más sencilla de salir sin destapar nuestro juego, las marionetas deben seguir creyendo que están a merced de un solo “loco”, como dices tú.

Sarah: ¿Y por qué te has jugado el cuello para venir a buscarme? ¿Has entrado en una comisaría llena de policías solo para recuperarme?

David: Lo sé, pero estoy harto de todo esto y mi padre no estaría nada orgulloso si dejásemos que una chica nos atrapase. Además, cuando llegué esta mañana y me enteré que ya no estabas, tuve muchas ganas de matar a mi hermano, te lo juro, pero al decirme que te había localizado… bueno, lo único que pensé fue en ponerte a salvo.

Sarah: ¿A salvo de quién, de ti o de tu hermano? Por si no lo sabías, ya estaba a salvo en la comisaria.

David: Solo estarás a salvo conmigo, Sarah. No mentía cuando te dije que mi hermano estaba allí buscándote, solo que yo te encontré antes.

Sarah: ¿Entonces… tú quieres matarme o salvarme? Es que no me queda muy claro.

David: Aún no lo sé. Pero no te preocupes, pronto saldremos de dudas.

¿Qué no se preocupase? Por fin había escapado de las manos de aquél psicópata y… ¿para qué? Para terminar en las manos de otro aún peor. La pesadilla de Sarah no había hecho más que empezar y la trama se complicaba por momentos.



Sarah intentó sacar el coche de la carretera, pero David le dio un empujón e hizo que su cabeza chocase contra el cristal de la ventanilla tan fuerte, que la dejó medio atontada.



David: No me hagas esto Sarah, deja que lleguemos a casa y entonces hablaremos. Está claro que no puedo dejarte ir, pero podemos llegar a un acuerdo. Podemos ser muy felices juntos y en el fondo creo que lo sabes. Mi hermano es mayorcito y puede cuidarse solo, es hora de montármelo por mi cuenta.



Tras varios minutos ya se encontraban a las afueras de la ciudad, el coche iba demasiado deprisa y Sarah tenía miedo de hacer algo y que David perdiese el control.



Sarah: Ve más despacio. No he sobrevivido a un infierno para morir ahora en un accidente de tráfico.

David: Está todo controlado.

Sarah: Una pregunta. ¿Por qué leyendas urbanas?

David: ¿Cómo?

Sarah: Me he fijado en que toda la gente que ha muerto allí abajo, lo hizo al estilo leyenda urbana. ¿Por qué?

David: Es sencillo. Si alguien como tú escapase y fuese a la policía. ¿Cuánto tiempo crees que pasaría hasta que archivasen el caso? Nada, en un par de días no habría siquiera un expediente del caso. Este tipo de casos son los que terminan en el fondo de un cajón. No creí que te dieras cuenta, pero eres más lista de lo que me imaginaba.



Sarah revoleó los ojos y tuvo ganas de saltar encima de David y estamparle la cara contra el volante, pero iban tan rápido que terminarían saliendo disparados por el cristal. ¿Por qué demonios esos malditos coches antiguos no llevaban cinturón de seguridad?


De pronto, vieron un coche que iba directamente hacia ellos sin luces, por lo que David le dio las largas y en el instante en que se cruzaron, el coche dio media vuelta y comenzó a perseguirlos haciendo ráfagas.



Sarah: ¿Qué demonios hace?

David: Es él, es Ben.

Sarah: ¿Qué?



Sarah estaba hecha un lio. No sabía si su situación era mala o peor que mala, lo que estaba claro es que tenía que salir de allí en seguida. Pensaba hacer que los dos hermanos se peleasen para poder escapar mientras estaban ocupados, pero entonces David perdió el control del coche y terminaron chocando contra un árbol.



PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII 

El claxon no dejaba de sonar, mientras Sarah caía en un profundo sueño.


Continuará...