sábado, 9 de julio de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 3



Alex miró la habitación en la que se encontraba, intentando hallar una salida. ¿Quién le mandaría ser tan curioso? Estaba claro que si no lograba salir de allí por su propio pie, tendría que hacer un pacto con el mismísimo Lucifer. Tres pruebas le separaban de la libertad y la primera estaba justamente frente a él. 

Cuando Cancerbero terminó de roer su hueso, se puso en pie y comenzó a relamerse mientras observaba el cuerpo tiritante de Alex de arriba abajo. Estaba claro que el campeón no tendría nada que hacer contra un perro de tres cabezas, por lo que rápidamente buscó por la habitación algo con lo que defenderse a parte de su linterna, ya que ésta no le serviría de mucho en ese momento. 

De pronto, se percató que lo único que había en aquél lugar, era un espejo antiguo con el marco dorado. Supo al instante que ese espejo le sería de gran utilidad, podría romperlo en mil pedazos con la linterna y cortar al animal con alguno de los cristales. 



Se acercó lentamente de espaldas al espejo, mientras Cancerbero se acercaba más y más a él. Alex no podía apartar la mirada de las fauces del animal, supuso que si lo hacía, sería la señal que el animal estaba esperando para devorarle, por lo que, cuando dio con su espalda en la pared y palpó con las manos para encontrar el espejo, notó algo, una respiración helada en la nuca que le hizo girarse sobre sí mismo, hasta quedar mirando de frente al espejo. 


Entonces Alex palideció al ver que en lugar de su reflejo, había una mujer con los ojos ensangrentados al otro lado del espejo. La mujer alargó los brazos atrapando a Alex por el cuello y arrastrándole hacia el interior del espejo con ella, a la par que emitía un grito desgarrador. El perro se abalanzó al ver que le arrebataban a su presa y estuvo a punto de atrapar la pierna de Alex, pero éste desapareció por completo ante la atónita mirada del animal. 



Cuando Alex cayó al suelo y se dio cuenta que estaba en una habitación como la anterior, se sintió abatido, pero a diferencia de la habitación de la que acababa de salir, en ésta había una mujer hermosa de cabello oscuro, que le sonreía desde un rincón de la habitación en lugar de un perro rabioso con un apetito voraz. La mujer se aproximó a Alex y éste intentó alejarse todo lo que pudo de ella, pero la pared no se lo permitía. Estando en el infierno, aquella mujer no debía ser nada bueno.


Alex: ¿Quién eres y qué quieres de mí?

Verónica: ¿Estás bien? He visto que has hablado con mi padre. ¿Ya te contó acerca de las tres pruebas? ¡Felicidades! Acabas de pasar la primera. Me llamo Verónica ¿Y tú quién eres, querido?

Alex: ¿Verónica? Claro, la hija del demonio, la chica del espejo.

Verónica: Premio para el listillo. Ahora me dirás que lo has deducido todo tú solito. –Riéndose falsamente.-

Alex: ¿Qué quieres de mí? – Pegado a la pared cual mosquito en un cristal.-

Verónica: No es lo que tú puedas darme a mí, sino lo que yo pueda darte a ti.


La joven se aproximó a Alex y le rodeó el cuello con sus brazos, después metió una de sus manos bajo la camiseta del joven asustado y la dejó reposar sobre su corazón, mientras le susurraba al oído dulcemente algo que Alex jamás olvidaría. 


Verónica: Puedo darte todo cuanto desees, aquello que anhela tu corazón. Solo debes pedírmelo. – Mientras le besaba en el cuello dulcemente.- 


Alex: Yo… - No sabía lo que le sucedía, pero se sentía embriagado por aquella extraña y a la par hermosa mujer. No podía moverse, ni si quiera a duras penas podía respirar, tan solo podía pensar en ella y todo lo demás se volvió insignificante.-

Verónica: ¡Quédate conmigo y yo te haré feliz! – Mordiéndole en el cuello y clavándole las uñas en el pecho, justo en el corazón.-

Alex: ¡No! – Mandando a Verónica de un empujón al otro lado de la habitación.- ¡¿Qué me hiciste, bruja?!

Verónica: Craso error. Te arrepentirás de tu elección. – Muy enfadada y a punto de estallar, mientras alzaba los brazos y apuntaba al centro de la habitación.- 


Instantes después, los adoquines del suelo comenzaron a desintegrarse uno a uno y Alex notó un calor asfixiante que salía de aquél agujero. Entonces se llevó las manos al cuello y comprobó que de él emanaba un fino hilillo de sangre donde Verónica le había mordido, después se fijó en el abismo que nuevamente se abría paso ante sus pies y lo observó más detenidamente. De las paredes del agujero salían unas manos que se agitaban con fuerza, unas manos que reclamaban el cuerpo de Alex, como si supiesen que muy pronto se uniría a ellos para el resto de la eternidad.


Alex intentó escapar como la vez anterior, palpando las paredes para ver si algún resorte le volvía a salvar la vida, pero no tuvo tanta suerte esta vez y al final el abismo se lo tragó.

Continuará...

jueves, 23 de junio de 2016

Carretera al Infierno. Capítulo 2



Mientras descendía por la quebradiza escalera, miró hacia arriba y pudo ver que había descendido al menos 5 plantas, pero aquello no parecía tener fin. Continuó bajando y notando cómo el calor se hacía cada vez más y más insoportable.

De repente, se topó con una gran puerta de piedra que tenía unas figuras grabadas en relieve y le dio muy mala espina. Los pelos se le pusieron como escarpias y las manos comenzaron a sudarle por la presión del momento, pero sabía que si se marchaba de allí sin saber lo que había tras esas puertas, su curiosidad jamás se lo perdonaría y le torturaría para el resto de sus días.

 Empujó la gran puerta y se dio cuenta que era más pesada de lo que creía, por lo que tuvo que empujar aún con más fuerza hasta conseguir que cediera un poco. Entonces escuchó un ruido y al mirar tras de sí al hueco de la escalera, vio como varios trozos de cemento caían hacia el abismo sin descanso. La escalera en la que estaba se desmoronaba a toda velocidad y no le quedaba otra opción que atravesar esas puertas o perecer en el intento. Empujó y empujó con todas sus fuerzas, mientras el descansillo en el que se encontraba se iba desintegrando por momentos, entonces dio un último empujón y consiguió entrar de golpe en la sala, cayendo al suelo antes que el último resquicio de escalera desapareciese bajo sus pies y le arrastrase a él también.

Alex: ¡Joder, por poco no lo cuento! – Sobresaltado por el esfuerzo.- 

Se puso en pie, recogió la linterna que comenzaba a fallar y le dio unos golpecitos para ver si así conseguía arreglarla. Entonces alzó la vista y se percató que la estancia en la que se encontraba, había estado abandonada durante muchos años. Las paredes y el suelo de piedra, estaban repletos de cadenas con grilletes clavados en ellas. Aquella mazmorra fría y húmeda, hizo que a Alex le temblasen las piernas por primera vez en mucho tiempo. De repente la luz de su linterna se apagó. No podían ser las pilas, las acababa de comprar. ¿Qué demonios estaba pasando? 

Al levantar la vista, se percató de una luz rojiza que se vislumbraba en un rincón de la habitación y al acercarse a ella, se dio cuenta que en la pared había una puerta oculta. Comenzó a tocar a oscuras todas las piedras de aquél muro, hasta que dio con la clave. Empujó una de las piedras y escuchó saltar un resorte. Con una sonrisa triunfal, contempló cómo la puerta oculta se abría ante él y daba paso a otra estancia igual de grande, pero iluminada con antorchas. Al entrar en dicha estancia, comprobó que las peores pesadillas de cualquier persona, podrían estar bien ambientadas en aquél lugar. Una pila de huesos humanos y un perro de tres cabezas le dieron la bienvenida.

Alex: Esto no puede estar pasando. ¿Estoy en el infierno? –Mirando a las fauces que el perro le mostraba.- 

Lo único que le separaba de convertirse en la comida de Cancerbero, era aquella pequeña linterna que sujetaba con fuerza entre sus manos. Si debía morir, lo haría luchando, por lo que Alex se puso en posición de ataque y el perro perdió el interés en el joven que parecía perplejo al ver al perro tumbarse de nuevo, para seguir royendo uno de sus huesos. 

Alex: El golpe que me di en la cabeza me debe haber afectado más de lo que yo creía. – Llevándose la mano a la cabeza, donde la sangre reseca indicaba la zona afectada.- 

De pronto se escucharon unas palmadas y Alex giró sobre sus talones, para ver de dónde procedía aquél sonido. 

Hombre misterioso: Empezaba a pensar que ya no vendrías, llevo mucho tiempo esperándote Alex.

Alex: ¿Quién demonios eres?

Hombre misterioso: No vas desencaminado, muchacho. Algunos me llaman “Portador de Luz”, otros “Ángel de las Tinieblas”. Anticristo y Satanás los oigo muy a menudo, pero seguramente tú me conocerás por Lucifer. Puedes llamarme como más te plazca. 

Alex: Seguramente esto sea un sueño, pero vale, te seguiré el juego. ¿Qué quieres de mí? ¿Mi alma? Porque no está en venta. 

Lucifer: ¿Estás seguro, Alejandro? Yo sé lo que en verdad ansía tu corazón. Quieres competir contra los mejores y ganarles. Sueñas con ser una gran leyenda dentro y fuera del circuito. Conmigo lo puedes lograr, Alex, solo he de chasquear los dedos y todo lo que deseas, todo lo que de verdad necesitas para ser feliz, será tuyo.

Alex: Es tentador, no te lo niego. ¿Pero qué me pasaría si no tuviese alma?

Lucifer: El alma en los seres humanos está demasiado sobrevalorada. Para vosotros no sirve de mucho, solo os trae sufrimiento. Sin ella nada podrá dañarte, nada más importará, excepto tú mismo, tus problemas desaparecerán por completo. No es un mal trato.

Alex: ¿Y de qué te sirve a ti mi alma? Seguramente ya tendrás muchas allá abajo.

Lucifer: El infierno no se mantiene solo, necesita energía y el alma es solo eso. Pero como ya te dije, a vosotros los humanos no os hace ninguna falta, podéis vivir sin conciencia y ser felices eternamente o tener conciencia y vivir atormentados para el resto de vuestros días. ¡Piénsalo Alex! Premios, reconocimiento, fama, dinero, mujeres hermosas. ¿Qué más se puede pedir?

Alex: Lo siento pero creo que paso. Me gusta conseguir las cosas por mí mismo. 
Lucifer: Nadie consigue nada gratis, chico. Si tú no haces el trato, otro lo hará por y tú jamás ganarás nada.
Alex: Sigo diciendo que NO, pero gracias por la oferta. Ahora… ¿Cómo salgo de aquí?
Lucifer: ¿No esperarás que yo te lo diga, verdad? Quien entra en el infierno, no vuelve a salir a menos que pase las 3 pruebas.
Alex: ¿Qué pruebas?
Lucifer: Todo a su tiempo, Alejandro, todo a su tiempo. Aunque yo en tu lugar no me emocionaría demasiado. NADIE ha logrado pasar de la segunda, JAMÁS.

De pronto Lucifer chasqueó los dedos y desapareció ante la atónita mirada de Alex, que seguía observando al perro mientras éste devoraba su hueso, con miedo a ser el siguiente plato en el menú del chucho.

Continuará…

miércoles, 15 de junio de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 1º



Alex estaba batiendo todos los records en la pista, las ruedas de su Ducati apenas rozaban el asfalto, pero era de esperar, se conocía aquél circuito como la palma de su mano. 


Pedro: ¡Genial campeón! Estoy seguro que los barrerás a todos de la pista este domingo en la carrera. – Le dijo su preparador al terminar las vueltas de entrenamiento.-


Alex: No sé lo que me pasa, pero me siento genial. Llevo unos días trabajando a tope y creo que tanto esfuerzo ha dado sus frutos. – Bajándose de la moto y quitándose el casco para beber un poco de agua.-


Pedro: Pero también tienes que descansar, ya lo sabes. Machácate todo lo que quieras en la pista, pero no fuera de ella. Vete a casa o a dar una vuelta. Tómate el resto del día libre y mañana nos vemos en el circuito. Has trabajado demasiado y no quiero que te agotes antes de tiempo, debes estar al 100%. Ya sabes que nos jugamos mucho con esto.


Alex: Lo sé, tienes razón. Me iré a casa a descansar, últimamente no duermo muy bien por culpa de los nervios.


Pedro: Venga vete, yo me encargo de recoger todo esto. ¡Largo! –Intentando parecer más serio de lo que estaba en realidad.-


Alex: ¡A sus órdenes, mi coronel! –Cuadrándose ante él.-

Pedro: ¡Déjate de cachondeítos y vete de una vez! –Sonriendo al muchacho mientras se marchaba rápidamente, para evitar que la toalla que Pedro le había lanzado le diese en la espalda.-


Alex hizo caso a su preparador y se fue directamente a casa, estaba agotado y necesitaba una buena ducha para refrescarse un poco, pero no pudo evitar detenerse a mitad de camino en medio de la carretera y dar media vuelta pocos segundos después. Las motos le encantaban, para Alex eran su vida, pero no su única afición. Había algo más que conseguía hacer que despejase su mente por completo y le inyectaba esa adrenalina que necesitaba para convertirse en un auténtico campeón, su afición por explorar lugares abandonados siempre fue su secreto mejor guardado.


Detuvo su moto a los pies de un gran edificio sucio y destartalado, cuyos ventanales, que ahora se encontraban llenos de polvo o carentes de cristales, habían vivido tiempos mejores. Los alrededores de aquél lugar estaban llenos de vegetación, como si la madre naturaleza anduviese reclamando el terreno, que anteriormente, la mano del hombre le había arrebatado. La valla que rodeaba aquél frío y oscuro lugar, se encontraba abierta de par en par, algo que Alex achacó a la racha de buena suerte que experimentaba esos últimos días. 

Apagó las luces, quitó las llaves del contacto y descendió de la moto. Comenzaba a llover y las gotas de agua resbalaban por la cazadora de cuero negro en la que iba enfundado. Decidió poner la moto a salvo de la lluvia, bajo la copa de un gran roble cercano. Se quitó los guantes, abrió el sillín de la moto y los metió allí, sacó la linterna que le acompañaba a todas partes y se encaminó hacia el gran edificio que se alzaba ante sus pies. Tenía que darse prisa, colarse en un sitio abandonado es un delito y no quería terminar en el calabozo y perderse la carrera más importante de su vida. 


La puerta estaba cerrada, había una gruesa cadena que le impedía pasar, por lo que se dio una vuelta por el lugar y encontró una ventana por la que colarse. Estaba un poco alta, pero por suerte había unas cajas de madera muy cerca de allí y las usó a modo de escalón. Al saltar al otro lado, su vieja lesión se resintió e instintivamente se echó las manos a la rodilla.


Alex: ¡Qué mierda! La lluvia hace que me duela más de lo normal y eso que hace años del accidente


Se incorporó, dio un par de patadas al aire para comprobar que estaba bien y siguió adelante. Aquél lugar estaba lleno de hojas secas, barro y pintadas en las paredes. Apenas quedaba nada del mobiliario del antiguo hospital, Alex solo pudo ver un par de camillas oxidadas y una vieja silla de metal a la que le faltaba una de las patas.


Alex: Menudo panorama. La verdad es que no sé qué demonios pinto yo aquí.

Pero en el fondo sí lo sabía, esa sensación de electricidad que le recorría por todo el cuerpo cuando visitaba esos lugares, esa adrenalina bombeando con fuerza por su torrente sanguíneo, el saber que estaba haciendo algo prohibido y nunca le pillaban, todo eso le hacía sentir muy bien, muy poderoso y era justo lo que necesitaba en ese momento. 


Continuó por los pasillos caminando sin rumbo fijo, entraba en las habitaciones y al no ver nada interesante volvía a salir y buscaba un nuevo lugar al que acudir, hasta que su suerte cambió de repente. 


Llegó a una habitación en la que había algo extraño, restos de velas negras a medio consumir y una marca en el suelo que al principio no le llamó mucho la atención. Entonces se fijó en el marco de la ventana, había algo en ella, por lo que al alumbrar con su linterna en aquella dirección, se llevó un buen susto (cosa que jamás reconocería ante nadie, ni bajo coacción) vio alzar el vuelo a un cuervo que se dirigía directo hacia él, con los ojos inyectados en sangre y del que salía una extraña luz. Alex se agachó y llevó sus manos a la cabeza para cubrirse, haciendo que la linterna cayese al suelo y rodase por el piso unos pocos metros más allá, hasta quedar en medio de la habitación. 

Cuando el cuervo se marchó, Alex se incorporó y con una risa nerviosa y el sudor cayendo por su frente, se aproximó a la linterna y la cogió con las manos temblorosas. De pronto se percató de las marcas del suelo, alumbró aquél círculo que se vislumbraba a través de la capa de polvo y hojas secas. 


Alex: ¡Mierda! ¿Eso es sangre seca o pintura? Lo que me faltaba, seguro que estoy en la sala de fiestas de un par de frikis satánicos. Genial Alex, será mejor que te largues cagando leches antes que los locos esos regresen a seguir con la fiesta. –Se dijo a sí mismo y se dispuso a salir a toda prisa de aquella habitación.- 

Alex: ¿Qué demonios pasa?


Alex no podía moverse, algo le retenía en el interior de aquél círculo, pegado al suelo. Notó como una mano le sujetaba del brazo e intentó zafarse, pero allí con él no había nadie más, estaba solo. ¿Sería producto de su imaginación? 

Forcejeando, consiguió deshacerse del extraño agarre y corrió todo lo rápido que su pierna fastidiada le permitió. A su paso, las puertas se cerraban herméticamente de un portazo. Intentó escapar por la misma ventana por la que había accedido al lugar y una fuerza sobrenatural le impidió pasar, tirándolo al suelo de espaldas y haciendo que se golpeara la cabeza contra el suelo.


Alex: No puede ser, no… - Llevándose las manos a la cabeza y manchándose de sangre.-


Allí no había nadie que él viese a simple vista. La ventana estaba abierta, no tenía cristales y antes había entrado por ese mismo lugar, por lo que no era normal lo que estaba sucediendo. ¿Por qué ahora no podía salir de allí?


Todas las puertas estaban cerradas. ¿Tendría que quedarse allí encerrado para siempre? Pero de repente, escuchó como una puerta se abría tras él y decidió investigar. Se levantó del suelo y se dio cuenta que la única puerta abierta que había era una que daba al sótano, pero Alex no recordaba haber visto esa puerta con anterioridad y le pareció bastante extraño, ya que era conocido por fijarse en cada pequeño detalle. Entró por la puerta con cuidado y se aproximó al borde de la escalera, que comenzaba justo en ese tramo y descendía hasta perderse de vista en el abismo.


Alex: ¿Pero cuántas plantas tiene este sitio?- Al observar la interminable escalera que se encontraba ante él y descendía hacia las entrañas de aquél sombrío lugar.



Continuará…




lunes, 2 de mayo de 2016

Leyendas de cristal. Capítulo 5 "El final"



Sarah entreabrió los ojos y se llevó las manos a la cabeza. Tenía una pequeña brecha en la frente de la que emanaba un fino hilo de sangre. Miró a su alrededor, descubriendo así que la puerta del conductor estaba abierta y no había ni rastro de su acompañante. 



Recordó el motivo por el que habían tenido el accidente. El psicópata de Ben, les había sacado de la carretera haciendo ráfagas de luz con los faros del coche, sin motivo aparente. Sarah entendía que quisiera matarla a ella, pero a su propio hermano que era el que conducía, eso no lograba comprenderlo.
Entonces decidió salir de allí lo más rápido que pudo, antes que uno de los dos apareciese de nuevo, por lo que se cambió de asiento, se puso al volante del coche y cruzó los dedos para que el golpe no hubiese sido tan grave como para haber destrozado por completo el motor. Cerró la puerta y arrancó, el motor rugió y pensó que al fin tenía algo de suerte, pero como suele pasar, esa suerte no dura mucho tiempo. 
Sintió que había alguien arañando el techo, justo encima de ella y se puso como loca, metió la marcha atrás y apretó el acelerador al máximo. El coche comenzó a moverse y de pronto notó que algo ofrecía resistencia, por lo que siguió acelerando hasta que el coche se caló y la cuerda que lo sujetaba se rompió de golpe, haciendo que el coche volviese a deslizarse por la pendiente y chocase contra el árbol de nuevo y un cuerpo cayese a plomo, atravesando el destrozado parabrisas.

Sarah se llevó las manos al rostro al comprobar que el cuerpo que estaba sobre ella era el de Ben. El joven estaba en las últimas, atado por el cuello con una cuerda. Tuvo que ser él quien arañó el techo en un último gesto desesperado por sobrevivir y Sarah luchó por quitárselo de encima a toda costa. Ben intentó avisarla de algo con su último aliento, pero ella estaba tan conmocionada que lo sacó fuera del coche sin prestarle atención y salió de allí marcha atrás a toda velocidad. 

Iba conduciendo con los ojos empañados por las lágrimas, de vuelta a la comisaría cuando se dio cuenta que apenas le quedaba gasolina. Unos metros más allá, había una gasolinera donde esperaba encontrar una cabina de teléfonos o que el trabajador de la gasolinera le prestase un móvil con el que llamar a emergencias.


El hombre de la gasolinera se aproximó a echarle gasolina cuando Sarah detuvo el coche junto a los surtidores y ella, saliendo rápidamente del coche le dijo que no era necesario, que solo necesitaba un teléfono para llamar a la policía y un lugar donde quedarse hasta que llegaran.  


Trabajador: ¿Está usted bien, señorita? Menudo accidente ha debido tener.


Tras ver cómo el hombre palidecía de golpe y se le dibujaba una mueca de terror en la cara, le siguió al interior del local, suponiendo que el asombro de verla de una pieza tras observar el impacto del coche, sería como haber divisado un auténtico fantasma.


Cuando la joven entró, el hombre echó el cierre de la puerta apresuradamente y Sarah sintió que la pesadilla continuaba. Se apartó hacia atrás al ver que se aproximaba hacia ella con paso firme y sintió que algo no iba bien. Cuando el hombre le pidió a Sarah que no se asustase y le dijo que había visto a un hombre escondido en el asiento trasero de su coche con un hacha en la mano, Sarah recordó que no había visto en el coche a David cuando se despertó y tragó saliva con dificultad.



Sarah: ¡Es él y viene a por mí!

El hombre intentó llamar a emergencias, pero alguien había cortado la línea del teléfono y justo cuando se lo estaba notificando a Sarah, las luces se apagaron y todo quedó en penumbras.



Sarah: Tenemos que salir de aquí, ya. ¿Tiene algún coche en el que poder huir?



El hombre le dijo que sí y cuando se disponían a salir corriendo del establecimiento en dirección al aparcamiento, escucharon una explosión que hizo saltar los cristales de la gasolinera por los aires.



Trabajador: ¡Mi coche! – Al ver el pequeño automóvil envuelto en una bola de fuego.- ¡Ahora sí que tenemos que salir de aquí, esto va a explotar!



El trabajador iba en cabeza y justo cuando atravesó el umbral de la puerta, David apareció y le clavó el hacha en el pecho, haciendo que cayese de rodillas al suelo y Sarah gritase horrorizada. Estaba harta de toda aquella situación y sobre todo, de ser la víctima de su propia película de terror.

Decidida a morir luchando, se abalanzó sobre David mientras éste arrancaba el hacha del cuerpo inerte del trabajador, haciendo que cayese de espaldas y Sarah quedase tendida sobre él.
Consiguió que soltase el hacha, mordiéndole la mano con la que la sujetaba y rodaron en dirección contraria sobre el asfalto. Esta vez, David quedó sobre ella y puso sus manos alrededor de su cuello para asfixiarla.



David: No te resistas. ¡Deja de luchar!

Ésta intentó alargar el brazo todo lo posible para atrapar el hacha con su mano derecha, pero le faltaban unos centímetros y no llegaba. Su visión se volvía más y más borrosa por momentos y sabía que no tenía otra opción que pelear por seguir respirando, así que reunió fuerzas de donde no las había y puso los pulgares en los ojos de David, apretando  tanto como pudo. Él apartó las manos del cuello de Sarah y ésta aprovechó para propinarle un derechazo directo a la mandíbula, seguido de un empujón certero, consiguiendo así apartarlo de ella lo suficiente como para escabullirse y recoger el hacha del suelo antes que lo hiciese él.


Ahí estaba ella, con el hacha bien sujeta entre sus manos y su agresor cara a cara, mirándola fijamente a los ojos.



David: No me vas a matar. No tienes lo que hay que tener para hacerlo. Suelta el hacha, no quiero hacerte daño. Podemos ser felices juntos ahora que mi hermano no está.



Entonces Sarah echó el cuerpo hacia atrás, cogió impulso y le clavó la pesada hacha en la cabeza con todas sus fuerzas, haciendo que éste cayera al suelo sin vida y ella terminase salpicada por la sangre de su agresor.

Sarah: Si quieres matar a alguien, no le des un discurso, hazlo sin más. Y por cierto, sí tengo lo que hay que tener, se llama instinto de supervivencia. ¿Te ha gustado, puerco? – Escupiendo al cadáver del hombre que había destrozado su vida por completo.-



Se fijó en la sangre que resbalaba por la hoja del hacha y notó cómo se le escurría de la mano. La dejó caer mientras apartaba la mirada y se sentó en un bordillo cercano a descansar. 


Observó la escena mientras recapitulaba todo lo que había vivido hasta ese momento. El secuestro, el encierro, las torturas, David, Ben, la sangre por todas partes y todo lo que había sentido a lo largo de su cautiverio. Se dio cuenta que ya no era la misma persona, ya no quedaba nada de la joven recién graduada que había sido meses atrás. Sus manos estaban manchadas de sangre y eso nada lo podría cambiar. 


A lo lejos se escucharon las sirenas de los coches patrulla. Al parecer, un camionero había visto la explosión en la gasolinera y había dado el aviso.



Agente 1: ¡Póngase de rodillas con las manos en la nuca! – Apuntándole con un arma.-

Agente 2: ¡Para, es ella! – Bajando el arma de su compañero.-

Agente 1: Lo siento mucho señorita, la hemos estado buscando por todas partes. ¿Se encuentra bien?

Sarah: Sí, ahora sí.

Agente 2: Venga con nosotros, la llevaremos al hospital. ¿Qué ha pasado?

Sarah: Antes he de hacer una última parada, ya recuerdo dónde estuve encerrada y aún queda gente a la que salvar.


FIN