sábado, 20 de mayo de 2017

Nunca juegues con el más allá. Capítulo 5.


Marta: Andrea ¿Estás bien?- Le preguntó a su sobrina, mientras permanecía escondida detrás de Samara, que con su cuerpo ejercía de escudo protector.

Samara: Esa no es Andrea, ya no.
Ana se había colado en el cuerpo de Andrea, ella le había dado permiso creyendo que así traería de vuelta a su madre, pero todo había sido un engaño del demonio, una ilusión que le había costado muy caro a la joven, tan caro como su propia vida.


El demonio se levantó de la cama y crujió las vértebras del cuello, miró a Samara con condescendencia y sonrió al tiempo que levantaba la mano y lanzaba a la bruja por los aires. Hizo que cruzase el umbral de la puerta y el largo y oscuro pasillo, hasta acabar estrellándose contra el aparador del salón y hacer los cristales de la vidriera añicos. Marta miró al demonio a los ojos y éste la ignoró, por completo, salió de la habitación y cerró la puerta sin tocarla si quiera, dejando a Marta atrapada en aquella habitación, alejada de la bruja. Entonces Marta aporreó la puerta con todas sus fuerzas y gritó para que la dejase salir, pero el demonio tenía otros planes. Según avanzaba por el pasillo, los cuadros de las paredes se caían al suelo y los focos empotrados en el techo, explotaban, haciendo que el efecto se asemejase al de los fuegos artificiales.

Mientras tanto, Samara se incorporaba y quitaba los cristales que se habían clavado en su brazo derecho hasta el punto de hacerla sangrar. Cuando se vio cara a cara con el demonio, éste volvió a levantar las manos para atacar a Samara, pero la bruja, sin saber muy bien cómo ni por qué, comenzó a hablar el latín antiguo t algo pasó. Sus pupilas se dilataron y mientras sus brazos se alzaban en dirección al demonio, sus puños se cerraban con fuerza, haciendo que el demonio diese un grito y permaneciese unos instantes inmóvil, pegado al suelo. Pero entonces, Samara se distrajo un instante, algo iba mal, estaba mareada y sentía nauseas. De pronto miró su brazo y descubrió que la herida había sido más grave de lo que le había parecido en un principio. Uno de los cristales le había seccionado la arteria braquial y se desangraba muy rápidamente.

Marta aprovechó ese momento en el que el demonio perdió el control de la situación y salió de la habitación para ayudar a Samara, pero ya era tarde, no había sido la única en aprovechar tal distracción. Pudo ver cómo el cuerpo de Samara permanecía en el aire y cómo su columna se partía en dos con solo un movimiento de la mano del demonio.

Marta: ¡NOOOOO!- Gritó desconsolada.

Aquél monstruo había matado a la única mujer que podía salvarlas, una mujer que se había convertido en algo más que una amiga o una hermana, había cambiado la vida de Marta para siempre al enseñarle el poder que había en su interior. Pero lo peor de todo era, que la vida de aquella bruja había terminado a manos de su querida sobrina. Su hermana había entregado la vida por salvarla, y ella no había sido capaz de devolverle el favor al proteger a su hija. ¿Qué haría ahora? Todo lo que conocía, todo lo que creía se había desmoronado por completo y ella sola no podría luchar contra aquél ser sobrenatural.

Marta: Andrea, por favor, vuelve en ti. Lucha, por favor lucha. – Le dijo con lágrimas en los ojos a su sobrina, mientras se arrodillaba a comprobar el pulso, casi inexistente de Samara.

El demonio no solo la ignoró, sino que se dirigió a la puerta tranquilamente, pero Marta no estaba dispuesta a dejar que se marchara, así que se levantó y se puso delante de su camino, obstaculizándole el paso. El demonio alzó la mano en su dirección y algo invisible apretó el cuello de Marta, la elevó unos centímetros en el aire y la apartó cuidadosamente a un lado, para después continuar su camino.


Marta: ¿Por qué a mí no me matas? ¡Cógeme a mí y déjala a ella! – Dijo desde la desesperación más absoluta.

El demonio se detuvo y se giró. Marta estaba temblando, pero también estaba decidida a dar su vida a cambio de la de Andrea.

Ana: Un trato es un trato, estás a salvo, tu hermana se encargó de ello. – Se volvió a girar y con paso firme y decidido, salió por la puerta como si nada hubiese pasado, como si hubiese estado esperando ese cuerpo durante demasiados años.
Marta se quedó petrificada, no entendía nada, todo le daba vueltas. Entonces escuchó la tenue voz de Samara, que la llamaba en la distancia y se dirigió a su encuentro. Se arrodilló y colocó la cabeza de la bruja sobre sus rodillas.

Marta: Lo siento mucho, no pude detenerla, no sé cómo hacerlo. – Arrancándose un pedazo de camiseta y taponando la herida que no dejaba de sangrar en el brazo de Samara.

Samara: Ya es tarde para mí, pero no para Andrea. Puedes salvarla.

Marta: No digas eso, lo haremos juntas, eres mi mentora. Te necesito, yo… no puedo sola con esto.

Samara: No estarás sola, yo estaré guiándote. En mi bolso hallarás todo lo que necesitas para salvarla, para salvarte. - Dijo mientras la vida se le escapaba a borbotones y le dedicaba su último apretón de manos.


Marta: Samara, por favor. ¡Samara! – Pero ya era demasiado tarde, no había nadie más en aquella habitación.

Por primera vez en mucho tiempo, estaba completamente sola en aquella casa, su casa, a la que después de esa noche jamás regresaría. Lo supo al dejar la cabeza de Samara reposar en el frío suelo de madera, al levantarse medio dolorida y mirar con las manos ensangrentadas en el bolso de la bruja. Ese viejo libro, a partir de ahora, sería su nuevo hogar y Ana, su única obsesión.


Intentó abrir el libro, pero estaba totalmente sellado. Al deslizar los dedos por la cubierta se cortó con algo que sobresalía y como si de un hechizo mágico se tratara, el libro respiró y se abrió. Marta estaba sorprendida, aunque pareciese mentira, después de todo lo que había vivido esa noche lo que más le había impresionado era que un viejo libro respirase. Seguramente había sido producto de su imaginación, después de todo, le costaba distinguir entre lo que era real y lo que no. Abrió el libro por la primera página que encontró escrita, la única que no estaba en blanco y leyó la inscripción que contenía.

“Libro de las Sombras por Willow Moon. Tan solo una bruja, pura de corazón, podrá obtener el conocimiento que guardo en mi interior.”

Al principio, el libro estaba completamente en blanco, exceptuando aquella pequeña anotación; pero tras leer la inscripción en voz alta, las palabras comenzaron a rellenar las hojas, hasta que el libro triplicó su grosor.

Marta cerró el libro, recogió algunas cosas que le serían útiles y salió por la puerta. Se disponía a cerrar, pero ya nada de lo que allí había le importaba. La vida que conocía había llegado a su fin, y una nueva era se abría camino ante ella, era un bruja y tenía un demonio al que cazar.



               
FIN

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