miércoles, 8 de julio de 2015

Halloween Night. Capítulo 4º



No recuerdo donde he dejado las llaves. Cada día estoy peor. Recuerdo en mis tiempos cuando era capaz de memorizar cada detalle. En el ejército trabajaba para la inteligencia, podía entrar en una sala y con solo un vistazo memorizar las personas presentes, las distintas salidas, los detalles más insignificantes y las posibles amenazas en menos de un minuto; y ahora no recuerdo ni mi nombre la mayoría de las veces. El Alzheimer estaba haciendo estragos y lo malo de todo eso es que tan solo podía ir a peor. Después de varios minutos, encontré las llaves encima de la mesa del recibidor y salí de casa.

Oliver: Si estuviese aquí mi Gladis no tendría estos problemas. Pronto me iré contigo, querida.
Jezabel: ¡Hola señor! ¿Por qué habla solo?
Oliver: Hola pequeña. Eres mi vecina ¿verdad?
Jezabel: Sí, vivo ahí al lado con mis papas y mi hermanita Eli.
Oliver: ¿Cuántos años tienes?
Jezabel: Mmmm - Se mira la mano y muestra los cinco dedos.-
Oliver: Hala que mayor eres.
Jezabel: No más que usted.
Oliver: Jajajaja
Alisa: ¡Jezabel! ¡No seas grosera! Lo siento mucho señor. Esta niña no tiene remedio.
Oliver: No es molestia. Es una niña encantadora. Me recuerda a mi hija que hace mucho no la veo. Vive lejos, ya sabe.
Alisa: Lo siento mucho. Si necesita cualquier cosa no dude en llamar a mi puerta. Estaré encantada de ayudarle en lo que pueda.
Oliver: Muchas gracias, aunque dudo que mañana recuerde esta conversación, sufro de Alzheimer. Unos días estoy bien, pero otros…
Alisa: Procuraré recordárselo a menudo.

Alisa y su hija se marcharon a casa y Oliver siguió su camino. Era su aniversario de boda y como cada día, visitaría la tumba de su mujer, y después iría al súper a comprar leche y pan, si no se le olvidaba, claro.

Oliver: Bueno Marta, quiero que sepas que cada día estoy peor. Ya falta poco para vernos, hazme un hueco ahí arriba. Te quiero.

Caminó hasta el súper más cercano y compró lo que necesitaba, a la hora de llegar a casa tuvo unos cuantos problemas, no recordaba dónde vivía, por lo que se sentó en la acera y se quedó mirando al vacío. De pronto un coche se detuvo junto a él. 

Jacob: ¿Se encuentra bien? ¿Es usted señor Wallace?
Oliver: ¿Le conozco?
Jacob: Sí, soy Jacob. Iba con su hija al instituto.
Oliver: El joven hijo del carnicero. ¡Cómo has crecido!
Jacob: Sí señor.
Oliver: ¿Cómo está tu padre?
Jacob: Murió hace un par de años.
Oliver: Lo siento, aunque seguramente pronto lo veré.
Jacob: No diga eso. ¿Está bien? ¿Necesita ayuda?
Oliver: No recuerdo dónde vivo.
Jacob: Suba, le llevaré a su casa, yo aún me acuerdo. Ese de atrás es el pequeño Michael, mi hijo.
Oliver: ¡Hola jovencito!
Michael: Buenas noches, señor.

Cuando llegaron a la casa del anciano, Jacob le acompañó a la puerta mientras su hijo Michael se quedaba prendado de una niña que vivía en la casa contigua a la del anciano. El padre regresó y Michael no apartó la mirada de aquella ventana hasta que el coche giró la calle y la casa se desvaneció.

Esa misma noche Jezabel se despertó y fue a la habitación de su madre.

Jezabel: Mamá, he tenido una pesadilla.
Alisa: ¿Qué sucede pequeña?
Jezabel: Una mujer mayor ha venido a decirme que en una semana se llevará al señor mayor de al lado. ¿A dónde se lo llevará?
Alisa: Creo que al cielo.
Jezabel: Pero eso está muy lejos. No podremos ir a visitarle.
Alisa: Algún día pequeña, algún día. Vuelve a la cama.

Alisa lo sabía, su hija no había tenido una pesadilla, sino una aparición y próximamente tendrían que visitar el cementerio local.
 
Justo una semana después, Alisa estaba lavando unas verduras cuando escuchó el sonido de una ambulancia que se aproximaba. Cerró el grifo y salió al porche para ver como sacaban el cadáver del anciano en una camilla. Jezabel salió a buscar a su madre y saludó al vacío.


Alisa: ¿A quién saludas?
Jezabel: Al señor mayor. Se está despidiendo.
Alisa: ¿Lo ves?
Jezabel: Sí y veo una luz blanca, pero creo que al señor le dio susto y no quiso acercarse a ella.
Alisa: Pobre, no ha cruzado. ¿Sabes? Tienes el mismo don que tu abuela. Seguro que te podrá enseñar este verano a dominarlo un poco más, cuando vayamos a visitarla.
Jezabel: ¿Vamos a ir donde la abuela?
Alisa: Sí, este verano iremos.
Eli: Mami, mami. Yo también quiero ir donde la abuelita. – Continuó la pequeña Eli tras escuchar a su madre y hacer acto de presencia en el porche.-
Alisa: Iremos, pero ahora a ver los dibujos animados, vamos. La comida pronto estará lista.
Oliver: No puedo cruzar, aun no. Tengo tantas cosas que decirle a mi hija. Marta, sé que lo entenderás.

Oliver vagó durante mucho tiempo. No había forma de comunicarse con su hija y eso que lo había intentado en muchas ocasiones, incluso en el entierro. No podía verle, ni sentirle. Pero había una personita que sí podría hacerlo. Su vecina de cinco años, Jezabel. Pero era una niña, no entendería aún lo que estaba pasando, debería esperar mucho tiempo. No habría problema, a los fantasmas lo que les sobra es tiempo. 

Vio crecer a las dos niñas, ya eran unas mujercitas. No sabía cómo acercarse a ella. ¿Le recordaría? No era probable. ¿Cómo podría acercarse sin asustarla demasiado?

Un día, la vio llorar desconsolada y se acercó un poco más. Estaba sentada a la sombra de un árbol mientras escribía en un pequeño diario. Su hermana había muerto hacía unos meses y sería muy grosero por su parte acercarse y pedirle ayuda. Otra oportunidad que se le escapaba. 

Oliver: Pobre Eli. Lástima no haber estado junto a ella para intervenir y ayudarla. Quizás la hubiese salvado. Lo siento mucho, Jezabel.

Pero la joven no le escuchaba. Sentía tanto dolor en su interior que su don estaba bloqueado.
De pronto Oliver vio como alguien se acercaba a Jezabel y le gritaba en el oído. Era Elizabeth, el fantasma de Elizabeth.

Oliver: No se lo tengas en cuenta, está sufriendo y eso le ciega, no es culpa suya. Además, no suelen permitir comunicación con nuestros seres queridos hasta que estos han comenzado a superar nuestra pérdida.

Mantuvieron una conversación hasta que Eli descubrió que no eran los únicos que rondaban a su hermana. El vampiro que había matado a Elizabeth estaba observando a Jezabel. No permitiría que sucediese lo mismo otra vez y cuando iba a acercarse al vampiro, Jezabel se levantó y se marchó, arrastrando a Eli con ella.

Oliver regresó a la tumba de su mujer. Al ser un fantasma no hacía otra cosa más que visitar aquella tumba o seguir a la joven bruja que le ayudaría a liberarse de toda carga para poder cruzar al otro lado, pero nunca era el momento adecuado.

Oliver: Otra vez solos Marta. Lo sé, tengo que irme, pero debo despedirme de nuestra hija. Llevábamos mucho tiempo sin hablarnos y se culpa por ello. Necesito decirle que somos igual de testarudos y que no fue solo culpa suya, que yo también tuve lo mío.

De pronto se escucharon gritos y un aullido. Oliver se giró a tiempo de ver como un lobo se lanzaba sobre un joven y una chica salía a correr siguiendo a un fantasma. No podía dar crédito a lo que veía.

Oliver: Un vampiro, un hombre-lobo, un fantasma y una bruja. Si no lo veo no lo creo, Marta. Menos mal que estoy muerto, la vida cada día que pasa se vuelve más complicada.

Cuando reconoció a la bruja se dio cuenta que su billete para el más allá estaba en serios apuros, por lo que decidió intervenir. Siguió a la joven hasta una cripta en donde encontró a Elizabeth.

Oliver: ¿Qué sucede?
Eli: Hola, me alegro de verle. Mi hermana está en apuros, el vampiro que me mató viene por ella.
Oliver: No temas, nosotros ya estamos muertos. Lanza todas las piedras que puedas contra el vampiro en cuanto aparezca.
Eli: ¿Cómo?
Oliver: Los espíritus somos energía pura. Tan solo debes canalizar tu energía y enfocarla en un objeto a la vez que visualizas dónde debería estar dicho objeto. Prueba.

El vampiro apareció y se lanzó a por Jezabel que estaba metida en un ataúd. Cuando estaba a punto de morderla en el cuello, comenzaron a llover del techo un montón de piedras. Jezabel se soltó aprovechando el desconcierto del vampiro y se dispuso a salir de la cripta corriendo con todas sus fuerza, pero entonces, sin darse apenas cuenta, se encontró cara a cara con un inmenso lobo gris de dientes afilados y cuyos ojos miraban justamente detrás de ella. Jezabel vio como el lobo se le abalanzaba y cerró los ojos creyendo que así su muerte sería más rápida e indolora. ¿Sería su final? ¿Quién vengaría a su hermana ahora?

CONTINUARÁ…

viernes, 3 de julio de 2015

Halloween Night. Capítulo 3º



ANTES

Era el año 1939 y la Guerra Civil Española estaba a punto de terminar, se notaba en el ambiente. Nada se podía hacer ya contra Franco, pronto declararía su victoria e impondría una dictadura. 

Me encontraba en un hospital a las afueras de Navarra. Había recibido un disparo en el lóbulo frontal que milagrosamente no me había matado, pero debido al impacto, al cansancio y al hambre, estaba a punto de dejar esta vida para terminar algún día con mi nombre escrito a los pies de una estatua conmemorativa. Algunos rezan por sobrevivir, lo mío era todo lo contrario. Pasaba las noches en el pasillo del hospital, debido a que las habitaciones estaban todas ocupadas. No dejaba de escuchar el lamento de los pacientes, el olor insoportable de los cadáveres al pasar de camino a la morgue, me provocaba arcadas y apenas había sanitarios para tanto herido. Una noche, cuando todos dormían, noté que algo se clavaba en mi cuello, abrí los ojos y mi mirada se topó con la de una joven de ojos verdes que estaba tan cerca que podía oler su perfume de azahar. La joven me sonrió y volvió a clavar sus afilados dientes en mi garganta. No podía gritar, no podía moverme y poco a poco todo se oscureció.

Pasé varias horas muerto, o eso pensaba yo, pero en realidad estaba sufriendo mi transformación. Cuando abrí los ojos me encontraba dentro de un ataúd de madera, lo supe porque habían tenido el detalle de enterrarme con mis objetos personales, entre los que había un paquete de cerillas medio vacío con el que me pude alumbrar. ¿Cómo saldría de allí? ¿Por qué me habían enterrado si estaba vivo? Notaba la garganta terriblemente seca y por poco me dejo las uñas al rascar la tapa del ataúd. De pronto comencé a gritar, pero las palabras no salían de mi boca, ni si quiera emitía algún sonido que pudiera ser audible. Entonces escuché una pala y noté que la tierra se removía, al abrir la tapa, aquella mujer estaba esperándome.

María: Bienvenido a tu nueva vida. Yo seré tu guía.
Jaime: ¿Qué guía? ¿Quién eres tú?
María: Mi nombre es María, aunque antiguamente se me conocía como María Magdalena, pero eso fue hace mucho tiempo. ¿Cómo te llamas?
Jaime: Mi nombre es Jaime. ¿Podría explicarme cómo he llegado a estar…?
María: ¿Muerto? Sí, verás. Para renacer como vampiro has de morir. El proceso tarda varias horas en completarse y gracias a que me hice pasar por un familiar tuyo, no te enterraron en una fosa común. Pensé que sería bastante desagradable despertarte muerto y acompañado. No me des las gracias.

María me ayudó a salir de aquél hoyo y me enseñó a cazar. Jamás quise ser inmortal, ni mucho menos matar a alguien a sangre fría, pero la guerra me había cambiado y conocer a María fue la gota que colmó el vaso. 

Me enseñó a alimentarme y me contó la historia de cómo se había convertido en vampiresa.

AÑO 33 d. C.

“Corría el año 33 d.C. y María estaba a los pies de la cruz de Jesús de Nazaret. Llevaba llorando tanto tiempo que se había quedado dormida debido al cansancio. Notó como alguien la apartaba del amor de su vida que yacía muerto sobre ella, clavado en una cruz y la llevaba en brazos a una casa a las afueras, no muy lejos del monte Golgota, donde se encontraba. Estaba tan agotada que no opuso resistencia alguna.

Se despertó sedienta y cansada, todo estaba oscuro e intentó levantarse y abrir la puerta de aquél lugar para escapar de su captor, pero al hacerlo, la luz del sol le dio de lleno y sintió que la piel le ardía, de pronto un joven se abalanzó sobre ella cerrando la puerta de golpe.

Josue: ¡No puedes salir, arderás!
María: ¿Qué me hiciste? ¿Qué me sucede?
Josue: Te he dado la oportunidad de vengar la muerte de tu amor. Podrás hacer que los culpables paguen por lo que le hicieron y además, podrás ser mi compañera. Llevo demasiado tiempo solo, desde que me apartaron de mi reinado.
María: ¿Eras un emperador?
Josue: Yo en realidad soy el Faraón Jasejemuy, proveniente del periodo arcaico del antiguo Egipto. Soy el último Faraón de la segunda dinastía. Y he adoptado otro nombre para pasar desapercibido entre las gentes de tu ciudad, cosa muy habitual entre vampiros. He seguido la historia del que se hace llamar Mesías y por ello vine hasta aquí. Seguramente esto formará parte de la historia y me gustaría ser parte de ella, aunque sea relativamente.”

DE VUELTA A 1939

Tras sus palabras, no daba crédito a lo que me había sucedido. Lo que sabía cambiaría los libros de historia, incluida la Biblia. Pero según María, en el Vaticano se tomaban muchas molestias para tapar ciertos asuntos de interés.

Con el tiempo fui aprendiendo a ser más agresivo, sigiloso y eficaz. Al igual que María, la sed de venganza me había convertido en un asesino implacable. Cambié mi nombre por el de James y comencé mi andadura junto a la vampiresa por Europa y Estados Unidos, uno años que jamás olvidaré.

AÑOS MÁS TARDE

Visitaba la tumba de María, mi hacedora. Hacía tiempo que había muerto a manos de un hombre lobo, nuestros enemigos más peligrosos. Le dejé unas violetas que sabía le gustaban sobre su lápida y me marché de allí. De pronto, vi que se estaba oficiando un entierro, una multitud agolpada a las puertas de una cripta y entre los asistentes, dos pequeñas brujas que no superaban los 5 años de edad. Olí el aroma que se había quedado impregnado en el aire y supe que esas niñas se convertirían en mi pequeña obsesión, hasta que su dulce aroma se vio enturbiado por otro más desagradable, olía a perro mojado, muy típico de los hombres-lobo. Un pequeño niño-lobo rondaba a una de las niñas que había llamado mi atención. No podía creer la suerte que tenía, el hijo del lobo que había matado a María estaba enamorado de aquella joven bruja. Mi mente comenzó a darle vueltas a un plan que requeriría de años y mucha paciencia, pero al ser un vampiro iba sobrado de todo eso.

AHORA

Allí estaba esa chica, cómo había crecido. Durante muchos años había intentado acercarme a ella para convertirla en aquello que el joven Michael odiaba más que a sí mismo, un chupasangre como yo.
El joven lobo no comprendía por qué los hombres-lobo y las brujas no podían estar juntos, por lo que sufría en silencio, observándola. ¿Pero cómo hacer que sufriera más? No podía convertir a su bruja sin alejarla de él, era muy arriesgado ya que la observaba día y noche. Tendría que separarlo de ella de alguna forma. Justo cuando estaba dándole vueltas al asunto en cuestión, apareció la otra bruja, Elizabeth. 

James: Tú serás mi señuelo.

Con el tiempo me acerqué a ella, era muy guapa y simpática, una lástima que mi plan fuese matarla desde un principio, me recordaba en algunas cosas a María y eso no hacía más que empeorar las cosas y acrecentar mis ganas de venganza.

Una tarde, con la excusa de una acampada conseguí llevarla a lo profundo de un bosque y allí la maté. La joven no se olió nada hasta el instante anterior a que mis dientes se fundiesen con su garganta. Noté como la vida se escapaba de su cuerpo para invadir el mío. Sus recuerdos me fueron mostrados tan claros que supe que mi plan saldría a la perfección, su hermana se obsesionaría con su muerte y vendría directamente a por mí. Y por supuesto, yo la estaría esperando.

Estaba en la tumba de María cuando olí ese perfume inconfundible, Jezabel al fin había encontrado el colgante de su hermana. Se lo había arrancado antes de morir para dejarlo como cebo. Obviamente lo había escondido para que la policía no lo encontrase, pero sabía que esa joven bruja no dejaría de buscar hasta dar con él.

Me acerqué sigiloso y me senté en el tejado de una de las criptas cercanas y me dispuse a ver el espectáculo. Una invocación no era algo que se viese todos los días y sería divertido volver a ver a una de mis presas.

James: Me gustaría preguntarle si aún le duele lo que le hice. Sería muy provechoso para mis investigaciones.

Cuando el fantasma de Elizabeth apareció, sentí un escalofrío, había alguien más en aquél cementerio, pero mis ganas de llevar a cabo mi venganza eran más grandes que mi instinto de supervivencia en aquél momento y me dejé llevar.

James: Vaya, vaya. Reunión de hermanas. Al fin te conozco querida. Pero más vale tarde que nunca, sobre todo si sabes tan bien como tu hermana.

Todo pasó muy deprisa. Intenté convertir a la bruja, pero había subestimado sus poderes, por lo que no me resultó nada fácil aproximarme a ella, aunque lo conseguí. Cuando estaba a punto de clavar mis colmillos en su garganta, un inmenso lobo gris saltó sobre mí haciendo que cayera al suelo y soltase a la bruja que huyó. El lobo intentaba morderme la yugular y yo intentaba partirle en dos. Ambos luchamos varios minutos hasta que el lobo se apartó de mí y comenzó a retorcerse, fue cuando me fijé en que la luna se había vuelto a ocultar tras las nubes.

James: Lo siento lobito, pero me da a mí que hoy no es tu noche de suerte.

Me lancé sobre el joven medio desnudo que se encontraba ante mí y lo lancé con todas mis fuerzas contra una de las criptas, partiendo las columnas de piedra por la mitad del impacto. 

James: Creo que no molestará más por un tiempo. Tranquilo chucho que no quiero matarte, aún no. Quiero que sufras porque verte sufrir es lo que matará a tu padre y eso me hará muy feliz. Disfruta mientras puedas.

Volví a escrudiñar el aire y seguí el rastro de la bruja hasta una cripta. Sabía que estaba en uno de los ataúdes, su aroma a peonias salvajes era inconfundible. Abrí la tapa del ataúd y allí estaba, aterrorizada. La cogí del cuello y la saqué del ataúd. Comenzó a revolverse y a patalear, pero era un juego, tan solo le dejaría creer que podría escapar, para ver la desesperación en su cara al darse cuenta que yo sería la última cosa que vería en su vida. Estaba a punto de morderla cuando…

James: ¡AHHH! ¿De dónde salen esas cosas?

Comenzaron a golpearme con piedras, no sabía de dónde venían, hasta que me di cuenta que había dos fantasmas bombardeándome desde lo alto de la cripta. Uno de los fantasmas era Elizabeth y el otro un anciano. 

Cogí a Jezabel del cuello y le mostré la escena.

James: Mira que el mundo es un pañuelo. Ese vejestorio es el culpable de todo. Gracias a su muerte yo os conocí aquél día en su entierro. Gracias abuelo, sin usted jamás hubiese llevado a cabo mi venganza.

Entonces golpeé a Jezabel en la cabeza y me marché a toda prisa del cementerio, directo a mi casa a las afueras de la ciudad, con la bruja al hombro.

Tenía mucho que hacer antes de convertirla en vampiresa y poco tiempo para hacerlo. ¡TIEMPO! Algo que normalmente nos sobra a los vampiros y de lo que yo últimamente andaba escaso.


CONTINUARÁ...

domingo, 28 de junio de 2015

Halloween Night. Capítulo 2º


Elizabeth se despidió de su hermana que la observaba por la ventana con la mano alzada. No soportaba estar separada de ella, eran como gemelas. Jezabel era un año mayor que ella y siempre iban juntas a todas partes.

Eli: Lástima que no haya podido venir mi hermana, pero está obsesionada con mi cumpleaños y quiere prepararme una fiesta para cuando regrese. Tan solo nos vamos una semana de acampada, pero ya la echo de menos.

James: Sí, una lástima que tu hermana no haya podido honrarnos con su presencia, me hubiese gustado mucho conocerla.

Eli: Lo harás. Por cierto, ¿dónde hemos quedado con el resto del grupo?

James: ¿Quién?

Eli: Tus amigos, los que vienen con nosotros a la acampada.

James: Sí, claro. Hemos quedado en el claro del bosque, cuando lleguemos, ya tendrán las tiendas montadas y la hoguera lista.

Eli: Perfecto, porque tengo unas ganas locas de empezar a contar historias de miedo y asar nubes junto al fuego.

Cuando llegaron a una zona en la que tenían que dejar el coche e ir a pie, siguieron un sendero que parecía abandonado. De pronto Eli sintió que algo iba realmente mal y se detuvo, pero cuando se dio la vuelta para encararse con James, ya era demasiado tarde, el joven vampiro se abalanzó sobre ella y le mordió en el cuello dejándola sin una gota de sangre en el cuerpo.

Mientras la vida se le escapaba entre los dedos a Elizabeth, recordó los momentos felices que había vivido junto a su hermana Jezabel cuando eran pequeñas. La casita del árbol en casa de sus abuelos, los veranos en el lago junto a sus padres, las noches de lluvia contando historias de miedo con una linterna bajo las sábanas y muchos otros recuerdos que se irían con ella a la tumba.

De repente todo se volvió oscuro y lo último que llegó a ver fue la cara de su asesino, cubierta con su sangre y con una expresión de satisfacción grabada en su rostro.

Abrió los ojos y se vio flotando unos metros sobre el suelo. ¿Dónde estaba? Su cadáver estaba tirado entre unos matorrales, sin vida, cubierto de agua por la lluvia. Entonces escuchó unos gritos, cuando se giró, vio a un policía con una linterna haciendo señales para avisar que había encontrado a la joven desaparecida y esa no era otra más que ella misma. Pudo ver como se llevaban su cuerpo al depósito, pero no podía marcharse de ese lugar, había algo que la ataba y no la dejaba avanzar. 

Pocos días después de su muerte, cuando la policía había abandonado la escena del crimen, apareció Jezabel, su hermana. Llevaba puesta su capucha roja tan característica. Intentó acercarse y hablar con ella, su hermana era bruja y podría escucharla, podría avisarle de lo sucedido y así sería libre para cruzar al otro lado, pero el dolor que Jezabel sentía era tan intenso que se cerró en banda y no lograba escuchar nada ni a nadie.

Pasaron los meses y Eli veía como cada día después de clase su hermana visitaba su tumba y después visitaba el lugar donde murió. Pensaba que algo se les había escapado a los policías y que ella lo encontraría. Una pista que reabriese el caso de su hermana, algo que sirviera para encontrar aquél joven que se había llevado a Eli para no volver nunca más.

A Eli se le partía el corazón de ver así a Jezabel, pero un día todo cambió. Era el día de Halloween y Jezabel, en un ataque de rabia, había golpeado una piedra y esta había ido a parar junto a un objeto brillante. Instintivamente Eli se llevó las manos al cuello y se dio cuenta, por primera vez en unos meses, que su colgante con la cruz celta había desaparecido. Al fin entendía por qué estaba atada a aquél lugar y no a su familia, como era lo normal.

Jezabel cogió la cadena y se la llevó. De pronto Eli sintió como si alguien la arrastrase, era el collar, estaba atada a ese collar. Siguió a su hermana hasta el campus de la Universidad, la vio sentada en su árbol preferido escribiendo un hechizo.

Eli: ¿De invocación? Pero si estoy aquí. ¿Por qué no me escuchas? Eres médium, deberías oírme. No lo entiendo. ¡EHHH HOLAAAA! Imposible, desisto.

Oliver: No se lo tengas en cuenta, está sufriendo y eso le ciega, no es culpa suya. Además, no suelen permitir comunicación con nuestros seres queridos hasta que estos han comenzado a superar nuestra pérdida.

Eli: Ups, qué susto. ¿También eres un fantasma?

Oliver: Lo siento, preferimos que nos llamen espíritus, pero sí.

Eli: ¿Por qué todavía no has cruzado? 

Oliver: Quiero despedirme de mi hija, pero no encuentro el modo de hacerlo y sería muy grosero por mi parte pedírselo a tu hermana en estos momentos, por lo que supongo que tendré que esperar un poco más.

Eli: Gracias por no agobiarla, ahora mismo no creo que pueda con nada de esto. Lo que no entiendo es por qué quiere invocarme, si sigo aquí.

Oliver: Pero ella no lo sabe, de ese modo hará que preste más atención a los detalles y puede que su don deje de estar bloqueado.

Eli: No puede ser. ¡Es él!

Oliver: ¿Quién? 

Eli: Aquél que está aparcado en un coche rojo, es el vampiro que me mató y… No, no puede ser. La observa a ella. No permitiré que le haga a mi hermana lo mismo que me hizo a mí.

Oliver: Tranquila, tu hermana estará a salvo. Mira allí. ¿Ves a esos dos chicos?

Eli: ¿Dónde?

Oliver: Allí, junto a la bandera.

Eli: Sí. ¿Qué pasa? 

Oliver: El joven de la izquierda es un hombre lobo y está enamorado de tu hermana desde que eran unos críos.

Eli: ¿Michael un hombre lobo? Sabía que estaba tras mi hermana, pero nunca imaginé que fuese un hombre lobo.

Oliver: Vosotras las brujas sois muy listas para muchas cosas, pero demasiado despistadas para otras.

Eli: Lo sé. ¿Crees que la protegerá?

Oliver: Dalo por hecho, es su perro guardián.

Entonces Jezabel se levantó y salió a correr, por lo que arrastró con ella a Eli que se despidió del anciano con un grito ahogado, menos mal que no podía escucharla nadie.

Estuvieron en casa recogiendo velas y hierbas aromáticas. Jezabel lo guardó todo en su mochila junto al incienso de romero, un encendedor y agua bendita. Cogió su athame y lo ocultó en su bota, por si le era necesario y se marchó rumbo al cementerio donde se encontraba enterrada Elizabeth.

Al llegar a la tumba, Eli se quedó atónita viendo su nombre escrito en una lápida de mármol blanco, con el símbolo de la triqueta dibujado en oro sobre la inscripción.

“A la mejor hija, hermana y amiga, que la Diosa te guíe en tu camino hacia el otro lado. Te queremos Eli.” 
No podía derramar lágrimas, pero su pena era tan grande que no hacía falta verla llorar para ver lo hundida que se sentía. Jezabel estaba preparando todo el ritual, colocando las velas blancas en círculo, el colgante de su hermana sobre su lápida, encendiendo el incienso y una vez estuvo todo listo, se sentó junto a la tumba de su hermana a recitar el hechizo que había escrito bajo el gran roble que adornaba el campus. Eli sintió que alguien las observaba y al echar un vistazo tras de sí, vio movimiento en uno de los árboles, se puso a la defensiva, pero al ver que solo era Michael, el perrito faldero de su hermana, se relajó.

Notó que algo la atraía hacia la lápida y cuando se quiso dar cuenta estaba otra vez volando unos metros por encima del suelo.

Jezabel: ¡HERMANA!

Eli: ¿Me ves?

Jezabel: Claro que te veo. Al fin estás aquí, te he echado mucho de menos.

Eli: Siempre he estado aquí, no me marché. Sigo atada al collar y debo avisarte. Estás en peligro, aquél chico…

James: Vaya, vaya. Reunión de hermanas. Al fin te conozco querida. Pero más vale tarde que nunca, sobre todo si sabes tan bien como tu hermana.

Eli: ¡CORRE JES, CORRE!

El vampiro se abalanzó sobre Jezabel y ésta intentó repeler su ataque con un remolino de viento, pero el vampiro era muy fuerte y consiguió aproximarse más a ella, entonces golpeó el suelo y lo agrietó, pero fue listo y de un salto se colocó a su espalda, estaba a punto de matarla cuando Eli se lanzó sobre él, pero era un fantasma y lo atravesó, el vampiro se rió mientras Jezabel se resistía, cuando estaba a punto de morderla, un gran lobo gris apareció de la nada y se lanzó a por el vampiro, tirándolo al suelo y haciendo que soltase a la bruja que quedó medio inconsciente al golpearse la cabeza.

Eli se aproximó a su hermana y le habló para que ésta se levantase, le costó un poco pero mientras el lobo y el vampiro luchaban, Jezabel se despertó y echó a correr. Eli le mostraba el camino, era imposible salir de allí sin luz, ya que la linterna la había dejado en la tumba y las nubes habían vuelto a ocultar la luna llena que les servía de alumbrado. Decidieron que lo mejor sería esconderse, por lo que bajaron hasta una cripta.

Eli: Rápido, métete en el ataúd.

Jezabel: ¿Estás loca? No pienso hacerlo.

Eli: Hazlo hermana, ese es el vampiro que me mató.

Jezabel: Lo sabía, pero no había pruebas de ello, por poco me toman por loca y me encierran cuando se lo conté a nuestros padres y a la policía, por ello te llamé, para que me ayudases a vengarte.

Eli: Michael lo hará por las dos, ahora escóndete por favor.

Jezabel: ¿Michael? ¿Dónde…?

Eli: Te lo explicaré luego, a prisa. El olor a muerto ocultará un poco el tuyo.

Jezabel estaba asqueada, pero no le quedaba otra, así que abrió a duras penas la tapa del ataúd y se ocultó junto al anciano que allí había, o mejor dicho, junto a lo que quedaba de aquél hombre que había sido devorado por los gusanos. Jezabel sentía arcadas y no aguantaría mucho en aquél lugar y así fue, pocos minutos después el ataúd se abrió y el vampiro se asomó.

James: Aquí estabas, chica mala. Pero, ¿sabes qué? Soy muy buen cazador y tú eres mi presa.

Eli: Noooo.

CONTINUARÁ

sábado, 13 de junio de 2015

Halloween Night. Capítulo 1º




Era la noche de Halloween en una ciudad como cualquier otra, pero esa noche tenía algo especial. La luna llena más grande, que se había visto en años, por aquellos lares, estaba en lo más alto, iluminando la ciudad.
La noche que precede al día de los difuntos, es la más mágica del año, en ella, el velo que separa el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se hace más tangible. Esa noche, las criaturas que pueblan la tierra vagan por el mundo sin miedo a ser descubiertas, es la noche en la que los muertos caminan entre los vivos y es la noche en la que se basa nuestra historia.

AULLANDO A LA LUNA

Unas horas antes de la media noche.

Michael era un joven deportista, un atleta sin igual. Campeón con el equipo de rugby de su facultad, equipo al que llamaban “Los lobos de Michael”, debido a su capitán. Cada año vencían sin problemas al equipo rival, lo que les había llevado a ser conocidos por toda la ciudad. Además, Michael era campeón nacional de natación y el campeón mundial más joven de triatlón. Por todo ello, Michael era el chico más cotizado de la Facultad de Veterinaria, las jovencitas bebían los vientos por él, pero nuestro atleta solo tenía ojos para Jezabel, una joven de la Facultad de Psicología, próxima a la suya y que era la única que no le prestaba atención. Se conocieron un día de partido en el que sus facultades se enfrentaban y él enseguida le pidió salir juntos, lo malo es que ella no estaba por la labor y le rechazó, desde entonces intenta descifrar el secreto que Jezabel esconde y que la hace casi inaccesible.

Michael: Mírala, allí está. Tan guapa como siempre.

Pete: Tío pasa de ella, siempre igual. Si yo fuese tú, teniendo a todas detrás de mí, me olvidaría de esa chica. 

Michael: Pero tú no eres yo. Las demás están vacías, son comunes y lo común abunda, ella no, ella es especial y por eso me gusta.

Pete: Tú mismo, pero no te quejes si te vuelve a dar calabazas, estamos en Halloween y eso en esta época abunda.

Pete se marchó a clase, tenían un examen y ya llegaban con la hora justa. Michael se marchó detrás de su amigo, no sin antes echar un último vistazo a la joven Jezabel, sentada a los pies de un gran roble y escribiendo en lo que parecía un diario. Estaba tan absorta en sus pensamientos y en las palabras que escribía, que no se percató de nada.

Pasadas unas horas, Michael salió del examen y fue directo a buscar a Jezabel, pero no la encontró por ninguna parte, las clases habían terminado por ese día y el campus estaba casi vacío. Le dio vueltas a la cabeza para imaginarse dónde podría estar.

Michael: ¿Dónde van las brujas en Halloween?... A los cementerios.  

Cuando Michael se disponía a marchar en su coche, a buscar a Jezabel en cada cementerio de la ciudad, recibió una llamada, era su padre.

Michael: Dime.

Jacob: ¿Dónde estás hijo? Sabes que esta noche hay luna llena, debes volver a casa.

Michael: No puedo volver, mi instinto me dice que Jezabel está en peligro y he de ayudarla.

Jacob: ¿Jezabel? ¿Otra vez esa bruja? La chica fue inteligente al rechazarte, las brujas y los hombres lobos no pueden estar juntos. Hemos colaborado con ellas durante siglos, pero jamás nos hemos mezclado entre nosotros.

Michael: Siempre hay una primera vez.

Jacob: No Michael, no siempre. Debes regresar, puedes ser un peligro si te conviertes y sabes que no somos capaces de controlarnos.

Michael: Tendré cuidado, además, esta noche la luna apenas se ve, está demasiado nublado y tiene pinta de llover.
Jacob: Lo sé, huelo en el aire la humedad. Pero sabes que solo hace falta que un poco de luz te toque para convertirte. ¡Ven a casa!

Michael: No puedo. No me esperes levantado.

Michael corrió bajo la lluvia buscando en cada cementerio, si no encontraba nada regresaba al coche y ponía rumbo a otro lugar más alejado. Al tercer intento lo consiguió, allí estaba ella, empapando sus ropas negras como la noche bajo la lluvia, por ello le costó reconocerla. Estaba arrodillada a los pies de una tumba, con una vela blanca en la mano y recitando algo en voz alta. De pronto algo pasó, de la tumba salió un humo blanco que se elevó unos metros por encima de la lápida y  fue volviéndose más nítido, hasta convertirse en una joven vestida de blanco y casi traslúcida. Era un fantasma. 

Michael no daba crédito, sabía que Jezabel era una bruja, esas cosas se notaban, pero cuando la escuchó gritar con lágrimas en los ojos… “HERMANA”, se le partió el corazón y se escondió, más si cabe, tras el árbol que le ocultaba.


Michael: Es su hermana, ahora lo entiendo todo.

Jezabel había perdido a su hermana meses antes y por ello iba siempre de negro, por ello estaba la noche más mágica del año sola, en un cementerio, buscando respuestas. Michael no lo pudo evitar y lanzó un aullido a la noche que a Jezabel le heló la sangre. Hizo temblar a la bruja que permanecía con los ojos llorosos a los pies de su hermana muerta.

Michael estaba a unos cientos de metros más atrás, escondido tras un gran olmo que le ocultaba a duras penas. Su gran oído le permitía estar al tanto de todo lo que sucedía entre Jezabel y su hermana, pero guardando una distancia prudencial. 

De pronto algo cambió en el ambiente, la lluvia cesó y pudo reconocer un olor que le resultaba asquerosamente familiar. Un vampiro se había posado en lo alto de una cripta cercana, estaba agazapado observando a la bruja y al fantasma, hasta que decidió interrumpir la conversación. 

Michael se estaba desesperando, no podía escuchar apenas nada debido a la tensión del momento y sabía que su bruja corría peligro, por lo que se preparó para atacar. Lástima que la luna siguiese oculta tras las densas nubes, le hubiese encantado arrancarle de cuajo la yugular a ese maldito monstruo.
Sintió como se rompía por dentro al ver como el vampiro se abalanzaba sobre la bruja y como ésta movía deprisa las manos creando un remolino de aire que mantenía al vampiro a raya. La bruja dio un pisotón en el suelo y éste se agrietó. El vampiro era fuerte y estaba consiguiendo vencer las defensas de la bruja, poco a poco, con paso lento se aproximó a ella mientras le mostraba los dientes. El fantasma intentaba ayudar a su hermana, pero los golpes que propinaba al vampiro le atravesaban como mantequilla. 

Cuando el vampiro alcanzó a la bruja, se posicionó a su espalda y la agarró por la cintura, las nubes se disiparon y la luz de la luna inundó todo el valle, alcanzando a Michael de lleno y haciéndole caer de rodillas al suelo mientras se rasgaba la ropa que le cubría el torso. 

Jezabel solo alcanzó a escuchar un aullido, el mismo aullido que momentos antes le había helado la sangre y a ver la silueta de un gran lobo gris corriendo hacia ella, después cayó al suelo y todo se volvió oscuridad. 


CONTINUARÁ…