domingo, 18 de marzo de 2012

La exposición maldita 2ª parte

Hacía tiempo que Fariah y Hanna no hablaban, después de lo que pasó en la exposición, Hanna necesitaba tiempo para pensar en lo sucedido. Hanna estaba durmiendo, sentía el aire bajo su cuerpo, parecía que flotaba, aunque para ser sinceros, soñar no estaba soñando. De pronto, el despertador sonó, abrió los ojos y se cayó de la cama. Qué raro, se hizo daño, parecía haberse caído desde más alto. Se levantó y se puso en marcha. Cuando salió por la puerta, algo raro sucedió. Había cerrado la puerta y se había dejado las llaves dentro, pero al pensar en las llaves, aparecieron de la nada, encima de su mano. O estaba muy dormida o algo raro estaba sucediendo, pero como llegaba tarde, no se paró mucho a pensarlo.
En clase, las horas pasaban muy despacio, no sabía lo que hacer, se puso a dibujar y pensó en voz alta.

HANNA: "Ojalá se terminara la clase ya y nos dejasen salir antes, estoy agotada".

De pronto la profesora recogió las cosas y se despidió. Salió por la puerta media hora antes de terminar la clase.

HANNA: ¿Qué ha pasado? ¿Porqué se ha ido tan deprisa?
MEG: No lo sé, ha dicho que teníamos que salir antes, ha recogido sus cosas y se ha marchado.
HANNA: Pues mejor, estoy agotada. ¿Nos vamos?

Llegando a la parada del autobús, vieron como se marchaba, tendrían que esperar y comenzaba a llover.

HANNA: No me lo puedo creer, se va. Ojalá no tarde mucho el siguiente.

Nada más decir esto, otro autobús llegó a la parada.

MEG: ¿De dónde ha salido?
HANNA: No sé, pero nos viene genial, porque parece que va a llover y no me traje el paraguas. Espero que no llueva de verdad hasta que no llegue a casa.

Cuando Hanna entró por la puerta de su casa, comenzó un chaparrón que duró varios minutos ininterrumpidos.

HANNA: Menos mal que me dio tiempo a llegar.

De pronto el teléfono sonó.

FARIAH: Hola ¿cómo estás?
HANNA: Cansada, pero bien. ¿Y tú?
FARIAH: Bien. Quería saber si has notado algo extraño desde lo del museo.
HANNA: La verdad es que llevo unos días raros. Tengo demasiada suerte.
FARIAH: Será eso a lo que se refería la gata.
HANNA: No sé si fue cierto o no, si fue un sueño que tuve estando lúcida, pero desde que me pasó, todo a mi alrededor tiene una luz brillante.
FARIAH: ¿Cómo?
HANNA: Me refiero a que todo el mundo tiene una luz de colores a su alrededor, en plan aura y las cosas tan raras que me suceden. No sé.
FARIAH: Bueno me tengo que ir a trabajar, pero si necesitas algo, no dudes en llamarme. ¿Vale?
HANNA: Ok.

Hanna se metió en la ducha y cuando salió, se puso el pijama. Puso una película en la tele, estaban emitiendo Pretty Woman, la escena en la que Richard Gere y Julia Roberts se dirigen a la ópera.

HANNA: ¡Cómo me gustan ese vestido y ese collar! ¿Cuánto dice que vale? Uhhhh, no lo podría comprar ni en 20 años.

De pronto se levantó, fue a coger la ropa que se pondría al día siguiente y así dejarla preparada para no tener que pensar mucho cuando se despertase temprano, no era su fuerte. De pronto abrió el armario y vio un bulto en una bolsa para guardar trajes. La abrió y era el vestido de la película.

HANNA: ¿Y esto?

Cuando sacó la percha, una caja cuadrada cayó al suelo y se abrió, por ella asomaba el collar que en ese mismo momento salía en la televisión.

Cogió el teléfono y marcó el móvil de su amiga. No tenía cobertura. Le dejó un mensaje en el contestador para que la llamara en cuanto pudiese.
Se sentó en la cama con el teléfono en la mano, mientras miraba de reojo el vestido y el collar que se encontraban a su lado, esparcidos por la cama. Se levantó y decidió probárselo. Le quedaba como anillo al dedo, por lo que no sería el mismo de la película, sino uno parecido. Estaba preciosa, le dieron ganas de preguntarle a sus padres, aunque sabía que no podían haber sido ellos, imposible.

Se cambió y se acostó. Comenzaba a dormirse cuando una luz esmeralda inundó la habitación, el perro saltó de la cama y se escondió bajo el escritorio. Hanna se acurrucó en la cama y se tapó con el edredón.

HANNA: ¿Se puede saber porqué me escondo debajo del edredón? Que tonta.

Sacó la cabeza y vio a sus pies a una gata negra, estaba lavándose las patas y maullando al perro que seguía escondido.

HANNA: No lo entiendo.
BASTET: Lo sé, por eso estoy aquí. ¿Ya te has dado cuenta del don que te dí? Te ha costado hacerte a la idea. (Mirando el vestido que asomaba por el armario entreabierto).
HANNA: Créeme, esto me supera.
BASTET: Bueno, pues disfrútalo, eso sí, prométeme que tendrás cuidado. La última que recibió el don, digamos que no pudo con él, se le subió demasiado a la cabeza.
HANNA: Sinceramente a mi me gusta tener los pies en la tierra.
BASTET: Así me gusta.

De repente volvió esa luz brillante y Hanna se tuvo que tapar los ojos. Cuando los abrió, la gata había desaparecido y su perro volvió junto a ella para seguir su sueño de costumbre.

Hanna estaba asustada, todo lo que deseaba se hacía realidad. ¿Qué consecuencias tendría eso en el mundo real?

Continuará...