martes, 3 de noviembre de 2015

El legado de las brujas. Capítulo 1



Sarah estaba recolectando manzanas una mañana de finales de octubre. Pronto llegaría la noche más mágica del año, en la que el velo que separa los dos mundos, es apenas visible. Esa noche, Sarah celebraría Samhain acompañada de su aquelarre, danzarían, realizarían hechizos para favorecer la fertilidad y las cosechas, jugarían a pescar manzanas dentro de un barril de agua y usarían calabazas a modo de faroles, como era la tradición para venerar a los dioses.

Beth: Querida ¿recogiste suficientes manzanas para la fiesta?
Sarah: Sí, madre.
Beth: De acuerdo, necesito que me acompañes al pueblo, hemos de asistir un parto.

La madre de Sarah era una gran comadrona, había ayudado a traer al mundo a la mayoría de jóvenes del pueblo y Sarah pronto seguiría sus pasos. 

Pasaron las horas y la multitud se agolpaba a las puertas de una gran casa. De repente, el llanto de un bebé se escuchó y los allí presentes entraron en júbilo, había nacido un niño, el primogénito del gobernador.

Días más tarde, en la noche de todos los santos, Sarah estaba colocando las manzanas alrededor del altar. En él había frutos secos, calabazas decoradas y frutas de temporada. Todo estaba muy colorido y la joven realmente disfrutaba con los preparativos. Se acercó a las velas y posó su mano encima de una de ellas, miró a todas partes para comprobar que se encontraba sola y al no ver a nadie, cerró los ojos y el calor que emanaba de su cuerpo encendió una pequeña llama. Al ver su hazaña, Sarah sonrió orgullosa y triunfal. Pero no estaba sola, alguien la observaba oculto tras unos matorrales y la joven ajena a todo, celebró la festividad con sus hermanas como era de esperar.

Al terminar los rituales, mientras todas las demás brujas se marchaban a recorrer el bosque  y  bañarse desnudas en el lago, Sarah se quedó rezagada, recogiendo las sobras y todo cuanto habían usado, no quería que tuviesen problemas con los vecinos y las acusaran de brujería. 
Por aquellos tiempos, la caza de brujas estaba al alza, debían tener cuidado con hacer manifestaciones delante de los demás o tendrían muchos problemas. Entonces, el hombre que se encontraba oculto salió de su escondite y sorprendió a Sarah, a la que se le cayeron las manzanas al suelo de la impresión.

Abraham: ¿Qué haces aquí a estas horas, Sarah?
Sarah: Buenas noches, gobernador. Verá, mis amigas y yo nos hemos reunido esta noche para cenar juntas y estaba recogiendo la mesa. Hace una noche muy buena y queríamos cenar al aire libre. ¿Qué le trae por mi humilde morada?
Abraham: He visto lo que has hecho. ¡Eres una bruja! ¿Cierto? No me lo puedes negar, lo que no sé a ciencia cierta es si eres la única oveja negra de tu familia o hay alguien más en el rebaño.
Sarah: No, yo… Ninguna lo es.
Abraham: No temas, no diré nada.
Sarah: Gracias, señor.

El gobernador se acercó a Sarah y le apartó un mechón de pelo de la cara. Ésta por instinto se apartó de él, pero apenas logró zafarse y por desgracia, aquella noche no solo marcaría de por vida a la joven, sino también el curso de la historia.

Con las ropas rasgadas llegó a su casa, su madre y sus hermanas aun no habían regresado de la celebración, por lo que se fue directamente a la tina a darse un baño. Se sentía sucia y quería limpiarse lo mejor posible el rastro de aquél desgraciado, que había acabado con ella en aquél altar, bajo la luna llena de sangre. 
 Nunca pasa nada bueno cuando hay sangre en la luna y Sarah lo había aprendido de la peor forma posible. Bajo el agua, se dejó llevar en un mar de lágrimas, nadie sabría jamás lo sucedido, la vida de su madre y sus hermanas dependía de ello y Sarah lo sabía, el gobernador se había encargado de hacérselo entender.

Pasaron las semanas y Sarah no pronunciaba palabra, temía que al hacerlo, una lágrima furtiva se le escapase y no fuera lo suficientemente fuerte, como para evitar, que su lengua volase libre y fuera de control.

Una noche, su hermana pequeña se encontraba en el granero, dando de comer a las gallinas, cuando escuchó un ruido y se escondió. El gobernador entraba por la puerta, casi arrastrando a su hermana Sarah que iba llorando desconsolada. Cada noche ocurría lo mismo, cuando todas se iban a dormir, el gobernador entraba por la ventana de la habitación de Sarah y la arrastraba hasta el granero donde le arrancaba un pedazo de su alma cada vez mayor. Apenas quedaba nada de la joven que había sido antaño. Cuando el gobernador se marchó, la hermana pequeña  de Sarah, que tan solo tenía un par de años menos que ella, salió y se arrodilló junto a su hermana para abrazarla. 

Meg: ¡Sarah! ¿Estás embarazada?
Sarah: No se lo digas a nadie, por favor Meg.
Meg: Pero pronto empezará a notarse. ¿Cómo nos lo has ocultado todo este tiempo? Sobre todo a madre, sabes que ella lo huele a distancia.
Sarah: No puedes decir nada a nadie, hice un hechizo de ocultación, pero no resistirá eternamente. Yo sé que mi vida está sentenciada, pero las vuestras están a salvo mientras yo no diga nada. Debes prometérmelo, hermana.

Meg vio la súplica en los ojos de su hermana y no pudo negarle nada.

Meg: Te lo prometo, Sarah.

MESES DESPUÉS

Sarah era una joven muy bella y dulce, las mujeres del pueblo siempre estuvieron celosas de ella y ahora que sabían que estaba embarazada, tan joven y sin marido, no tardaron en especular acerca de su condición de bruja. Todas temían que alguno de sus esposos hubiese sido hechizado y la hubiese dejado en cinta, por lo que los rumores no tardaron en llegar hasta la inquisición.

Una mañana, mientras Sarah y su familia desayunaba tranquilamente, escucharon unos caballos que se aproximaban a la casa. Cuando la madre de Sarah salió, ya sabía lo que les esperaba. Unos hombres entraron a la fuerza y sacaron a Sarah a empujones, la metieron en un carro con rejas de hierro y la llevaron a los calabozos, donde sería ajusticiada. La joven conocía su destino y sabía muy bien que lo único que podía hacer, era poner a salvo a la criatura que portaba en su interior, ella sería la encargada de transmitir su legado, el legado de las brujas.

Sarah: ¡No soy bruja!
Inquisidor: ¡Una vez más!
Sarah: ¡No, por favor! ¡No lo soy!

A Sarah le ardían los pies, le habían hecho cruzar un camino de brasas candentes y las ampollas no le dejaban a penas caminar, además, le habían hecho meter las manos en una hoguera, clavado agujas por todo el cuerpo y ahora estaba atada con una cuerda alrededor de sus axilas y era introducida en un pozo lleno de agua, una y otra vez hasta que perdía el conocimiento.

Cuando la dejaron en el calabozo, no tenía fuerzas para nada, ni siquiera tenía más lágrimas que derramar, se agarraba fuerte la tripa por miedo a perder a la criatura que estaba a punto de nacer. De pronto, notó un dolor muy fuerte en el vientre y no pudo reprimir un grito. Una mujer que pasaba por allí, aquella que servía la comida a los condenados, se detuvo delante de su puerta. Al ver la escena, pidió al guarda que la dejase asistir a la joven, pero el guarda al principio se negó. La mujer le convenció, al decirle que si la joven era hallada muerta sin haber sido juzgada, los dos tendrían muchos problemas, por lo que el guarda abrió la puerta y la mujer entró en la celda.

Sarah tenía contracciones y el bebé estaba a punto de nacer, no había tiempo que perder. La mujer se hizo con una palancana de agua caliente y muchos trapos. El guarda se marchó de la celda, al pensar que sería muy macabro ver a una bruja dando a luz a un ser tan demoniaco y temeroso de la acción de Dios, dejó solas a las dos mujeres.
 
Tras varias horas de agonía, Helena llegó al mundo, sana y salva. Era una preciosa niña con el pelo negro y las mejillas sonrosadas. La mujer cargó a la niña en sus brazos y se la cedió a Sarah envuelta en unos trapos. Sarah cogió a su hija y la emoción le desbordó. Cerró los ojos, recitó unas palabras en voz alta y le besó la frente, marcándola con su energía y cediéndole todo su poder. Además, había silenciado a su hija durante unos momentos, hechizándola el tiempo suficiente para que pasase por un cadáver a los ojos de los guardas, que al darla por muerta se lo dirían al inquisidor y la niña dejaría de estar en el punto de mira. Entregó la niña a la mujer que le había ayudado a dar a luz y le rogó que cuidase de ella.

Sarah: Por favor, se lo ruego. No deje que se la lleven, la matarán.
Morgana: No puedo, nunca he querido tener niños, soy una mujer solitaria.
Sarah: Por favor, usted es una bruja como yo y como lo es ahora mi hija, no les deje que la maten, se lo ruego. Mi vida ya esta sentenciada y sé que ella está predestinada a hacer grandes cosas y en el fondo de su corazón, usted también lo sabe.

La mujer miró a los ojos de la niña, tan azules y profundos como un mar embravecido y pudo ver lo que Sarah le decía, esa criatura era especial.

Morgana: Tiene la chispa en sus ojos, no hay duda. No te preocupes querida, yo cuidaré de ella como si fuese mi propia hija.

Sarah le cogió la mano y la apretó en señal de gratitud, sabía que sería la única forma de mantener viva a su hija. Si entregaba la niña a su familia, siempre y cuando el inquisidor no la matase o la hiciese su sierva, podría poner en peligro a su madre y sus hermanas. Qué diferente hubiera sido todo si su padre hubiese vuelto con vida de la guerra. Miró por última vez a su tesoro, antes que las lágrimas lo inundasen todo y se preparó para lo que en unas horas acontecería, su final.

La mujer salió de la celda con la niña envuelta en andrajos, cuando pasó junto al guarda, le mostró a la criatura que no respiraba y estaba casi azul, el guarda le dijo que serviría de comida para los cerdos, por lo que la mujer asintió con la cabeza y se marchó con la niña en los brazos. Al salir de las mazmorras, la pequeña volvió a respirar y a recuperar su color rosado natural. Morgana le dedicó una dulce sonrisa y se marchó.

Al atardecer, allí estaba Morgana, oculta bajo una capucha marrón, con la niña entre sus ropas, pegada a su cuerpo y escondida entre la multitud. Los clarines sonaron y las puertas de las mazmorras se abrieron para dejar paso a una hilera de presos encadenados, entre los que se encontraba Sarah.

La joven había terminado confesando por brujería, tras recibir la visita del gobernador en su celda y asegurarle que si ella confesaba, acatando el castigo que el inquisidor le impusiera, su familia estaría a salvo. Por suerte o por desgracia, el gobernador era un hombre oscuro, pero de palabra y cumplió su promesa. Pero el precio que tuvo que pagar Sarah fue muy alto, quemarse en la hoguera hasta morir.

Sí, así era. Allí estaban las pilas de heno a los pies de los cinco grandes postes de madera, a los que ataron a los presos. La familia de Sarah lloraba desconsolada, pero Sarah no derramó ni una sola lágrima más, se mantuvo firme con la mirada perdida en el horizonte.

Muchedumbre: ¡Destrúyanlos a todos, el señor lo sabrá todo! ¡A la hoguera con ellos! ¡Muerte a la bruja!
Verdugo: ¿Algo que alegar?
Sarah: Los dioses de una antigua religión, son los demonios de una nueva. Nunca le deseé el mal a nadie, pero solo espero que algún día se haga justicia, por el bien de la humanidad.

Morgana no quería ver como terminaban las cosas, no podría explicarle a Helena el día de mañana, que no pudo hacer nada para salvar a su madre mientras veía como la quemaban en la hoguera. No sería capaz de mirarla a la cara y además, tampoco podía estar presente en las ejecuciones, su empatía la destrozaba por dentro al sentir lo mismo que sentían las personas de su alrededor. 

Antes de tomar el camino que salía del pueblo, para no regresar jamás, echó un último vistazo a Sarah, que ya comenzaba a notar como el calor abrasador subía por debajo de su falda y pudo entrever en sus labios, un último "gracias" salir de su boca, antes de estremecerse de dolor y perder el conocimiento.

Morgana se alejó con lágrimas en los ojos y con una pequeña niña durmiendo en su regazo, bajo la gruesa túnica que llevaba. Esa pequeña lo cambiaría todo, estaba segura, ella marcaría el inicio de una nueva era. El resurgir de las brujas.

 
Continuará…

sábado, 31 de octubre de 2015

Winchester Park


"Este spin off se lo dedico a mi buen amigo Marc, lo hice con sus tres roles en SpnFever. Lo prometido es deuda, querido amigo, espero que te guste."
  
.........................


Sonó la alarma del móvil…

'Cause it was the heat of the moment
Telling me what your heart meant
The heat of the moment shone in your eyes…

Dean: ¡Nos atacan! – Dijo cogiendo la pistola que tenía bajo la almohada, sobresaltado.
Sam: No nos ataca nadie, es la alarma. Vístete, tenemos un caso.
Dean: ¿No podemos descansar ni un solo día, Sammy?
Sam: Voy cargando el coche, date prisa.

Dean se levantó, se dio una ducha, se vistió, después cogió su bolsa y salió corriendo, Sam le estaba esperando fuera. Condujeron un par de kilómetros cuando Dean realizó un giro de 180 grados sin previo aviso.

Sam: ¿Qué haces?
Dean: No he desayunado, tengo hambre y aquí hacen unas buenas tortitas con sirope de arce. Además, cogeremos algo para el camino. 

Los dos hermanos entraron en la cafetería. Aún no estaba muy llena, por lo que se pusieron en una mesa apartada para disfrutar de su desayuno. Dean cogió la carta y saludó a la joven y guapa camarera que les atendió. Le puso su cara de coqueteo mientras mordisqueaba el boli y la camarera le trajo un bollo extra, cortesía de la casa.

Cuando Dean estaba a punto de probar el primer bocado…

Crowley: Hello, boys!

Sam: ¡Crowley! ¿Qué demonios quieres? – Dirigiéndose al demonio que apareció sentado junto a Dean.
Crowley: Tranquilo alce, estoy aquí porque requiero vuestros servicios.
Dean: Lárgate y déjame comer. Tengo hambre.
Crowley: ¿Cuándo no tienes hambre tú, ardilla? Tengo un ligero problemita con la adolescente psicópata.
Dean: ¿Quién?
Sam: Amara.

Crowley: ¡Premio para el alce! Sí, Amara. Es más poderosa de lo que me imaginaba. Le ha dado por… bueno, cambiar un poco las cosas.
Dean: ¿Y cuál es el problema?
Crowley: Dice que la creación de Dios es un desastre y que no hay por donde cogerla, por lo que pretende volver al principio y cambiar las cosas. Eso quiere decir… el Big Bang, monitos, el Big Bang.
Sam: Eso es imposible, no puede interferir en el Big Bang.
Crowley: Lo sé, por eso pretende regresar al pasado y alterarlo, de esa forma, todo cambiará.
Dean: ¿Y a ti qué más te da?
Crowley: Soy el rey del infierno, si altera las cosas me sacaría de mi puesto y eso no me hace la menor gracia. ¿Comprendes, monito?
Sam: ¿Cómo la detenemos?
Crowley: Hay que ir al pasado y evitar que altere nada. Yo intentaré convencerla para que regrese, pero necesito a alguien que evite que me devoren las alimañas. Mi traje de carne me gusta demasiado y allí lo más probable es que mis poderes no funcionen tan bien como es de esperar, ya que allí no sería más que un demonio. Por aquél entonces, el infierno estaba en pañales y gobernado por tu novia, alce.
 Sam: ¿Qué novia?
Crowley: Lucifer ¿quién sino?

Los tres hombres salieron del local y fueron hasta el Impala a recoger armas, si iban a viajar al pasado tendrían que estar preparados. De pronto Sam notó que alguien les seguía, un hombre encapuchado. El hombre fue ganándoles terreno y cuando iba a sacar una pistola, Sam se abalanzó sobre él y forcejearon por el arma.

Dylan: ¿Sam?
Sam: ¡Dylan! No me lo puedo creer. ¿Por qué nos atacaste?
Dylan: Lo siento, pero… ¿Qué hacéis con el rey del infierno? Le atacaba a él.
Sam: Es… una larga historia.
Crowley: ¿Alce, no nos presentas a tu nueva novia?
Dylan: ¡Como te coja te…! – Lanzándose a por Crowley y siendo sujetado por Sam.
Sam: Tranquilo Dylan, ahora te lo explicamos. Dylan es el primo de Lisa. Lo conocí en una cacería, es de los nuestros.

Tras las presentaciones y una larga conversación, decidieron que Dylan y Dean, acompañarían a Crowley en el viaje en el tiempo. Dylan era un fanático de los dinosaurios y eso les vendría como anillo al dedo. ¿Pero lo del viaje en el tiempo, cómo lo harían? El rey del infierno tenía sus recursos. Sam se quedaría como enlace con Cass en este lado y si algo iba mal, ellos se encargarían de traerlos de vuelta. Eso no le gustó nada al joven Winchester, pero cuando se le metía algo en la cabeza a su hermano no había quien le llevase la contraria, si lo hacía sabía que Dean iría sin consultarle y eso sería mucho peor.

Condujeron hasta el motel donde Dylan se alojaba, allí esperarían Cass y Sam hasta que los demás regresaran. Tenían que pensar un plan para contener a Amara y el tiempo corría en su contra.
Cuando llegaron a la habitación, Sam llamó a Cass y este se personó junto a ellos en seguida.

Cass: ¡¿Crowley?!
Crowley: Casteliote… ¿Cómo van las cosas por ahí arriba?
Cass: ¿Qué sucede?

Pusieron a Cass al corriente y antes de marcharse, Dean quiso advertir a su hermano que no se hiciese el valiente, por si Crowley les traicionaba y regresaba el solo con Amara. Tras una típica discusión, Sam accedió, aunque Dean sabía que su hermano pequeño terminaría haciendo lo que le diese la real gana.

Dean: Cass, cuida de mi hermano.
Crowley comenzó a decir unas palabras en latín y seguidamente, Dylan, Dean y Crowley desaparecieron.

65 MILLONES DE AÑOS ANTES

Llegaron a una playa de agua cristalina y arenas blancas. Dylan se separó del grupo mientras Crowley y Dean se enzarzaban en una discusión sobre quien llevaría la voz cantante del grupo.

Crowley: Yo soy el rey del infierno y os he traído hasta aquí, así que yo soy el líder de la expedición. Vosotras, Débora y Daissy sois mis damiselas de compañía, no lo olvides ardilla.
Dean: Más que tus damiselas somos tus guardaespaldas. Y por mucho rey del infierno que seas, yo tuve la marca de Caín y la primera espada. ¿Recuerdas?
Dylan: ¿Queréis callaros de una vez? Tenemos compañía.
Crowley: Recordad que no podemos matar a ningún bicho o el orden de las cosas se alteraría. Tened cuidado donde ponéis esas canoas que tenéis por pies, bitches.
Dean: Tenemos tranquilizantes para parar a un regimiento, con esto no matamos a nadie, como mucho les haremos cosquillas.

Aparecieron un montón de dinosaurios en miniatura.

Dean: ¿Eso es lo que te da miedo? Los dinosaurios de la Barbie.
Dylan: Tú ríete, pero cazan en manada y te comen vivo. Son Compsognathus. ¿No has visto Jurasic Park 2?

Dean: Sí, pero me gustó más la primera.
Crowley: A mí no me mires. El friki es él.
Dylan: ¿Estás seguro que no podemos matarlos?
Crowley: Seguro, para evitar cosas como esas hemos venido.
Dylan: Pues… ¡CORRED!

Los tres corrieron por la línea de la costa hasta llegar un gran tronco tirado en el suelo, se escondieron debajo de él y así dieron esquinazo a los pequeños dinosaurios que querían devorarlos.

Dean: Bueno ¿y ahora qué?
Crowley: Tenemos que dar con Amara. Por aquí no hay muchos humanos que digamos, podemos tenderle una trampa y tenemos el alma perfecta para hacerlo.

Dean y Crowley se miraron, después contemplaron a Dylan y este no podía imaginarse lo que le esperaba.

Dylan: Esperad un momento. ¿Me estáis diciendo que voy a ser el plato principal de la loca esa?
Crowley: Contigo tendría incluso segundo plato y postre.

Dylan le echó una mirada asesina al demonio, pero este le ignoró. Continuaron su camino, adentrándose en la parte frondosa de la isla. Dylan les explicó que supuestamente, según Spielberg, los carnívoros más peligrosos se encontraban en el interior de la isla, por lo que cuanto más avanzasen, más peligros se encontrarían. De pronto se detuvieron, Crowley les dijo que les contaría el plan que había ideado para convencer a Amara.

Dean: Así que tu mejor baza soy yo.
Crowley: Por lo que he podido averiguar, tienes una relación especial con mi pequeña Amara. Seguro que la convences.
Dean: Sí, claro. En cuanto la encuentre acabaré con ella.
Crowley: ¿Estás seguro de ser capaz de hacerlo? Yo creo que no. Compartís algo muy valioso, la marca de Caín.

Dean: ¿Qué sabes al respecto? ¡HABLA!
Dylan: Chicos, creo que deberíais dejar las cuentas pendientes para otro momento. No creo que sea el momento ni el lugar indicado. Porque yo pienso que…
Dean: Dylan, no te muevas.
Dylan: ¿Por qué?
Entonces se escuchó una respiración y un sonido característico.
Dylan: ¡Mierda!

Dylan se agachó y Dean disparó un dardo al cuello del raptor, con el que dio de lleno. Mientras, Crowley veía toda la escena desde unos metros más atrás. Dylan rodó por el suelo para escapar del ataque de otro de los raptores que saltó desde detrás de la vegetación hacia él. Y Dean tuvo que hacer lo mismo, ya que fue atacado por otro de los raptores.

Dylan: Se me olvidó deciros que los raptores cazan en manada.
Dean: Pues podrías haberte acordado un poquito antes.

Los tres se vieron rodeados por los animales en un momento. Crowley probó a usar sus poderes, pero no sirvió de nada, en ese lugar no funcionaban, o al menos no de la forma que él esperaba. No podían matar a las bestias, pero las bestias a ellos sí y no tendrían dardos suficientes para todos, por lo que ese sería su fin.

De pronto, Dylan alzó lentamente las manos y comenzó a hablar con los animales.

Crowley: No se qué demonios te crees que haces, Cesar Millán, pero te recuerdo que estos no son chuchos pulgosos, por si no te habías dado cuenta.

Dylan ignoró al demonio y siguió hablándoles a los animales, que por muy surrealista que fuese, parecía que le entendían.

De improvisto, uno de los raptores se dispuso a saltar sobre Dylan, pero entonces escucharon un rugido que les heló la sangre. Eso lo reconoció hasta Dean, que instintivamente se echó hacia atrás, provocando que el raptor saltase a  por su presa, pero éste fue interceptado por un inmenso tiranosaurio rex que apareció detrás de los árboles. Los raptores cambiaron de objetivo y saltaron sobre el rex, que los cogía de la cola, los lanzaba al aire y los destrozaba al atraparlos entre sus mandíbulas.

Aprovechando la pelea entre los dinosaurios, el demonio y los dos cazadores salieron corriendo por caminos separados.

Tras varios metros corriendo, Dylan se detuvo y miró hacia atrás, estaba solo. Se subió a un árbol para ver si encontraba a alguno de sus compañeros y vio a Crowley subido en uno de los árboles contiguos.

Dylan: No me lo puedo creer. El rey del infierno huyendo como una gallina.
Crowley: Mira quien fue a hablar. El hombre que susurraba a los raptores.
Dylan: Al menos yo intenté hacer algo de provecho, no como tú que te escondías como una nenaza.

Mientras los dos discutían, Dean seguía corriendo, hasta que se dio cuenta que había perdido  a sus compañero de fatiga.

Dean: ¡Bowls!

Entonces sintió como si un gran imán le atrajese hacia lo más profundo de la maleza. Apartó un par de ramas con las manos y allí estaba ella.

Dean: ¡Amara!
Amara: Hola Dean. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado? No me lo digas, el tío Crowley vino contigo. 

Comienza a ser bastante molesto.

Dean: Amara, tienes que volver.

Dean sacó el cuchillo mata demonios y lo alzó frente a Amara.

Amara: No puedes matarme, Dean. Estamos unidos para siempre y en el fondo lo sabes.

Entonces Amara se aproximó a Dean y lo besó. El cazador al principio intentó resistirse, pero la Oscuridad había estado tanto tiempo dentro de él que al final cayó rendido a sus pies.

Crowley: ¡Ardilla! ¿Se puede saber qué haces?

Crowley estaba furioso, pero calmó su gesto serio para hablar con Amara.

Crowley: Princesa, tienes que regresar, este no es el modo de hacer las cosas.
Amara: Para crear hay que destruir. Si nos deshacemos de la creación divina, podremos rehacer el mundo como queramos, tío Crowley. ¿No es lo que querías?
Dean: Amara, escúchame. No puedes destruir a la humanidad. Me dijiste que a mí no me harías daño, si haces esto, estarías incumpliendo tu palabra. 

Amara lo pensó durante unos instantes, después alzó la vista para mirar a los ojos directamente a Dean, le acarició la mejilla con el reverso de la mano y desapareció.

Crowley: Ya está, la pequeña psicópata regresó a casa. ¿Ves como me serviste bien, ardilla?
Dylan: ¿Y ahora cómo volvemos?
Crowley: Igual que vinimos. Tengo que decir las palabras exactas del… hechizo.
Dean: ¿Qué hiciste ahora?
Crowley: ¡NO ESTÁ!
Dylan: ¿Te refieres a esto? No me fio de ti, no iba a dejar que te largases de aquí sin nosotros.
Dean: Bien pensado. Larguémonos de aquí, me muero de hambre.
Dylan: Eso mismo iba a decir yo.
Crowley: Trae aquí eso, Daissy. ¿Listas, señoritas?

Mientras, en la habitación del motel, Cass y Sam estaban rebuscando en internet y en libros antiguos, la mejor manera de hacer regresar a Dean y a Dylan, por si acaso Crowley les traicionaba. Los dedos de Sam volaban por el teclado del ordenador, mientras buscaba en internet, a la par que Castiel se mantenía alerta con la radio angelical y rebuscaba en uno de los libros que tenía sobre la mesa.

Sam: Tenemos que dar con una solución, Cass. No pienso dejar a mi hermano atrapado en otro tiempo.
Cass: No va a ser nada fácil, en el cielo nadie sabe nada del asunto, por lo que es difícil escuchar algo que merezca la pena. Yo sigo siendo el tema principal de conversación.
Sam: Siento no haberte preguntado antes. ¿Cómo te encuentras?
Cass: No estoy seguro. Mis hermanos quieren acabar conmigo y puedo comprender por qué. He cometido muchos errores.
Sam: Todos lo hemos hecho, Cass.
Crowley: Hello, boys! ¿Nos echasteis mucho de menos.

Todo había salido bien. Tras una larga charla, Crowley desapareció, Cass se marchó y Dylan se despidió de los hermanos desde la puerta, hasta que una nueva aventura uniese de nuevo sus caminos.

Camino al Impala, Sam se detuvo y Dean se dio cuenta que algo le ocultaba.

Dean: ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Sam: Pensé que no volverías. No sabía cómo hacerte regresar si Crowley os traicionaba. Estaba decidido a ir en busca de Rowena si era preciso.
Dean: Estoy aquí, Sammy. Sabes que soy duro de roer y siempre vuelvo. Queramos o no, siempre volvemos.
Sam: Lo sé, pero no siempre será así y temía que hubiese llegado el momento.

Dean abrazó a su hermano e instantes después pusieron rumbo a Oklahoma, tenían un caso que resolver y una criatura con la que acabar.

Dean: El negocio familiar, Sammy. El negocio familiar.

FIN

sábado, 24 de octubre de 2015

Excursión encantada

Este en un cuento o historia que dedico a mis amigos, a los que quiero y me gusta meter miedo de vez en cuando jejeje.
 

-Estoy abajo. ¿Subo o bajáis ya?- Le dije a Vero por el móvil.

Había ido muchas veces a casa de su madre, pero nunca recordaba el piso que era, por lo que terminaba llamándola por teléfono para que me abriese la puerta. Mientras Vero bajaba, Carla, Laura y yo vimos llegar a Luis, Iván y Adri, este último en su moto, como era de esperar. Dani llegaba tarde, había tenido partido de pádel. 

-Ya era hora, se me están helando las orejas.-

Adri había convencido al grupo para hacer una excursión un tanto peculiar. Al principio la mayoría se había rajado, como era lógico, pero poco a poco les fue convenciendo. Luis parecía menos asustado de lo que estaba en realidad, al igual que el resto. La idea era ir hasta el hospital psiquiátrico abandonado, pero no entrar. Más tarde iríamos a reírnos a alguna parte mientras tomábamos algo, aprovechando el viajecito. Lo malo es que nada salió como estaba previsto.

Nos repartimos en los dos coches y Adri nos guiaba con la moto. Al principio íbamos hablando normalmente, pero poco a poco el ambiente se fue cargando y el silencio se apoderó de ambos coches.
Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y entonces lo supe...

-Estamos llegando.-

Nunca había estado en la zona, pero lo había visto en fotos. Aparcamos los coches y nos bajamos. Estaba oscuro y tan solo eran las siete de la tarde. Hacía frío, noviembre este año estaba siendo menos duro que años anteriores, pero esa noche amenazaba tormenta.

Sacamos las linternas y comenzamos a rodear el hospital. De repente Adri entró sin previo aviso y Dani le siguió, el resto nos quedamos en la calle, mirándonos inmóviles.

Estaba claro que no teníamos pensado poner un pie en aquél lugar, pero estar allí afuera tampoco era una buena idea, ya que comenzó a llover a cántaros. Decidimos esperarles dentro del coche, pero cuando estábamos a punto de llegar, escuchamos un grito. ¿Qué había pasado?

Corrimos en dirección a la puerta por la que habían entrado los chicos y para sorpresa nuestra, había sido una broma para hacernos entrar. Típico de ellos.

Estábamos calados hasta los huesos, por lo que esperamos dentro a que pasara la tormenta. Había algo que me perturbaba, no solo eran las presencias habituales que puede haber en un sitio así, había algo más y nos estaba observando.

Decidimos buscar una habitación más cálida en la que esperar a que arreciara la tormenta y nos dividimos en dos grupos. Adri, Iván y Dani fueron por la planta de abajo del psiquiátrico y el resto fuimos por la planta de arriba.

Subimos las escaleras todos juntos, sabía que no era buena idea quedarnos, pero no dejaba de llover y era imposible regresar con ese temporal. Entramos en una de las habitaciones, estaba abnegada por el agua y el barro.

-Mala opción, sigamos buscando.-

Caminamos por una pasillo lleno de pintadas y escombros. La vegetación que rodeaba el psiquiátrico se abría camino entre los huecos de las ventanas y por las paredes derrumbadas.

Vero y yo íbamos en cabeza, cada una con una linterna en la mano, pero las pilas comenzaron a fallar. Al principio resultó curioso que las dos linternas fallasen a la vez y tuviésemos que sacar los móviles para alumbrarnos, pero cuando nos dimos cuenta que ninguno teníamos cobertura, dejó de resultar gracioso y comenzó a ser acojonante. Nadie sabía dónde estábamos, por mucho que quisiéramos llamar a alguien, no podríamos, por lo que decidimos que sería mejor marcharse, ahora que la lluvia comenzaba a amainar, o esa era la impresión que teníamos.

Cuando nos dimos media vuelta, nos chocamos de bruces con Adri y Dani que venían en nuestra busca. Iván estaba un poco más rezagado, cambiando las pilas de la linterna para ver si era por eso que se apagaba. Del susto que nos dimos, pegamos un grito que más tarde se convirtió en una carcajada al unísono.
De pronto escuchamos un maullido, nos giramos y vimos un pequeño gato negro en medio del pasillo, a unos pocos metros de nosotros. Carla y Laura se acercaron al gato para ver si estaba bien y por raro que parezca, el gato no se movió. Cuando Laura alargó la mano para tocarle, Carla se lo impidió, el gato la arañó y salió corriendo.

-¿Alguno tiene agua oxigenada? Hay que limpiar el arañazo, no queremos que se infecte.-

Al parecer, Luis tenía en el maletero un kit de primeros auxilios, por lo que salimos al coche a buscarlo mientras los demás nos esperaban en la parte de abajo del psiquiátrico. Luis y yo corrimos hasta el coche, seguía lloviendo y por poco me resbalo, ya que estaba todo lleno de barro. Miré el móvil mientras Luis rebuscaba en el maletero y no tenía señal.

-No sé qué mierdas pasa en este sitio, pero no me gusta.-

Le había mentido, si sabía lo que ocurría en aquél lugar. Desde que habíamos llegado no había parado de tener “sensaciones”, me venían imágenes, no sabía si eran producto de mi imaginación o algo peor. En aquél lugar no había solo espíritus, había algo mucho peor, debido a los rituales satánicos que se llevaban realizando durante tantos años. 

Cuando conseguimos el agua oxigenada y las gasas, regresamos, pero había un problema.

-¿Qué sucede?-

Luis intentaba abrir las puertas, pero no se movían ni un milímetro. Llamamos a la puerta para que los chicos desde dentro nos abriesen y empujaron, pero fue en vano. 

-Entremos por uno de los huecos de las ventanas.- 

Nos dirigimos a la parte de atrás, esquivando escombros y follaje. Cuando llegamos a una ventana del primer piso por la que podíamos colarnos, lo hicimos. Entré yo primera y ayudé a Luis a entrar, porque aún se resentía de su tobillo de vez en cuando. Los chicos vinieron en nuestra busca y nos reunimos en una de las habitaciones principales de la planta de abajo, los baños.

Tenía unos ganchos colgados del techo, que con la tormenta no hacían más que moverse de un lado para el otro, tuvimos que agacharnos al pasar por debajo para evitar quedar enganchados.

Fuimos hasta la entrada y volvimos a probar suerte con las puertas, pero no se movían.

-Dejadlo, no se moverán por mucho que insistáis, no están atascadas. Tenemos que salir de aquí, ya.-

Curé a Carla, y le puse una venda para que no se le infectase el arañazo, ya que aquél sitio no era lo que se dice… “libre de bacterias”.

 Salimos por la ventana y nos dirigimos a los coches, pero para nuestra sorpresa, no arrancaban.

-¿Es una broma? No me lo puedo creer.-

El móvil seguía sin señal y la lluvia cada vez era más fuerte. No había nada cerca, ninguna gasolinera o pueblo al que ir, todos estaban a un paseo, por lo que entramos de nuevo al psiquiátrico y nos quedamos todos sentados en las escaleras. 

De repente escuché una risa de un niño, me levanté y seguí el sonido. Ninguno de mis amigos escuchaba nada, pero me siguieron para no dejarme sola. 

Bajé por unas escaleras que daban al sótano y mis amigos me siguieron de cerca. Había un largo pasillo oscuro y frío que se adentraba en las entrañas del edificio. Avancé unos pasos mientras mis amigos se quedaban en las escaleras y entonces la vi, una niña rubia, con dos coletas y un vestido azul.

Niña: ¡CORRE!
 
De repente la niña desapareció y la luz del móvil se apagó. Intenté encenderlo y cuando estaba a punto de conseguirlo, noté que alguien o algo, estaban justo frente a mi cara, sentía su respiración sobre mi rostro. Sabía que mis amigos no eran, escuchaba sus voces detrás de mí. Al final conseguí dar con el botón adecuado y se hizo la luz, pero para ser sinceros, hubiese preferido continuar en penumbras. Ante mí había un hombre, con las cuencas de los ojos vacías. Era delgado y demacrado, con los dientes afilados y los brazos cortados. Sabía que no era su forma real, solo una ilusión provocada por algo más grande, para provocarme pavor y aunque lo estaba consiguiendo, permanecí impasible ante aquella terrorífica imagen. Aquél hombre se acercó a mí, parecía como si me estuviese oliendo y aguanté la respiración hasta que sin saber por qué, desapareció. 

Regresé con mis amigos y les pregunté si habían visto lo mismo que yo, pero nadie había visto nada, por lo que subimos las escaleras a toda prisa y salimos por la ventana, nos montamos en los coches y salimos corriendo de vuelta a la civilización.  La lluvia había cesado y los coches funcionaban. Miré los mensajes y tenía un montón de llamadas perdidas, me iba a caer una buena regañina. Vero comenzó a hablar con su novio Emilio, la había estado llamando preocupado, pero no le contó nada, tampoco nos iba a creer.
Mientras el coche cogía el camino que llevaba a la carretera, me dio por mirar hacia atrás, a una de las ventanas de la planta de arriba del psiquiátrico y vi a la niña del vestido azul. No sé cómo, pero supe lo que quería decirme. 

“Ayúdanos, vuelve pronto.” 

Le sonreí tristemente y no dije nada más hasta llegar a casa, ese día tendría que reponer fuerzas, al día siguiente tenía un demonio con el que acabar.

FIN