viernes, 27 de marzo de 2015

El corazón del mar

Este cuento es un reto que me puso una amiga a ver si era capáz de juntar en la misma historia espectros, polstergeilst, sirenas y transformers. Pues aquí está :P



Mike: No me diga eso doctor, no me diga que he perdido a mi esposa. ¡Vuelva ahí dentro y sálvela!
Doctor: Lo siento señor Williams, pero no hemos podido hacer nada. Su esposa llegó casi muerta al hospital, en la ambulancia no pudieron hacer nada, había perdido mucha sangre. 
Mike: No puede ser, no. No por favor.

Mike se sentó en la sala de espera, estaba desolado y rompió a llorar. El doctor se marchó, tenía que trasplantar los órganos de la esposa de Mike, era donante y el tiempo corría en su contra.

Doctor: ¿Qué tenemos aquí?
Enfermera: Mujer blanca de unos 25 años de edad aproximadamente. Tiene varios traumatismos y el corazón comenzó a fallar hace unos instantes. La causa ha sido una costilla rota incrustada en él, es un milagro que siga con vida. La mantenemos enchufada a una máquina hasta dar con algún pariente vivo, pero no hemos conseguido averiguar quién es, no aparece en las bases policiales. Hemos hecho las pruebas pertinentes y es una posible receptora compatible con la señora Williams.
Doctor: Muy bien. Prepárenla para la intervención. 

ANTES

Telxinoe se encontraba cerca de la costa, algo terminantemente prohibido para los de su especie. Le apasionaba salir del agua y mezclarse con la gente. Se dirigió a su cueva secreta, donde guardaba un vestido que había encontrado flotando en el mar y le quedaba muy bien puesto. Se subió a una roca esperando que los rayos del sol secaran su piel, para que su cola de sirena diese paso a dos esbeltas piernas.
Tras vestirse, salió de la cueva procurando no mojarse y bajó a la playa. Le gustaba sentir la arena entre sus dedos. Ese día la playa estaba casi vacía, no tenía pinta de que fuese a llover, pero hacía frío y se levantó viento. De pronto, vio como un niño se lanzaba a la carretera a por una pelota y un coche que no frenaba estaba a punto de atropellarlo. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia el niño, le empujó hacia un lado y ella recibió el golpe. El conductor se dio a la fuga y los padres del niño intentaron socorrerla, de pronto un joven se detuvo con su Camaro amarillo y se ofreció a llevar a la joven al hospital.


Al llegar, la joven presentaba varios traumatismos y su corazón apenas latía. El joven mientras hablaba con las enfermeras explicándoles la situación, recibió una llamada. Su mujer estaba muy grave, en el mismo hospital. Al parecer, se vio envuelta en un atraco que salió mal y fue alcanzada por un disparo.
Mike se puso nervioso, le pidió a la enfermera que le dijese dónde se encontraba su mujer y tras verlo en el ordenador, la enfermera le acompañó a la sala de espera frente a los quirófanos.

AHORA

Mike estaba sentado en la cama de su dormitorio, con las cortinas cerradas y la ropa sucia tirada por el suelo junto a un montón de cajas de pizzas y botellas de whisky vacías.
Su hermano Jeff decidió pasarse para levantarle el ánimo, ya hacía dos semanas desde la muerte de Beth y aún no levantaba cabeza.


Jeff: ¿Ha visto como tiene todo esto, teniente?
Mike: Déjame en paz Jeff. Lárgate, no tengo ganas de nada.
Jeff: La excedencia que te dieron no durará eternamente. Debes reponerte. ¿Qué pensaría Beth si te viese así?
Mike: No me importa nada. Ella ya no está y yo no tengo ganas de seguir viviendo sin ella.
Jeff: No digas eso hermano. Ella no querría oír eso y lo sabes.
Mike: ¿Y tú que sabes? No tienes ni idea. Si ese día no hubiese llegado tarde por socorrer a una desconocida, ahora Beth seguiría viva.
Jeff: O estaríais los dos muertos, eso no lo podemos saber. Salvaste una vida, no te culpes por eso.
Mike: Claro que me culpo, salvé la vida equivocada.

VARIOS MESES DESPUÉS

Mike había vuelto a su trabajo en el ejército, estaba en una unidad especial que trabajaba con unos extraterrestres, llamados Transformers. Dichos extraterrestres tenían la capacidad de transformarse en automóviles y permanecer ocultos entre la gente a simple vista. El gobierno, a cambio de trabajar para ellos, les permitía quedarse en el planeta.
Bumblebee: Siento mucho lo de Beth, Mike.

Mike: Gracias chico. Pero el mundo no se detiene por nadie y mucho menos por mí. Tenemos trabajo.

Bumblebee y Mike, fueron hasta la playa, tenían que detener a un terrorista que intentaba entrar en el país haciéndose pasar por inmigrante ilegal.

Mike: Equipo uno, informe.
Equipo 1: En posición.
Mike: ¿Equipo 2?
Equipo 2: En posición.
Mike: A mi señal…. ¡AHORA!

Los dos equipos salieron de las rocas tras las que se ocultaban y los inmigrantes, que eran terroristas disfrazados, comenzaron a abrir fuego. Los equipos se desplegaron y consiguieron detener a los terroristas, excepto a uno de ellos que escapó.

Mike: Iré a por él.

Mike persiguió al terrorista hasta el interior de una cueva, donde fue sorprendido y herido por un balazo en un costado que le hizo caer al agua inconsciente. El terrorista escapó, pero no sin antes recibir un balazo de Mike, que terminaría con su vida minutos después.
Telxinoe vio lo sucedido, estaba oculta bajo el agua en las proximidades de la cueva. Sin pensárselo mucho, se lanzó a por el joven y le rescató.

VARIOS MINUTOS DESPUÉS

Ceasg: No puedo creer que hayas traído a un humano a nuestra ciudad, como tu padre se entere te mata. Sobre todo, después del disgusto que le diste con lo de tu accidente.
Telxinoe: Amiga, es él. El hombre que me salvó.
Ceasg: No me lo puedo creer.
Telxinoe: No tenía elección, de cualquier modo incumplía una norma. Las sirenas estamos en deuda con el humano que nos salva la vida, hasta devolverle el favor. Eso estoy haciendo, le hirieron y le salvé. No podía haberlo hecho si no lo llego a traer aquí.
Ceasg: Pero ningún humano puede saber de nuestra existencia o terminarían con todos nosotros. 

Telxinoe: Lo sé. Estaba inconsciente cuando le traje y cuando me lo lleve de aquí, le dormiré para que no pueda ubicarnos. Aquí dentro parecemos humanos normales, no lo sabrá.
Mike: ¿HOLA? ¿DÓNDE ESTOY?

Ceasg se marchó dejando sola a Telxinoe con Mike.

Telxinoe: ¿Estás bien? Me llamo Telxinoe.
Mike: Creo que sí. Soy Mike. ¿Dónde estoy?
Telxinoe: En unas instalaciones privadas. Te dispararon y te traje aquí para curarte.
Mike: ¿Eres médico?
Telxinoe: Algo así.
Mike: Tu cara me suena. ¡¿Eres tú?!
Telxinoe: Quería agradecerte que me salvases la vida. Cuando vi cómo te disparaban y que caíste al agua inconsciente, no pude hacer otra cosa que devolverte el favor. Gracias, de verdad.
Mike: No puedo quedarme aquí y no me des las gracias. Por salvarte a ti, mi mujer murió. Me entretuve  y la asesinaron.


Telxinoe quedó en shock.

Telxinoe: Yo… yo… No deberías haberme salvado. No es justo.

Mike se dio cuenta de su error. Miró a Telxinoe de arriba abajo. Vio sus largas piernas, sus curvas de infarto, su pelo rubio ondulado y llegó a sus ojos del color del mar embravecido. Ella no tenía la culpa de nada.

Mike: Lo siento mucho, suelo ser un bocazas. No fue culpa tuya, no fue culpa de nadie. Tan solo el peor momento y el lugar equivocado.

Hasta ese momento, Mike había culpado al médico, al conductor borracho, que por cierto ya estaba cumpliendo condena gracias a los testigos, a su mujer por morirse y dejarle solo, a sí mismo por no llegar a tiempo y a Telxinoe, por haber sido su obstáculo en el camino. Por primera vez en mucho tiempo, se daba cuenta que no estaba en su mano cambiar el destino, tan solo afrontarlo.


Telxinoe: No te preocupes, te recuperarás. Ahora te llevaré de vuelta, pero tengo que sedarte. Estás en unas instalaciones secretas y no deberías estar aquí, por lo que te pido que confíes en mí.
Mike: De acuerdo, soy militar, se lo que es secreto, demasiado bien.

Telxinoe se sentó en su cama, en la que estaba tumbado Mike y le puso una inyección, al hacerlo, Mike se fijó en su pecho, no lo pudo evitar, un botón travieso se había desabrochado en su blusa y resaltaba sus encantos. Mike se dio cuenta de la cicatriz que Telxinoe tenía en el pecho. Había algo en esa chica que le resultaba familiar, era como si al estar cerca de ella se sintiese en casa.

Mike: ¿Qué te pasó?
Telxinoe: Tuvieron que hacerme un trasplante de corazón el día del accidente. Una costilla lo perforó.

Mike empezó a atar cabos, Telxinoe llevaba el corazón de Beth, por ello sentía esa cercanía hacia ella. Alargó la mano y la posó en el pecho de Telxinoe, que se quedó helada.

Mike: Beth…

Y se quedó dormido. Telxinoe se levantó de golpe y se llevó las manos hacia el pecho. Su donante era la mujer de ese hombre. Qué cruel podía llegar a ser el destino. Una lágrima le resbaló por la mejilla mientras se apretaba el pecho. Se quitó la ropa, le puso una máscara de oxígeno a Mike y abrió la puerta de la cámara despresurizadora que le daba acceso al océano. Se lanzó al agua, rápidamente su cola verde azulada apareció tan resplandeciente como siempre y cuando nadie la observaba, tiró de Mike hasta llegar a la costa. Decidió dejarle en la cueva, no podía arriesgarse a ser vista. Le depositó en un saliente, le retiró la máscara y la guardó en su escondite. Después, se tumbó junto a él y se quedó dormida por el esfuerzo.
Cuando Mike abrió los ojos, estaba casi seco. De pronto miró junto a él y vio a Telxinoe allí, desnuda. Recorrió con su mirada cada centímetro de su piel y estuvo a punto de posar su mano encima de la cicatriz, pero la cordura volvió a apoderarse de él y la retiró. Telxinoe se despertó y al sentirse observada, sintió mucha vergüenza e intentó saltar al agua, pero Mike la retuvo y le puso su cazadora encima.


Mike: Gracias por salvarme, pero no entiendo nada. ¿Por qué estás desnuda?
Telxinoe: No te lo puedo explicar. Es alto secreto.
Mike: ¿Qué estés desnuda es alto secreto? Vaya, creo que tu unidad es mucho más divertida que la mía.
Telxinoe: Tengo que irme.
Mike: Por favor Beth, no te vayas.
Telxinoe: No soy Beth.
Mike: Lo sé, lo siento. Por favor, acompáñame, tenemos que hablar.
Telxinoe: No puedo, me estarán buscando.
Mike: Por favor, solo hasta mi coche. Guardaba algo por si algún día me encontraba con un donante de mi mujer. No tengas miedo, no te voy a hacer daño.
Se pusieron en marcha y cuando Bumblebee los vio llegar se transformó.
Mike: ¿Qué haces Bee? ¡Te puede ver alguien!
Bumblebee: Tranqui Mike, hice un barrido antes.
Telxinoe: ¿Qué es eso?
Telxinoe se desmayó.
Mike: Bravo chico, la dejaste KO.
Bumblebee: Ey, no tengo la culpa de ser irresistible para el sexo femenino de tu especie. –Hizo sonar la música de James Bond.-
Mike: Vamos a casa.
Bumblebee: Sí jefe.

Mike cargó en brazos a Telxinoe y la metió en el asiento del copiloto, le puso el cinturón y en cuanto se montó en el asiento de conductor, Bumblebee les llevó a toda pastilla hacia casa de Mike.
Al llegar, Mike dejó el coche en el garaje y metió a Telxinoe en su casa. La tumbó en el sofá y preparó algo de beber para cuando la joven se despertase, le haría falta.

Bumblebee: Jefe si me lo permite, me cambiaré el aceite mientras tanto, si me necesita, solo pegue un grito.

Mike: Claro amigo, te doy la noche libre.
Cuando Mike se sentó en el suelo junto a ella, la observó dormir tan plácidamente que le dieron ganas de abrazarla y besarla.
Mike: No puede ser. Ella no es Beth, mi Beth. No quiero a nadie más que no sea mi Beth.

Entonces, la cadena de música se encendió y comenzó a sonar una canción que Mike reconoció enseguida.

Mike: ¿Qué demonios pasa aquí?

La chimenea se encendió sola y de ella salió una luz blanca que se mostró ante él con la forma de su mujer. A Mike se le llenaron los ojos de lágrimas.

Mike: Beth… ¿Eres tú?

Beth: Si cariño, soy yo.
Mike: ¿Pero cómo? No es posible.
Beth: No hay nada imposible, solo poco improbables. ¿Recuerdas? Tú eres quien me decía esa frase cada vez que yo quería rendirme en alguno de mis alocados proyectos.
Mike: ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué te rendiste y me dejaste solo?
Telxinoe: No me rendí Mike, tan solo era mi momento, igual que dentro de muchos años llegará el tuyo y además, no estás solo, ya no.
Mike: ¿Ella? – Mirando a Telxinoe.-
Beth: Sí. La quieres. Desde que la viste tirada en aquél frío suelo, sentiste algo por ella, no lo puedes negar. Hoy al verla lo recordaste. No es porque lleve mi corazón, no soy yo, es ella, ella será el amor de tu vida, la persona con la que envejecerás y tendrás los hijos que yo no pude darte. ¿Recuerdas lo que siempre te decía acerca de ser donante de órganos?
Mike: Querías ser inmortal, seguir viviendo eternamente y salvar vidas, por eso te hiciste enfermera y donante de órganos el primer día.
Beth: ¿Y recuerdas lo que te dije el día de nuestra boda? ¿Cuáles fueron mis votos?
Mike: En la salud y en la enfermedad, ni si quiera la muerte nos separe. Por una eternidad juntos.
Beth: Lo estoy cumpliendo. Es una buena chica, un tanto especial, pero a ti las rarezas te gustan. Primero te casaste con una bruja, después tuviste un extraterrestre de mascota motorizada y ahora…
Mike: ¿Ahora qué?
Beth: Lo sabrás a su debido tiempo, solo espero que sigas siendo tú mismo y no le cierres la puerta por ser diferente.
Telxinoe: ¿Qué ha pasado?
Mike: Tranquila estás en mi casa.

Cuando Mike miró a la chimenea, el fantasma de su esposa había desaparecido, el fuego se había apagado y el reproductor de música estaba vacío. 

Mike: Toma, bebe un poco de agua, te sentará bien.
Telxinoe: No, agua no.

Telxinoe intentó apartar el agua y el vaso se le resbaló a Mike de las manos, cayendo en las piernas de Telxinoe, que al instante desaparecieron dando lugar a su cola de sirena.
Mike se levantó de golpe y Telxinoe se sintió avergonzada.

Mike: ¿Eres… una sirena?
Telxinoe: Mi padre me matará.
Mike: ¿Por qué?
Telxinoe: Nadie podía saberlo, ahora llegarás con tu ejército y acabarás con todos los de mi especie.
Mike: Jamás haría eso.
Telxinoe: Claro que sí. El hombre se cree superior, llega con sus redes y arpones y acaba con todas las especies que habitan los océanos. ¿Por qué ibas a ser tú diferente?

Mike se sentó en el sofá junto a Telxinoe, le cogió la cara con las manos y se puso a menos de diez centímetros de ella.

Mike: Porque te quiero. Lo supe desde el momento en que te vi, pero sufrí un duro golpe y he estado perdido hasta que te he vuelto a encontrar.
Telxinoe: No me mientas, solo me quieres porque en parte te recuerdo a tu mujer, por mi cicatriz.
Mike: No, eso creía yo, pero me he dado cuenta que te quise en el momento en que te vi. Amé a mi esposa, pero el destino da muchas vueltas. Sé que alguien ahí arriba te puso en mi camino por una razón, no volver a estar solo nunca más. Te quiero Telxinoe.
Telxinoe: Estás loco. Soy una sirena.
Mike: Puedes vivir fuera del agua. Si quieres, venderé mi casa y compraré una junto a la playa, con cala privada. Podrás ir y venir a tu antojo. No quiero cortarte las alas.
Telxinoe: Mike.
Mike: Dime.
Telxinoe: Soy una sirena, tengo cola, no alas.
Mike: Jajajaja. ¿Eso es un sí?

Telxinoe lo pensó un instante. En verdad estaba enamorada de ese hombre que apenas conocía, no sabía si los sentimientos eran propios, o de aquél corazón prestado. Miró a los ojos verdes de Mike y entonces,  una voz se abrió paso en su cabeza. 

Beth: Hazle feliz, es un buen hombre, se lo merece. Y tú también.
Mike: Bueno ¿qué dices? ¿Te gustaría pasar el resto de tu vida junto a mí?
Telxinoe: Podría intentarlo.

Entonces Mike se lanzó y la besó. Estaba tan feliz que no dejaba de besarla y decirle te quiero al oído.

Telxinoe: Espera.
Mike: ¿Qué pasa? ¿Hice algo mal?
Telxinoe: No, pero se nos olvidaba algo muy importante. Mi padre.
Mike: ¿Tengo suegro? Será un honor conocerle.
Telxinoe: Aún no cantes victoria, es el rey y no creo que le siente muy bien todo esto.
Mike: ¿Eres una princesa?
Telxinoe: Sí.
Mike: Vaya. Pues tendrás que ir a decirle a mi futuro suegro que quiero que esté presente en nuestras vidas y que no se preocupe porque ni sé dónde está vuestro refugio ni lo quiero saber. Le esperaré donde él me diga para conocerle y presentarle mis respetos.
Telxinoe: Vaya, eso creo que te dará puntos.
Mike: Eso espero.

MÁS TARDE

Mike estaba sentado en la playa, hacía horas que Telxinoe se había sumergido y no daba señales de vida. De repente, su melena rubia apareció entre la espuma de las olas, precedida por unos puntos más, que aunque estaban distantes, se podía apreciar que eran unas veinte cabezas más.

Telxinoe: ¿Preparado? Entra al agua.
Mike: ¿Segura?
Telxinoe: No esperarás que salgamos nosotros.
Mike: No claro.

Mike se quitó los zapatos y la camiseta, se bajó los pantalones y se quedó en calzoncillos. Se introdujo en el agua y se vio rodeado por una veintena de sirenas hembras y machos.

Tritón: Tú debes de ser Mike.
Mike: Sí señor.
Tritón: Eres el humano que intente robarme a mi hija.

Mike: Eso jamás, señor. Mi intención es comprar una casa en primera línea de playa para que su hija se sienta libre de ir y venir cuando quiera. Me gustaría además que usted y su familia formasen parte de nuestra vida, no la quiero separar de nadie, solo quiero incluirme en su vida. Prometo que la cuidaré mejor que a mi propia vida.
Tritón: Tú fuiste el joven que la salvó. ¿Qué sabes del hombre que la atropelló?
Mike: Lo cogieron y está preso.
Tritón: ¿Y qué opinas de que mi hija lleve el corazón de tu mujer muerta?
Telxinoe: ¡PADRE!
Mike: No importa, puedo contestarle. Verá señor, pensé que un hombre solo se podía enamorar una vez en la vida, pero me equivocaba, porque yo lo hice dos veces. Me siento muy orgulloso de que su hija lleve el corazón de mi mujer. Beth era una mujer muy buena y su hija también lo es. Mi mujer siempre quiso salvar vidas y al hacerlo, salvó la vida de la mujer que amo. En realidad no la he perdido, se que una parte de ella está en su hija, pero no es la parte de ella que me enamoró.
Tritón: Odio decir esto, pero hija, has dado con el único hombre bueno que he tenido el placer de conocer. Os doy mi bendición.

AÑOS MÁS TARDE

Telxinoe: Poseidón, no corras mucho y no te arrimes mucho a los corales, cortan. Ahhh y haz caso a tu tío.
Poseidón: Sí mamá.

Mike: Ale corre.
Mike y Telxinoe, ven como su hijo se aleja con su tío para recibir la iniciación junto a los de su especie.
Mike: ¿Y ahora qué?
Telxinoe: Tiene que pasar allí veinticuatro horas, después iremos y comenzará su iniciación.
Mike: ¿Iremos?
Telxinoe: Sí, mi padre al final te ha tomado cariño y te deja asistir, eso sí, bajo sedación. Pero no le digas que se me escapó lo de que te había tomado cariño.
Mike: Ya era hora, después de cinco años, creo que se ablandó el viejo. Jajaja
Bumblebee: ¿Y esa ceremonia no podía ser en tierra? Me la voy a perder.
Mike: Tranquilo, yo te la grabo.
Bumblebee: No es lo mismo.
Telxinoe: Si quieres venir…
Bumblebee: No gracias, el agua y mis bujías no se llevan muy bien. Que lo paséis muy bien.
Jajajajaja – Todos al unísono.-


↓FIN↓


jueves, 26 de marzo de 2015

Un extraño en la Comarca. Capítulo 5. "El final"



Al llegar a Minastirith, las puertas se abrieron y Aragorn salió hasta la mitad del camino, para recibirnos montado en su corcel.
Aragorn: Bienvenidos, seguidme hasta la sala de reuniones, debemos darnos prisa.
Subimos por las calles enrevesadas de la ciudad de los reyes y desmontamos al llegar junto al árbol blanco que lucía en todo su esplendor. De pronto, las puertas se abrieron y Arwen apareció, al ver a su hijo Adanedhel sano y salvo, le dio un abrazo enternecedor. Gandalf nos presentó y tras enmudecer ante la belleza de Arwen, no pude hacer otra cosa que repetir mi nombre entrecortadamente y vislumbrar una sonrisa en mi rostro.
Arwen: ¿Está a tu gusto la comida, querida Charlie?
Charlie: Sí, gracias. ¿Puedo haceros una pregunta? Quizás suene demasiado descortés, pero… ¿No teníais otro hijo mayor que Adanedhel?
Aragorn: La palabra clave es teníamos. Se vio envuelto en una emboscada cuando todo esto comenzó y lo asesinaron. Intentan acabar con mis hijos, por ello le dije a Adanedhel que se marchara en busca de ayuda, cuanto más lejos de aquí, mejor.
Charlie: Siento, haberos molestado, no lo sabía.
Arwen: Tranquila Charlie, el nos da fuerzas para terminar con esto de una vez por todas. Ahora que estáis aquí, vuelve a haber esperanzas.
Tras comer, nos fuimos a la sala de reuniones para debatir el plan a seguir. Aragorn nos contó que el ejército estaba listo y que Rohan estaba de camino para apoyarnos, al igual que hicieron años atrás. La guerra volvía a unir a todos los pueblos por un bien común, incluso tenía noticias de que los elfos del bosque y los enanos estaban a la espera en las inmediaciones.
Aragorn: El plan es este. Esperaremos a ser atacados para darle tiempo a Freja para que se infiltre en Mordor y destruya el anillo. Mientras el resto…
Freja: Espera un momento. ¿Tengo que ir sola?
Aragorn: Claro, no se lo esperarán. Es nuestra única posibilidad.
Charlie: Yo la acompañaré.
Aragorn: No Charlie, te necesito en el campo de batalla conmigo. Según me han contado eres reina de Moondor, sabes lo que haces con una espada.
Charlie: ¿Qué? Yo… esto… bueno. Sí.
Adanedhel: No puedes mandarla sola, yo iré con ella.
Sam: ¡No! Lo haré yo.
Gandalf: ¿Sam?
Sam: Eres la sobrina de mi señor Frodo y cuando se marchó, le dije que me encargaría de cuidar sus cosas más preciadas y Bolsón Cerrado. Tú eres la única habitante de Bolsón Cerrado, por lo que estás bajo mi protección.
Freja: Pero Sam, no pue…
Sam: No insistas, está decidido. Soy el único que ha atravesado esos muros y sigue vivo para contarlo, podré llevarte hasta el volcán. Esperemos que siga activo.
Aragorn: Si lo está. Mis espías lo han confirmado. No sabemos dónde está ese anillo, pero sé que lo lograrás, igual que lo hizo tu tío antes de ti.
Charlie: Claro que puedes chiquitina. El mejor perfume viene en frasco pequeño. Demuéstrales a todos de qué pasta están hechos los Bolsón de Bolsón Cerrado.
Aragorn: Charlie, ves a la armería, allí te darán el uniforme y las armas necesarias. Estad listos, dentro de tres días Mordor atacará y les estaremos esperando.
Adanedhel, me acompañó a la armería, donde me dieron un uniforme con el árbol blanco bordado. Estaba nerviosa, una cosa era luchar en Moondor, el mundo de rol creado para frikis como yo y otra cosa muy distinta era empuñar una espada de verdad y estar en peligro de muerte. En el mundo real tenía a los Winchester conmigo si algo iba mal, pero ahora… estaba sola. Oz sería un paseo comparado con lo que me esperaba.
Adanedhel: ¿Estás nerviosa?
Charlie: Pues sí, es la primera vez que me enfrento a un ejército tan grande. 
Adanedhel: Tranquila que estás con nosotros. No permitiré que te pase nada.
Entonces apareció Lórien junto a su padre Faramir. 
Faramir: Buenas tardes chicos.
Charlie: ¿Faramir? Hola, encantada de conocerte, soy Charlie Bradbury.
Faramir: El gusto es mío. Mi hija me habló de tus hazañas en Moondor, será un placer luchar a tu lado.
Adanedhel miraba de reojo a Lórien y cuando nos marchamos de la armería no pude contenerme más.
Charlie: Estás loco por ella. Se te nota a la legua.
Adanedhel: ¿Qué? No digas eso. Es mentira.
Charlie: No lo niegues, la quieres y todo el mundo se ha dado cuenta.
Adanedhel se puso rojo como un tomate.
Adanedhel: ¿De verdad lo saben?
Balin: ¿Qué estás loco por la hija de Faramir? Claro que sí. Se hacen apuestas y espero que me hagas ganador a mí.
Adanedhel: ¿Qué?
Jajajajaja –Todos al unísono.-
De pronto se escuchó un grito.
¡¡¡NOS ATACAN!!!
Charlie: ¿Cómo? No estoy preparada aún.
Adanedhel: Nadie lo está, por eso lo hacen. A prisa, tenemos que ir a caballerías.
Todavía tenía el culo dolorido de montar a caballo durante tanto tiempo, si tenía que luchar, prefería preocuparme por mi espalda entera, no solo por mi trasero.
Charlie: ¿Y Freja y Sam?
Balin: Se marcharon hace horas. Deben haber entrado a hurtadillas.
Charlie: Espero que lo logren, por el bien de todos.
Estaba a las puertas de Minastirith, con mi uniforme de la guardia puesto y ajustado, con mi espada en la mano y la daga, que Gandalf me había regalado, oculta en una de mis botas. Todo estaba listo, la luna llena alumbraba en lo alto de un cielo sin estrellas. De pronto, la calma que precede a la batalla se hizo presente, vimos aparecer una estrella en el firmamento, después otra y otra más. Pero no eran estrellas, era la señal que anunciaba el final de una era y puede que también el final de mi propia vida. Tras la calma, sonó un cuerno, el cuerno de Gondor. El humo y el fuego lo invadieron todo. El final se acercaba y yo lo vería desde primera línea de fuego. Ante mis ojos pasó toda mi vida. Los Winchester, Castiel, Dorothy y Oz. ¿Ese sería el final de Charlie Bradbury?
Una canción se abría paso en mi mente, aquella que tantas veces escuché y canté junto a Pippin viendo la película de “El retorno del rey”.
“Un mundo hay desde aquí hasta mi hogar y hay tantas sendas por andar. La sombra, la noche traerá y las estrellas la prenderán. Niebla y sombra, triste anochecer, pasarán yo seguro lo he de ver.”
Adanedhel: ¡Charlie, cuidado!
Adanedhel cayó sobre mí tirándome al suelo antes de que una bola de fuego me aplastase.
Charlie: Gracias, me pilló desprevenida, no volverá a pasar.
Adanedhel: No temas, pero estate atenta, esto solo acaba de empezar.
Las puertas iban a caer, los guardas apenas podían contenerlas. Cuando se rompió la madera y quedó en ella una rendija, pude ver miles de orcos. Subían por los muros en escaleras improvisadas con palos e intentaban deshacerse de los arqueros. Uno a uno iban cayendo, hasta que la puerta cedió y mi atención pasó de lo alto del muro a lo que tenía justamente delante, un inmenso elefante con unos colmillos tan grandes como mi apartamento. Lástima no estar allí en ese preciso momento.
Aragorn: Luchad, las almenaras están ardiendo, pronto llegarán en nuestra ayuda. ¡RESISTID!
Un orco se acercó a mí con su mazo en la mano, intentó golpearme pero lo esquivé tirándome al suelo. Rodé hacia él y cuando se abalanzaba sobre mí con el mazo en alto, le clavé la espada en un costado. Había matado un orco, no cabía en mí de la emoción, aunque la felicidad me duró más bien poco, porque otro se acercaba con la palabra asesino escrita en la frente. No literalmente, claro.
Conseguí levantarme a tiempo para esquivar su espada y me giré a lo caballero de Camelot blandiendo la mía en alto. Le miré para adivinar su siguiente movimiento y por suerte para mí, los orcos pensaban poco, vino de frente como una apisonadora, de forma previsible.
No sé cómo lo hice, pero corrí hasta él, salté y puse mi pie en su barriga, luego me enganché a su cabeza, solté la espada y saqué la daga clavándosela en el cráneo.
Adanedhel: Bravo amiga. Fue digno de ver.
Entonces lancé mi daga hacia Adanedhel, le pasó casi rozando y se clavó en un trasgo que intentaba apuñalarle por la espalda.
Adanedhel: Te debo la vida.
Charlie: Estamos en paz.
Seguimos luchando sin descanso. De vez en cuando conseguía fijarme en cómo le iba a los demás. Gandalf y Aragorn peleaban espalda contra espalda, contra una horda de orcos. Los elfos, tan veloces y certeros, terminaban con más orcos y trasgos en un minuto, que el resto de nosotros juntos. Era hipnotizante ver a Légolas con el arco, aunque Adurant y Adrahil no se quedaban atrás con la espada. Balin con su hacha, demostraba tener mucha destreza y aunque era inferior en tamaño, su valor se podía comparar con un digno alumno de Griffindor, era un león acorralado que luchaba por sobrevivir y vaya si lo hacía. Adanedhel y Lórien luchaban uno junto al otro, flanqueados por Faramir.
De pronto se escucharon varios cuernos, cada uno proveniente de una zona diferente del campo de batalla. Por el oeste, los caballeros de Rohan, los Rohirrim, llegaban en nuestro auxilio golpeando con la fuerza de un martillo. Por el este, enanos y elfos cabalgando juntos, arrasaban con todo orco y trasgo que se cruzase en su camino. Eso me infundió ánimos y agarré mi espada con más fuerza.
Llevábamos horas luchando y me parecieron días. De pronto algo cambió. Los orcos comenzaron a convulsionar y cayeron fulminados. Al verlo, los trasgos salieron corriendo, huyendo sin rumbo fijo. Una gran explosión surgió de Mordor, dejando un cráter de varios kilómetros donde antiguamente se hallaba el volcán.
Charlie: No puede ser. ¡Sam, Freja!
De pronto sentí una punzada en mi interior, pensaba, que era el hecho de darme cuenta que no volvería a ver a Sam ni a Freja, habían muerto, pero aunque eso era cierto, mi corazón me lo decía, la punzada no provenía de ese sentimiento, sino de una daga clavada en mi estómago. Me giré y vi un trasgo rezagado, que había quedado abandonado a su suerte, sujetando la empuñadura. La última imagen que recuerdo fue la de Aragorn rebanándole el cuello al trasgo y Gandalf sujetándome la cabeza, antes de perder el conocimiento.
Abrí los ojos y estaba de nuevo en mi casa, en el mundo real. Seguía sujetando el mando de la consola, el abrigo seguía en el mismo lugar y en la pantalla de televisión se veían los créditos del juego. Había vencido a Sauron y mi muerte me convirtió en un héroe en la Tierra Media y había sido el modo que encontró el juego de regresarme a la realidad, una puerta que me devolvió a mi patética vida de hacker para una multinacional, en la que ser héroe estaba reservado a tipos duros como los Winchester. ¿O quizás no?
Cogí mi teléfono móvil, que seguía metido en mi chaqueta tirada en el suelo y marqué un número.
Charlie: Sammy, he vuelto y necesito algo de acción.

 FIN