jueves, 23 de junio de 2016

Carretera al Infierno. Capítulo 2



Mientras descendía por la quebradiza escalera, miró hacia arriba y pudo ver que había descendido al menos 5 plantas, pero aquello no parecía tener fin. Continuó bajando y notando cómo el calor se hacía cada vez más y más insoportable.

De repente, se topó con una gran puerta de piedra que tenía unas figuras grabadas en relieve y le dio muy mala espina. Los pelos se le pusieron como escarpias y las manos comenzaron a sudarle por la presión del momento, pero sabía que si se marchaba de allí sin saber lo que había tras esas puertas, su curiosidad jamás se lo perdonaría y le torturaría para el resto de sus días.

 
 Empujó la gran puerta y se dio cuenta que era más pesada de lo que creía, por lo que tuvo que empujar aún con más fuerza hasta conseguir que cediera un poco. Entonces escuchó un ruido y al mirar tras de sí al hueco de la escalera, vio como varios trozos de cemento caían hacia el abismo sin descanso. La escalera en la que estaba se desmoronaba a toda velocidad y no le quedaba otra opción que atravesar esas puertas o perecer en el intento. Empujó y empujó con todas sus fuerzas, mientras el descansillo en el que se encontraba se iba desintegrando por momentos, entonces dio un último empujón y consiguió entrar de golpe en la sala, cayendo al suelo antes que el último resquicio de escalera desapareciese bajo sus pies y le arrastrase a él también.


Alex: ¡Joder, por poco no lo cuento! – Sobresaltado por el esfuerzo.- 

Se puso en pie, recogió la linterna que comenzaba a fallar y le dio unos golpecitos para ver si así conseguía arreglarla. Entonces alzó la vista y se percató que la estancia en la que se encontraba, había estado abandonada durante muchos años. Las paredes y el suelo de piedra, estaban repletos de cadenas con grilletes clavados en ellas. Aquella mazmorra fría y húmeda, hizo que a Alex le temblasen las piernas por primera vez en mucho tiempo. De repente la luz de su linterna se apagó. No podían ser las pilas, las acababa de comprar. ¿Qué demonios estaba pasando? 

Al levantar la vista, se percató de una luz rojiza que se vislumbraba en un rincón de la habitación y al acercarse a ella, se dio cuenta que en la pared había una puerta oculta. Comenzó a tocar a oscuras todas las piedras de aquél muro, hasta que dio con la clave. Empujó una de las piedras y escuchó saltar un resorte. Con una sonrisa triunfal, contempló cómo la puerta oculta se abría ante él y daba paso a otra estancia igual de grande, pero iluminada con antorchas. Al entrar en dicha estancia, comprobó que las peores pesadillas de cualquier persona, podrían estar bien ambientadas en aquél lugar. Una pila de huesos humanos y un perro de tres cabezas le dieron la bienvenida.




Alex: Esto no puede estar pasando. ¿Estoy en el infierno? –Mirando a las fauces que el perro le mostraba.- 

Lo único que le separaba de convertirse en la comida de Cancerbero, era aquella pequeña linterna que sujetaba con fuerza entre sus manos. Si debía morir, lo haría luchando, por lo que Alex se puso en posición de ataque y el perro perdió el interés en el joven que parecía perplejo al ver al perro tumbarse de nuevo, para seguir royendo uno de sus huesos. 

Alex: El golpe que me di en la cabeza me debe haber afectado más de lo que yo creía. – Llevándose la mano a la cabeza, donde la sangre reseca indicaba la zona afectada.- 


De pronto se escucharon unas palmadas y Alex giró sobre sus talones, para ver de dónde procedía aquél sonido. 

Hombre misterioso: Empezaba a pensar que ya no vendrías, llevo mucho tiempo esperándote Alex.

Alex: ¿Quién demonios eres?

Hombre misterioso: No vas desencaminado, muchacho. Algunos me llaman “Portador de Luz”, otros “Ángel de las Tinieblas”. Anticristo y Satanás los oigo muy a menudo, pero seguramente tú me conocerás por Lucifer. Puedes llamarme como más te plazca. 

Alex: Seguramente esto sea un sueño, pero vale, te seguiré el juego. ¿Qué quieres de mí? ¿Mi alma? Porque no está en venta. 

Lucifer: ¿Estás seguro, Alejandro? Yo sé lo que en verdad ansía tu corazón. Quieres competir contra los mejores y ganarles. Sueñas con ser una gran leyenda dentro y fuera del circuito. Conmigo lo puedes lograr, Alex, solo he de chasquear los dedos y todo lo que deseas, todo lo que de verdad necesitas para ser feliz, será tuyo.

Alex: Es tentador, no te lo niego. ¿Pero qué me pasaría si no tuviese alma?


Lucifer: El alma en los seres humanos está demasiado sobrevalorada. Para vosotros no sirve de mucho, solo os trae sufrimiento. Sin ella nada podrá dañarte, nada más importará, excepto tú mismo, tus problemas desaparecerán por completo. No es un mal trato.

Alex: ¿Y de qué te sirve a ti mi alma? Seguramente ya tendrás muchas allá abajo.

Lucifer: El infierno no se mantiene solo, necesita energía y el alma es solo eso. Pero como ya te dije, a vosotros los humanos no os hace ninguna falta, podéis vivir sin conciencia y ser felices eternamente o tener conciencia y vivir atormentados para el resto de vuestros días. ¡Piénsalo Alex! Premios, reconocimiento, fama, dinero, mujeres hermosas. ¿Qué más se puede pedir?


Alex: Lo siento pero creo que paso. Me gusta conseguir las cosas por mí mismo. 

Lucifer: Nadie consigue nada gratis, chico. Si tú no haces el trato, otro lo hará por y tú jamás ganarás nada.

Alex: Sigo diciendo que NO, pero gracias por la oferta. Ahora… ¿Cómo salgo de aquí?

Lucifer: ¿No esperarás que yo te lo diga, verdad? Quien entra en el infierno, no vuelve a salir a menos que pase las 3 pruebas.

Alex: ¿Qué pruebas?

Lucifer: Todo a su tiempo, Alejandro, todo a su tiempo. Aunque yo en tu lugar no me emocionaría demasiado. NADIE ha logrado pasar de la segunda, JAMÁS.

De pronto Lucifer chasqueó los dedos y desapareció ante la atónita mirada de Alex, que seguía observando al perro mientras éste devoraba su hueso, con miedo a ser el siguiente plato en el menú del chucho.




Continuará…

miércoles, 15 de junio de 2016

Carretera al infierno. Capítulo 1º



Alex estaba batiendo todos los records en la pista, las ruedas de su Ducati apenas rozaban el asfalto, pero era de esperar, se conocía aquél circuito como la palma de su mano. 


Pedro: ¡Genial campeón! Estoy seguro que los barrerás a todos de la pista este domingo en la carrera. – Le dijo su preparador al terminar las vueltas de entrenamiento.-



Alex: No sé lo que me pasa, pero me siento genial. Llevo unos días trabajando a tope y creo que tanto esfuerzo ha dado sus frutos. – Bajándose de la moto y quitándose el casco para beber un poco de agua.-


Pedro: Pero también tienes que descansar, ya lo sabes. Machácate todo lo que quieras en la pista, pero no fuera de ella. Vete a casa o a dar una vuelta. Tómate el resto del día libre y mañana nos vemos en el circuito. Has trabajado demasiado y no quiero que te agotes antes de tiempo, debes estar al 100%. Ya sabes que nos jugamos mucho con esto.


Alex: Lo sé, tienes razón. Me iré a casa a descansar, últimamente no duermo muy bien por culpa de los nervios.


Pedro: Venga vete, yo me encargo de recoger todo esto. ¡Largo! –Intentando parecer más serio de lo que estaba en realidad.-


Alex: ¡A sus órdenes, mi coronel! –Cuadrándose ante él.-



Pedro: ¡Déjate de cachondeítos y vete de una vez! –Sonriendo al muchacho mientras se marchaba rápidamente, para evitar que la toalla que Pedro le había lanzado le diese en la espalda.-


Alex hizo caso a su preparador y se fue directamente a casa, estaba agotado y necesitaba una buena ducha para refrescarse un poco, pero no pudo evitar detenerse a mitad de camino en medio de la carretera y dar media vuelta pocos segundos después. Las motos le encantaban, para Alex eran su vida, pero no su única afición. Había algo más que conseguía hacer que despejase su mente por completo y le inyectaba esa adrenalina que necesitaba para convertirse en un auténtico campeón, su afición por explorar lugares abandonados siempre fue su secreto mejor guardado.


Detuvo su moto a los pies de un gran edificio sucio y destartalado, cuyos ventanales, que ahora se encontraban llenos de polvo o carentes de cristales, habían vivido tiempos mejores. Los alrededores de aquél lugar estaban llenos de vegetación, como si la madre naturaleza anduviese reclamando el terreno, que anteriormente, la mano del hombre le había arrebatado. La valla que rodeaba aquél frío y oscuro lugar, se encontraba abierta de par en par, algo que Alex achacó a la racha de buena suerte que experimentaba esos últimos días. 



Apagó las luces, quitó las llaves del contacto y descendió de la moto. Comenzaba a llover y las gotas de agua resbalaban por la cazadora de cuero negro en la que iba enfundado. Decidió poner la moto a salvo de la lluvia, bajo la copa de un gran roble cercano. Se quitó los guantes, abrió el sillín de la moto y los metió allí, sacó la linterna que le acompañaba a todas partes y se encaminó hacia el gran edificio que se alzaba ante sus pies. Tenía que darse prisa, colarse en un sitio abandonado es un delito y no quería terminar en el calabozo y perderse la carrera más importante de su vida. 


La puerta estaba cerrada, había una gruesa cadena que le impedía pasar, por lo que se dio una vuelta por el lugar y encontró una ventana por la que colarse. Estaba un poco alta, pero por suerte había unas cajas de madera muy cerca de allí y las usó a modo de escalón. Al saltar al otro lado, su vieja lesión se resintió e instintivamente se echó las manos a la rodilla.


Alex: ¡Qué mierda! La lluvia hace que me duela más de lo normal y eso que hace años del accidente


Se incorporó, dio un par de patadas al aire para comprobar que estaba bien y siguió adelante. Aquél lugar estaba lleno de hojas secas, barro y pintadas en las paredes. Apenas quedaba nada del mobiliario del antiguo hospital, Alex solo pudo ver un par de camillas oxidadas y una vieja silla de metal a la que le faltaba una de las patas.



Alex: Menudo panorama. La verdad es que no sé qué demonios pinto yo aquí.

Pero en el fondo sí lo sabía, esa sensación de electricidad que le recorría por todo el cuerpo cuando visitaba esos lugares, esa adrenalina bombeando con fuerza por su torrente sanguíneo, el saber que estaba haciendo algo prohibido y nunca le pillaban, todo eso le hacía sentir muy bien, muy poderoso y era justo lo que necesitaba en ese momento. 


Continuó por los pasillos caminando sin rumbo fijo, entraba en las habitaciones y al no ver nada interesante volvía a salir y buscaba un nuevo lugar al que acudir, hasta que su suerte cambió de repente. 


Llegó a una habitación en la que había algo extraño, restos de velas negras a medio consumir y una marca en el suelo que al principio no le llamó mucho la atención. Entonces se fijó en el marco de la ventana, había algo en ella, por lo que al alumbrar con su linterna en aquella dirección, se llevó un buen susto (cosa que jamás reconocería ante nadie, ni bajo coacción) vio alzar el vuelo a un cuervo que se dirigía directo hacia él, con los ojos inyectados en sangre y del que salía una extraña luz. Alex se agachó y llevó sus manos a la cabeza para cubrirse, haciendo que la linterna cayese al suelo y rodase por el piso unos pocos metros más allá, hasta quedar en medio de la habitación. 



Cuando el cuervo se marchó, Alex se incorporó y con una risa nerviosa y el sudor cayendo por su frente, se aproximó a la linterna y la cogió con las manos temblorosas. De pronto se percató de las marcas del suelo, alumbró aquél círculo que se vislumbraba a través de la capa de polvo y hojas secas. 


Alex: ¡Mierda! ¿Eso es sangre seca o pintura? Lo que me faltaba, seguro que estoy en la sala de fiestas de un par de frikis satánicos. Genial Alex, será mejor que te largues cagando leches antes que los locos esos regresen a seguir con la fiesta. –Se dijo a sí mismo y se dispuso a salir a toda prisa de aquella habitación.- 




Alex: ¿Qué demonios pasa?


Alex no podía moverse, algo le retenía en el interior de aquél círculo, pegado al suelo. Notó como una mano le sujetaba del brazo e intentó zafarse, pero allí con él no había nadie más, estaba solo. ¿Sería producto de su imaginación? 

Forcejeando, consiguió deshacerse del extraño agarre y corrió todo lo rápido que su pierna fastidiada le permitió. A su paso, las puertas se cerraban herméticamente de un portazo. Intentó escapar por la misma ventana por la que había accedido al lugar y una fuerza sobrenatural le impidió pasar, tirándolo al suelo de espaldas y haciendo que se golpeara la cabeza contra el suelo.


Alex: No puede ser, no… - Llevándose las manos a la cabeza y manchándose de sangre.-



Allí no había nadie que él viese a simple vista. La ventana estaba abierta, no tenía cristales y antes había entrado por ese mismo lugar, por lo que no era normal lo que estaba sucediendo. ¿Por qué ahora no podía salir de allí?


Todas las puertas estaban cerradas. ¿Tendría que quedarse allí encerrado para siempre? Pero de repente, escuchó como una puerta se abría tras él y decidió investigar. Se levantó del suelo y se dio cuenta que la única puerta abierta que había era una que daba al sótano, pero Alex no recordaba haber visto esa puerta con anterioridad y le pareció bastante extraño, ya que era conocido por fijarse en cada pequeño detalle. Entró por la puerta con cuidado y se aproximó al borde de la escalera, que comenzaba justo en ese tramo y descendía hasta perderse de vista en el abismo.



Alex: ¿Pero cuántas plantas tiene este sitio?- Al observar la interminable escalera que se encontraba ante él y descendía hacia las entrañas de aquél sombrío lugar.



Continuará…