sábado, 20 de abril de 2013

Soñando con el. Capítulo 2º


No podía dejar de pensar en lo acontecido en su consulta. Ese chico que aparecía cada noche en sus sueños, era real. Había escuchado con atención la historia que el le había contado, tan surrealista como interesante. 
Iba conduciendo por la autopista, era noche cerrada cuando comenzó a llover y no lo vio venir, un coche con los faros apagados se precipitó contra ella, obligando a que diera un volantazo. El coche se descontroló por culpa de la lluvia y quedó suspendido en el puente. Al chocar contra las protecciones, Becky se golpeó la cabeza y perdió el conocimiento. Notó como caía al vacío, como el agua fría le helaba la sangre y le inundaba los pulmones. Un brazo fuerte y firme la sostuvo y de pronto, un dulce calor le recorrió los labios y la invadió por completo.
Despertó a la mañana siguiente, estaba en el hospital, la enfermera le estaba tomando la temperatura.

Enfermera: Buenos días, no se preocupe, está usted en el hospital. 
Becky: ¿Estoy grave?
Enfermera: Enseguida vendrá el médico a hablar con usted.

La enfermera salió y al poco entró un hombre de mediana edad y pelo canoso.

Médico: Buenos días, señorita. ¿Qué tal se encuentra hoy?
Becky: Un poco dolorida. ¿Qué ha pasado?
Médico: Tuvo usted un accidente, un joven la rescató del río y la trajo hasta aquí, le debe usted la vida. Tiene un par de contusiones, nada que las medicinas y unos cuantos días de descanso, no puedan remediar. 
Becky: ¿Quién dice que me trajo hasta aquí? Me gustaría darle las gracias.
Médico: Creo que está en la máquina del café. Ha pasado toda la noche aquí, no se ha movido de su lado ni un momento.

El médico se marchó y apareció el, con cara de asombro.

Jeremy: Tenemos que dejar de vernos así. ¿Qué tal estás? (Con una sonrisa)
Becky: ¿Tú?
Jeremy: Un simple gracias estaría bien.
Becky: ¿Pero, como?
Jeremy: Creo que lo sabes. No soy un simple paciente más, me pareció una buena idea lo de presentarme de esa forma ante tí, en mi siguiente sesión te iba a contar la verdad, pero decidiste darte un baño antes de tiempo y tuve que anticiparlo.
Becky: ¿Pero quién eres en realidad? ¿Lo del estrés laboral es mentira, verdad? Ya se me hacía a mí, demasiado raro todo eso.
Jeremy: En realidad si tengo estrés laboral, pero no soy abogado, sino una parca.
Becky: ¿Y eso que es?
Jeremy: La muerte, bueno, una de ellas.
Becky: Creo que el golpe en la cabeza fue más fuerte de lo que dijo el doctor.
Jeremy: No te pasa nada en la cabeza, has escuchado bien.
Becky: Entonces, ¿vienes a llevarme contigo?
Jeremy: Aún no, pero necesito ayuda y creo que tú puedes ayudarme.
Becky: ¿Yo? 
Jeremy: Creo que estoy sufriendo una crisis. Tengo que cumplir con mi trabajo, pero últimamente me afecta más de lo debido. Hagamos una cosa, descansa, esta tarde te darán el alta y después hablaremos. Iré a trabajar, no te vayas sin mi.

Salió por la puerta y Becky se quedó tumbada mirando al techo. No podía ser cierto, la muerte le había salvado la vida. ¿Y tenía que tratarle? Si lo conseguía, sería la mejor psicóloga de la historia, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo.


Continuará...

jueves, 28 de febrero de 2013

Soñando con él. Capítulo 1º

Bajó las escaleras del chalet a toda prisa, pasó por la cocina, recogió un par de galletas de la alacena y salió volando por la puerta de su casa (no literalmente, claro). Llegaba tarde, como siempre. Esa noche había vuelto a soñar con él. No sabía quien era, ni porqué aparecía cada noche en sus sueños, tan solo ansiaba la llegada de la noche, para volver a ver esos ojos verdes esmeralda que la transportaban a otro mundo.
Llegó al trabajo con la hora justa, se cambió y lo preparó todo para la consulta. El primer paciente era muy puntual, era un obseso compulsivo del orden y le vendría bien que fuese su primer paciente de la mañana, tenía la manía de hablar y no escuchar a nadie, por lo que Becky podría abstraerse y pensar en él.
Mientras Roger hablaba de la forma más idónea para evitar la entrada de gérmenes en una casa (ya era la 4ª vez esa semana), Becky recordó su sueño.
Se encontraba en un lugar oscuro, sentía como el frío le erizaba el vello y como el miedo se apoderaba de ella. De pronto una luz se vislumbró al fondo del interminable pasillo donde se encontraba, se dirigió corriendo hacia ese lugar y entró en una estancia alumbrada por velas rojas colocadas sobre una mesa repleta de pétalos de rosas rojas, vestida con un mantel negro de seda y dos copas de cristal de murano color ambarino repletas de un líquido rojizo, que no podía distinguir.
Al lado de la mesa estaba él, con los ojos verdes más penetrantes que jamás había visto y una dentadura impecable. Se encontraba de pie, vestido con un traje hecho a medida y con una rosa roja recién cortada en las manos.
No podía apartar la vista de él. Le tendió una de las copas y Becky la cogió con las manos temblorosas. Al mirar el fondo de la copa, se dio cuenta que el líquido que contenía era sangre. Le miró, él la sonrió y ella despertó de su sueño. ¿El despertador? No, el timbre que indicaba el final de la sesión de Roger.
Ambos se despidieron hasta la próxima semana. Y Becky se preparó para recibir a un nuevo paciente. Con los nuevos pacientes se reservaba más tiempo, por lo que esta vez debería estar atenta y hacer sus anotaciones de costumbre. Problema, posible causa y posible tratamiento a seguir. Es la primera sesión, tampoco se pueden hacer milagros.

Becky: Entre, por favor.

La puerta se abrió y allí estaba él. No podía ser el mismo, pero lo era, esos ojos eran inconfundibles. Sonrió y se presentó.

Jeremy: Buenos días doctora. ¿Ha dormido bien esta noche? (Con una pícara sonrisa asomando a los labios).


Continuará...



lunes, 7 de enero de 2013

Soñando en otra vida

Este cuento, lo hice el año pasado para una compañera de clase y amiga, a la que quiero un montón; y como le gustó mucho el cuento, lo cuelgo aquí para que lo veáis y así de paso, le doy su copia que siempre se me olvidaba pasar a limpio jejeje.

Era de noche y Carla estaba sentada en su habitación, intentando estudiar, pero era tarde y estaba cansada, por lo que se quedó dormida encima de su escritorio.
De pronto, una intensa luz entró por la ventana y la despertó. Delante de ella, apareció un chico de piel igual al marfil, cabello de ébano y ojos color rubí. De su espalda, surgieron dos majestuosas alas, del color de la sangre, de las cuales emanaba una luz tan cegadora, que le hizo cerrar los ojos un instante. Cuando los abrió, intentó salir corriendo hasta la puerta de su habitación, pero no pudo dar más de dos pasos, estaba anclada al suelo y no podía moverse.
El chico se acercó a ella, le colocó la mano derecha encima de la frente, Carla intentó apartarse, pero no pudo y en ese mismo instante, todo se nubló y calló al suelo de bruces mientras se le cerraban los ojos. Lo último que vio fueron los ojos color rubí clavándosele en el alma.
Se despertó en una sala oscura, apenas iluminada por la tenue luz de una chimenea de piedra negra con relieves de figuras grotescas, que parecían salir de forma desesperada de la piedra. Se encontraba recostada en un viejo diván de color carmesí. Al fondo de la sala, pudo ver una sombra reflejada por la luz de la chimenea. Aquél chico se acercó, hasta que pudo ver de cerca sus facciones, era el mismo chico que la había dejado fuera de combate en su habitación. Instintivamente, se hizo un ovillo en el diván, él se sentó a su lado y le cogió la mano, mientras le susurraba con dulzura.

Samael: Me llamo Samael y llevo mucho tiempo buscándote.

Carla se quedó boquiabierta, el mismísimo Satanás la había estado buscando. Pero...¿para qué?
De repente, la miró fijamente a los ojos y sintió como una cálida brisa los envolvía. Se adentró poco a poco en sus ojos, era una imágen de ella misma, estaba vestida con un traje negro de seda y sobre su cabeza, revoloteaban cientos de cuervos. Estaba sentada a la mesa con él y parecía muy felíz. Una puerta se abrió de golpe y vio como unas bestias la llevaban lejos, a la fuerza, notaba en los ojos de Samael la desesperación, la impotencia no poder hacer nada para que no la apartaran de su lado y antes de ver como se cerraban las puertas a su paso y de volver en sí, lo vio, una lágrima asomando por los ojos rojos, encendidos por la ira, de su amado demonio.
La brisa volvió y Carla regresó en sí. Recordó su vida juntos y todo lo que habían vivido desde que se enamoraron. Se echó a llorar y se arrojó en sus brazos, pero cuando estaban a punto de tocarse, se despertó. ¿Había sido un sueño? Estaba en su habitación, sentada frente al escritorio repleto de libros, habría sido un sueño. De pronto, notó que sujetaba algo en su mano, se miró y una sonrisa asomó en sus labios al ver la rosa negra que en ella sostenía.

FIN



domingo, 7 de octubre de 2012

La exposición maldita 5 ª parte

Hanna comenzó a rebuscar en su armario, en los cajones, en el canapé de la cama. Desde que Ra la llevó de vuelta a su casa, no había dejado de rondarle una idea por la cabeza, tenía que encontrar lo que buscaba, algo con lo que vencer a Set, ¿pero, el qué?

HANNA: Al fin. Me ha costado dar con ello.
SET: Hola querida. Te estaba esperando, presentí que habías vuelto. Siento haber tardado pero estaba ocupado preparándolo todo para tu regreso. ¿Dónde estuviste?
HANNA: Dando una vuelta con un amigo tuyo. Bueno sin más preámbulos, vámonos.
SET: ¿Dónde?
HANNA: Donde me quieras llevar. Se lo que intentas y no me preocupa, para que veas que no te tengo miedo, te dejo a ti escoger el escenario de la batalla. No podrás quejarte.
SET: ¿Porqué me dejas escoger?
HANNA: A caballo regalado no le mires el diente. ¿Nos vamos? Tengo cosas que hacer, no puedo perder todo el día con esto. Cuanto antes terminemos mejor.

Set cogió a Hanna de la cintura y un humo negro los envolvió. Cuando llegaron a su destino, Hanna se soltó y cayó al suelo de culo, sin dejar de toser.

HANNA: ¿No hay otro medio de transporte menos contaminante?
SET: Lo siento, estoy acostumbrado.
HANNA: No hace falta que te disculpes, intentas matarme. ¿Recuerdas?
SET: Aunque quiera no puedo olvidarlo. Pero no es la única opción.
HANNA: ¿Cómo dices?
SET: ¿Ves ese altar?

Hanna miró a su izquierda y vio un altar de piedra, con velas negras y varios cálices, además de un libro que lo sonaba familiar. ¿Podría ser el necromicon? Imposible.

HANNA: ¿Para qué tanta parafernalia?
SET: Hay un modo de tener tus poderes sin matarte. No quiero hacerlo, pero si no me dejas otra opción, lo haré.
HANNA: ¿Cuál es esa opción?
SET: Únete a mi.
HANNA: ¿Podrías ser más claro?
SET: Cásate conmigo, la unión hará que compartamos tus poderes.
HANNA: Las bodas y yo, no nos llevamos bien.
SET: Es tu única opción.
HANNA: Eso no es del todo cierto, también tengo la opción de matarte antes de que tu lo hagas. Pero tienes razón, demasiado complicado. Además, no soy ninguna amazona, hechicera, ni una superheroina. ¿O quizás sí?

En ese momento, una nube se posó sobre su cabeza, comenzó a lanzar relámpagos y truenos que impactaban cada vez con más fuerza en ella. Con cada descarga, se elevaba más y más del suelo, hasta que la nube se evaporó y Hanna se posó grácilmente en el suelo.

HANNA: Creo que ahora la situación está más nivelada.
SET: Es una pena. Sentiré matarte.
HANNA: Sentiré que lo hagas.

Set lanzó una plaga de langostas que fueron a atacar a Hanna, pero esta tenía un escudo que las convertía en flores.

HANNA: ¿Poético, no? ¿Ese es tu mejor truco?
SET: No, ¿qué tal este?

A Set se le pusieron los ojos de un negro intenso y de ellos salieron litros y litros de ácido, mezclado con sangre, en dirección a Hanna, la cual desvió sin problemas e hizo que se convirtiera en vino.

HANNA: Lástima que no beba, es un reserva. Creo que es mi turno.

Hanna se lo pensó un momento, ¿qué podría hacer para derrotar a Set? Estaba echo de mal puro, ¿cómo se combatía el mal?

De repente lo supo.

A Set se le dilataron las pupilas y una lágrima negra resbaló por su mejilla hasta caer al suelo y hacer un agujero en el . Se llevó la mano al pecho y se agarró con fuerza en corazón, el dolor le hizo arrodillarse y mientras tanto, seguía llorando y formando un agujero más grande en el suelo, con cada lágrima que soltaba. Tan grande hizo el agujero, que cayó en el sin remedio y se perdió en el vacío, pero no sin antes dedicarle una sonrisa a su contrincante, que aún no se creía lo que estaba pasando. Cuando Set desapareció, el agujero se cerró.

Ra volvió a sentir a Hanna, ¿qué habría pasado? Había estado preocupado, llevaba más de una hora sin sentir su presencia y de repente lo volvía a hacer. Sin pensarlo dos veces se dirigió a su encuentro. Llegó a tiempo de ver como el agujero se terminaba de cerrar.

RA: ¿Estás bien? ¿Cómo lo has vencido?
HANNA: Fue fácil. Hice que sintiera de verdad, que se enamorara de mi y a la vez supiera que iba a morir a mis manos. Tantos sentimientos juntos le hicieron caer en el vacío. Sabía que no podía matarle y que el mal con mal empeora. Estoy harta de ver películas en las que dicen que el amor lo puede todo, que asco que tuvieran razón.
RA: Si no llega a ser por eso, estarías muerta. Miento, todos estaríamos muertos.
HANNA: Sí, pero es decepcionante. Me hice una superheroina para nada, no he podido probar mis poderes y ahora que lo he matado, han desaparecido. Vaya desperdicio. Además, me imaginaba una lucha épica, es muy decepcionante.
RA: No me lo puedo creer. Has vencido a un Dios y porque hiciste fácil lo imposible ¿estás decepcionada?
HANNA: Pues sí. ¿Qué pasa? Acabo de salvar al mundo, creo que si alguien puede quejarse, esa soy yo.
RA: Jajaja. Me parece bien.

Un halo de luz esmeralda, inundó la habitación y Bastet apareció en su forma humana.

BASTET: Enhorabuena. Sabía que lo lograrías, o eso esperaba.
HANNA: Gracias por el voto de confianza. Bueno, ¿cuándo me quitas esto?
BASTET: Nunca. Es tu derecho de nacimiento.
HANNA: ¿De verdad?
BASTET: Sé que lo usarás bien. Espero que te sea de ayuda.
RA: ¿Qué quieres hacer ahora? Puedes empezar a usar tus poderes, por lo menos de momento, sin tener miedo a que otro Dios venga y te los quite.

Hanna cogió a Ra del brazo.

HANNA: Creo que sé lo que me apetece en este momento. ¿Qué te parece un paseo por la playa?
RA: Suena bien.

Se miraron, sonrieron y desaparecieron en una nube dorada.

BASTET: ¿Chicos? ¿chicos? Odio quedarme hablando sola.

Bastet suspiró hondo y se marchó. Sabía donde estarían, pero se merecían estar solos, se habían ganado unas vacaciones y ella no sería la que se las estropease.


FIN



sábado, 7 de julio de 2012

La exposición maldita 4ª parte

Hanna se despertó con el ruido de las olas ¿estaba en la playa? Cuando se fue a dormir, estaba en su cama. ¿Qué había sucedido?
Se incorporó y vio que estaba echada sobre una cama hecha con hojas de palmera. Se hallaba en una cabaña de madera, suspendida a unos 10 metros de altura sobre el nivel del mar. Estaba reposando sobre unos pilares que desde su posición no apreciaba a ver. Buscó el modo de salir, vio un palo que descendía hasta la arena. Decidió descender por el, menos mal que solo tenía que bajar y no volver a subir, porque no lo haría ni queriendo.
Al llegar a la playa, los dedos se le hundieron en la arena, estaba caliente, pero no quemaba. Tenía un tacto sedoso y comenzó a juguetear con la arena entre sus dedos. Se quedó absorta unos segundos, tiempo suficiente para que a su secuestrador le hubiese dado tiempo a colocarse detrás de la maleza que había detrás de la cabaña.
De pronto ella lo vio, estaba agazapado, tenía el cabello claro y los ojos color aceituna. Era atlético y llevaba unos pantalones de lino blancos. A Hanna le extrañó que estuviesen tan blancos, pero bueno, no le iba a poner pegas, ya que la habían secuestrado, por lo menos, las vistas merecían la pena.

HANNA: ¿Quién eres? ¿Dónde estamos y cómo hemos llegado aquí?
RA: Me llamo Ra, perdona las formas, tuve que traerte aquí para ponerte a salvo, Set tenía la misma idea que yo, solo que por suerte, me anticipé.
HANNA: Vamos a dejar clara una cosa. Por muy Dios que seas, no eres quién para secuestrarme, ni tu ni el otro cara dura. Dime, ¿dónde estamos? porque estoy totalmente perdida.
RA: Estamos en lo que podría llamarse el purgatorio egipcio.
HANNA: ¿Estoy muerta?
RA: No, pero al ser un Dios, puedo entrar y salir de el a mi antojo.
HANNA: Joder que susto. Podías haber empezado por ahí.
RA: Lo siento.

Pasaron todo el día paseando por la playa, hablando de muchas cosas y aclarando todas sus dudas.

HANNA: Mira, me encanta estar aquí contigo, pero tengo que irme, no me puedo esconder, tengo muchas cosas que hacer. Además, estarán preocupados.
RA: No puedes irte.
HANNA: Me tengo que ir.
RA: Si te vas morirás.
HANNA: ¿Cómo?
RA: Siento ser tan directo, pero no quiero que te suceda nada malo.
HANNA: En serio, ¿no me puedes dar toda la información de una vez, que te la tengo que ir sacando poco a poco?
RA: Está bien. Set necesita tus poderes y ahora tus poderes forman parte de ti, por lo tanto, si se los das, como si consigue quitártelos, no solo se lleva los poderes, también tu vida.
HANNA: Que poco confías en mí. Si me han dado los poderes será por algo.
RA: Espero que tengas razón. Porque solo tienes una oportunidad para salvarte. Y no puedes matar a un Dios.
HANNA: Pero si puedo hacer que no me vea, si no me ve, no me puede coger.
RA: ¿Cómo piensas hacerlo?
HANNA: Todo a su tiempo querido, todo a su tiempo.

Continuará...

jueves, 5 de abril de 2012

La exposición maldita 3ª parte

Hanna llevaba noches sin dormir, no dejaba de darle vueltas al hecho, de que todo aquello que deseases, se haría realidad. Por una parte estaba bien, aprobar sin esfuerzo, renovar su vestuario sin gastarse un euro, pero ¿y las consecuencias?
Cuando se dirigía hacia clase, se dio cuenta que alguien la seguía, era un hombre alto, vestido de negro y con gafas de sol. De pronto se detuvo en uno de los andenes del metro y el hombre se colocó justo enfrente. Hanna notaba como la miraba, por lo que levantó la vista y lo vio. Se había quitado las gafas y tenía unos ojos grises, con un borde verdoso, eran unos ojos que no se olvidan. De pronto llegó el tren y Hanna subió, pero el hombre había desaparecido, levantó la cabeza desde su asiento y miro por las ventanas para ver si había cogido otro vagón, pero no estaba. Cuando llegaba su parada, el metro se paró en medio del túnel, de pronto las luces se apagaron y quedaron en penumbras. La gente comenzó a gritar hasta que el conductor salió de la cabina tranquilizando a la marabunta de gente que se agolpaba en las puertas, Hanna seguía sentada en su asiento, leyendo un libro en su tablet. En un instante, la luz regresó, Hanna levantó la cabeza y vio a todo el mundo detenido, nadie se movía, excepto el hombre de negro y ojos grises que avanzaba hasta ella desde el final del vagón.
Hanna tuvo un mal presentimiento, cerró su tablet, la guardó e intentó abrir la puerta del vagón, pero no cedía, deseó que la puerta se abriese y como por arte de magia, se abrió. Bajó a las vías del tren de un salto y corrió por el pasadizo hasta la siguiente estación, al llegar a la escalinata, antes de subir, miró hacia atrás, no la seguía. Volvió la vista al frente y allí estaba, en el andén, tendiéndole la mano para que subiese.

HANNA: ¿Quién eres?
SET: Set, tu eres Hanna. ¿Verdad?
HANNA: ¿De qué me conoces?
SET: Bastet y yo somos viejos amigos.
HANNA: Mira, no sabré mucho de mitología, pero por lo que recuerdo, Set y Bastet no eran precisamente amigos.
SET: No se te escapa una.

De pronto, Set cogió del brazo a Hanna y la elevó en el aire, esta cayó encima de él y ambos terminaron en el suelo, en ese momento, el tren pasó como un rayo, sin detenerse en la estación. Le había salvado la vida, ¿pero, porqué?

HANNA: Gracias. Ni lo vi venir.
SET: De nada. Creo que por lo menos me he ganado el derecho a contarte mi versión de la historia.
HANNA: Creo que sí, pero no creas que con esto me fío de ti.
SET: No tienes porqué hacerlo, reconozco que no soy bueno, pero tampoco soy un bicho.
HANNA: No, supuestamente eres una serpiente.
SET: Sí, conoces la mitología bastante bien para ser de ciencias.

A Hanna no le gustaba que Set supiese más acerca de ella que ella de él, ¿porqué no atendería más en clase de historia?
Salieron del metro y llegaron a un pequeño café. Cuando entraron, todo se detuvo, aunque para ser sinceros no era necesario, excepto el camarero y otras dos personas sentadas en la barra, el café estaba vacío.

Hablaron durante horas, Set le contó su lucha con los otros dioses y Hanna permanecía callada, no sabía que contestar, cosa bastante rara, ya que sin palabras nunca se quedaba. Cuando Set terminó, Hanna bebió un sorbo de su café y le lanzó la pregunta que le rondaba en la cabeza desde el momento en que le vio.

HANNA: ¿Qué quieres de mí?
SET: ¿Cómo?
HANNA: Pues eso, ¿qué quieres de mí? Entiendo que tengas una vendeta pendiente con Bastet y cia, ¿pero qué pinto yo en todo esto?
SET: Chica lista. Necesito tu ayuda. Bastet te nombró su sucesora por algún motivo, algo especial hay en tí y lo necesito.
HANNA: Otro igual. Con lo bien que estaba yo, ¿quién me mandaría a mi, ir a aquella exposición?
SET: Necesito ese poder, pues con él venceré a mis enemigos.
HANNA: Ya y te crees que soy tonta y que con tus encantos voy a caer y te voy a dejar mis poderes, porque sí.
SET: ¿Lo harás?
HANNA: No.
SET: Te lo estoy pidiendo por las buenas.
HANNA: Mira, si me lo estás pidiendo por las buenas es que necesitas que te los ceda, no me los puedes quitar a la fuerza, por lo que te llevo ventaja en eso. Y por otro lado, si tan poderosa soy, ¿te piensas que me voy a quedar indefensa? Si me dieron estos poderes es por algo, así que no cuentes conmigo.
SET: No te gustaría verme enfadado.
HANNA: Ni tu a mi. Si tu das miedo, yo enfadada ni te cuento, así que no me toques las narices y no vuelvas a acercarte a mí. ¿Lo has entendido?
SET: Tu lo has querido.
HANNA: No cielo, lo has querido tu. Te has pensado que soy tonta, pero siento decepcionarte, no lo soy.

Hanna se levantó y salió del café sin mirar atrás, le temblaban las piernas pero no podía demostrar flaqueza. Se dirigió a su casa y al llegar llamó a Bastet.
La gata apareció envuelta en esa luz esmeralda cegadora.

HANNA: ¿Ya sabes lo que pasó, no?
BASTET: Sí.
HANNA: ¿Y que hago?
BASTET: Te agradezco que no me hayas traicionado.
HANNA: Vale, pero al grano. ¿Qué hago?
BASTET: No necesitas mi consejo, cuando llegue el momento, sabrás lo que hacer.
HANNA: Mira déjate de tonterías. Si necesito tu consejo, por eso te llamé.
BASTET: Créeme, estás preparada, cuando llegue el momento, sabrás salir del paso.

De pronto la gata desapareció entre un remolino de humo color esmeralda.

HANNA: Genial. Cuando llegue el momento. Más me vale.

Se tumbó en la cama, estaba rendida y se quedó profundamente dormida, debido a ello, no se dio cuenta de que alguien había entrado en su casa y permanecía oculto en las sombras. Cuando se cercioró que dormía, cargó con ella en brazos y desapareció tras una lluvia de destellos dorados.

¿Dónde habrían ido a parar? ¿Qué debería hacer la próxima vez que se topase con Set? ¿Quién era el misterioso hombre que se la llevó?


Continuará...