martes, 18 de febrero de 2014

Soñando con él. 5º Capítulo

Becky se giró lentamente. Tras ella, se encontraba un chico moreno de ojos verdes. No era Jeremy, ni se le parecía, pero había algo en ese chico que le recordaba a él.

Becky: No puede ser mi hora. Es demasiado pronto.
Travis: Me llamo Travis y he venido a buscarte. El consejo ha decidido que debes venir con nosotros. Eres una amenaza, sabes demasiado.
Becky: ¡No es culpa mía! ¡No pienso ir contigo a ninguna parte! (Dijo gritando)

De pronto una columna de humo negro, apareció en el centro de la habitación. De ella, salió Jeremy y se lanzó a por la otra parca sin dudarlo. Se enzarzaron en una lucha, golpes y más golpes sin cesar. Becky aprovechó que ambos estaban distraídos para salir corriendo, salió a la calle, estaba lloviendo con fuerza  y de pronto...unos faros, fue lo último que vio.
Jeremy sintió una fuerte punzada en el pecho y se detuvo antes de darle un duro golpe en la cara a Travis. Se incorporó y salió corriendo. Allí estaba tirada, en el suelo, casi inconsciente. El hombre que la había atropellado, hablaba con la operadora pidiendo una ambulancia, estaba temblando aún del susto que se dio.
Jeremy se arrodilló y le cogió la mano. Recordó la primera vez que la había visto, aquella vez en la que se enamoró de ella y su vida cambió. Recordó las lágrimas en los ojos de Becky al perder a aquel chico y como un reflejo de esa misma escena, las lágrimas brotaron de sus ojos igual que en aquél momento, lo habían hecho de los ojos de Becky. No era posible, la muerte no lloraba, no sentía nada, tan solo era un medio para cruzar al otro lado, no era humano.

Detrás de Jeremy se encontraba Travis, justo de pie, a su lado. Le puso una mano en el hombro, para hacerle sentir que no estaba solo y que no era culpa suya.

Travis: Era su hora, no podíamos hacer nada. Ya sabes como es esto. Sabía demasiado y en cuanto te cruzaste con ella, entró en mi lista.
Jeremy: Todo ha sido por mi culpa. Lo siento, no tenía que haberte implicado. Te quiero. (Le dijo a Becky y la besó con lágrimas en los ojos)

Se echó a llorar desconsoladamente, notaba como su corazón se ralentizaba, con cada latido. No había nada que pudiese hacer y tendría que vivir eternamente con ese sentimiento. De pronto todo se detuvo, el ruido de los coches, el sonido de los pájaros, todo, excepto Jeremy. Miró a todas partes y a lo lejos, vio una luz blanca que se hacía cada vez más y más grande. Esa luz, se dividió y al ver 3 luces juntas, Jeremy se quedó extrañado. Cuando las luces se acercaron lo suficiente, Jeremy se dio cuenta que no eran simples destellos, eran 3 ángeles que venían a su encuentro.

Jeremy: ¿Quiénes sois?
Ángel 1: Yo soy Miguel, estoy aquí para llevarme a tu amada y reclutarla en el cielo, será un buen ángel guardian, ya lo verás.
Ángel 2: Yo soy Rafael, vengo a sanarla y devolverle la vida. Pero a cambio, tu debes venir conmigo para no verla nunca más, te borraremos la memoria y podrás hacer borrón y cuenta nueva. Te convertirás en humano, pero no recordarás absolutamente nada.
Ángel 3: Yo soy Lucifer, vengo para llevarme este alma, gobernará junto a mí en el infierno. ¿Qué más podría pedir?
Jeremy: No os la podéis llevar los tres.
Ángel 1: En tus manos está su destino. Has de elegir con cuál de los tres se ha de quedar. Yo le proporcionaré la paz y la alegría del cielo, conmigo podrá cuidar de otros, igual que hizo en vida. Incluso tendrá la vida eterna en el cielo, como ángel en que se convertirá.
Ángel 2: Conmigo siempre tendrá la esperanza de llevar una vida normal y tomar su elección por el bien o por el mal, más tarde, cuando verdaderamente llegue su hora..
Ángel 3: Conmigo podrá ser Reina y dominarles a todos, no volverá a sufrir jamás y tú podrás acompañarla, si lo deseas. Tendrá todo lo que pudiese desear y encima, un clima cálido. De todas, es la mejor oferta.

A Jeremy le daba vueltas la cabeza, no sabía que elección tomar. La idea de vivir sin ella, era muy dura, pero saber que iba a ser feliz haciendo lo que más le gustaba, salvar vidas y que encima, iba a dejar de sufrir, le atraía mucho. Pero el dejarla vivir una vida completa y plena, también era muy tentador. Lo que más le preocupaba era que la tercera opción, la que proponía el demonio, era la que más le gustaba. Podría estar con ella eternamente y juntos gobernarían el infierno, pero esa opción era muy egoísta, además, no se fiaría jamás de un demonio. No se podía confiar en ellos. ¿Qué debía hacer?

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Era tarde, Becky salía del metro, se había retrasado en casa porque no encontraba las llaves del coche y como no tenía tiempo, decidió coger el transporte público. Subía las escaleras de salida cuando se chocó con un hombre que bajaba. De pronto se giró para pedirle disculpas y se quedó paralizada, le resultaban familiar esos ojos verdes tan atrayentes, se miraron durante unos minutos a los ojos sin decir palabra y una chispa saltó. Era la primera vez que se veían ¿O no?

Becky: Hola, me llamo Becky. Te sonará raro, pero ¿nos conocemos?
Jason: No lo sé, me resultas familiar, pero no recuerdo quien soy, me he pasado tanto tiempo en coma que he tenido que comenzar una nueva vida hace unos meses. Puede que nos conociésemos, pero no lo recuerdo. En el hospital una de las enfermeras me llamaba Jason, porque le recordaba a su hijo y con ese nombre me quedé.
Becky: Pues encantada de conocerte Jason, soy psicóloga, si necesitas hablar con alguien, me encantará ayudarte.
Jason: ¿Tienes tiempo? Te invito a tomar una taza de té.
Becky: Tengo todo el tiempo del mundo.

FIN












lunes, 17 de febrero de 2014

Soñando con él. 4º Capítulo

Becky: Muy bien, ahora concentrate. Cierra los ojos y respira profundamente. Escucha el sonido de mi voz.
Jeremy: Ya lo hago, pero no es fácil concentrarme cuando los nombres no dejan de sonar en mi cabeza.
Becky: Intentalo. Visualiza una cascada, el sonido de los pájaros, el olor a hierba mojada. Céntrate en ver caer el agua.

De pronto, Jeremy entró en trance. Becky le hizo regresar al momento en que todo cambió, un momento de hace unas semanas en la que fue testigo de algo.

Jeremy: Estoy en una calle concurrida, vengo a llevarme el alma de un chico de 16 años, esta tirado en el suelo, apunto de morir. Una chica joven le sujeta la mano y le dice que todo saldrá bien, pero yo se que no, es el siguiente de mi lista y no me gusta perder el tiempo.Cocon, cocon, cocon. Pi..............(Jeremy, imitando el sonido de una máquina de hospital) Ya es la hora. Un momento.
Becky: ¿Que sucede?
Jeremy: La chica, se le ha escapado una lágrima furtiva. Que hermosa es. Se ha levantado, esta manchada de sangre y se aleja cabizbaja. No se porque, pero debo averiguar quien es. Aún no es su hora, por lo que me será difícil dar con ella. He de seguirla, no puedo perderla.
Becky: ¿Sabes quién es esa chica?
Jeremy: Solo se que es morena de ojos castaños. Se está despidiendo de un policía. Es psicóloga y el chico que ha muerto, era su paciente y se vio envuelto en un tiroteo.
Becky: Jeremy. ¿Soy yo esa chica?
Jeremy: Sí.
Becky: Cuando cuente tres, despertarás. 1, 2 y 3, despierta. (Chasqueando los dedos)
Jeremy: Lo siento.
Becky: ¿Porqué no me lo dijiste?
Jeremy: Tenía miedo.
Becky: ¿Tu? Imagínate lo que siento ahora mismo.

Jeremy le explicó que al verla, había sentido cosas que nunca se hubiese imaginado y que pensó, que algún día podría estar en su lista, sin haber tenido el placer de conocerla. Por ello, intentó remediarlo presentándose en la consulta como paciente. Nunca antes había sentido la necesidad de acercase a un ser humano, solo llegaba, cumplía con su trabajo y volvía a empezar. Pero algo cambió en aquella calle, ya no era el mismo. Ahora tenía sentimientos muy fuertes que eran incompatibles con lo que hacía.
Becky se quedó traumatizada, tener que tratar a "la muerte" ya era bastante duro de asimilar y más, si la muerte se había enamorado de ella. ¿Qué podría hacer?
Su hora de visita había terminado. Continuó con sus citas del día, como una profesional, pero al terminar, se quedó en el despacho llorando, impotente ante lo que se le venía encima.
De pronto la puerta del despacho se abrió y... Era Paula, le decía que se marchaba y que tuviese cuidado.
Un pequeño susto sin importancia, estoy demasiado sensible. (Pensó)
Cruzó los brazos sobre la mesa y puso la cabeza entre ellos. Quería esconderse como las avestruces.
Las luces parpadearon y el ambiente se tornó gélido. Levantó la cabeza y el vaho salió por su boca, los cristales se empañaron y tuvo la sensación de que no estaba sola. Algo estaba detrás de ella y no era nada bueno.

Continuará...