domingo, 12 de julio de 2015

Halloween Night. Capítulo 5º



Unos meses antes de Halloween, en pleno Agosto, Eli se estaba preparando para irse de acampada con unos amigos.

Jezabel: No gracias, prefiero quedarme en casa, pero pasarlo muy bien por mí. Tengo mucho que preparar para tu fiesta de cumpleaños y si no estás presente, no incordiarás.
Elizabeth: Jajajaja. ¿Segura que te puedes encargar tú de todo?
Jezabel: Por si no fuera poco el ser hermanas, somos brujas, creo que podré apañármelas yo sola. Además, cuando regreses de la acampada lo verás ya todo listo y al fin podré sorprenderte con algo.
Elizabeth: Muchas gracias hermanita, te debo una.
Jezabel: Eso seguro. Pásalo bien y a la vuelta me cuentas todo con pelos y señales.

Mientras Eli terminaba de preparar la mochila con lo que se llevaría a su acampada, Jezabel se sentaba en el banco junto a la ventana para escribir la lista de tareas pendientes para la celebración del cumpleaños de su hermana, que tendría lugar una semana después. Estaba absorta en sus pensamientos cuando escuchó un claxon. Jezabel miró por la ventana y vio a un joven muy apuesto pero algo pálido esperando en un descapotable rojo a la puerta de su casa. El joven alzó la vista y su mirada se topó con la de Jezabel. Esos ojos se le quedaron grabados a fuego en la memoria. Vio como su hermana montaba en el coche minutos después y se despedía de ella con la mano alzada mientras el coche tomaba la curva que le llevaría hacia las afueras de la ciudad. Jezabel sintió una punzada en el corazón, algo no iba bien, esos ojos, ese chico no era de fiar. 

¿Y si su hermana se iba de acampada con los amigos, dónde estaba el resto del grupo? Tuvo tan mal presentimiento que decidió llamar a todos los conocidos de su hermana y para su sorpresa, nadie sabía nada de la acampada.

No era normal, su hermana era muy responsable y jamás se marcharía sin decir nada a nadie. Le había contado que se iba con unos amigos. ¿Quizás fuesen amigos de ese chico? Porque Eli no podía haberla mentido, entre ellas eso era imposible, estaban realmente conectadas.

Jezabel: ¿Pero y si ella no sabía nada? ¿Y si era una trampa?

Llamó a su hermana durante un largo rato, pero no cogía el teléfono y de repente todo se detuvo, un pinchazo en el corazón, esta vez fue más fuerte que el anterior e hizo que a Jezabel se le escurriese el teléfono de las manos cayendo al suelo, después cayó ella y se puso a tiritar. Su padres al escuchar el ruido subieron veloces la escalera y al encontrar a su joven hija en tal estado la trasladaron al hospital más cercano. Jezabel no dejaba de asegurar que a su hermana le había sucedido algo malo, por lo que mientras ella permanecía ingresada en el hospital por un ataque de ansiedad, sus padres se pusieron en contacto con la policía local y comenzaron la búsqueda.

Varias horas después, tras haber regresado a casa desde el hospital y estar pendientes del teléfono, llamaron al timbre. Jezabel abrió la puerta y al ver a dos agentes con las gorras en la mano y empapados hasta los huesos por la incesante lluvia, lo supo, su hermana estaba muerta. Se echó al suelo con las manos en la cara y se fundió en un mar de lágrimas.

Cada día iba a aquél inhóspito lugar. Allí, en un claro del bosque, habían encontrado a su hermana muerta. No habían encontrado ni una sola gota de sangre en el escenario del crimen, por lo que la policía creía que el cadáver había sido movido, pero Jezabel sabía que no. Su hermana había sido asesinada por un vampiro, aquellos ojos sombríos no los olvidaría jamás.

Se colocó mejor la capucha roja, ya que se estaba empezando a mojar la cara y tenía un mechón de pelo pegado a la mejilla. Golpeó una piedrecita que había cerca del lugar y unos pocos metros más adelante, vio algo reluciente. Se agachó a cogerlo y era la cadena rota de su hermana con el amuleto aun enganchado en ella. Cogió la cadena entre sus manos y la apretó con tanta fuerza que se clavó la cruz celta de plata en la palma de la mano, dejando escapar unas cuantas gotas de sangre. 

De pronto lo supo, tenía que hablar con su hermana, pero la ouija siempre le había dado miedo, sabía que los espíritus que rondaban la tabla nunca eran los que uno esperaba encontrar, tan solo demonios y espíritus bromistas, nada con lo que se deba tratar. Decidió que esa noche, la noche de Halloween sería perfecta para la ocasión, iría al cementerio a despertar al espíritu de su hermana para buscar justicia, no podía dejarlo pasar ni un minuto más.

Se marchó al campus, necesitaba estar en su rincón favorito de pensar, el gran árbol que había plantado en su facultad, allí podría idear un hechizo de invocación. Era raro, no podía ver a los espíritus desde la muerte de su hermana, por ello necesitaba el hechizo. Supuso que el motivo sería, como le había dicho su abuela años atrás, que estar furiosa no ayudaba a que su don se manifestase. Jezabel estaba demasiado tensa para poder ver a su hermana, o quizás esta había cruzado al otro lado y tendría que esperar el año de rigor para que le permitiesen verla, pero Jezabel necesitaba respuestas ahora.

Allí sentada terminó de realizar el hechizo, algo sencillo, no tenía la cabeza para mucha rima y se marchó a casa para recoger velas, incienso y algún que otro artilugio de su hermana para poder crear la invocación. Tenía el colgante, un cepillo de pelo y un álbum de fotos, entre otras cosas. 
Al llegar al cementerio, colocó todos los objetos sobre la tumba de Eli y se preparó para realizar la llamada al más allá, que por cierto, no tardó mucho en ser contestada.

Ante ella se alzaba su hermana, tan hermosa como siempre. Tenía una expresión de ternura en la cara que a Jezabel le hizo rememorar tiempos felices, por lo que se puso a llorar otra vez, algo que últimamente hacía demasiadas veces.

Jezabel: ¡HERMANA!

Las dos se alegraron mucho de poder verse, pero no tuvieron apenas tiempo para disfrutarlo, ya que un vampiro interrumpió el encuentro, pero no era un vampiro cualquiera, era el que le había arrebatado a Eli de su lado.

James: Vaya, vaya. Reunión de hermanas. Al fin te conozco querida. Pero más vale tarde que nunca, sobre todo si sabes tan bien como tu hermana.

El vampiro se abalanzó sobre Jezabel y ésta le repelió con un remolino de viento y una grieta que abrió en el suelo, producto de su don de bruja para manipular los elementos, pero el vampiro no solo era veloz, sino también astuto y consiguió posicionarse tras ella. Cuando estaba a punto de matarla, Jezabel vio dos luces que se aproximaban a gran velocidad hacia ellos. Según las luces se iban acercando, pudo reconocer la silueta de un gran lobo gris, hasta tenerlo justo encima. El lobo saltó sobre ella haciéndola caer al suelo inconsciente.

Abrió los ojos al escuchar la voz de su hermana que la llamaba en la lejanía y le pedía que huyera y eso hizo. Se incorporó y vio como el vampiro y el lobo luchaban encarecidamente. El vampiro intentaba apresar al lobo y partirle en dos, mientras el lobo intentaba degollar al vampiro con sus enormes fauces. Se levantó y echó a correr siguiendo a su hermana hasta una antigua cripta que le resultaba familiar.

Jezabel: Esto me suena, yo ya he estado antes aquí.

Entró sin más dilación al escuchar un grito de dolor proveniente del lugar que había dejado atrás. No sería fácil dar esquinazo al vampiro, era demasiado rápido, tan solo podría esconderse unas horas hasta que el sol saliese. Se metió en un ataúd con un anciano en descomposición, por orden de su hermana. Las tripas se le revolvieron con aquél olor putrefacto. Intentaba mantenerse en silencio pero no dejaba de quitarse gusanos de encima. Era tremendamente asqueroso, al menos las moscas se habían largado al abrir la tapa del ataúd. Sabía que no aguantaría allí muchas horas, pero entonces miró al anciano y reconoció a su antiguo vecino, el señor Oliver.

Jezabel: Ya decía yo que este lugar me resultaba familiar.

De pronto la tapa del ataúd se abrió y el vampiro la cogió del cuello alzándola y sacándola de allí. Ya estaba en sus garras de nuevo y esta vez no tendría tanta suerte, sus días de vida llegaban a su fin.
Entonces comenzaron a llover piedras por todas partes, el vampiro la soltó y ella echó a correr, no sin antes percatarse de los dos fantasmas que le habían dado la oportunidad de escapar de nuevo, el anciano y su hermana.

Cuando salía por la puerta, volvió a toparse con aquél lobo al que creía muerto.

Jezabel: Genial, no moriré a manos de un vejestorio de cientos de años pero sí por las garras de un perro rabioso.

El lobo saltó hacía ella y Jezabel se agachó, dejando al lobo pasar por encima y aterrizar sobre el vampiro que estaba a punto de apresarla. Jezabel permaneció inmóvil viendo como varios lobos seguían al primero y entraban en la cripta saltando sobre ella. Los lobos se habían abalanzado sobre el vampiro que gritaba al ser devorado por ellos. Los animales lo descuartizaron y cada uno se llevó un trozo para enterrarlo lejos, todos excepto el gran lobo gris que parecía estar herido. Jezabel se aproximó al lobo y este en defensa le gruñó, pero ella no se detuvo.

Jezabel: No tengas miedo, me has salvado la vida, déjame ayudarte.

Se arrancó un pedazo de la camisa que llevaba y se la ató en la pata al lobo a modo de vendaje. El lobo le lamió la cara y ella le acarició detrás de las orejas.

Eli: Hermana, no es un perro.
Jezabel: Ya lo sé, es un lobo.
Oliver: No estaría yo tan seguro. 

De pronto el perro se apartó de ella y se dirigió a un rincón al que no llegaba la luz de la luna. El lobo comenzó a retorcerse hasta que cayó al suelo y segundos después había desaparecido, en su lugar había un joven desnudo recostado sobre el frío suelo. Jezabel no daba crédito a lo sucedido. 


Jezabel: ¿Michael?
Michael: ¿Te acuerdas de mí?
Jezabel: Claro que sí. – Tapándose los ojos.- ¿No podrías ponerte algo encima?

Oliver apareció cargando un mono de trabajo de uno de los enterradores.

Michael: ¿Y esto? – Al ver como un mono de enterrador llegaba volando hasta sus manos.-
Oliver: Niño no seas quisquilloso, por aquí no tenemos grandes almacenes y si los hubiese, tampoco les daríamos ningún uso.
Jezabel: Ya te lo explicaré más tarde.

Michael se vistió y se puso de pie.

Michael: ¿Estás bien? –Aproximándose a Jezabel.-
Jezabel: Sí. ¿Y tú? Con que eres un hombre-lobo, ya sabía yo que ocultabas algo.
Michael: Y tú... ¿una bruja? 


Los dos chicos se miraron y se echaron a reír. Lo peor ya había pasado y gracias a Michael ella había conseguido matar dos pájaros de un tiro, hacer justicia para su hermana y además seguir de una pieza tras el encontronazo con el vampiro asesino.

Eli: Gracias Michael.
Jezabel: No te oye.
Michael: ¿Cómo? Claro que la oigo y además la veo.
Jezabel: Cierto, la invocación. ¿Pero a él no le ves, verdad? – Señalando al anciano.-
Michael: ¿A quién?
Jezabel: El fantasma de mi hermana no es el único que nos acompaña. El anciano de esta cripta, el señor 
Oliver, también fue de gran ayuda. –Señalando al ataúd abierto.- Siento la intromisión.
Oliver: No te preocupes querida, fue un placer veros crecer a tu hermana y a ti, siento mucho no haber podido ser de más ayuda con lo de Elizabeth.
Jezabel: ¿Por qué no ha cruzado? Usted murió hace muchos años, aun lo recuerdo.
Michael: ¿Cómo?
Jezabel: Espera un momento Michael, ahora te pongo al día.
Oliver: Necesito darle un mensaje a mi hija, sin eso no podré marcharme en paz.
Jezabel: Yo le ayudaré encantada, solo espero no asustarla demasiado.

UNOS DÍAS DESPUÉS

Jezabel: Verá, sé que es difícil de procesar como le dije por teléfono y le agradezco que haya confiado en mí y me haya dejado entrar en su casa. Tengo un don que puede ayudarla y no le costará nada, por lo que yo no gano nada con venir aquí, tan solo ayudar a un viejo amigo. Su padre era mi antiguo vecino y yo veo fantasmas, espíritus para ser más exactos. Él se ha puesto en contacto conmigo para darle un mensaje. Me ha pedido que le diga que la quiere, que nunca se lo dijo y que no fue culpa suya el dejarse de hablar, que son los dos igual de testarudos y para eso no hay remedio que valga. Siente no haber intentado arreglar las cosas y le pide que le perdone.
Megan: Claro que le perdono, porque no hay nada que perdonarle. Sería él quien debería perdonarme a mí. Fui una cría al discutir con él por esa tontería, intenté llamarle muchas veces, pero como me dijo que no quería volver a saber nada de mí sí me iba con aquél chico, pues eso hice, desaparecer de su vida y no hay día que no me arrepienta. Aquél chico resultó ser un cerdo, mi padre tenía razón, pero por orgullo nunca se lo dije. ¿Cree que podrá perdonarme por no estar con él cuando más me necesitaba? ¿Se lo podría preguntar?
Jezabel: Hágalo usted misma, él está aquí, junto a usted.

Jezabel salió por la puerta de aquella casa y cuando se disponía a bajar los escalones sintió que alguien se acercaba corriendo, era Megan, la hija de Oliver. Nuestra joven bruja se giró a tiempo de ver como Megan se abalanzaba sobre ella en un abrazo enternecedor, para darle las gracias por todo. Después, Megan volvió a entrar y Jezabel bajó los escalones del porche para coger la mano del joven que la esperaba pacientemente.

Michael: Creo que te ha sentado bien hacer esto por ellos, se te nota mucho más feliz. Y me gusta mucho tu cambio de look.
Jezabel: Lo sé, ahora puedo ser realmente feliz. Sé que mi hermana ha cruzado al otro lado y Oliver también. He podido hacer justicia ayudando a un buen hombre y además te tengo a ti. –Se aproxima a él y le besa con dulzura.-
Michael: No se si seguirás diciendo eso después de esta noche.
Jezabel: No creo que sea para tanto.
Michael: Cena con nuestros padres, dos brujas, dos hombres lobo y un humano que es tu padre. ¡Qué va! No hay de qué preocuparse.
Jezabel: Mi suegro lo empieza a aceptar y tu suegra ya lo sabía desde hace años.
Michael: No es justo, eso de tener visiones le quita toda la gracia al asunto.
Jezabel: Puede que una pequeña brujita medio loba, le haga cambiar de opinión al abuelo.
Michael: ¿Me estás diciendo que…?

Jezabel sonrió y Michael la abrazó, aún no procesaba la noticia.

Michael: No me lo puedo creer, voy a ser padre, me has hecho el hombre más feliz. Te quiero.
Jezabel: Pues más vale que te agarres los machos querido, porque según mis cálculos salgo de cuentas en verano, así que tendremos una pequeña Eli correteando por ahí muy pronto y ya sabes que mi hermana era de armas tomar.
Michael: Lo sé, pero será un placer tener una mini Eli de nuevo por aquí. ¿No crees?


FIN

miércoles, 8 de julio de 2015

Halloween Night. Capítulo 4º



No recuerdo donde he dejado las llaves. Cada día estoy peor. Recuerdo en mis tiempos cuando era capaz de memorizar cada detalle. En el ejército trabajaba para la inteligencia, podía entrar en una sala y con solo un vistazo memorizar las personas presentes, las distintas salidas, los detalles más insignificantes y las posibles amenazas en menos de un minuto; y ahora no recuerdo ni mi nombre la mayoría de las veces. El Alzheimer estaba haciendo estragos y lo malo de todo eso es que tan solo podía ir a peor. Después de varios minutos, encontré las llaves encima de la mesa del recibidor y salí de casa.

Oliver: Si estuviese aquí mi Gladis no tendría estos problemas. Pronto me iré contigo, querida.
Jezabel: ¡Hola señor! ¿Por qué habla solo?
Oliver: Hola pequeña. Eres mi vecina ¿verdad?
Jezabel: Sí, vivo ahí al lado con mis papas y mi hermanita Eli.
Oliver: ¿Cuántos años tienes?
Jezabel: Mmmm - Se mira la mano y muestra los cinco dedos.-
Oliver: Hala que mayor eres.
Jezabel: No más que usted.
Oliver: Jajajaja
Alisa: ¡Jezabel! ¡No seas grosera! Lo siento mucho señor. Esta niña no tiene remedio.
Oliver: No es molestia. Es una niña encantadora. Me recuerda a mi hija que hace mucho no la veo. Vive lejos, ya sabe.
Alisa: Lo siento mucho. Si necesita cualquier cosa no dude en llamar a mi puerta. Estaré encantada de ayudarle en lo que pueda.
Oliver: Muchas gracias, aunque dudo que mañana recuerde esta conversación, sufro de Alzheimer. Unos días estoy bien, pero otros…
Alisa: Procuraré recordárselo a menudo.

Alisa y su hija se marcharon a casa y Oliver siguió su camino. Era su aniversario de boda y como cada día, visitaría la tumba de su mujer, y después iría al súper a comprar leche y pan, si no se le olvidaba, claro.

Oliver: Bueno Marta, quiero que sepas que cada día estoy peor. Ya falta poco para vernos, hazme un hueco ahí arriba. Te quiero.

Caminó hasta el súper más cercano y compró lo que necesitaba, a la hora de llegar a casa tuvo unos cuantos problemas, no recordaba dónde vivía, por lo que se sentó en la acera y se quedó mirando al vacío. De pronto un coche se detuvo junto a él. 

Jacob: ¿Se encuentra bien? ¿Es usted señor Wallace?
Oliver: ¿Le conozco?
Jacob: Sí, soy Jacob. Iba con su hija al instituto.
Oliver: El joven hijo del carnicero. ¡Cómo has crecido!
Jacob: Sí señor.
Oliver: ¿Cómo está tu padre?
Jacob: Murió hace un par de años.
Oliver: Lo siento, aunque seguramente pronto lo veré.
Jacob: No diga eso. ¿Está bien? ¿Necesita ayuda?
Oliver: No recuerdo dónde vivo.
Jacob: Suba, le llevaré a su casa, yo aún me acuerdo. Ese de atrás es el pequeño Michael, mi hijo.
Oliver: ¡Hola jovencito!
Michael: Buenas noches, señor.

Cuando llegaron a la casa del anciano, Jacob le acompañó a la puerta mientras su hijo Michael se quedaba prendado de una niña que vivía en la casa contigua a la del anciano. El padre regresó y Michael no apartó la mirada de aquella ventana hasta que el coche giró la calle y la casa se desvaneció.

Esa misma noche Jezabel se despertó y fue a la habitación de su madre.

Jezabel: Mamá, he tenido una pesadilla.
Alisa: ¿Qué sucede pequeña?
Jezabel: Una mujer mayor ha venido a decirme que en una semana se llevará al señor mayor de al lado. ¿A dónde se lo llevará?
Alisa: Creo que al cielo.
Jezabel: Pero eso está muy lejos. No podremos ir a visitarle.
Alisa: Algún día pequeña, algún día. Vuelve a la cama.

Alisa lo sabía, su hija no había tenido una pesadilla, sino una aparición y próximamente tendrían que visitar el cementerio local.
 
Justo una semana después, Alisa estaba lavando unas verduras cuando escuchó el sonido de una ambulancia que se aproximaba. Cerró el grifo y salió al porche para ver como sacaban el cadáver del anciano en una camilla. Jezabel salió a buscar a su madre y saludó al vacío.


Alisa: ¿A quién saludas?
Jezabel: Al señor mayor. Se está despidiendo.
Alisa: ¿Lo ves?
Jezabel: Sí y veo una luz blanca, pero creo que al señor le dio susto y no quiso acercarse a ella.
Alisa: Pobre, no ha cruzado. ¿Sabes? Tienes el mismo don que tu abuela. Seguro que te podrá enseñar este verano a dominarlo un poco más, cuando vayamos a visitarla.
Jezabel: ¿Vamos a ir donde la abuela?
Alisa: Sí, este verano iremos.
Eli: Mami, mami. Yo también quiero ir donde la abuelita. – Continuó la pequeña Eli tras escuchar a su madre y hacer acto de presencia en el porche.-
Alisa: Iremos, pero ahora a ver los dibujos animados, vamos. La comida pronto estará lista.
Oliver: No puedo cruzar, aun no. Tengo tantas cosas que decirle a mi hija. Marta, sé que lo entenderás.

Oliver vagó durante mucho tiempo. No había forma de comunicarse con su hija y eso que lo había intentado en muchas ocasiones, incluso en el entierro. No podía verle, ni sentirle. Pero había una personita que sí podría hacerlo. Su vecina de cinco años, Jezabel. Pero era una niña, no entendería aún lo que estaba pasando, debería esperar mucho tiempo. No habría problema, a los fantasmas lo que les sobra es tiempo. 

Vio crecer a las dos niñas, ya eran unas mujercitas. No sabía cómo acercarse a ella. ¿Le recordaría? No era probable. ¿Cómo podría acercarse sin asustarla demasiado?

Un día, la vio llorar desconsolada y se acercó un poco más. Estaba sentada a la sombra de un árbol mientras escribía en un pequeño diario. Su hermana había muerto hacía unos meses y sería muy grosero por su parte acercarse y pedirle ayuda. Otra oportunidad que se le escapaba. 

Oliver: Pobre Eli. Lástima no haber estado junto a ella para intervenir y ayudarla. Quizás la hubiese salvado. Lo siento mucho, Jezabel.

Pero la joven no le escuchaba. Sentía tanto dolor en su interior que su don estaba bloqueado.
De pronto Oliver vio como alguien se acercaba a Jezabel y le gritaba en el oído. Era Elizabeth, el fantasma de Elizabeth.

Oliver: No se lo tengas en cuenta, está sufriendo y eso le ciega, no es culpa suya. Además, no suelen permitir comunicación con nuestros seres queridos hasta que estos han comenzado a superar nuestra pérdida.

Mantuvieron una conversación hasta que Eli descubrió que no eran los únicos que rondaban a su hermana. El vampiro que había matado a Elizabeth estaba observando a Jezabel. No permitiría que sucediese lo mismo otra vez y cuando iba a acercarse al vampiro, Jezabel se levantó y se marchó, arrastrando a Eli con ella.

Oliver regresó a la tumba de su mujer. Al ser un fantasma no hacía otra cosa más que visitar aquella tumba o seguir a la joven bruja que le ayudaría a liberarse de toda carga para poder cruzar al otro lado, pero nunca era el momento adecuado.

Oliver: Otra vez solos Marta. Lo sé, tengo que irme, pero debo despedirme de nuestra hija. Llevábamos mucho tiempo sin hablarnos y se culpa por ello. Necesito decirle que somos igual de testarudos y que no fue solo culpa suya, que yo también tuve lo mío.

De pronto se escucharon gritos y un aullido. Oliver se giró a tiempo de ver como un lobo se lanzaba sobre un joven y una chica salía a correr siguiendo a un fantasma. No podía dar crédito a lo que veía.

Oliver: Un vampiro, un hombre-lobo, un fantasma y una bruja. Si no lo veo no lo creo, Marta. Menos mal que estoy muerto, la vida cada día que pasa se vuelve más complicada.

Cuando reconoció a la bruja se dio cuenta que su billete para el más allá estaba en serios apuros, por lo que decidió intervenir. Siguió a la joven hasta una cripta en donde encontró a Elizabeth.

Oliver: ¿Qué sucede?
Eli: Hola, me alegro de verle. Mi hermana está en apuros, el vampiro que me mató viene por ella.
Oliver: No temas, nosotros ya estamos muertos. Lanza todas las piedras que puedas contra el vampiro en cuanto aparezca.
Eli: ¿Cómo?
Oliver: Los espíritus somos energía pura. Tan solo debes canalizar tu energía y enfocarla en un objeto a la vez que visualizas dónde debería estar dicho objeto. Prueba.

El vampiro apareció y se lanzó a por Jezabel que estaba metida en un ataúd. Cuando estaba a punto de morderla en el cuello, comenzaron a llover del techo un montón de piedras. Jezabel se soltó aprovechando el desconcierto del vampiro y se dispuso a salir de la cripta corriendo con todas sus fuerza, pero entonces, sin darse apenas cuenta, se encontró cara a cara con un inmenso lobo gris de dientes afilados y cuyos ojos miraban justamente detrás de ella. Jezabel vio como el lobo se le abalanzaba y cerró los ojos creyendo que así su muerte sería más rápida e indolora. ¿Sería su final? ¿Quién vengaría a su hermana ahora?

CONTINUARÁ…

viernes, 3 de julio de 2015

Halloween Night. Capítulo 3º



ANTES

Era el año 1939 y la Guerra Civil Española estaba a punto de terminar, se notaba en el ambiente. Nada se podía hacer ya contra Franco, pronto declararía su victoria e impondría una dictadura. 

Me encontraba en un hospital a las afueras de Navarra. Había recibido un disparo en el lóbulo frontal que milagrosamente no me había matado, pero debido al impacto, al cansancio y al hambre, estaba a punto de dejar esta vida para terminar algún día con mi nombre escrito a los pies de una estatua conmemorativa. Algunos rezan por sobrevivir, lo mío era todo lo contrario. Pasaba las noches en el pasillo del hospital, debido a que las habitaciones estaban todas ocupadas. No dejaba de escuchar el lamento de los pacientes, el olor insoportable de los cadáveres al pasar de camino a la morgue, me provocaba arcadas y apenas había sanitarios para tanto herido. Una noche, cuando todos dormían, noté que algo se clavaba en mi cuello, abrí los ojos y mi mirada se topó con la de una joven de ojos verdes que estaba tan cerca que podía oler su perfume de azahar. La joven me sonrió y volvió a clavar sus afilados dientes en mi garganta. No podía gritar, no podía moverme y poco a poco todo se oscureció.

Pasé varias horas muerto, o eso pensaba yo, pero en realidad estaba sufriendo mi transformación. Cuando abrí los ojos me encontraba dentro de un ataúd de madera, lo supe porque habían tenido el detalle de enterrarme con mis objetos personales, entre los que había un paquete de cerillas medio vacío con el que me pude alumbrar. ¿Cómo saldría de allí? ¿Por qué me habían enterrado si estaba vivo? Notaba la garganta terriblemente seca y por poco me dejo las uñas al rascar la tapa del ataúd. De pronto comencé a gritar, pero las palabras no salían de mi boca, ni si quiera emitía algún sonido que pudiera ser audible. Entonces escuché una pala y noté que la tierra se removía, al abrir la tapa, aquella mujer estaba esperándome.

María: Bienvenido a tu nueva vida. Yo seré tu guía.
Jaime: ¿Qué guía? ¿Quién eres tú?
María: Mi nombre es María, aunque antiguamente se me conocía como María Magdalena, pero eso fue hace mucho tiempo. ¿Cómo te llamas?
Jaime: Mi nombre es Jaime. ¿Podría explicarme cómo he llegado a estar…?
María: ¿Muerto? Sí, verás. Para renacer como vampiro has de morir. El proceso tarda varias horas en completarse y gracias a que me hice pasar por un familiar tuyo, no te enterraron en una fosa común. Pensé que sería bastante desagradable despertarte muerto y acompañado. No me des las gracias.

María me ayudó a salir de aquél hoyo y me enseñó a cazar. Jamás quise ser inmortal, ni mucho menos matar a alguien a sangre fría, pero la guerra me había cambiado y conocer a María fue la gota que colmó el vaso. 

Me enseñó a alimentarme y me contó la historia de cómo se había convertido en vampiresa.

AÑO 33 d. C.

“Corría el año 33 d.C. y María estaba a los pies de la cruz de Jesús de Nazaret. Llevaba llorando tanto tiempo que se había quedado dormida debido al cansancio. Notó como alguien la apartaba del amor de su vida que yacía muerto sobre ella, clavado en una cruz y la llevaba en brazos a una casa a las afueras, no muy lejos del monte Golgota, donde se encontraba. Estaba tan agotada que no opuso resistencia alguna.

Se despertó sedienta y cansada, todo estaba oscuro e intentó levantarse y abrir la puerta de aquél lugar para escapar de su captor, pero al hacerlo, la luz del sol le dio de lleno y sintió que la piel le ardía, de pronto un joven se abalanzó sobre ella cerrando la puerta de golpe.

Josue: ¡No puedes salir, arderás!
María: ¿Qué me hiciste? ¿Qué me sucede?
Josue: Te he dado la oportunidad de vengar la muerte de tu amor. Podrás hacer que los culpables paguen por lo que le hicieron y además, podrás ser mi compañera. Llevo demasiado tiempo solo, desde que me apartaron de mi reinado.
María: ¿Eras un emperador?
Josue: Yo en realidad soy el Faraón Jasejemuy, proveniente del periodo arcaico del antiguo Egipto. Soy el último Faraón de la segunda dinastía. Y he adoptado otro nombre para pasar desapercibido entre las gentes de tu ciudad, cosa muy habitual entre vampiros. He seguido la historia del que se hace llamar Mesías y por ello vine hasta aquí. Seguramente esto formará parte de la historia y me gustaría ser parte de ella, aunque sea relativamente.”

DE VUELTA A 1939

Tras sus palabras, no daba crédito a lo que me había sucedido. Lo que sabía cambiaría los libros de historia, incluida la Biblia. Pero según María, en el Vaticano se tomaban muchas molestias para tapar ciertos asuntos de interés.

Con el tiempo fui aprendiendo a ser más agresivo, sigiloso y eficaz. Al igual que María, la sed de venganza me había convertido en un asesino implacable. Cambié mi nombre por el de James y comencé mi andadura junto a la vampiresa por Europa y Estados Unidos, uno años que jamás olvidaré.

AÑOS MÁS TARDE

Visitaba la tumba de María, mi hacedora. Hacía tiempo que había muerto a manos de un hombre lobo, nuestros enemigos más peligrosos. Le dejé unas violetas que sabía le gustaban sobre su lápida y me marché de allí. De pronto, vi que se estaba oficiando un entierro, una multitud agolpada a las puertas de una cripta y entre los asistentes, dos pequeñas brujas que no superaban los 5 años de edad. Olí el aroma que se había quedado impregnado en el aire y supe que esas niñas se convertirían en mi pequeña obsesión, hasta que su dulce aroma se vio enturbiado por otro más desagradable, olía a perro mojado, muy típico de los hombres-lobo. Un pequeño niño-lobo rondaba a una de las niñas que había llamado mi atención. No podía creer la suerte que tenía, el hijo del lobo que había matado a María estaba enamorado de aquella joven bruja. Mi mente comenzó a darle vueltas a un plan que requeriría de años y mucha paciencia, pero al ser un vampiro iba sobrado de todo eso.

AHORA

Allí estaba esa chica, cómo había crecido. Durante muchos años había intentado acercarme a ella para convertirla en aquello que el joven Michael odiaba más que a sí mismo, un chupasangre como yo.
El joven lobo no comprendía por qué los hombres-lobo y las brujas no podían estar juntos, por lo que sufría en silencio, observándola. ¿Pero cómo hacer que sufriera más? No podía convertir a su bruja sin alejarla de él, era muy arriesgado ya que la observaba día y noche. Tendría que separarlo de ella de alguna forma. Justo cuando estaba dándole vueltas al asunto en cuestión, apareció la otra bruja, Elizabeth. 

James: Tú serás mi señuelo.

Con el tiempo me acerqué a ella, era muy guapa y simpática, una lástima que mi plan fuese matarla desde un principio, me recordaba en algunas cosas a María y eso no hacía más que empeorar las cosas y acrecentar mis ganas de venganza.

Una tarde, con la excusa de una acampada conseguí llevarla a lo profundo de un bosque y allí la maté. La joven no se olió nada hasta el instante anterior a que mis dientes se fundiesen con su garganta. Noté como la vida se escapaba de su cuerpo para invadir el mío. Sus recuerdos me fueron mostrados tan claros que supe que mi plan saldría a la perfección, su hermana se obsesionaría con su muerte y vendría directamente a por mí. Y por supuesto, yo la estaría esperando.

Estaba en la tumba de María cuando olí ese perfume inconfundible, Jezabel al fin había encontrado el colgante de su hermana. Se lo había arrancado antes de morir para dejarlo como cebo. Obviamente lo había escondido para que la policía no lo encontrase, pero sabía que esa joven bruja no dejaría de buscar hasta dar con él.

Me acerqué sigiloso y me senté en el tejado de una de las criptas cercanas y me dispuse a ver el espectáculo. Una invocación no era algo que se viese todos los días y sería divertido volver a ver a una de mis presas.

James: Me gustaría preguntarle si aún le duele lo que le hice. Sería muy provechoso para mis investigaciones.

Cuando el fantasma de Elizabeth apareció, sentí un escalofrío, había alguien más en aquél cementerio, pero mis ganas de llevar a cabo mi venganza eran más grandes que mi instinto de supervivencia en aquél momento y me dejé llevar.

James: Vaya, vaya. Reunión de hermanas. Al fin te conozco querida. Pero más vale tarde que nunca, sobre todo si sabes tan bien como tu hermana.

Todo pasó muy deprisa. Intenté convertir a la bruja, pero había subestimado sus poderes, por lo que no me resultó nada fácil aproximarme a ella, aunque lo conseguí. Cuando estaba a punto de clavar mis colmillos en su garganta, un inmenso lobo gris saltó sobre mí haciendo que cayera al suelo y soltase a la bruja que huyó. El lobo intentaba morderme la yugular y yo intentaba partirle en dos. Ambos luchamos varios minutos hasta que el lobo se apartó de mí y comenzó a retorcerse, fue cuando me fijé en que la luna se había vuelto a ocultar tras las nubes.

James: Lo siento lobito, pero me da a mí que hoy no es tu noche de suerte.

Me lancé sobre el joven medio desnudo que se encontraba ante mí y lo lancé con todas mis fuerzas contra una de las criptas, partiendo las columnas de piedra por la mitad del impacto. 

James: Creo que no molestará más por un tiempo. Tranquilo chucho que no quiero matarte, aún no. Quiero que sufras porque verte sufrir es lo que matará a tu padre y eso me hará muy feliz. Disfruta mientras puedas.

Volví a escrudiñar el aire y seguí el rastro de la bruja hasta una cripta. Sabía que estaba en uno de los ataúdes, su aroma a peonias salvajes era inconfundible. Abrí la tapa del ataúd y allí estaba, aterrorizada. La cogí del cuello y la saqué del ataúd. Comenzó a revolverse y a patalear, pero era un juego, tan solo le dejaría creer que podría escapar, para ver la desesperación en su cara al darse cuenta que yo sería la última cosa que vería en su vida. Estaba a punto de morderla cuando…

James: ¡AHHH! ¿De dónde salen esas cosas?

Comenzaron a golpearme con piedras, no sabía de dónde venían, hasta que me di cuenta que había dos fantasmas bombardeándome desde lo alto de la cripta. Uno de los fantasmas era Elizabeth y el otro un anciano. 

Cogí a Jezabel del cuello y le mostré la escena.

James: Mira que el mundo es un pañuelo. Ese vejestorio es el culpable de todo. Gracias a su muerte yo os conocí aquél día en su entierro. Gracias abuelo, sin usted jamás hubiese llevado a cabo mi venganza.

Entonces golpeé a Jezabel en la cabeza y me marché a toda prisa del cementerio, directo a mi casa a las afueras de la ciudad, con la bruja al hombro.

Tenía mucho que hacer antes de convertirla en vampiresa y poco tiempo para hacerlo. ¡TIEMPO! Algo que normalmente nos sobra a los vampiros y de lo que yo últimamente andaba escaso.


CONTINUARÁ...