domingo, 31 de julio de 2011

Sueños de carne y hueso 5ª parte


Se sentaron en la cama, había una distancia considerable entre ellos, Shanna comenzó a leer, le temblaba la voz.
<<A todo aquél que lea esta carta. Supongo que por desgracia habrá encontrado el cofre y estará buscando el modo de deshacerse de él. Yo no tuve suerte, enloquecí poco a poco al tener cerca ese cofre y al deshacerme de él, en lugar de mejorar, he ido a peor. No puedo dormir, pensar con claridad ni hacer nada que no esté relacionado con ese maldito cofre. Lo escondí, pero supongo que no lo bastante bien, siempre se las arregla para ser encontrado. 
Tan sólo hay una solución para deshacerse de él, a parte de la muerte o la locura, destruir el colgante. Si por desgracia, aún más si cabe, usted es una mujer, lo llevará puesto y no podrá deshacerse de él tan fácilmente, ya que la única solución que se conocía era la muerte, pero yo descubrí otra salida, es algo doloroso, pero es la única forma que hay de ser libre. Si alguien se sacrifica en su lugar, usted sobrevivirá y el collar perderá su poder el tiempo necesario para destruirlo. Según cuenta una antigua leyenda, si se consigue destruir el collar, todo el mal que se hizo será reparado, pero es un riesgo, pues toda la historia cambiará. Se reescribirán muchos de los acontecimientos históricos y por salvar al mundo, puede que se destruya todo, incluso usted podría desaparecer. No se sabe a ciencia cierta, es una conjetura. No intente golpear, quemar, o congelar el colgante, no sirve de nada, la única solución es fundirlo. 
Espero que mi carta le haya sido de ayuda y le deseo suerte en su cruzada, ahora todo depende de usted>>

Cuando Shanna terminó de leer la carta, tanto ella como Jack, permanecieron en silencio unos minutos, repasaban cada palabra una y otra vez intentando asimilarlo todo. Hasta que Jack rompió el silencio.

Jack: Muy bien, busquemos un lugar donde fundirlo, yo seré el sacrificio.
Shanna: ¿Estás loco? No te lo permitiré. Esto es cosa mía.
Jack: Sabes muy bien que no puedes ser tú la sacrificada, debe ser otro en tu lugar, alguien que lo haga por amor. ¿Y quién mejor que yo? Desde que te vi por primera vez, empapada a los pies de mi cama, lo supe, tú serías la mujer de mi vida y por lo que veo, no me equivocaba. Además, si hago esto, mi hermana revivirá, tendrá una oportunidad y quién sabe, a lo mejor al cambiar la historia yo también lo hago. Si debo morir, para que dos de las mujeres más importantes de mi vida sobrevivan, lo haré.
Shanna: Jack, no. Debe haber otro modo, me niego a que lo hagas.
Jack: No puedes negarte, es mi vida y hago con ella lo que quiero.
Shanna: Pero yo te quiero, sé que es casi imposible lo nuestro y más si el colgante se destruye, pero no podre cargar con tu muerte en mi conciencia y mucho menos si yo podía impedirlo.
Jack: Pero no podrás impedirlo.

Jack se levantó y golpeó a Shanna en la cabeza con un candelabro. Shanna cayó inconsciente en la cama. Jack la cargó en sus brazos y como pudo, tocó el colgante pensando en el último lugar que vería...
Al instante todo se volvió borroso y aparecieron en lo alto del volcán Arenal en Costa Rica, en el tiempo de Shanna. Hacía mucho calor, el volcán es uno de los pocos en continua actividad, por lo que debían darse prisa, era una zona muy inestable. Jack dejó a Shanna en el suelo y se arrodilló junto a ella. De una forma cálida y dulce, le retiró el pelo de la cara y comenzó a acariciar su mejilla con el dorso de la mano.

Jack: Shanna cariño, despierta. Es hora que cumplas tu misión.
Shanna: ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?
Jack: Creo que en Costa Rica. Despierta, tienes que estar despierta para escuchar lo que te tengo que decir.
Shanna: Ya estoy despierta. ¿Cómo pudiste golpearme en la cabeza?
Jack: Era por tu bien.
Shanna: Sí, claro. Un chichón y el dolor de cabeza son por mi bien.
Jack: Calla y escucha, cuando me vaya, intenta quitarte el colgante y en cuanto puedas, tíralo dentro del volcán, pero no te arrimes mucho, no quiero que te caigas al cráter, hace mucho calor y podrías desmayarte. En cuanto lo tires, sal corriendo hasta el primer pueblo y pide ayuda. Localiza como puedas a tu padre y que lo arregle para sacarte de aquí.
Shanna: Lo haré, pero no te vayas. No me hagas esto. Aunque parezca raro, te quiero.
Jack: Yo también te quiero y siempre estaré contigo.

De pronto Jack se acercó y la besó. Ambos lloraban desconsolados, fue un beso largo, uno que sabía a dulce despedida. De pronto Jack se levantó y corrió hacia la cima del volcán. Shanna no se lo pensó y fue tras él. No pudo hacer nada, llegó a la cima a tiempo de ver como Jack saltaba dentro del volcán. Se arrodilló en el suelo y comenzó a llorar. No podía dejar de darle vueltas, todo había sido por su culpa. De pronto el broche del colgante se abrió y este cayó al suelo. Shanna lo sujetó un instante en su mano antes de arrojarlo al fondo del volcán y salir corriendo como Jack le había hecho prometer que haría.
Cuando llegó al pueblo, llamó a su padre.

Padre: ¿Sí?
Shanna: ¿Papá? (Llorando)
Padre: Shanna hija, ¿dónde estás? ¿Qué prefijo es ese? Estábamos preocupados, llegamos tu madre y yo a casa y no estabas.
Shanna: Antes que digas nada. Mándame el pasaporte, ropa y dinero. Estoy en Costa Rica.
Padre: ¿Qué?
Shanna: ¿Recuerdas el broche que me regalaste? Pues digamos que tenía poderes y por su culpa estoy aquí, pero ya está todo arreglado. Cuando llegue a casa os lo cuento todo, pero por favor, mandadme eso para que pueda regresar.

Los meses pasaron, Shanna volvió a su vida normal, exceptuando las tardes que acompañaba a sus padres al museo como castigo, para ayudarles a terminar su investigación y contarles por vigésima vez lo sucedido. No había cambiado nada y le había costado afrontar que jamás volvería a ver a Jack.
Una mañana, llegó al instituto como cualquier otro día y se sentó en su pupitre. No se había dado cuenta que el chico que se sentaba justo delante de ella, era nuevo y creyendo que era el mismo de siempre le pidió un bolígrafo sin levantar la cabeza de su estuche.

Shanna: Perdona ¿me dejarías un boli? es que creo, que me lo dejé en casa.
Chico nuevo: Claro. Me llamo Joshua. ¿Y tú?

Shanna reconoció esa voz. Levantó la vista y allí estaba Jack. No daba crédito a lo que estaba viendo. Su rostro se iluminó y una sonrisa se le dibujó en la cara.

Shanna: ¿Jack? ¿Eres tú?
Joshua: No, me llamo Joshua, encantado.
Shanna: Sí, lo mismo digo. Es que te pareces mucho a alguien que conozco. Lo siento.
Joshua: No pasa nada. Mi abuelo también se llamaba Jack y según dicen soy su viva imagen. Así que no te equivocaste mucho. La verdad es que tu cara me suena, te pareces mucho a una mujer que retrató y cuyos dibujos encontré en un baúl que guardaba mi abuelo en el desván.
Shanna: Quien sabe. A lo mejor mi abuela y tu abuelo se conocían.
Joshua: Puede ser.
Shanna: ¿Me enseñarías algún día esos dibujos?
Joshua: Dalo por hecho. Cuando quieras.

<<<RING>>> Suena el timbre, empiezan las clases y con él, una nueva vida para Shanna.




FIN.















jueves, 28 de julio de 2011

Sueños de carne y hueso 4ª parte


Shanna estaba agotada, llevaba dos días sin dormir y apenas probaba bocado. Se hacía la enferma para no ir a clase, allí su imaginación volaba más de lo normal y no era buena idea ponerse a viajar en el tiempo en medio de la clase de historia. Para el resto del mundo, ella seguía con dolor de tripa en casa, de ahí que su madre la tuviese a dieta blanda. ¡Qué suplicio! Entre eso y el sueño, apenas podía levantarse y dar un paso, por ello, en un momento de descuido, el sueño pudo más que ella y cayó rendida.
De pronto, volvía a estar en México, entre la maleza. Estaba camuflada y vio pasar ante sus narices un grupo de turistas, llevaban mochilas y palos, iban siguiendo a un guía que les explicaba lo que estaban viendo, por lo que esta vez no había viajado tan lejos en el tiempo. De pronto, uno de los hombres del grupo se detuvo y quedó rezagado. Giró hacia su derecha y se adentró en la maleza. Shanna tuvo un presentimiento y le siguió de cerca. El hombre anduvo por la maleza un rato y de pronto se paró. Se arrodilló frente a un árbol y comenzó a escarbar. Shanna no daba crédito, aquél hombre parecía estar en trance. Cuando terminó de escarbar, sacó algo que había allí enterrado. Era el cofre del collar, ¿pero si fue enterrado en la otra punta del mundo por el padre de Jack, quién y porque lo habían movido de lugar? Deseó encontrar las respuestas, lo deseó con todas sus fuerzas y de pronto, todo se volvió borroso, antes de desaparecer, se fijó en la mochila del hombre misterioso, tenía unas iniciales bordadas I.J.S.
Ese era el hombre que buscaba, de repente se hallaba en la colina donde estaba enterrada la hermana de Jack. Era el día del funeral y lo vio vestido de negro, desolado. Se le partió el corazón al verlo sufrir de ese modo. Entonces se percató que no era la única que desentonaba en la escena, un hombre alto con gafas, estaba tras un árbol observándolo todo. En sus manos, sujetaba una pala y un saco. Algo extraño, ya que el enterrador estaba ejerciendo su trabajo con el ataúd de la hermana de Jack. Decidió esconderse hasta que todos se fuesen y así poder vigilar al hombre de la pala. Agudizó la vista y pudo ver unas iniciales en la camisa I.J.S.
¡No podía ser el mismo hombre! Se daba un aire al otro, pero no era el mismo que vio en México desenterrando el cofre. Había algo que se le escapaba. ¿Y porque le ponía sus iniciales a todo?
Cuando el cementerio quedó vacío, el hombre bajó hasta la tumba y comenzó a cavar. Le llevó un par de horas terminar de quitar toda la tierra, aunque estaba reciente. El hombre no tenía mucha musculatura que digamos, era más bien un tirillas, a Shanna le dieron ganas varias veces de sacarle del agujero y meterse ella para terminar de cavar. Se oyó un ruido, había llegado al ataúd. Lo rompió y sacó el cofre. Shanna no pudo remediarlo, se acercó al agujero y cogió la pala que el hombre había dejado arriba al terminar de cavar.

Shanna: ¿Quién eres y porque estás robando ese cofre? (Amenazando con la pala)
I.J.S: ¿Quién eres tú?
Shanna: Yo pregunté primero. ¿No sabes que es de mala educación responder a una pregunta con otra?
I.J.S: Está bien. Me llamo Ignacio. Sí, estoy robando este cofre, pero es para llevarlo lejos de aquí, es peligroso.
Shanna: Pero tú no puedes ser Ignacio, yo vi a Ignacio desenterrar este cofre en México, se parecía a ti pero no eras tú, es imposible. No sé qué me pasa, pero no le encuentro lógica ninguna, a menos que... fuese tu hijo o tu nieto.
Ignacio: ¿De qué hablas? Mi hijo tiene 3 meses.
Shanna: No me refiero ahora mismo. Es la única explicación posible. ¿Tenías pensado llevar el cofre a México y enterrarlo allí?
Ignacio: Yo no, un amigo mío debe viajar a México y sabe toda la historia del cofre, yo se lo conté. Es quien se lo llevará y lo esconderá donde nadie pueda encontrarlo jamás. Además, tengo derecho a estar aquí, con mi Sophie.
Shanna: En primer lugar, dile a tu amigo que lo esconda mejor, porque si yo estoy aquí, es porque no lo hizo muy bien que digamos. Y en segundo lugar. ¿Quién es Sophie? ¿No será...?
Ignacio: Sí, es el único amor de mi vida y está aquí enterrada. Se volvió loca y se suicidó por culpa de este maldito cofre y lo que contiene, me da miedo abrirlo.
Shanna: Créeme, mejor no lo hagas, porque por eso mismo estoy yo aquí. Me sucedió lo que a Sophie, solo quiero hallar el modo de romper la maldición y poder deshacerme del colgante de una vez por todas. Pero a lo que vamos. ¿Cómo me deshago de esto?
Ignacio: No me lo enseñes, no lo quiero ver. Por culpa de ese colgante, mi vida es una ruina.
Shanna: Bienvenido al club.
Ignacio: ¿Qué club?
Shanna: Déjalo, es una expresión, nada más.
Ignacio: No sé cómo deshacerme de eso. Sophie tuvo que morir para poder quitarse el colgante, espero que tú no tengas que correr la misma suerte.
Shanna: Pues entonces estoy como al principio, o puede que no. Tu hijo seguro tiene las respuestas, debo encontrarle.

En ese momento, agarró su collar y apareció en un abrir y cerrar de ojos en una habitación acolchada, era un manicomio. En un rincón, había un hombre con una camisa de fuerza. Estaba acurrucado, con los ojos perdidos en el vacío y hablando en una lengua sin sentido. Era él, el mismo hombre que andaba buscando, el hijo de Ignacio, ¿podría resolver sus dudas?
Shanna se acercó, el hombre comenzó a gritar al ver el colgante asomando por la blusa de Shanna. Entonces, Shanna se apartó, escondió el colgante y volvió a la carga. El hombre esta vez sonrió, miró hacia una abertura que había en el acolchado de una de las paredes y volvió a sonreí. Shanna se acercó al agujero, metió la mano y halló un sobre. De pronto se vio en la habitación de Jack, leyendo juntos el sobre y allí apareció. Estaba sentado en su escritorio, dibujando el rostro de Shanna, había cientos de dibujos con su rostro, sonriendo, haciendo muecas, enfadada, todos y cada uno de los dibujos eran como espejos en los que Shanna se veía reflejada, era todo un artista.
Cuando se percató de su presencia, se levantó de la silla e intentó tapar los dibujos, pero era tarde, ya los había visto.

Shanna: ¿Porque me has dibujado tantas veces?
Jack: No puedo sacarte de mi cabeza. No hago más que pensar en ti, no como, no duermo, apenas puedo hacer otra cosa que no sea dibujarte.
Shanna: Yo intento no pensar en ti, pero como ves, tampoco puedo remediarlo.
Jack: Esto no está bien, pero no lo podemos evitar. ¿Descubriste el secreto del colgante?
Shanna: Eso creo. Encontré esta carta, creo que aquí lo explica todo.
Jack: Pues comienza a leer, ¿a eso viniste, no?












Continuará...








martes, 26 de julio de 2011

Sueños de carne y hueso 3ª parte


Shanna se acercó con cuidado al chico que continuaba arrinconado en el suelo.

Shanna: ¡Hola! Mira esto te parecerá extraño, pero me llamo Shanna y vengo del futuro. La verdad es que en voz alta, aún suena mucho peor. No quiero hacerte daño. No sé cómo he llegado aquí, yo solo quería volver a mi casa.

Shanna comenzó a mirar a su alrededor mientras esperaba una respuesta, cuando se fijó en las vistas que se apreciaban tras las cortinas, se dio cuenta que estaba en su casa, en su habitación, pero en otra época. Así que, ese chico era uno de los anteriores inquilinos de la casa en la que ella vivía. Todo era demasiado surrealista.
El chico se levantó y se acercó a ella. El miedo había dejado paso a la curiosidad. ¿Quién era y qué hacía allí?

Jack: Me llamo Jack. ¿Dónde conseguiste ese collar? Mi padre lo enterró después de la muerte de mi hermana, fue el único modo de deshacernos de él. Y ahora tú lo has vuelto a traer a mi casa.
Shanna: Lo siento, no lo sabía. Encontré un cofre y al abrirlo vi el collar, me gustó, me lo puse y ahora no me lo puedo quitar. Esta mañana encontré una carta en el mismo lugar que el cofre, en ella me explicaba lo de la maldición, pero no sabía nada, lo juro.
Jack: Lo sé. A mi hermana le pasó lo mismo. Iba por el bosque y encontró el cofre enterrado.
Shanna: Yo lo encontré en un árbol.
Jack: ¿En lo alto? No está muy bien visto por aquí que las mujeres trepen a los árboles.
Shanna: Créeme, de donde yo vengo tampoco, aunque no se lo toman tan mal como aquí. ¿Qué puedo hacer para quitarme esto?
Jack: No lo sé. Mi hermana se sacrificó por el bien común, ya que no podía permitirse el lujo de dormir y tampoco podía evitarlo, terminaba sucumbiendo por agotamiento. Mi padre lo intentó todo, pero cuando comenzaron las revueltas por las calles, los asesinatos en masa y los terremotos. En ocho años hubo 5 terremotos por todo el mundo y fueron muy importantes, decidió sacrificarse cortándose las venas. Apareció muerta una mañana y la enterramos junto al colgante. ¿Pero si tú lo tienes, qué fue de mi hermana?
Shanna: Seguro que en alguna excavación de alguna obra la desenterraron e incineraron.
Jack: ¿Porque quemaron a mi hermana?
Shanna: En mi época, un cadáver si no es reclamado en un cierto periodo de tiempo, es incinerado, o eso o está en algún museo, pero eso son casos excepcionales. Alguien tuvo que quedarse el collar. ¿Dónde lo enterrasteis?
Jack: En lo alto de la montaña.
Shanna: Ahí es donde mi padre excavó. Iban a construir un hotel, pero recuerdo que llamaron a mi padre como experto al descubrir bastantes cosas enterradas, lo declararon patrimonio de la humanidad y no pudieron construir el hotel, mi padre me solía llevar a ese lugar. Hace unos meses le ofrecieron trabajo en el museo, tanto a mi madre como a él y nos mudamos definitivamente a esta casa. Seguro que allí encontró el broche que abría el cofre, pero el cofre no estaba. No sé que hacía en un árbol.
Jack: Esta casa es mía. Y tampoco entiendo lo del árbol, alguien lo desenterraría y al darse cuenta lo que era, lo escondería.
Shanna: Ahora sí es tu casa, con el tiempo termina siendo de mis padres. Aunque no sé si está bien que te cuente todas estas cosas, por lo de no cambiar el pasado y todo ese rollo.

Abajo, se escuchó el ruido de una puerta.

Jack: ¡Tienes que irte! Es mi padre y si te ve con eso, se morirá del susto.
Shanna: No sé cómo irme, sino ya lo hubiera hecho antes. ¿No crees?
Jack: Déjame ver.

Jack se acercó a Shanna, sujetó el colgante entre sus manos y de pronto todo se volvió borroso. En un abrir y cerrar de ojos estaban en la misma habitación, pero esta vez la decoración era distinta, estaban en la habitación de Shanna.
Jack se retiró y al toparse con la cama, cayó en ella.

Jack: ¿Dónde estoy?
Shanna: En mi casa, bueno, tú casa. Bueno, en nuestra casa pero en mi tiempo. ¡Qué lío!
Padre: ¿Shanna eres tú, estás bien? (A través de la puerta cerrada)
Shanna: Sí papá.
Padre: ¿Porque echaste el cerrojo? Nos llamaron del instituto diciendo que estabas mala. ¿Qué te pasa?
Shanna: Nada, la tripa que me duele un poco, espera, en seguida abro, que me estoy vistiendo.

Shanna empujó a Jack dentro del armario. Se quitó las zapatillas corriendo, el pantalón, la camiseta y se puso su camisón de Betty Boop. Después, se despeinó un poco y fue a abrir la puerta.

Padre: Hija no tienes buen aspecto.
Shanna: Lo sé. Pero seguro que se me pasa con un poco de reposo.
Padre: Estás empapada. ¿Tienes fiebre? ¿Quieres que me quede en casa contigo?
Shanna: ¡¡¡NOOOO!!! Es que me duché, pero no tenía ganas de secarme el pelo, eso es todo. Además, sé cuidarme sola y mamá te necesita para ultimar los detalles de la exposición. Si necesito algo, te llamaré.
Padre: Vale, pero túmbate en la cama y no te levantes a menos que sea necesario.
Shanna: Sí, te haré caso.
Padre: Si que tienes que estar mala para no llevarme la contraria. Descansa.

El padre salió y cerró la puerta. Shanna no se movió hasta que escuchó el ruido del motor del coche y la puerta del garaje cerrarse. Fue directa al armario y sacó a Jack, que estaba jugueteando con la ropa de Shanna.

Jack: Que forma de vestir más rara tenéis.
Shanna: Yo podría decir lo mismo de ti. Los volantes dejaron de estar de moda hace mucho tiempo. Bueno tenemos que llevarte a tu casa. Pero no sé cómo funciona esto. ¿En qué pensaste cuando cogiste el colgante?
Jack: En ti. Pensé como sería el lugar del que provenías.
Shanna: Vale, así que, si pensamos en tu casa, iremos allí. Y si pienso en mi tiempo, regreso. Es sencillo, no hay problema. Date la vuelta, me voy a vestir.

Jack se giró y se quedó mirando el reflejo de la ventana, eso hizo que se sonrojara y cuando Shanna se dio cuenta, le dio una colleja por mirón. Cuando se vistió, se cogieron de la mano y pensaron en la casa de Jack, en un instante se encontraban en la habitación de estilo clásico. En ese mismo momento, el pomo de la puerta se giró. Jack empujó a Shanna a la cama, se tumbó a su lado y la tapó con la colcha. El padre de Jack entró a ver a su hijo, pero este se hizo el dormido para evitar que el padre se percatara de la presencia de Shanna. Al notar la respiración profunda de su hijo (todo fingido) el padre salió sin hacer ruido y bajó las escaleras. Shanna estaba nerviosa, no sabía cómo ni porque, pero de pronto, le vino un pensamiento bastante surrealista a la cabeza, se vio cabalgando a lomos de un corcel negro por la playa, reposando su cabeza en la espalda de Jack. Y en una milésima de segundo, allí estaban, en la orilla del mar, cabalgando mientras el viento les alborotaba el pelo. Jack detuvo al caballo y se giró.

Jack: ¿Me puedes decir dónde estamos y porque me has traído hasta aquí?
Shanna: Creo que no puedo decírtelo, no estoy segura. Solo pensé en estar en cualquier otro sitio, sentirme libre y aquí estamos, supongo que me has acompañado por estar sujetándome la mano.
Jack: Por lo menos no pensaste en un lugar tan malo. Como por ejemplo...
Shanna: Será mejor que no me des ideas, por la cuenta que nos trae.
Jack: Esta vez debo darte la razón.

Desmontaron y se llenaron los pies de arena. Se pusieron el uno frente al otro y sujetaron con ambas manos el colgante, ambos pensaron en regresar a casa de Jack y allí aparecieron. Shanna se bajó de la cama y se apartó, no quería arrastrar a Jack con ella otra vez, o sí. No estaba segura de lo que quería, pero no quería deshacerse del collar, eso supondría no volver a verle nunca.
Jack se acercó a ella y le acarició la mejilla. Estaba fría, debido al viento del norte que corría por la playa, que acababan de dejar atrás. Fué a su armario y sacó una manta que posó sobre los hombros de Shanna.

Jack: Te la regalo. Así tendrás un recuerdo mío. Apenas te conozco, pero creo, que te echaré de menos.
Shanna: Lo mismo digo. Debo irme, gracias por la manta. Espero poder verte otra vez antes de deshacerme del collar, así sabrás que conseguí descifrar el secreto.
Jack: Me gustaría mucho poder recibir esa noticia. Espero tu regreso.

Jack se acercó un poco más y la besó. Tenían los labios cortados por el frío, pero fue tan dulce que Shanna se alejó con una lágrima resbalando por su mejilla y los ojos cerrados. De pronto estaba en su habitación, sola. Permanecía de pie, sujetando con las dos manos el collar y con los ojos humedecidos, recordando el beso que ahora parecía tan lejano. Cuando regresó al mundo real fue derecha a su escritorio, encendió el ordenador y buscó por internet toda la información que pudo encontrar sobre I.J.S. No tenía mucho por dónde empezar, pero sabía varias cosas. Ese hombre había viajado a México, no hacía mucho tiempo y había intentado deshacerse del cofre, por lo que comprobó en las páginas de subastas online. Después de tres largas horas, el estómago le rugía, tenía hambre, pero decidió esperar a ver la última página del buscador, un poco más de espera no la mataría. Cuando abrió la ventana del navegador, vio el cofre en una de las subastas. Un tal Ignacio J. S. había intentado vender el cofre por internet, pero luego había retirado la oferta poco después. Había unos datos de contacto, un e-mail y un número de teléfono. Probó llamando, pero nadie contestó, así que decidió escribirle un e-mail.


















Continuará...





lunes, 25 de julio de 2011

Sueños de carne y hueso 2ª parte


Intentó quitárselo de nuevo, pero no tuvo suerte. Se levantó de la cama y cogió unas tijeras con las que intentó cortar el cordón, pero fue en vano, las tijeras se partieron y cayeron al suelo. Decidió dejarlo para más adelante, aunque no se explicaba, que era lo que le impedía quitarse el colgante. Se vistió, cogió su mochila y bajó a desayunar. Su padre estaba sentado a la mesa, leyendo las noticias del periódico y tomándose un café. Su madre se había marchado temprano, tenía que llevar al pequeño a la guardería y ultimar los detalles de la nueva colección del museo de arqueología, que se expondría en una semana. La colección, había sido rescatada por ella y su marido, por lo que, no querían que fallase nada el día de la inauguración.
Shanna se sentó a la mesa frente a su padre. Sacó una libreta y un bolígrafo e hizo un garabato en ella.

Shanna: Papá.
Padre: ¿Sí?
Shanna: ¿Me podrías decir a qué cultura pertenece este símbolo? Es que dudo entre los mayas y los aztecas.
Padre: ¿Por algo en particular?
Shanna: Sí, me gusta mucho, lo vi en un sueño y no recuerdo que significa.
Padre: Déjame ver.

Shanna le acercó la libreta a su padre y este la recogió. Cuando vio el símbolo, sonrió.

Padre: Es fácil, azteca. El lagarto o cocodrilo representa al Dios creador, Tonacatecuhtli.
Shanna: Es cierto, ahora lo recuerdo. Gracias papá.

Shanna se levantó de la mesa, le dio un beso en la mejilla a su padre, recogió una tostada y salió corriendo hacia clase. A primera hora tenía clase de informática, por lo que podría buscar en internet el significado del texto que había en el pergamino.
Cuando llegó a clase, se sentó en su mesa habitual, encendió el ordenador y esperó a que la profesora les diese un trabajo para hacer en grupo, le pidió a su amiga que la cubriese con la excusa que más tarde le explicaría todo con detalle y se puso manos a la obra.
En internet encontró mucha información útil, mucho más en la web de su padre, una de las páginas arqueológicas más visitadas de la red.
Fue copiando todo lo que necesitaba y cuando terminó la clase, recogió todo y se dispuso a entrar a biología. Allí terminó de descifrar el texto y lo que descubrió la dejó sin palabras. El texto decía que existía un colgante muy poderoso, uno que convertía los sueños en realidad, había sido entregado a los aztecas por el Dios creador y eso, había sido el desencadenante de su desaparición.
Shanna no se lo podía creer, el colgante del que hablaba el texto, lo llevaba ella al cuello. ¿Qué pasaría si lo siguiente que soñase no fuese tan embriagador como lo que soñó la noche anterior? ¿Qué pasaría si su subconsciente la traicionaba y le deseaba algún mal a alguien? Decidió pasarse en el recreo por clase de tecnología, allí habría algo con lo que deshacerse del colgante maldito. Todo fue en vano, estaba condenada a cargar con aquel colgante de por vida. Recordó lo que sucedió al abrir el cofre donde se encontraba, una luz cegadora y una sombra gélida salieron de su interior, la luz se disipó, pero la sombra se escabulló por la ventana. No se lo pensó dos veces y se saltó el resto de clases, fue a la enfermería, alegando que se encontraba mal del estómago y la mandaron a casa. Allí no habría nadie, sus padres estaban trabajando, su hermanito en la guardería y el servicio de limpieza ya habría terminado. Volvió a atravesar el bosque, al pasar por el árbol donde encontró el cofre, sintió una punzada en el corazón. Volvió a dejar su mochila en el suelo y trepó de nuevo por aquél tupido árbol. Cuando llegó a la copa, alguien había dejado un sobre, estaba casi nuevo, no llevaría mucho tiempo allí ¿cómo no lo había visto al coger el cofre?
Lo cogió y se marchó a su casa sin más demora. Ya en su habitación, abrió el sobre y leyó su contenido.

<<A la persona que ha recibido el cofre. Siento que ahora el peso recaiga sobre sus hombros, yo no logré dominar tanto poder. Si está leyendo esta carta, es porque usted abrió el cofre y supongo que llevará el colgante encima, ya que una vez puesto, es imposible de quitar mientras su portadora siga con vida. Siento informarle que encontré dicho cofre en un viaje que realicé a México hace un tiempo, la caja me llamaba, era como si solo yo escuchara su ruego y me topé con ella por casualidad, si le soy sincero, no sé cómo no la vieron en la aduana. Investigué al llegar aquí y por ello me deshice de la caja. Ese cofre, es en realidad "la caja de Pandora". El colgante de su interior, que por cierto no he visto nunca, ya que nunca lo abrí (no me pregunte como lo sé, porque aún sigo haciéndome esa pregunta) es lo que decide el destino del mundo, se introduce en los sueños del portador y los hace reales, hasta tal punto, que si el sueño es bueno, su vida será placentera, pero si tiene una pesadilla, cobrará vida y podría llegar a destruir el mundo que conocemos, de ahí que sea tan peligroso dormir, pues en sueños no podemos controlar lo que soñamos. Siento mucho la carga que ahora porta, espero encuentre una solución antes que sea demasiado tarde. La leyenda lo decía muy claro, una mujer es quien abre la caja de Pandora, por ello solo espero que usted sea hombre y me haya equivocado al presentir el desastre. Que haya dejado la caja intacta y no se la haya regalado a nadie, ni extraviado, si es así, guárdela a buen recaudo, sino, ya no hay mucho que hacer>>

I. J. S.

Shanna no daba crédito. ¿Cómo sabía tanto aquella persona acerca de la caja, si ni siquiera la había abierto? ¿En verdad tenía en su poder el destino del mundo? Si quería saber cómo salir de ese embrollo, debería encontrar a ese tal I.J.S. y descubrir todo lo que sabía, seguro que más de lo que decía en aquella carta tan escueta. ¿Por dónde empezaría a buscar? Se tiró en la cama y le dio mil vueltas a lo sucedido hasta que cayó en un profundo sueño.
De pronto se encontraba en México, en la época de los aztecas, estaba tras la maleza y vio como uno de ellos dejaba en la misma cascada de la noche anterior, el cofre que ella había recogido. Supuso que contendría el mismo pergamino que había leído. Cuando el azteca salió del agua, una lanza le atravesó el corazón y le mató en el acto. Varios hombres se metieron al agua, sacaron el cuerpo sin vida que cargaron a hombros y se marcharon dejando todo en calma. Ese hombre había sacrificado su vida para avisar a las futuras generaciones de lo que sucedía y alguien le habían matado para intentar evitarlo. Shanna estaba descalza, no se había movido ni un milímetro desde que había llegado, no quería que nadie se percatara de su presencia y así sufrir la misma suerte que aquél hombre al que mataron. Decidió volver a meterse al lago y vio el cofre, lo abrió y allí estaba, el mismo pergamino, solo que esta vez estaba recién escrito, ni envejecido, ni estropeado por pasar tiempo encerrado en aquel lugar, era como si lo acabasen de escribir minutos antes, la tinta seguía húmeda. No podía ser cierto, de ser así, habría viajado en el tiempo. Deseó regresar a casa, pero en lugar de eso apareció en una habitación oscura, en la que había un chico durmiendo en una cama grande y antigua, parecía muy confortable. El chico escuchó un ruido y encendió una luz, al ver a Shanna frente a su cama y empapada, se sobresaltó. Shanna no tuvo tiempo de reaccionar, el chico se abalanzó sobre ella, llevaba unas ropas antiguas, como de finales del siglo XIX, era todo demasiado extraño como para asimilarlo a tal velocidad. Ella se resistió, hasta que el forcejeo hizo que el colgante asomase por sus ropas, el chico al verlo la soltó y se apartó rápidamente, como si hubiese visto un fantasma, se acurrucó en una esquina aterrorizado. Shanna se incorporó, sujetó el colgante con sus manos y miró al chico, tenía una expresión de pánico dibujada en su rostro. ¿Qué estaba sucediendo?











Continuará...





jueves, 21 de julio de 2011

Sueños de carne y hueso 1ª parte




Shanna era una chica alta, esbelta y rubia de ojos claros. Era dulce y valiente, a la par que lista y sagaz. Estaba en el instituto, aunque se sentía aún una niña. Dibujaba en clase de lengua garabatos en el papel, cuando de pronto se quedó dormida. Llevaba un tiempo durmiendo mal, no sabía porque, pero desde que se mudaron, algo le quitaba el sueño. Hacía 3 meses que se habían terminado de instalar, ya tenía muchos amigos y las clases no se le daban tan mal. Era feliz, pese a sus continuos desvelos nocturnos. De pronto algo la despertó, era su compañera Amanda, que le daba codazos para que se despertase, antes que la profesora se diese cuenta y la dejase castigada toda la tarde.
Intentó mantener los ojos abiertos hasta que terminaran las clases y lo consiguió, con esfuerzo, pero lo hizo. Recogió su mochila y se despidió de su amiga al inicio del camino que daba al bosque, el que tomaba para llegar antes a su casa, sus padres se lo habían prohibido, pero estaba tan cansada que no hubiera podido esperar al autobús sin quedarse dormida en la parada.
Caminaba despacio, todo lo atenta que podía para no tropezarse. Cuando se aproximaba a su casa, algo cayó de un árbol y le golpeó la cabeza. Shanna se llevó las manos a la zona dolorida y se frotó con ganas. Miró hacia arriba, pero no vio nada. Siguió caminando y al poco, algo la volvió a golpear. Estaba asustada, raro en ella. Tenía claro que no podía ser una coincidencia. Dejó su mochila en el suelo y trepó hasta la copa de uno de los árboles, manchándose de musgo los vaqueros. Al llegar, vio algo extraño. En lo alto del árbol, había un cofre dorado con una cerradura muy peculiar. Decidió cogerlo y volvió a bajar, con cuidado para no caerse, pero cuando estaba muy cerca del suelo, las fuerzas le fallaron, resbaló y cayó. Se hizo daño, pero nada grave que una noche de sueño y reposo no pudiesen curar. Recogió su mochila, introdujo el cofre en ella y se marchó. 
Cuando llegó a casa, recordó que sus padres llegarían tarde, tenían la fiesta de cumpleaños del jefe de su padre, en el instituto arqueológico. La niñera la esperaba, odiaba a esa niñera, pero se ocupaba de su hermano pequeño cuando sus padres salían, según ellos, Shanna seguía siendo una niña, aunque faltaba poco para que cumpliese los dieciséis. La niñera era la típica adolescente despreocupada, la echaba pronto a la cama para ponerse a ver la tele y apoderarse del teléfono, no era más que un par de años mayor que Shanna, pero le encantaba regodearse con eso. La chica la estaba esperando con la cena en el microondas. En cuanto cenó, la echó a su habitación, aunque esta vez a Shanna no le importó, quería ver lo que contenía aquella caja.
Subió los escalones de dos en dos, estaba eufórica. Cuando llegó, dejó la cartera sobre la cama, sacó el cofre y lo dejó encima de su escritorio. ¿Cómo lo abriría? No tenía la llave. Decidió buscar algo para forzar la cerradura, pero todo lo que usaba se rompía, no era lógico. Usó hasta unas tijeras, que se rompieron en cuanto tocaron la cerradura. De pronto, algo en su interior se sobrecogió. Fue a su joyero, recordaba que su padre había encontrado un pequeño broche en una de sus expediciones y se lo había regalado. Tenía una forma muy parecida a la de la cerradura. Colocó el broche y la tapa se abrió. Del cofre salió una luz muy intensa y una sombra que se deslizó por el suelo hasta el borde de la ventana abierta, por donde se escabulló. Shanna se quedó sin aliento, pero en su interior, cuando la luz se disipó, vio un pequeño colgante de oro que pendía de una cadena de seda negra. El colgante tenía la forma de un cazador de sueños con un zafiro azul en el centro. ¿Pero qué hacía eso en lo alto de un árbol? Shanna lo cogió y se lo colgó del cuello. De pronto la luz de su habitación se apagó y de repente, toda la estancia se llenó de una resplandeciente luz azul durante escasos segundos, para después, regresar a la normalidad. Intentó quitarse el colgante, pero fue en vano, el cierre no se abría, por lo que decidió guardárselo bajo la ropa e intentarlo de nuevo a la mañana siguiente.
Estaba agotada, se duchó, se puso el pijama y se acostó. Pasaron las horas y comenzó a soñar. Estaba en la jungla, era muy frondosa y húmeda, a lo lejos, escuchaba el ruido del agua al caer. Se adentró entre la maleza y tras ella, divisó un pequeño lago en el cual desembocaba una cascada. El agua era cristalina, se veían los peces nadando de un lado para otro. Shanna se fijó en la cascada, había algo tras el agua. Se zambulló, iba en pijama y notó el frío del agua recorriendo su cuerpo. Notaba los peces que le rozaban los pies al pasar junto a ella. Nadó y atravesó la cascada, en un saliente encontró algo extraño, otro cofre que abrió. En su interior, había un pergamino escrito en una lengua antigua. Shanna creyó recordar que era Maya o Azteca, aunque no estaba muy segura, sus padres intentaron enseñarle las viejas lenguas, pero a ella lo que le gustaba en realidad era la decoración de interiores, cada poco tiempo hacía remodelar su habitación, una cosa por allí, otra por allá. No se cansaba de cambiar las cosas de sitio. Eso no tenía mucho que ver con la arqueología, por lo que no le prestaba mucha atención a las lecciones de idiomas de sus padres.
Cogió la caja con el pergamino y volvió a cruzar la cascada, salió del agua y volvió a adentrarse en la maleza. De pronto, el despertador sonó. Shanna se despertó y notó que estaba empapada, no de sudor, sino empapada de verdad, como si el sueño hubiese sido real. Se sorprendió más al ver en sus brazos el cofre, cuando lo abrió, el pergamino de su sueño seguía allí. ¿Había sido un sueño, o había estado allí en realidad? ¿Pero cómo? No había salido de casa. Miró el calendario y no había nada raro, era la mañana siguiente, algo extraño sucedía y al parecer tenía que ver con ese colgante.
















Continuará...

martes, 19 de julio de 2011

¡¡¡Feliz cumpleaños a mi!!!

Bueno, como podéis ver, es mi cumpleaños, así que eso me inspiró para indagar y descubrir que personajes famosos, cumplen años el mismo día que yo. No tiene desperdicio, ahora entiendo muchas cosas, el mundo está lleno de locos como yo. ¿Es cierto que los que nacen el mismo día, tienden a tener ciertas cosas en común? Si es así, cuidado, somos treméndamente peligrosos, pero en cuanto se nos conoce, se nos coge cariño y tu vida cambia por completo, a mejor (como me quiero) jejeje :)


Breve descripción: 


Es un signo de agua dominado por la Luna y atravesado por el Sol. La Luna influye en su vida sentimental y le provoca una gran sensibilidad, un deseo de viajar, de conocer gentes y lugares exóticos, una gran intuición y un firme deseo de provocar muchos cambios a lo largo de su vida.

A veces son excesivamente nerviosos y si alguien les cae mal, se pueden comportar groseramente. Los nativos de Cáncer suelen ser impresionables y muy sensibles, imaginativos y un poco desconfiados.

Su humor y su estado de ánimo pueden cambiar con mucha facilidad. Desde jóvenes son muy ambiciosos y si se lo proponen podrán llegar a tener una buena posición económica.

Necesitan siempre sentirse queridos y para ellos el amor puede ser lo más importante en sus vidas. Se identificarán con gran ternura y agradecimiento hacia la figura de su madre. No aguantan que nadie les trate con soberbia o desprecio y ellos son, a veces, un poco autoritarios.

Les gusta discutir y son decididos, valientes, honrados y muy agradecidos con cualquier detalle que se tenga con ellos. Son muy reservados para su vida intima y no permiten controles, celos ni murmuraciones. Les gustan las casas y los coches grandes, la música, la pintura y los objetos antiguos.

Son amantes de la limpieza y suelen coleccionar objetos. Les atrae el mar y los deportes náuticos. Les encanta bailar y son amantes de la noche. Generalmente son personas con una mirada penetrante y unos ojos muy expresivos.

Son supersticiosos y un poco maniáticos tanto en sus ropas como en la decoración y las comidas. No son rencorosos pero no perdonan la traición, el engaño ni la mentira.

Tienen facilidad para padecer de insomnio y a lo largo de la vida tomarán pastillas para cualquier cosa.
Aguantan el dolor y son sufridos ante la enfermedad pero tienen miedo a la sangre.

Por complicaciones en catarros pueden sufrir de asma o de bronquios por lo que deberán evitar fumar así como los lugares contaminados.

Tienen predisposición a tener una pequeña tripita que no podrán reducir con la gimnasia. Las mujeres de este signo no tienen problemas para pasar por un quirófano ante una operación de estética por verse más jóvenes. En ellas, el envejecer no existe y la mala imagen puede llevarlas a una depresión.
 
Mujer cáncer:

La fuerte influencia de la Luna les hace ser personas elegantes, distinguidas y un poco sofisticadas. Odian la vulgaridad, y destacan en cualquier lugar donde se muevan. Son amantes de su familia y tienen muy buen gusto para decorar su casa o lugar de trabajo. Luchará por mantener el equilibrio y la seguridad de su familia, y no le importa trabajar lo que haga falta para elevar su economía y que nada falte a los suyos.

Se sentirán bien en lugares donde haya jardines o plantas, y que su hogar tenga mucha luz y ventilación. Les gustan los espacios muy grandes aunque tengan que trabajar más en ellos.
Evitan las reuniones y las fiestas, pues no aguantan el fingir un papel cuando una persona le cae mal. Es sincera, decidida, muy buena amiga de sus pocos amigos, un poco celosa, posesiva y exigente, sobre todo, con su pareja.

No le importa la vida de nadie, y todo lo ven bien, pero no permite que nadie se preocupe de ella. Es buena administradora, llegando a ser un poco tacaña, pero con ella misma. Ama sentirse respetada y valorada y es muy responsable para hacerse cargo de empresas o situaciones difíciles.

Necesita sentirse enamorada, y si nota el más mínimo distanciamiento de su pareja, no dudará en ser ella la que inicie una separación. No le gusta el coqueteo ni la frivolidad y todo se lo toma muy en serio. Defenderá siempre a la gente débil y ella jamás abusará de su poder o su mando.

Tiene un gran corazón y se enternece con nada, llegando a emocionarse con relativa facilidad. Siempre estará dispuesta a colaborar en obras sociales o benéficas.



Algunos de los míos: 


· Samuel Colt. Fabricante de armas (1814-1862)
· Ángel Santos Ruiz. Bioquímico español (1912)
· Allen Collins. Músico estadounidense (1952-1990)
· Jared Padalecki. Actor estadounidense (1982) ... Anotación personal... ¡¡¡Ay omá que guapo!!!
· Urs Buhler. Cantante Suizo del grupo Il Divo (1971)
· Brain May. Guitarrista del grupo Queen (1947)
· Príncipe Ernesto Augusto de Hannover (1983)


Otros nacidos bajo el signo de cáncer:


· Kevin Bacon. Actor (08-07-1958)
· Meryl Streep. Actriz (22-06-1949)
· Ginger Rogers. Actor y bailarín (16-07-1911)
· David Hasselhoff. Actor (17-07-1952)
· Tom Hanks. Actor (09-07-1956)
· Sylvester Stallone. Actor (06-07-1946)
· Pamela Anderson. Actriz (01-07-1967)
· Robin Williams. Actor (21-07-1952)
· Tom Cruise. Actor (03-07-1962)
· Donald Sutherland. Actor (17-07-1934)
· Luis de Góngora. Poeta y dramaturgo (11-07-1561)
· Pablo Neruda. Poeta (12-07-1904)
· Ernest Hemingway. Escritor y periodista ( 21-07-1898)
· Franz Kafka. Filósofo (03-07-1883)
· Harrison Ford. Actor (13-07-1942)
· Diana de Gales. Princesa (01-07-1961)
· Bill Cosby. Actor (12-07-1937)
· Carlos Santana. Guitarrista (20-07-1947)
· Courtney Love. Actriz (09-07-1964)
· Tenzin Gyatso. Dalai Lama (06-07-1935)
· Danny Glover. Actor (22-07-1946)
· Diane Kruger. Actriz (15-07-1976)
· Estee Lauder. Empresaria (01-07-1906)
· Will Ferrel. Actor (16-07-1967)
· Vin Diesel. Actor (18-07-1967)
· Patrick Stewart. Actor (13-07-1940)
· Nelson Mandela. Abogado y político (18-07-1918)
· Liv Tyler. Actriz (01-07-1977)
· Josh Harnett. Actor (21-07-1978)











domingo, 17 de julio de 2011

Terror en las clases 5ª parte

Caminaron por las calles de la ciudad, agachados y en silencio. Todo estaba iluminado y no parecía que la infección hubiese llegado allí, pues no había cuerpos en el suelo, ni coches abandonados, ni rastros de sangre por ningún lado. Habían pasado sin problemas, sin toparse con ningún control o barricada. Era muy raro, no sabían que pensar. De pronto se vieron rodeados por un grupo de zombis, salidos de la nada y un fogonazo de luz les cegó, dejándolos a su merced. El ejército comenzó a disparar y los zombis cayeron al suelo, el foco se apagó y un grupo de militares saltó de los vehículos para arrancarles la cabeza. Uno de ellos, el que parecía ser el jefe, se acercó al grupo que permanecía inmóvil y se presentó.

Jefe: Soy el jefe de operaciones especiales y estoy al mando. ¿De dónde venís?
Megan: Venimos del centro, logramos escapar de un instituto de la capital y pensamos que hacernos a alta mar sería lo mejor.
Jefe: Buena idea. ¿Fue tuya?
Megan: Sí, ¿pero qué ha pasado aquí? ¿cómo está todo tan limpio y ordenado? Es como si no hubiese llegado la infección hasta aquí, aunque ya hemos podido comprobar que sí.
Jefe: Nos hemos hecho fuertes al lado de la playa, tenemos un satélite que reconoce el calor corporal, cuando nota algo con menor temperatura de la normal, a lo largo de una línea fronteriza que nos hemos marcado, descarga un rayo que lo hace explotar todo en mil pedazos y cuando no hay peligro, se manda a un equipo de limpieza.

Llevaba funcionando desde que todo empezó, por lo que habían tenido tiempo de limpiar los despojos, para evitar que otros llegasen movidos por el olor. Los que les habían atacado, eran unos de los pocos que quedaban sueltos por la ciudad y que aún no habían dado caza, pero pronto eso terminaría. El rayo era efectivo sino intentaban cruzar muchos a la vez, porque en grupo emanaban más calor y el rayo los confundía con seres vivos, por lo que no funcionaba.

Megan: Eso está muy bien, pero tengo que avisarle que detrás nuestro vienen bastantes de esos seres, les hemos dado esquinazo hasta ahora, pero no creo que tarden mucho más en llegar.

El jefe le pidió a su primero al mando que se llevara a los chicos a la playa, al puesto de mando que allí habían montado y llamase al barco para que los recogiesen y pusieran a salvo. Ellos se quedarían a esperar a los zombis rezagados, por si alguno escapaba al rayo.
Los chicos siguieron al jefe esperanzados, pronto estarían a salvo, la idea del barco no era tan mala, cuando el ejército mismo la había utilizado para sus propios fines. No tendrían que robar uno, ya se lo estaban ofreciendo y de forma legal, aunque la legalidad era lo que menos les importaba en esos momentos.
Cuando llegaron a la playa, cientos de tiendas de campaña se levantaban a lo largo de toda la arena, formando una base improvisada. En una tienda almacenaban la comida, en otra las armas, otras eran para las guardias y en otras se reunían cientos de militares. Estaba la tienda de operaciones y la que usaban de enfermería, además de tener otra que utilizaban como laboratorio, en la que tenían un par de esos seres encerrados en jaulas, para usarlos como cobayas y poder hallar una cura. Aunque en el fondo, sabían que una cura era imposible, los científicos soñaban con tener algo con lo que matarlos definitivamente y evitar el contagio. Eso sería el mayor logro tras la penicilina.
Estaban todos sentados en la playa, tomando un chocolate caliente y tapados con mantas. Era una extraña noche de primavera, fría como no la hubo en años. Patrick estaba sentado junto a Megan y Óscar estaba sentado con Enrique, hablando de cosas mundanas.

Patrick: Gracias.
Megan: ¿Porqué me das las gracias?
Patrick: Por salvarnos, por guiarnos hasta aquí, por creer en mí, por regalarme una sonrisa que me ha dado las fuerzas para seguir adelante. Gracias por todo ello.
Megan: Anda calla que me vas a poner colorada, menos mal que no hay mucha luz y no se me vería.

Patrick se acercó a Megan, sujetó su cara helada entre sus manos y la besó. Al fin estaban a salvo y podía decirle cuanto la quería, lo mucho que se había fijado en ella desde que llegó al instituto, las ganas que tenía de haberla conocido oficialmente mucho antes, pero que por miedo no se atrevió a hacer. Era el más popular, pero no importaba, en cuestión de chicas, seguía siendo el mismo niño asustadizo de siempre.
Ella le abrazó y hundió la cabeza entre su pecho. Se sentía arropada y al fin podría dejar de sentir el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, dejarse llevar y por una vez en su vida, sentirse querida y protegida. No le gustaba depender de nadie, pero hasta el más fuerte necesita sentirse así alguna vez. Se abandonó en sus brazos, dejó las preocupaciones a un lado y se dejó llevar.
Un grito ahogado salió de la tienda de los experimentos, a lo lejos, el jefe de operaciones regresaba con sus muchachos, llegaban corriendo, huían de algo. De la tienda salió un científico desangrándose, tenía un mordisco en la yugular que no dejaba de emanar sangre. Detrás de él salió un zombi con la boca ensangrentada, después otro. Los militares les redujeron a tiros, no hubo mayor problema, exceptuando, que los científicos se hallaban muertos, tirados en el suelo. ¿Quién lograría encontrar la cura? ¿cómo lograrían evitar que siguiera propagándose el virus sino les quedaban científicos para investigar?
Megan se levantó al ver venir a los militares corriendo, las lanchas estaban casi en la playa y se lanzó al mar para darles alcance, estaba aterrada, se había dejado llevar tanto que no pudo hacer otra cosa que huir. Al verla, Patrick se dió cuenta de lo que sucedía y le dijo a todo el mundo que hiciera lo mismo que ellos. Uno a uno se fueron metiendo en el agua gélida de la noche y comenzaron a nadar como si les fuese la vida en ello. Cuando llegaron a las lanchas, subieron y miraron hacia la playa, el equipo del jefe estaba siendo devorado por un grupo apabullante de zombis, al menos había unos mil. No podían regresar por ellos, pues ya no quedaba nadie con vida por quien regresar. Las barcas dieron media vuelta y pusieron rumbo hasta el barco, que sería su hogar durante mucho tiempo. Quien sabe cuándo pordrían regresar a tierra firme y por cuánto tiempo. El barco levó anclas y desde la popa del barco, Megan y Patrick, abrazados, vieron como la distancia entre su vida anterior, la vida segura que conocían y la nueva vida, llena de peligros que ahora comenzaba, se hacía más y más grande. Estaban juntos, eso era lo que importaba.

Megan: Siento haber salido huyendo, no es típico de mí.
Patrick: Eres humana, todos sentimos miedo. Si no hubiese sido por ti, ninguno hubiésemos llegado hasta aquí, te debemos mucho. Ahora déjame compartir esa carga contigo, ya no estarás sola nunca más.
Megan: Dure lo que dure.
Patrick: Dure lo que dure esta pesadilla, la viviremos juntos.









FIN.