sábado, 7 de julio de 2012

La exposición maldita 4ª parte

Hanna se despertó con el ruido de las olas ¿estaba en la playa? Cuando se fue a dormir, estaba en su cama. ¿Qué había sucedido?
Se incorporó y vio que estaba echada sobre una cama hecha con hojas de palmera. Se hallaba en una cabaña de madera, suspendida a unos 10 metros de altura sobre el nivel del mar. Estaba reposando sobre unos pilares que desde su posición no apreciaba a ver. Buscó el modo de salir, vio un palo que descendía hasta la arena. Decidió descender por el, menos mal que solo tenía que bajar y no volver a subir, porque no lo haría ni queriendo.
Al llegar a la playa, los dedos se le hundieron en la arena, estaba caliente, pero no quemaba. Tenía un tacto sedoso y comenzó a juguetear con la arena entre sus dedos. Se quedó absorta unos segundos, tiempo suficiente para que a su secuestrador le hubiese dado tiempo a colocarse detrás de la maleza que había detrás de la cabaña.
De pronto ella lo vio, estaba agazapado, tenía el cabello claro y los ojos color aceituna. Era atlético y llevaba unos pantalones de lino blancos. A Hanna le extrañó que estuviesen tan blancos, pero bueno, no le iba a poner pegas, ya que la habían secuestrado, por lo menos, las vistas merecían la pena.

HANNA: ¿Quién eres? ¿Dónde estamos y cómo hemos llegado aquí?
RA: Me llamo Ra, perdona las formas, tuve que traerte aquí para ponerte a salvo, Set tenía la misma idea que yo, solo que por suerte, me anticipé.
HANNA: Vamos a dejar clara una cosa. Por muy Dios que seas, no eres quién para secuestrarme, ni tu ni el otro cara dura. Dime, ¿dónde estamos? porque estoy totalmente perdida.
RA: Estamos en lo que podría llamarse el purgatorio egipcio.
HANNA: ¿Estoy muerta?
RA: No, pero al ser un Dios, puedo entrar y salir de el a mi antojo.
HANNA: Joder que susto. Podías haber empezado por ahí.
RA: Lo siento.

Pasaron todo el día paseando por la playa, hablando de muchas cosas y aclarando todas sus dudas.

HANNA: Mira, me encanta estar aquí contigo, pero tengo que irme, no me puedo esconder, tengo muchas cosas que hacer. Además, estarán preocupados.
RA: No puedes irte.
HANNA: Me tengo que ir.
RA: Si te vas morirás.
HANNA: ¿Cómo?
RA: Siento ser tan directo, pero no quiero que te suceda nada malo.
HANNA: En serio, ¿no me puedes dar toda la información de una vez, que te la tengo que ir sacando poco a poco?
RA: Está bien. Set necesita tus poderes y ahora tus poderes forman parte de ti, por lo tanto, si se los das, como si consigue quitártelos, no solo se lleva los poderes, también tu vida.
HANNA: Que poco confías en mí. Si me han dado los poderes será por algo.
RA: Espero que tengas razón. Porque solo tienes una oportunidad para salvarte. Y no puedes matar a un Dios.
HANNA: Pero si puedo hacer que no me vea, si no me ve, no me puede coger.
RA: ¿Cómo piensas hacerlo?
HANNA: Todo a su tiempo querido, todo a su tiempo.

Continuará...

jueves, 5 de abril de 2012

La exposición maldita 3ª parte

Hanna llevaba noches sin dormir, no dejaba de darle vueltas al hecho, de que todo aquello que deseases, se haría realidad. Por una parte estaba bien, aprobar sin esfuerzo, renovar su vestuario sin gastarse un euro, pero ¿y las consecuencias?
Cuando se dirigía hacia clase, se dio cuenta que alguien la seguía, era un hombre alto, vestido de negro y con gafas de sol. De pronto se detuvo en uno de los andenes del metro y el hombre se colocó justo enfrente. Hanna notaba como la miraba, por lo que levantó la vista y lo vio. Se había quitado las gafas y tenía unos ojos grises, con un borde verdoso, eran unos ojos que no se olvidan. De pronto llegó el tren y Hanna subió, pero el hombre había desaparecido, levantó la cabeza desde su asiento y miro por las ventanas para ver si había cogido otro vagón, pero no estaba. Cuando llegaba su parada, el metro se paró en medio del túnel, de pronto las luces se apagaron y quedaron en penumbras. La gente comenzó a gritar hasta que el conductor salió de la cabina tranquilizando a la marabunta de gente que se agolpaba en las puertas, Hanna seguía sentada en su asiento, leyendo un libro en su tablet. En un instante, la luz regresó, Hanna levantó la cabeza y vio a todo el mundo detenido, nadie se movía, excepto el hombre de negro y ojos grises que avanzaba hasta ella desde el final del vagón.
Hanna tuvo un mal presentimiento, cerró su tablet, la guardó e intentó abrir la puerta del vagón, pero no cedía, deseó que la puerta se abriese y como por arte de magia, se abrió. Bajó a las vías del tren de un salto y corrió por el pasadizo hasta la siguiente estación, al llegar a la escalinata, antes de subir, miró hacia atrás, no la seguía. Volvió la vista al frente y allí estaba, en el andén, tendiéndole la mano para que subiese.

HANNA: ¿Quién eres?
SET: Set, tu eres Hanna. ¿Verdad?
HANNA: ¿De qué me conoces?
SET: Bastet y yo somos viejos amigos.
HANNA: Mira, no sabré mucho de mitología, pero por lo que recuerdo, Set y Bastet no eran precisamente amigos.
SET: No se te escapa una.

De pronto, Set cogió del brazo a Hanna y la elevó en el aire, esta cayó encima de él y ambos terminaron en el suelo, en ese momento, el tren pasó como un rayo, sin detenerse en la estación. Le había salvado la vida, ¿pero, porqué?

HANNA: Gracias. Ni lo vi venir.
SET: De nada. Creo que por lo menos me he ganado el derecho a contarte mi versión de la historia.
HANNA: Creo que sí, pero no creas que con esto me fío de ti.
SET: No tienes porqué hacerlo, reconozco que no soy bueno, pero tampoco soy un bicho.
HANNA: No, supuestamente eres una serpiente.
SET: Sí, conoces la mitología bastante bien para ser de ciencias.

A Hanna no le gustaba que Set supiese más acerca de ella que ella de él, ¿porqué no atendería más en clase de historia?
Salieron del metro y llegaron a un pequeño café. Cuando entraron, todo se detuvo, aunque para ser sinceros no era necesario, excepto el camarero y otras dos personas sentadas en la barra, el café estaba vacío.

Hablaron durante horas, Set le contó su lucha con los otros dioses y Hanna permanecía callada, no sabía que contestar, cosa bastante rara, ya que sin palabras nunca se quedaba. Cuando Set terminó, Hanna bebió un sorbo de su café y le lanzó la pregunta que le rondaba en la cabeza desde el momento en que le vio.

HANNA: ¿Qué quieres de mí?
SET: ¿Cómo?
HANNA: Pues eso, ¿qué quieres de mí? Entiendo que tengas una vendeta pendiente con Bastet y cia, ¿pero qué pinto yo en todo esto?
SET: Chica lista. Necesito tu ayuda. Bastet te nombró su sucesora por algún motivo, algo especial hay en tí y lo necesito.
HANNA: Otro igual. Con lo bien que estaba yo, ¿quién me mandaría a mi, ir a aquella exposición?
SET: Necesito ese poder, pues con él venceré a mis enemigos.
HANNA: Ya y te crees que soy tonta y que con tus encantos voy a caer y te voy a dejar mis poderes, porque sí.
SET: ¿Lo harás?
HANNA: No.
SET: Te lo estoy pidiendo por las buenas.
HANNA: Mira, si me lo estás pidiendo por las buenas es que necesitas que te los ceda, no me los puedes quitar a la fuerza, por lo que te llevo ventaja en eso. Y por otro lado, si tan poderosa soy, ¿te piensas que me voy a quedar indefensa? Si me dieron estos poderes es por algo, así que no cuentes conmigo.
SET: No te gustaría verme enfadado.
HANNA: Ni tu a mi. Si tu das miedo, yo enfadada ni te cuento, así que no me toques las narices y no vuelvas a acercarte a mí. ¿Lo has entendido?
SET: Tu lo has querido.
HANNA: No cielo, lo has querido tu. Te has pensado que soy tonta, pero siento decepcionarte, no lo soy.

Hanna se levantó y salió del café sin mirar atrás, le temblaban las piernas pero no podía demostrar flaqueza. Se dirigió a su casa y al llegar llamó a Bastet.
La gata apareció envuelta en esa luz esmeralda cegadora.

HANNA: ¿Ya sabes lo que pasó, no?
BASTET: Sí.
HANNA: ¿Y que hago?
BASTET: Te agradezco que no me hayas traicionado.
HANNA: Vale, pero al grano. ¿Qué hago?
BASTET: No necesitas mi consejo, cuando llegue el momento, sabrás lo que hacer.
HANNA: Mira déjate de tonterías. Si necesito tu consejo, por eso te llamé.
BASTET: Créeme, estás preparada, cuando llegue el momento, sabrás salir del paso.

De pronto la gata desapareció entre un remolino de humo color esmeralda.

HANNA: Genial. Cuando llegue el momento. Más me vale.

Se tumbó en la cama, estaba rendida y se quedó profundamente dormida, debido a ello, no se dio cuenta de que alguien había entrado en su casa y permanecía oculto en las sombras. Cuando se cercioró que dormía, cargó con ella en brazos y desapareció tras una lluvia de destellos dorados.

¿Dónde habrían ido a parar? ¿Qué debería hacer la próxima vez que se topase con Set? ¿Quién era el misterioso hombre que se la llevó?


Continuará...


domingo, 18 de marzo de 2012

La exposición maldita 2ª parte

Hacía tiempo que Fariah y Hanna no hablaban, después de lo que pasó en la exposición, Hanna necesitaba tiempo para pensar en lo sucedido. Hanna estaba durmiendo, sentía el aire bajo su cuerpo, parecía que flotaba, aunque para ser sinceros, soñar no estaba soñando. De pronto, el despertador sonó, abrió los ojos y se cayó de la cama. Qué raro, se hizo daño, parecía haberse caído desde más alto. Se levantó y se puso en marcha. Cuando salió por la puerta, algo raro sucedió. Había cerrado la puerta y se había dejado las llaves dentro, pero al pensar en las llaves, aparecieron de la nada, encima de su mano. O estaba muy dormida o algo raro estaba sucediendo, pero como llegaba tarde, no se paró mucho a pensarlo.
En clase, las horas pasaban muy despacio, no sabía lo que hacer, se puso a dibujar y pensó en voz alta.

HANNA: "Ojalá se terminara la clase ya y nos dejasen salir antes, estoy agotada".

De pronto la profesora recogió las cosas y se despidió. Salió por la puerta media hora antes de terminar la clase.

HANNA: ¿Qué ha pasado? ¿Porqué se ha ido tan deprisa?
MEG: No lo sé, ha dicho que teníamos que salir antes, ha recogido sus cosas y se ha marchado.
HANNA: Pues mejor, estoy agotada. ¿Nos vamos?

Llegando a la parada del autobús, vieron como se marchaba, tendrían que esperar y comenzaba a llover.

HANNA: No me lo puedo creer, se va. Ojalá no tarde mucho el siguiente.

Nada más decir esto, otro autobús llegó a la parada.

MEG: ¿De dónde ha salido?
HANNA: No sé, pero nos viene genial, porque parece que va a llover y no me traje el paraguas. Espero que no llueva de verdad hasta que no llegue a casa.

Cuando Hanna entró por la puerta de su casa, comenzó un chaparrón que duró varios minutos ininterrumpidos.

HANNA: Menos mal que me dio tiempo a llegar.

De pronto el teléfono sonó.

FARIAH: Hola ¿cómo estás?
HANNA: Cansada, pero bien. ¿Y tú?
FARIAH: Bien. Quería saber si has notado algo extraño desde lo del museo.
HANNA: La verdad es que llevo unos días raros. Tengo demasiada suerte.
FARIAH: Será eso a lo que se refería la gata.
HANNA: No sé si fue cierto o no, si fue un sueño que tuve estando lúcida, pero desde que me pasó, todo a mi alrededor tiene una luz brillante.
FARIAH: ¿Cómo?
HANNA: Me refiero a que todo el mundo tiene una luz de colores a su alrededor, en plan aura y las cosas tan raras que me suceden. No sé.
FARIAH: Bueno me tengo que ir a trabajar, pero si necesitas algo, no dudes en llamarme. ¿Vale?
HANNA: Ok.

Hanna se metió en la ducha y cuando salió, se puso el pijama. Puso una película en la tele, estaban emitiendo Pretty Woman, la escena en la que Richard Gere y Julia Roberts se dirigen a la ópera.

HANNA: ¡Cómo me gustan ese vestido y ese collar! ¿Cuánto dice que vale? Uhhhh, no lo podría comprar ni en 20 años.

De pronto se levantó, fue a coger la ropa que se pondría al día siguiente y así dejarla preparada para no tener que pensar mucho cuando se despertase temprano, no era su fuerte. De pronto abrió el armario y vio un bulto en una bolsa para guardar trajes. La abrió y era el vestido de la película.

HANNA: ¿Y esto?

Cuando sacó la percha, una caja cuadrada cayó al suelo y se abrió, por ella asomaba el collar que en ese mismo momento salía en la televisión.

Cogió el teléfono y marcó el móvil de su amiga. No tenía cobertura. Le dejó un mensaje en el contestador para que la llamara en cuanto pudiese.
Se sentó en la cama con el teléfono en la mano, mientras miraba de reojo el vestido y el collar que se encontraban a su lado, esparcidos por la cama. Se levantó y decidió probárselo. Le quedaba como anillo al dedo, por lo que no sería el mismo de la película, sino uno parecido. Estaba preciosa, le dieron ganas de preguntarle a sus padres, aunque sabía que no podían haber sido ellos, imposible.

Se cambió y se acostó. Comenzaba a dormirse cuando una luz esmeralda inundó la habitación, el perro saltó de la cama y se escondió bajo el escritorio. Hanna se acurrucó en la cama y se tapó con el edredón.

HANNA: ¿Se puede saber porqué me escondo debajo del edredón? Que tonta.

Sacó la cabeza y vio a sus pies a una gata negra, estaba lavándose las patas y maullando al perro que seguía escondido.

HANNA: No lo entiendo.
BASTET: Lo sé, por eso estoy aquí. ¿Ya te has dado cuenta del don que te dí? Te ha costado hacerte a la idea. (Mirando el vestido que asomaba por el armario entreabierto).
HANNA: Créeme, esto me supera.
BASTET: Bueno, pues disfrútalo, eso sí, prométeme que tendrás cuidado. La última que recibió el don, digamos que no pudo con él, se le subió demasiado a la cabeza.
HANNA: Sinceramente a mi me gusta tener los pies en la tierra.
BASTET: Así me gusta.

De repente volvió esa luz brillante y Hanna se tuvo que tapar los ojos. Cuando los abrió, la gata había desaparecido y su perro volvió junto a ella para seguir su sueño de costumbre.

Hanna estaba asustada, todo lo que deseaba se hacía realidad. ¿Qué consecuencias tendría eso en el mundo real?


Continuará...




martes, 27 de diciembre de 2011

La exposición maldita 1ª parte


Fariha llegaba tarde, no era habitual en ella, pero el trabajo la tenía atrapada. Hacía mucho que Hanna y ella no se veían, ni si quiera para tomar un café. Por ello, habían planeado una tarde de museos, algo que les encantaba. Había una exposición egipcia, estaba dando la vuelta al mundo y era todo un éxito. Habían planeado visitarla, ya que a las dos les fascinaba todo ese mundo.Tenían un viaje pendiente a El Cairo, cuando su economía y la situación del país se lo permitiese.

Hanna: Ya era hora, se me están quedando los pelos como escarpias. No traerás un poco de anticongelante ¿no?
Fariha: Exagerada. Sólo llego 15 minutos tarde.
Hanna: Sí, pero hace frío. ¿Qué tal guapa? ¿Cómo va todo?
Fariha: Bien, la verdad es que no me puedo quejar. ¿Y tu?
Hanna: Tampoco me puedo quejar. ¿Vamos a la exposición? Ya tengo las entradas.
Fariha: Claro. Me han dicho que hay una estatua que te va a encantar, la de Bastet, en tamaño gigante.
Hanna: ¿Para ti que es tamaño gigante? Jajaja
Fariha: Pues no se, es lo que me han dicho, ahora lo veremos. Jajaja

Pasearon hasta el museo, donde se encontraba la exposición. Al entrar por el umbral de la puerta, Hanna sintió un escalofrío que le recorría la espalda. Estaban a 5ºC por lo que no le sorprendió mucho, ni le prestó la atención que debiera. Dejaron los abrigos en el guardaropa y recorrieron los pasillos repletos de figuras doradas, joyas y estatuas de toda clase. Cuando llevaban una media hora recorriendo el museo, Hanna sintió otro escalofrío que la hizo girar sobre sí misma, hacia otro pasillo peor iluminado, al fondo, había una sala, tras unas cortinas de terciopelo negro, en la que se encontraba la estatua que Fariha le había comentado. Una gata negra y dorada, sentada con la cabeza erguida y mirando fijamente al infinito. Era bastante grande, mediría un metro de alto y con esa iluminación, parecía incluso más impresionante. Estaba sola en aquella sala, algo bastante extraño, porque, si era lo mejor de la exposición, ¿no tendría que estar a la vista? Fariah comenzó a decir cosas sobre la estatua, pero Hanna no podía dejar de mirar los ojos de la gata y no le prestaba atención a lo que su amiga le decía. De pronto la gata movió los ojos y se quedó mirando fijamente a Hanna. Fariah no pareció darse cuenta. Hanna no podía apartar la vista de esa extraña estatua, de pronto escuchó una voz dulce y femenina, estaba dentro de su cabeza, no podía ver de dónde procedía, hasta que lo supo, la voz procedía de la estatua.

Bastet: Eres la elegida. Largo tiempo he estado esperando a alguien como tú, alguien que merezca recibir mis poderes y halla nacido bajo mi protección.
Hanna: ¿De verdad estoy hablando con una estatua?
Bastet: En realidad no, solo es un medio de transporte que uso de vez en cuando, mi esencia está en el interior. Te pareces mucho a la última elegida, sólo espero que tu le des mejor uso.
Hanna: No, espera.

Una luz de color verde esmeralda salió de los ojos de la gata y fue directamente a parar a los ojos de Hanna. El impacto hizo que Hanna se elevara del suelo y saliese disparada hacia la otra punta de la estancia. Al caer al suelo, quedó con los ojos abiertos de par en par, comenzó a convulsionar y Fariah, que era la única persona que se hallaba en dicha estancia, se acercó corriendo hasta el cuerpo de su amiga y se arrodilló junto a ella. De pronto, Hanna abrió la boca y una marea negra de virutas, parecidas al carbón, salió disparada hacia el techo y desapareció. Fariah cayó hacia atrás del susto. De pronto Hanna volvió en sí, comenzó a reaccionar y se incorporó lentamente.

Hanna: ¿Qué ha sido eso?
Fariah: Tía ¿estás bien? No se que ha sido eso, dime que ha sucedido, no entiendo...
Bastet: Los poderes al entrar en ti, han limpiado tu alma. Ya estás lista. Suerte y disfruta del don que te ha sido otorgado.
Hanna: Vámonos, necesito tomar algo.
Fariah: ¿Pero que ha pasado?
Hanna: Luego te lo explico, aunque no me vas a creer.

Salieron del museo a toda prisa, Fariah no paraba de hablar y Hanna no dejaba de pensar en lo que había sucedido. ¿Estaba loca? ¿Qué era exactamente el don que había recibido? Definitivamente estaba loca, tanto estudiar no era bueno.



Continuará...





sábado, 17 de septiembre de 2011

Amar hasta la obsesión 5ª parte

Una tarde de verano, Holly se encontraba sentada en un banco del parque, leyendo un  libro, mientras su hija Alyssa jugaba en los columpios. Greg estaba trabajando y ella se había cogido el día libre para estar con su hija en el parque. A su secretaria casi le da un ataque al tener que cancelar todas sus citas un par de horas antes.
Estaba contenta, de vez en cuando levantaba la vista de su novela y veía como Alyssa hacía nuevos amigos. Una de esas veces, vio como un niño de la edad de su hija, la besaba en la mejilla mientras se balanceaba en el columpio. De pronto Alyssa se bajó de un salto y se fue corriendo hacia su madre.

Holly: ¿Qué te pasa? ¿estás bien? ¿porqué lloras?
Alyssa: Ese niño de allí me ha dado un beso.
Holly: Ya lo vi, en la mejilla. Pero solo ha sido un beso, entonces ¿porqué lloras?
Alyssa: Porque antes me ha tirado del pelo y cuando le he preguntado por qué lo hacía, me ha dicho que le gusto y me ha dado un beso. Es tonto. 

Holly cogió a su hija en su regazo, la besó en la frente y de pronto vio como alguien se acercaba. Era un chico moreno, alto y delgado. Llevaba de la mano al niño que había echo llorar a Alyssa. Cuando llegó al lugar donde ambas se encontraban, Holly no pudo dar crédito a lo que veía.

Brian: ¿Holly?
Holly: ¿Brian? ¿eres tú? ¡cómo has cambiado!
Brian: Sí, la verdad es que hemos cambiado mucho los dos. A mejor, por supuesto. No hace falta que me digas que esta niña tan guapa es tu hija, se parece mucho a ti cuando eras pequeña. Veníamos a pediros perdón. Wesley se ha portado mal con ella y le hizo llorar.
Holly: Disculpas aceptadas. ¿Verdad Alyssa? Aunque no fue nada. Me da a mi que el niño salió igualito a su padre.
Brian: Supongo que sí. ¿Tienes tiempo para tomar algo?
Holly: Claro, encantada.

Los cuatro se marcharon a un restaurante para niños, en él había una piscina de bolas, donde los niños jugaban mientras los padres tomaban algo.

Brian: ¿Qué fue de tu vida? Me enteré que cuando te graduaste, te casaste y tuviste una hija. Es preciosa.
Holly: Gracias. Tu hijo también es muy guapo. Tiene la misma expresión pícara que tenías tu a su edad. Pues Greg y yo nos casamos, montamos una consulta juntos y tuvimos a Alyssa, hará unos 5 años en Agosto. Yo también me enteré que te casaste y que tuviste un hijo, me lo contó una amiga que sigue viviendo por allí cerca.
Brian: Sí, es cierto. Conocí a una chica encantadora, la hermana de una clienta y me casé con ella. Hace unos años tuvimos a Wesley y hasta hoy. ¿Dónde os mudasteis? 
Holly: A las Rozas. Este verano nos toca trabajar, nos hemos mudado a una oficina más amplia y tenemos que reformarla, pero solemos pasar los tres meses de verano en Vancouver.
Brian: ¿Eso está en Canadá, no?
Holly: Sí. Nos compramos una casa allí, para ir en vacaciones. Así que lo único que nos gastamos es en aviones, que ya es bastante. ¿Y tú en que trabajas?
Brian: Como se me daba muy bien eso de seguirte a todas partes, monté una agencia de investigadores privados, con ello me pagué la carrera de abogado y ahora tengo mi propio bufete. Allí conocí a Rose, mi mujer.
Holly: Vaya. Felicidades, me alegra que te vaya todo tan bien. 
Brian: Esperé tu llamada.
Holly: ¿Cómo? 
Brian: Leíste la nota que te dejé cuando te solté.
Holly: Sí, pero la que esperó tu llamada fui yo. Te llamé esa misma noche y no lo cogiste. Después esperé a que me llamaras tú y nunca lo hiciste, supuse que te habías arrepentido de darme esa nota y no quise insistir más. Dejé las cosas como estaban.
Brian: No puede ser, no me separé ni un minuto del teléfono aquella misma noche, hasta que caí rendido de sueño.
Holly: Pues yo te llamé.
Brian: No puede ser, porque si no me hubiera enterado de la llamada por estar dormido, hubiese visto la llamada perdida a la mañana siguiente, o sino mi hermano me hubiese despertado, mi hermano... No puede ser, seguramente borró la llamada.
Holly: Bueno, lo pasado, pasado está.
Brian: ¿Para qué me llamaste?
Holly: Por que tú me lo pediste. Pero ya está, ahora es como si no hubiese pasado nada, somos dos viejos amigos que se reencuentran pasados unos años y que han rehecho sus vidas. Dejemos las cosas así.
Brian: Me parece bien. La verdad es que estoy muy feliz con mi mujer, la quiero y me gustaría que la conocieras un día de estos. Seguro que seríais muy buenas amigas. 
Holly: Por mí genial. Pasaros un día por casa, prepararemos una barbacoa y los niños pueden jugar en el jardín con los perros y en la piscina. Seguro que al final se hacen amigos. Mi marido seguro te encantará, es como yo, pero en hombre.
Brian: Nuestros hijos no repetirán los mismos errores que cometieron sus padres, para eso estamos aquí, para guiarles y enseñarles de nuestros propios errores.
Holly: Eso espero.

Pasaron un par de horas recordando viejos tiempos y charlando de sus nuevas vidas. Al marcharse, se dieron la mano y cada uno se fue en una dirección. Tenían todo para ser felices, nuevos amigos, una familia maravillosa, casas y coches lujosos, trabajos que dominaban a la perfección, pero en el fondo de sus corazones, sabían que algo les faltaba y al verse en el parque lo confirmaron. Seguían necesitándose el uno al otro y el destino lo sabía, por ello les puso en ese mismo parque, en ese preciso momento. 

A veces lo único que necesitamos para ser felices, es reparar los errores del pasado y mirar al futuro con una sonrisa en los labios.


FIN.




viernes, 16 de septiembre de 2011

Amar hasta la obsesión 4ª parte

Cuando se despertó, Holly se encontró sola en la cama, tenía una rosa roja y una nota en su almohada. Se dio cuenta que el grillete que le apresaba el tobillo, había desaparecido, la puerta estaba abierta y no había moros en la costa. Leyó la nota "no me esperes". No podía ser, la estaba dejando libre. ¿Porqué? No habían aclarado nada. Se levantó de la cama y en el suelo vio que había dinero, supuso que se lo habría dejado para coger un taxi. Se puso los zapatos, se arregló un poco el pelo y salió a correr. Recogió su bolsa de viaje, estaba fuera, al pie de las escaleras. Bajó por ellas y salió por la puerta principal. ¿Hacia dónde iría? Decidió seguir las huellas de los neumáticos y pasados unos veinte minutos, llegó a una carretera en la que hizo auto-stop. Pronto llegó a la renfe, desde allí hasta la cabaña donde la esperaba Greg, no había más de media hora de trayecto. Llamó a Greg con su móvil, lo tenía en uno de los bolsillos de su bolsa.

Greg: Por fin. ¿Dónde estabas? Te llamé pero no me contestaste. Iba de salida para buscarte en casa de tus padres.
Holly: Lo siento. Es que me dejé el móvil en casa de una compañera, he ido a recogerlo antes de salir. Ven a buscarme, estoy en la parada del tren. Aún nos queda tiempo para disfrutar nuestra escapada en la montaña. Anda, se bueno y recógeme.
Greg: Voy, pero me debes una. Estuve preocupado por ti. Te quiero.
Holly: Y yo a ti.
Greg: ¿Porqué no me dices nunca que me quieres?
Holly: Lo acabo de hacer.
Greg: Sabes a lo que me refiero.
Holly: No quiero que se te suba a la cabeza. Jajaja

Greg llegó y vio a Holly sentada en un banco. Cuando Holly lo vio, salió corriendo, se lanzó en sus brazos, se colgó de su cuello y le besó. A Greg se le olvidó la reprimenda que tenía preparada. De camino, mientras Greg le iba contando a Holly como se había aburrido ese tiempo, mientras esperaba que le diera alcance, ella rebuscaba en su bolsa para ver si faltaba algo. Le parecía extraño que Brian la hubiese soltado sin decirle aquello que le había llevado a realizar ese acto salvaje. De pronto, entre sus ropas encontró una carta. Era de Brian, tuvo que mantener la calma y disimuló, dejando la nota en el mismo lugar que la encontró.
Al llegar a la cabaña se fue al baño para darse una ducha o lo que fuese, estaba asquerosa por culpa del encierro y del viaje. Se llevó con ella la carta y mientras llenaba la bañera de agua caliente, se sentó en el váter y comenzó a leer.

Siento todo lo que te hice pasar. Sólo quería hablar contigo, aclarar las cosas, sé que me equivoqué en el modo, pero si te he de ser sincero, volvería a hacerlo sin dudar. La noche que pasamos juntos no la olvidaré jamás. Pero reconozco que me equivoqué y he preferido enmendar mi error. Sólo te pido, que si alguna vez me perdonas y te ves con ganas de aclararlo todo, me llames. Aquí te dejo mi número. Esperaré tu llamada. Espero que no tenga que esperar toda la vida, aunque si he de hacerlo, lo haré.


Holly sabía lo que debía hacer. Cenó con Greg, era muy feliz con él, era el hombre de su vida, pero si no arreglaba las cosas con Brian, nunca podría ser realmente feliz. Cuando Greg se durmió, se levantó, salió de la habitación, cogió un suéter y se marchó fuera de la cabaña, con el teléfono en la mano.

¿Se atrevería a llamar? ¿qué iba a decirle si se lo cogía? Era muy tarde ¿estaría durmiendo o estaría recordando cada momento que pasaron juntos, como estaba haciendo ella?


Continuará...