jueves, 5 de abril de 2012

La exposición maldita 3ª parte

Hanna llevaba noches sin dormir, no dejaba de darle vueltas al hecho, de que todo aquello que deseases, se haría realidad. Por una parte estaba bien, aprobar sin esfuerzo, renovar su vestuario sin gastarse un euro, pero ¿y las consecuencias?
Cuando se dirigía hacia clase, se dio cuenta que alguien la seguía, era un hombre alto, vestido de negro y con gafas de sol. De pronto se detuvo en uno de los andenes del metro y el hombre se colocó justo enfrente. Hanna notaba como la miraba, por lo que levantó la vista y lo vio. Se había quitado las gafas y tenía unos ojos grises, con un borde verdoso, eran unos ojos que no se olvidan. De pronto llegó el tren y Hanna subió, pero el hombre había desaparecido, levantó la cabeza desde su asiento y miro por las ventanas para ver si había cogido otro vagón, pero no estaba. Cuando llegaba su parada, el metro se paró en medio del túnel, de pronto las luces se apagaron y quedaron en penumbras. La gente comenzó a gritar hasta que el conductor salió de la cabina tranquilizando a la marabunta de gente que se agolpaba en las puertas, Hanna seguía sentada en su asiento, leyendo un libro en su tablet. En un instante, la luz regresó, Hanna levantó la cabeza y vio a todo el mundo detenido, nadie se movía, excepto el hombre de negro y ojos grises que avanzaba hasta ella desde el final del vagón.
Hanna tuvo un mal presentimiento, cerró su tablet, la guardó e intentó abrir la puerta del vagón, pero no cedía, deseó que la puerta se abriese y como por arte de magia, se abrió. Bajó a las vías del tren de un salto y corrió por el pasadizo hasta la siguiente estación, al llegar a la escalinata, antes de subir, miró hacia atrás, no la seguía. Volvió la vista al frente y allí estaba, en el andén, tendiéndole la mano para que subiese.

HANNA: ¿Quién eres?
SET: Set, tu eres Hanna. ¿Verdad?
HANNA: ¿De qué me conoces?
SET: Bastet y yo somos viejos amigos.
HANNA: Mira, no sabré mucho de mitología, pero por lo que recuerdo, Set y Bastet no eran precisamente amigos.
SET: No se te escapa una.

De pronto, Set cogió del brazo a Hanna y la elevó en el aire, esta cayó encima de él y ambos terminaron en el suelo, en ese momento, el tren pasó como un rayo, sin detenerse en la estación. Le había salvado la vida, ¿pero, porqué?

HANNA: Gracias. Ni lo vi venir.
SET: De nada. Creo que por lo menos me he ganado el derecho a contarte mi versión de la historia.
HANNA: Creo que sí, pero no creas que con esto me fío de ti.
SET: No tienes porqué hacerlo, reconozco que no soy bueno, pero tampoco soy un bicho.
HANNA: No, supuestamente eres una serpiente.
SET: Sí, conoces la mitología bastante bien para ser de ciencias.

A Hanna no le gustaba que Set supiese más acerca de ella que ella de él, ¿porqué no atendería más en clase de historia?
Salieron del metro y llegaron a un pequeño café. Cuando entraron, todo se detuvo, aunque para ser sinceros no era necesario, excepto el camarero y otras dos personas sentadas en la barra, el café estaba vacío.

Hablaron durante horas, Set le contó su lucha con los otros dioses y Hanna permanecía callada, no sabía que contestar, cosa bastante rara, ya que sin palabras nunca se quedaba. Cuando Set terminó, Hanna bebió un sorbo de su café y le lanzó la pregunta que le rondaba en la cabeza desde el momento en que le vio.

HANNA: ¿Qué quieres de mí?
SET: ¿Cómo?
HANNA: Pues eso, ¿qué quieres de mí? Entiendo que tengas una vendeta pendiente con Bastet y cia, ¿pero qué pinto yo en todo esto?
SET: Chica lista. Necesito tu ayuda. Bastet te nombró su sucesora por algún motivo, algo especial hay en tí y lo necesito.
HANNA: Otro igual. Con lo bien que estaba yo, ¿quién me mandaría a mi, ir a aquella exposición?
SET: Necesito ese poder, pues con él venceré a mis enemigos.
HANNA: Ya y te crees que soy tonta y que con tus encantos voy a caer y te voy a dejar mis poderes, porque sí.
SET: ¿Lo harás?
HANNA: No.
SET: Te lo estoy pidiendo por las buenas.
HANNA: Mira, si me lo estás pidiendo por las buenas es que necesitas que te los ceda, no me los puedes quitar a la fuerza, por lo que te llevo ventaja en eso. Y por otro lado, si tan poderosa soy, ¿te piensas que me voy a quedar indefensa? Si me dieron estos poderes es por algo, así que no cuentes conmigo.
SET: No te gustaría verme enfadado.
HANNA: Ni tu a mi. Si tu das miedo, yo enfadada ni te cuento, así que no me toques las narices y no vuelvas a acercarte a mí. ¿Lo has entendido?
SET: Tu lo has querido.
HANNA: No cielo, lo has querido tu. Te has pensado que soy tonta, pero siento decepcionarte, no lo soy.

Hanna se levantó y salió del café sin mirar atrás, le temblaban las piernas pero no podía demostrar flaqueza. Se dirigió a su casa y al llegar llamó a Bastet.
La gata apareció envuelta en esa luz esmeralda cegadora.

HANNA: ¿Ya sabes lo que pasó, no?
BASTET: Sí.
HANNA: ¿Y que hago?
BASTET: Te agradezco que no me hayas traicionado.
HANNA: Vale, pero al grano. ¿Qué hago?
BASTET: No necesitas mi consejo, cuando llegue el momento, sabrás lo que hacer.
HANNA: Mira déjate de tonterías. Si necesito tu consejo, por eso te llamé.
BASTET: Créeme, estás preparada, cuando llegue el momento, sabrás salir del paso.

De pronto la gata desapareció entre un remolino de humo color esmeralda.

HANNA: Genial. Cuando llegue el momento. Más me vale.

Se tumbó en la cama, estaba rendida y se quedó profundamente dormida, debido a ello, no se dio cuenta de que alguien había entrado en su casa y permanecía oculto en las sombras. Cuando se cercioró que dormía, cargó con ella en brazos y desapareció tras una lluvia de destellos dorados.

¿Dónde habrían ido a parar? ¿Qué debería hacer la próxima vez que se topase con Set? ¿Quién era el misterioso hombre que se la llevó?

Continuará...