lunes, 15 de septiembre de 2014

Un extraño en la comarca. Capítulo 2




Estábamos sentados, Adanedhel nos informó que venía de Minastirith, allí la guardia se estaba preparando para hacer frente a la horda de orcos que se estaba agolpando en las puertas de Mordor.

De pronto me fijé que bajo la capa, Adanedhel, llevaba una espada y por el mango me di cuenta que era Anduril. 



Charlie: Wow, wow, wow. Espera un momento. ¿Esa es Anduril? ¿Puedo tocarla? ¿Porfa?

Adanedhel: Tranquila, te la dejaré cuando salgamos de aquí, pero baja la voz, no quiero que nadie me reconozca.

Me quedé mirando embobada la espada, por lo que desconecté de la conversación hasta que vi que se levantaban.
 
Charlie: ¿Nos vamos?

Gandalf: Si, insensata. Nos vamos a Rivendel, baja la voz.

Charlie: Jo, ni que hablase a bocinazos.



Salimos de la posada y nos subimos al carro. Adanedhel, se montó a lomos de su corcel, que por cierto era impresionante y encabezó la marcha.

Pasamos varios días en el camino, parando solo a descansar para dar agua a los caballos y dormir un poco. 

Charlie: En la película parece que todo está más cerca. 

Sam: ¿Decías?

Charlie: Nada, nada. Tan solo me pregunto si aún nos falta mucho para llegar.

Gandalf: Estamos llegando. ¿No oyes las cascadas?

Charlie: No oigo nada. 

Gandalf: Pon atención a lo que te rodea.

Charlie: Sigo sin oír nada.

Gandalf: Bufff.

Intentaba escuchar algo, pero entre el ruido de los caballos, del carro y de Sam tragando como un desesperado a causa de los nervios, no escuchaba ni una cascada, ni un rio, ni siquiera un diluvio universal.
De pronto el carro se detuvo, al igual que Adanedhel. Me puse nerviosa, no sabía que pasaba hasta que Gandalf nos informó que estábamos llegando a Rivendel. Entonces, tras la vegetación pude observar la ciudad de los Elfos y las cascadas de las que hablaba Gandalf, me invadió un sentimiento de júbilo tan grande que me bajé del carro y eché a correr hacia allí. Me sentía flotar en el aire hasta que me di cuenta que no avanzaba y que en verdad estaba flotando, Gandalf me había enganchado de la camisa con su bastón y me tenía en vilo.



Gandalf: ¿A dónde vas insensata? 

Charlie: A Rivendel, siempre quise ir allí.

Gandalf: No puedes presentarte en la casa de Legolas como una necia loca, los arqueros no dejaran que pases más allá del puente. Si llegas conmigo no habrá problema.

Charlie: Lo siento, el entusiasmo me puede. 

Gandalf me obligó a subir de nuevo al carro, junto a Freja y Sam. Al llegar al puente, el mago exigió ver a Legolas, pero no había nadie. ¿O sí? De repente, varios elfos se mostraron ante nosotros, estaban ocultos entre las ramas de los árboles, tras la cascada y en los salientes de las rocas que había por encima de nuestras cabezas.

Charlie: ¡Vaya! Esto si que es un consejo de bienvenida, deberían de aprender en Moondor.

Freja: Había escuchado historias acerca de la ciudad de los elfos, pero jamás salí de la Comarca, es precioso.

Uno de los elfos que estaba al mando, nos llevó a través de la ciudad, hasta esa extraña plazoleta que vi en la película, donde se formó la primera comunidad del anillo. Se me saltaron las lágrimas al sentir que estaba en el lugar más maravilloso del mundo. Cerré los ojos y respiré hondo, me llené los pulmones de hierbas aromáticas que los elfos plantaban por todo el lugar. Laurel, hierba buena, eucalipto, menta, son algunas de las plantas que pude reconocer en el ambiente. Nos sentamos en las sillas de piedra que había formando un círculo, yo estaba sentada en el mismo puesto que años atrás había estado ocupado por Legolas, el actual señor de Rivendel. Las vueltas que da la vida, ahora él era el dueño y señor de todo aquello. De pronto, vi como los elfos se agachaban en una reverencia y abrían un camino hasta el interior del círculo. Me agaché, imitando su comportamiento, hasta que vi unos pies ante mí, levanté la cabeza y allí estaba el elfo, mirándome con esos ojos azules tan embriagadores. Hizo un leve gesto de inclinación con su cabeza mientras me mostraba una sonrisa, sonreí y agaché la cabeza al darme cuenta que se estaba dirigiendo a mi espalda y no a mí, ya que el hijo de Arwen se encontraba justo detrás mía. Después, con paso firme se acercó a Gandalf para estrecharlo en un fuerte abrazo.



Legolas: Gandalf, viejo amigo, cuanto me alegra verte.

Gandalf: Lo mismo digo, Legolas. ¿Qué hay de Gimli, cómo sigue ese viejo enano testarudo?

Legolas: No se encuentra en plena forma, pero sigue siendo un fiel amigo y viene a verme de vez en cuando. Ha sido padre ¿Lo sabías? Tuvo un hijo, igualito a él, la misma  terquedad y sangre fría corren por sus venas.

Sam: Por lo que veo, te va bastante bien.

Legolas: Querido Sam, a mis oídos ha llegado lo bien que te ha ido con el negocio de la cria de ponys, sobre todo estos últimos años. Me complacería poder visitar a tu familia un día de estos y conocer la Comarca. ¿Y quiénes son las dos jóvenes que os acompañan?

Gandalf: Ella es Freja. -Señalando a la hobbit- Es la prima de Frodo. Y esta joven de cabellos rojizos es Charlie, una humana. Creo que puede ser la portadora del nuevo anillo.

Charlie: ¿Yo? 

Legolas: Vamos Gandalf, tenemos que hablar. En privado.

Gandalf y Legolas se marcharon junto a Sam y Adanedhel, dejándonos a Freja y a mí en aquella pequeña plaza, siendo custodiadas por la guardia. Llevábamos esperando unos minutos cuando una joven elfa nos trajo una jarra con agua fría y pan élfico para tomar un tentempié. Al fin iba a probar otro manjar, el pan élfico, eso no sucede todos los días. Cuando di mi primer bocado, lo hice intentando saborear cada migaja que se desprendía, tenía un sabor a pan normal, pero con un leve toque de canela y te verde.  Era un bocado angelical.




¿Ángel? Me acordé de Castiel y me hizo gracia pensar que podríamos hablar durante horas sobre esta extraña aventura a mi regreso, si es que lograba encontrar la salida del juego. Al principio me supo a gloria, pero tras comerme casi toda la fuente de pan, debido a los nervios, comenzaba a tomarle manía. Freja permaneció ausente todo el tiempo, se encontraba apoyada en la barandilla mirando al horizonte. Me limpié las migajas y me acerqué a ella despacio.

Charlie: ¿Estás bien?

Freja: No lo sé. Nunca pensé que saldría de la comarca, que visitaría los lugares de los que mi tío y mi primo me habían hablado, siempre me imaginé casada con uno de mis vecinos y con una vida rutinaria, todo esto me supera.



Charlie: Eso no se sabe, mírame a mí. Yo era una simple, bueno, una magnífica hacker que tenía una vida rutinaria y fue conocer a los chicos y he cazado monstruos, he sido reina de Moondor y he vivido una historia de amor en Oz. Chica, la vida da muchas vueltas. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a tener la oportunidad de conocer a mis personajes favoritos? Nadie, pero como decía Forrest Gump, la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.

Freja: ¿Quién es ese Forrest Gump?

Miré a la hobbit con una sonrisa, me observaba extrañada, situación que en mi mundo hubiese sido justo a la inversa, ya que no hay persona en su sano juicio que no conozca a Forrest Gump, pero recordé dónde estaba, le puse una mano en el hombro y le quité hierro al asunto.

Charlie : Es una persona muy conocida en el mundo del que vengo. No le des más vueltas.



De pronto los chicos regresaron. Me dieron ganas de recriminarles lo sexistas que habían sido al dejarnos fuera de la reunión, pero comprendí que hacía tiempo que no se veían y se habrían estado poniendo al día.
Cuando la reunión daba comienzo, apareció, voz en grito, un pequeño niño barbudo y algo cabezón, que portaba un hacha casi más grande que él mismo. ¿Sería el hijo de Gimli? Parecía que sí.

Legolas: Balin, bienvenido. Siento que tu padre no haya podido venir por motivos de salud.

Charlie: ¿Balin, no era el señor de moria? 

Balin: Sí, mi padre me puso ese nombre en su honor. ¿Y tú quién eres, mujer?

Charlie: Charlie Bradbury, encantada de conocerle.



Todos comenzaron a hablar unos con otros, yo no entendía nada, por lo que me subí a la mesa de piedra que había en el centro y grité para que dejaran de berrear.

De pronto, una voz femenina me llamó la atención, por lo que me giré y pude ver a una joven muy guapa, de pelo castaño y ojos azules. 



Adanedhel: ¡Lórien! ¿Qué haces aquí?

Charlie: ¿Lórien?

Adanedhel: Es la hija de Eowin y Faramir. No puedes estar aquí.

Lórien: Claro que sí. También es mi lucha, no pienso quedarme encerradasi tú puedes ir, yo también.

Legolas: Dejad de discutir, toda la ayuda que podamos tener será bienvenida. Además, tenemos que ir hasta Gondor, su casa, por lo que puede acompañarnos. Será mucho más seguro que ir sola. Mis dos guardas de confianza nos acompañarán. Adurant y Edrahil. 

Los dos elfos se adelantaron e hicieron una reverencia.




Gandalf: La historia se vuelve a repetir, nueve fueron los integrantes de la antigua comunidad del anillo y nueve serán los integrantes de la nueva. Tres elfos, tres humanos, un enano, una hobbit y un mago. Preparemos todo, mañana partiremos hacia Gondor.




Continuará...