lunes, 2 de mayo de 2016

Leyendas de cristal. Capítulo 5 "El final"



Sarah entreabrió los ojos y se llevó las manos a la cabeza. Tenía una pequeña brecha en la frente de la que emanaba un fino hilo de sangre. Miró a su alrededor, descubriendo así que la puerta del conductor estaba abierta y no había ni rastro de su acompañante. 



Recordó el motivo por el que habían tenido el accidente. El psicópata de Ben, les había sacado de la carretera haciendo ráfagas de luz con los faros del coche, sin motivo aparente. Sarah entendía que quisiera matarla a ella, pero a su propio hermano que era el que conducía, eso no lograba comprenderlo.
Entonces decidió salir de allí lo más rápido que pudo, antes que uno de los dos apareciese de nuevo, por lo que se cambió de asiento, se puso al volante del coche y cruzó los dedos para que el golpe no hubiese sido tan grave como para haber destrozado por completo el motor. Cerró la puerta y arrancó, el motor rugió y pensó que al fin tenía algo de suerte, pero como suele pasar, esa suerte no dura mucho tiempo. 
Sintió que había alguien arañando el techo, justo encima de ella y se puso como loca, metió la marcha atrás y apretó el acelerador al máximo. El coche comenzó a moverse y de pronto notó que algo ofrecía resistencia, por lo que siguió acelerando hasta que el coche se caló y la cuerda que lo sujetaba se rompió de golpe, haciendo que el coche volviese a deslizarse por la pendiente y chocase contra el árbol de nuevo y un cuerpo cayese a plomo, atravesando el destrozado parabrisas.



Sarah se llevó las manos al rostro al comprobar que el cuerpo que estaba sobre ella era el de Ben. El joven estaba en las últimas, atado por el cuello con una cuerda. Tuvo que ser él quien arañó el techo en un último gesto desesperado por sobrevivir y Sarah luchó por quitárselo de encima a toda costa. Ben intentó avisarla de algo con su último aliento, pero ella estaba tan conmocionada que lo sacó fuera del coche sin prestarle atención y salió de allí marcha atrás a toda velocidad. 


Iba conduciendo con los ojos empañados por las lágrimas, de vuelta a la comisaría cuando se dio cuenta que apenas le quedaba gasolina. Unos metros más allá, había una gasolinera donde esperaba encontrar una cabina de teléfonos o que el trabajador de la gasolinera le prestase un móvil con el que llamar a emergencias.


El hombre de la gasolinera se aproximó a echarle gasolina cuando Sarah detuvo el coche junto a los surtidores y ella, saliendo rápidamente del coche le dijo que no era necesario, que solo necesitaba un teléfono para llamar a la policía y un lugar donde quedarse hasta que llegaran.  



Trabajador: ¿Está usted bien, señorita? Menudo accidente ha debido tener.


Tras ver cómo el hombre palidecía de golpe y se le dibujaba una mueca de terror en la cara, le siguió al interior del local, suponiendo que el asombro de verla de una pieza tras observar el impacto del coche, sería como haber divisado un auténtico fantasma.


Cuando la joven entró, el hombre echó el cierre de la puerta apresuradamente y Sarah sintió que la pesadilla continuaba. Se apartó hacia atrás al ver que se aproximaba hacia ella con paso firme y sintió que algo no iba bien. Cuando el hombre le pidió a Sarah que no se asustase y le dijo que había visto a un hombre escondido en el asiento trasero de su coche con un hacha en la mano, Sarah recordó que no había visto en el coche a David cuando se despertó y tragó saliva con dificultad.



Sarah: ¡Es él y viene a por mí!


El hombre intentó llamar a emergencias, pero alguien había cortado la línea del teléfono y justo cuando se lo estaba notificando a Sarah, las luces se apagaron y todo quedó en penumbras.



Sarah: Tenemos que salir de aquí, ya. ¿Tiene algún coche en el que poder huir?



El hombre le dijo que sí y cuando se disponían a salir corriendo del establecimiento en dirección al aparcamiento, escucharon una explosión que hizo saltar los cristales de la gasolinera por los aires.



Trabajador: ¡Mi coche! – Al ver el pequeño automóvil envuelto en una bola de fuego.- ¡Ahora sí que tenemos que salir de aquí, esto va a explotar!



El trabajador iba en cabeza y justo cuando atravesó el umbral de la puerta, David apareció y le clavó el hacha en el pecho, haciendo que cayese de rodillas al suelo y Sarah gritase horrorizada. Estaba harta de toda aquella situación y sobre todo, de ser la víctima de su propia película de terror.


Decidida a morir luchando, se abalanzó sobre David mientras éste arrancaba el hacha del cuerpo inerte del trabajador, haciendo que cayese de espaldas y Sarah quedase tendida sobre él.
Consiguió que soltase el hacha, mordiéndole la mano con la que la sujetaba y rodaron en dirección contraria sobre el asfalto. Esta vez, David quedó sobre ella y puso sus manos alrededor de su cuello para asfixiarla.



David: No te resistas. ¡Deja de luchar!



Ésta intentó alargar el brazo todo lo posible para atrapar el hacha con su mano derecha, pero le faltaban unos centímetros y no llegaba. Su visión se volvía más y más borrosa por momentos y sabía que no tenía otra opción que pelear por seguir respirando, así que reunió fuerzas de donde no las había y puso los pulgares en los ojos de David, apretando  tanto como pudo. Él apartó las manos del cuello de Sarah y ésta aprovechó para propinarle un derechazo directo a la mandíbula, seguido de un empujón certero, consiguiendo así apartarlo de ella lo suficiente como para escabullirse y recoger el hacha del suelo antes que lo hiciese él.


Ahí estaba ella, con el hacha bien sujeta entre sus manos y su agresor cara a cara, mirándola fijamente a los ojos.



David: No me vas a matar. No tienes lo que hay que tener para hacerlo. Suelta el hacha, no quiero hacerte daño. Podemos ser felices juntos ahora que mi hermano no está.



Entonces Sarah echó el cuerpo hacia atrás, cogió impulso y le clavó la pesada hacha en la cabeza con todas sus fuerzas, haciendo que éste cayera al suelo sin vida y ella terminase salpicada por la sangre de su agresor.



Sarah: Si quieres matar a alguien, no le des un discurso, hazlo sin más. Y por cierto, sí tengo lo que hay que tener, se llama instinto de supervivencia. ¿Te ha gustado, puerco? – Escupiendo al cadáver del hombre que había destrozado su vida por completo.-



Se fijó en la sangre que resbalaba por la hoja del hacha y notó cómo se le escurría de la mano. La dejó caer mientras apartaba la mirada y se sentó en un bordillo cercano a descansar. 



Observó la escena mientras recapitulaba todo lo que había vivido hasta ese momento. El secuestro, el encierro, las torturas, David, Ben, la sangre por todas partes y todo lo que había sentido a lo largo de su cautiverio. Se dio cuenta que ya no era la misma persona, ya no quedaba nada de la joven recién graduada que había sido meses atrás. Sus manos estaban manchadas de sangre y eso nada lo podría cambiar. 


A lo lejos se escucharon las sirenas de los coches patrulla. Al parecer, un camionero había visto la explosión en la gasolinera y había dado el aviso.



Agente 1: ¡Póngase de rodillas con las manos en la nuca! – Apuntándole con un arma.-

Agente 2: ¡Para, es ella! – Bajando el arma de su compañero.-

Agente 1: Lo siento mucho señorita, la hemos estado buscando por todas partes. ¿Se encuentra bien?

Sarah: Sí, ahora sí.

Agente 2: Venga con nosotros, la llevaremos al hospital. ¿Qué ha pasado?

Sarah: Antes he de hacer una última parada, ya recuerdo dónde estuve encerrada y aún queda gente a la que salvar.


FIN