sábado, 2 de junio de 2018

Un lugar llamado Sayari. Capítulo 1º


Abrió los ojos de golpe, mientras su primera bocanada de aire en años le inundaba los pulmones. Se sentía confusa y tenía náuseas, pero aquellos síntomas eran de lo más normal. Sobre todo, después de llevar varios años metida en una cápsula espacial.

Salió con cuidado de aquél minúsculo habitáculo, y se encaminó hacia su taquilla, donde elegiría algo decente que ponerse antes de enfrentarse de nuevo a los convencionalismos sociales.

Al mirarse en el espejo del cuarto de baño, y tras una ducha con la que seguramente había soñado varias veces en aquél estado de letargo, intentó ver si su rostro se había modificado con el paso del tiempo, pero no, seguía teniendo la piel tan tersa como el primer día que se fue a dormir. ¿Cuánto tiempo habría pasado esta vez? ¿Dónde se encontrarían en ese momento?

Como bien sabemos, los viajes por el espacio pueden llegar a ser un tanto confusos. Un día te marchas al trabajo y al volver a casa, todo lo que conocías, y todos a los que querías, ya no están. 


Alicia estaba sola en el oscuro y frío Universo, y al igual que su tocaya en el cuento de Lewis Carroll, había seguido a un estúpido conejo blanco hasta su madriguera, lo que había puesto su mundo patas arriba. Pero en resumen, estaba sin Almirante (su conejo blanco), sin hogar y en una nave a miles de kilómetros de ninguna parte. ¿Qué más le podría pasar?

Tras salir de su habitación, recorrió los pasillos de aquél lugar, mientras escuchaba por los altavoces al comandante dando los buenos días a su tripulación. Al parecer, estaban a punto de llegar a su destino, un pequeño planeta a unos 40 millones de años luz de la Tierra, y el que a partir de ese momento, se convertiría en su nueva residencia. Alicia sería una de las primeras colonizadoras de aquél hermoso planeta del que apenas había visto un par de fotos tomadas por satélite y en el que, al tener unas condiciones semejantes a las de la Tierra, podrían vivir sin problemas.

Sayari era el nombre que su descubridor le había puesto y, aunque era un nombre bonito, tampoco es que aquél hombre se hubiese estrujado mucho la sesera para escogerlo. Sayari en suajili, significa eso mismo, “Planeta”, por lo que Alicia viviría a partir de ahora en un planeta llamado Planeta, cosa bastante inverosímil, pero resulta irrelevante para la historia, por lo que, continuemos.



Entró en el comedor que estaba a rebosar de gente y se acercó a la máquina/ordenador, donde encargaría su primera comida desde hacía tanto tiempo. Observó aquél artilugio y acercó el código de barras, que tenía tatuado en su muñeca derecha, hasta una luz roja de un lector de códigos. Segundos más tarde, una compuerta cercana se abrió y Alicia sacó una bandeja repleta de comida, por la cual se le hizo la boca agua. Todo lo que había querido comer en aquél momento se encontraba en aquella bandeja reciclable. Una ensalada de frutos rojos y queso de cabra con nueces, pan recién hecho libre de alérgenos y un Smoothie de frutas del bosque bien fresquito. Recogió su bandeja y abandonó la cola, ahora solo tenía que encontrar un hueco donde sentarse a degustar aquél delicioso manjar, pero las mesas estaban a rebosar. De repente, una voz varonil a su espalda la sacó de su ensoñación.

-Disculpa, si quieres podemos sentarnos juntos.- Le dijo un apuesto joven, mientras le señalaba dos sitios libres que acababa de reservar.


-No quiero quitarle el sitio a tu novia.- Dijo Alicia un poco contrariada.

-No, no tengo novia. Estoy solo, al igual que tú en este viaje. Reservé dos sitios por si conocía a alguien durante el trayecto, no me gusta comer solo o con gente rara, y por lo que he podido observar en esta nave, hay demasiado cerebrito por ahí suelto. ¿Por qué estás tú aquí?- Le preguntó el joven.

-Soy uno de esos cerebritos con los que no quieres juntarte. Me llamo Alicia y soy una de las psicólogas que mandan para evitar que cunda el pánico en el Nuevo Mundo.- Contestó Alicia un poco molesta por sentirse menospreciada.

-Lo siento, estaba de broma. Me llamo Álex y también soy un cerebrito. No solo soy ingeniero aeroespacial, sino que también tengo un máster en biología extraterrestre. Encantado de conocerte, Alicia. ¿Comemos juntos?- Le pidió amablemente Álex a su nueva amiga.

-Claro, no tengo nada mejor que hacer.- Contestó Alicia entre risas. 

Tras sentarse y empezar a degustar sus platos, Alicia decidió romper el silencio incómodo que se había instaurado entre los dos. 


-¿Qué tal es la carne sintética?- Preguntó Alicia al observar el gran filete sintético que su compañero estaba degustando a dos carrillos.

-¿Quieres probarlo? Está bastante bueno.- Contestó Álex.

-No, gracias. Soy vegetariana. No entiendo cómo puedes comer carne que en realidad no es carne. Me resulta demasiado extraño.- Comentó Alicia.

-Lo sé. Desde la prohibición del consumo de animales y la creación de estos sucedáneos, intenté volverme vegetariano, pero donde esté un falso filete que se quite una lechuga real.- Dijo Álex, mientras se metía un buen trozo de filete en la boca y sonreía.

-Prefiero la comida sana, pero gracias.- Respondió Alicia.

-Bueno, y tan sana que eres. ¿Por qué te embarcaste en una misión suicida como esta? ¿No hay ningún joven guapo al que dejes atrás en la Tierra?- Preguntó Álex, intentando parecer indiferente, mientras tomaba otro bocado de su comida.

-Pues lo había. Me embarqué en esta misión por un joven y guapo Almirante, pero no salió como yo pensaba.- Contestó Alicia mientras daba vueltas a su comida con el tenedor en el plato.

-¿Y dónde está ese joven Almirante?- Preguntó Álex.


-¿Nadie te ha dicho que preguntas demasiado? No lo sé… Supongo que estará en la Tierra, ligándose a otra insensata y haciéndola creer que es el amor de su vida, para después mandarla lejos y hacer que embarque en alguna loca misión como esta. Supuestamente íbamos a viajar juntos, pero qué casualidad que no quedaban más plazas en este crucero.- Dijo Alicia con una falsa media sonrisa.

-Vaya, lo siento. Si te sirve de consuelo, la Tierra tiene los días contados, por eso nos mandan a colonizar otros planetas.- Añadió Alex.

-¿Qué me estás contando? No puede ser, habrían avisado, dado la alarma global.- Dijo Alicia algo contrariada.

-Lo sé de buena tinta. El sol lanzó su última llamarada, poco antes de embarcar nosotros. A estas horas, la Tierra estará sumida en la completa oscuridad y cubierta de  hielo. Nuestro grupo no es el único que ha partido para intentar colonizar otros planetas. Los que hayan podido sobrevivir en la Tierra, tendrán que vivir en las profundidades de la misma durante mucho tiempo, hasta que puedan encontrar una solución al respecto o viajar a otros lugares, como nosotros. Después de todo, tendrías que estar agradecida a ese mal nacido, por haberte dado un billete en esta nave sin retorno.- Concluyó Álex.

Alicia estaba perpleja. Aquél joven Almirante le había cedido su sitio en la nave y aun así, ella le estaba poniendo a parir. Seguramente, si él le hubiese dicho que la amaba y que no podrían viajar juntos, ella se habría quedado con él y hubiesen muerto los dos. Porque seamos claros, ante una situación semejante, los únicos que ocuparían un puesto en el “Arca de la Salvación”, serían los ricos y poderosos. Un simple Almirante y su novia psicóloga, no hubiesen tenido muchas oportunidades en un mundo apocalíptico. 


Tras un largo e incómodo silencio, terminaron de comer. 

-Bueno, ¿y ahora qué tienes pensado hacer? Podemos ir a …- Dijo Álex, hasta que se vio interrumpido.

-¿Por qué estás tú aquí?- Preguntó Alicia.

-¿Yo? Pues verás. Soy un experto en varios campos, me propusieron el trabajito y como no tenía nada mejor que hacer, acepté encantado. He de reconocer que saber que el mundo se iba por el retrete fue un gran motivador. ¿Por qué lo preguntas?- Quiso saber Álex.

-Yo no tenía a nadie en la Tierra, pero tú…- Preguntó Alicia.

-Ya somos dos. Me crié en un orfanato, al igual que tú. Sí, lo siento, soy muy curioso y mi cápsula se abrió antes de tiempo, así que… tuve un par de días para hackear los ordenadores y mirar los historiales de la mayoría de los personajes que ves por aquí. Lo siento de verdad, pero me aburría muchísimo.- Se disculpó el joven.


- ¿También sabes de ordenadores? Vaya, eres todo un descubrimiento.- Dijo Alicia entre risas.

-¿Después de lo que te he contado lo que más te ha llamado la atención es eso? Pensaba que te picaría la curiosidad o me montarías una escenita por invadir el espacio personal de todo ser vivo que habita esta nave. Me sorprendes gratamente.- Dijo Álex levantando los pulgares hacia arriba.

-Si después de leer mi historial sigues queriendo sentarte a comer conmigo, eso no puedo desaprovecharlo.- Añadió Alicia.

-Cierto, hay algo que vi en tu historia que me llamó mucho la atención y no sabía cómo sacarte el tema, pero ahora que lo mencionas… Había muchas partes de tu informe que estaban cifradas y no pude descifrar. ¿Por qué?- Preguntó Álex totalmente intrigado.

-¿Cifradas? ¿De qué demonios hablas? Yo me refería a cosas como que soy propensa a los desastres o cosas así. Una vez iba caminando y me distraje tanto que me equivoqué de autobús y acabé en la otra punta de la ciudad sin darme cuenta. ¿Por qué iba a estar cifrado mi expediente?- Comentó Alicia totalmente preocupada.

-No lo sé, pero si necesitas ayuda para averiguarlo, cuenta conmigo. Creo que el viaje se va poniendo interesante por momentos.- Dijo Álex entusiasmado. 
-Dalo por hecho.- Sentenció Alicia, decidida a descubrir la verdad sobre quién era ella. 

Continuará...

jueves, 23 de noviembre de 2017

Luces y Sombras. Capítulo 5. "El final"


El sol comenzaba a desperezarse cuando Álex y Luna continuaron su viaje, había llegado la hora de retomar la búsqueda del espejo mágico y terminar con todo aquello. De repente, escucharon el graznido de un pájaro que les resultaba familiar. Al mirar hacia las copas de los árboles, divisaron al cuervo de ojos rojos en que se había convertido el “Destripador”, que permanecía impasible sobre una de las ramas de un árbol cercano. Luna comenzó a gruñir mientras se preparaba para lanzar su ataque más mortífero y derribarle de un salto. Por fin había llegado el esperado momento. ¿Sería capaz de saltar tan alto? La verdad es que tampoco se lo había planteado, tan solo quería hincar sus afilados dientes en el cuello del animal y degollarle hasta morir. Entonces Álex se percató que una luz fija y brillante le deslumbraba.

-¿Qué demonios es eso?- Dijo Álex intrigado, mientras se interponía entre Luna y el cuervo, evitando así que la loba se preparase unos jugosos fingers de pollo con el “Destripador”.
Cuando Álex comenzó a andar en aquella dirección y tras haber perdido de vista al escurridizo cuervo, Luna decidió seguir los pasos del joven bombero hasta llegar al objeto deseado, el espejo. Y vaya si llegaron, parecía increíble que aquél objeto mágico permaneciese oculto en el bosque sin llamar la atención, pero ahora que lo pensaba fríamente, Alex se daba cuenta que la alta tasa de desapariciones de aquél bosque, realmente tenía una buena explicación.


Luna se quedó mirando al espejo anonadada. Al otro lado se podía ver la tienda por la que la joven y el asesino habían entrado a ese disparatado mundo, donde nada es lo que parece ser y donde todo está del revés. Pero puede que aquél lugar no fuese el infierno que parecía ser al compararlo con el mundo del que provenía la joven policía, había algo que la retenía y le impedía cruzar aquél umbral, algo que...


……………………………..

-Luna, ¿estás bien? ¿Qué haces recogiendo tus cosas? Ya te dije que estás en activo nuevamente, la investigación se ha cerrado y los de asuntos internos ya no tienen nada contra ti. Eso hay que celebrarlo, pequeña.- Dijo el jefe de policía al ver a Luna recogiendo las cosas de su escritorio y meterlas en una caja de cartón.

-Gracias jefe, pero no puedo más. Me he dado cuenta que necesito tiempo para mí, estos días fuera de servicio me han demostrado que no estoy hecha para este trabajo.- Respondió la joven policía, mientras cogía una hoja de papel que tenía encima de su escritorio y se la tendía a su jefe.

-¿Renuncias? Eres mi mejor agente, no pienso dejar que renuncies. Sé que lo has pasado muy mal, tienes estrés post traumático, es normal que pienses en tirar la toalla, pero aquí estoy yo para evitarlo.- Dijo el jefe mientras rompía la carta de renuncia y le proponía a Luna una opción mejor.
Aquella joven era su mejor agente y su ahijada, y no pensaba darse por vencido con ella tan fácilmente.


- ¿Qué te parece una excedencia? Creo que podré arreglarlo sin problemas. Tómate unos meses, un año, lo que necesites. Y si después de ese tiempo te das cuenta que tu sitio está aquí, con nosotros,  para entonces tu placa y tu puesto seguirán aquí, esperándote. ¿Qué me dices?- Añadió el jefe.

Luna no dijo nada, sonrió dulcemente, recogió la caja con sus cosas y le dio a su jefe un beso en la mejilla a modo de despedida. Después salió por la puerta de la comisaría, mientras sus compañeros observaban cómo su estela se desvanecía poco a poco.
Estaba claro que todo le recordaba a Álex, el caso del “Destripador" cerrado, que había guardado en un cajón de su mesa en la comisaría, aquél escritorio vacío frente al suyo, perteneciente a su compañero caído y la tienda de espejos por la que pasaba cada día para ir a trabajar. Esa tienda...

Metió las cosas en el maletero de su coche y cerró con llave. Tenía ganas de pasear por las calles de Madrid, y por  una vez en la vida, sin prisas. Caminó y caminó con la mirada perdida en el horizonte, hasta que de pronto se paró sin saber por qué frente a un lugar que reconoció al instante, era la tienda de espejos que había cambiado su vida por completo. Permaneció allí parada un buen rato, hasta que se armó de valor y por fin entró a aquél lugar que le traía tantísimos recuerdos. Para su sorpresa, la tienda permanecía vacía, como siempre, algo que le resultó demasiado peculiar. ¿Dónde se habría metido el vendedor?
Se abrió camino hasta llegar al espejo por el cual días antes había viajado a otro mundo y puso la mano en él, tocando el cristal.

-Álex…- Dijo Luna con lágrimas en los ojos, mientras recordaba los últimos momentos que habían pasado juntos.


FLASHBACK

Allí, en aquél bosque, delante de aquél espejo mágico se encontraban Álex, Luna y el “Destripador”. El joven bombero sabía que si su “otro yo” y él se llegaban a tocar, se fusionarían, y de ese modo Luna jamás regresaría ni a su mundo, ni a su cuerpo real. Solo puede haber una copia en cada mundo, habían sido las palabras que la bruja les había dicho y que Álex había grabado a fuego en su memoria. Si Luna se quedaba con él, permanecería como loba en ese mundo, y el “Destripador” seguiría siendo un cuervo hasta el fin de sus días. En cambio, si Luna cruzaba el espejo y regresaba a su mundo con el asesino, jamás podrían volver a verse, aunque de ese modo ella lograría lo que más deseaba, su venganza. Álex sabía que la decisión estaba en manos de la joven loba y aunque quería lo mejor para ella, sabía que tomase la decisión que tomase, a él le dolería en lo más profundo de su alma. ¿Cómo podía haberse enamorado de aquél animal? Sonaba tan raro solo de pensarlo... Pero así era, en el fondo aquella loba era una mujer de carne y hueso, y él lo sabía. ¿Sería como la mujer que se le había aparecido en aquél sueño o todo habría sido producto de su imaginación?

Si no cruzaban juntos al otro lado, ninguno de los dos regresaría, así que tenían que dar caza al pájaro y acabar con aquello cuanto antes. El cuervo comenzó a revolotear por encima del árbol que sostenía el espejo, ya que sabía que si Luna cruzaba un instante antes que él al otro lado, cogería la pistola que se habían dejado tirada en el suelo, si es que seguía estando en aquél rincón y estaría acorralado. Solo tenía una oportunidad y no la pensaba desaprovechar.  
-Te voy a echar mucho de menos, compañera. Creo que no te haces una idea de cuánto.- Le dijo Álex mientras sujetaba la cabeza de la loba entre sus manos y depositaba un beso entre sus orejas puntiagudas.


La loba pareció sentir un gran pesar en su interior al tener que decir adiós al extraño bombero que le había robado el corazón, por lo que se lamentó y acto seguido le lamió la cara a modo de despedida.

El cuervo que veía la escena desde las alturas, decidió aprovechar que ambos estaban distraídos y se lanzó en picado hacia el espejo, pero Luna estuvo más ágil y le interceptó en el aire, atrapando al cuervo entre sus dientes y tirándolo al suelo casi inerte.
De repente, Álex notó que un líquido caliente le resbalaba por el cuello helado y llevó su mano instintivamente hasta la zona en cuestión. Al comprobar que sus dedos estaban ensangrentados, lo supo, si el cuervo moría desangrado, él también lo haría, por lo que fijó la mirada en el cuervo herido, que permanecía tendido sobre la espesura que comenzaba a cubrirse de nieve y cayó de rodillas. Luna se lamentó por haberle clavado tan fuerte los dientes al animal, pero sus ansias de venganza le habían jugado una mala pasada y ahora su querido Álex estaba a punto de morir por culpa suya.

Entonces Álex se quitó la mochila que llevaba a la espalda y tiró las cosas al suelo, cogió un poco de cinta aislante que había guardado sin saber muy bien por qué y se la puso en el cuello para taponar la herida. Acto seguido, fue a hacer lo mismo con el cuervo mal herido, pero Luna le gruñó e hizo que el joven se apartase rápidamente del cuervo. La loba cogió entre sus dientes al animal que seguía tendido en el suelo que poco a poco se tenía de nieve y sangre y tras echar un último vistazo a esos ojos dulces y profundos, saltó dentro del espejo con el cuervo aún entre sus fauces.



Al llegar al otro lado, ambos habían recuperado su forma humana. Luna se abalanzó a por el arma que permanecía allí tirada, como si la acabasen de dejar momentos antes y apuntó al “Destripador”, que permanecía de rodillas en el suelo con sus manos taponando la herida del cuello.

AHORA

Luna había visto morir allí mismo al “Destripador”, mientras se desangraba, por lo que supuso que su querido Álex también habría muerto. Los de asuntos internos ya no la habían vuelto a molestar, tras ver el informe del forense, en el que se deducía que el “Destripador” había muerto desangrado a consecuencia de las heridas producidas por un mordisco de un lobo, el cual le había seccionado la yugular, no tenían nada que recriminarle a la agente. Lo que nadie en la comisaría lograba comprender, era cómo un lobo les había atacado en pleno centro de Madrid. ¿Dónde estaba el animal? Los de protección animal llevaban días buscando por los alrededores como locos, pero estaba claro que jamás lo iban a encontrar.

Cuando Luna se dio cuenta de la hora que era, apartó la mano del espejo y se dio media vuelta. Tenía que llegar a casa, coger las maletas y prepararlo todo para aquél viaje sin retorno. No sabía dónde iría, lo único que tenía claro era que su camino la llevaría lo más lejos posible de aquél lugar, de aquellos recuerdos, de aquél hombre que jamás de su memoria podría borrar.

Entonces escuchó su nombre en la lejanía. Alguien la estaba llamando… al otro lado del espejo. Se giró a tiempo de ver cómo Álex salía del espejo y la abrazaba con fuerza.

-No sabes las ganas que tenía de hacer esto.- Le dijo el joven bombero a la atónita policía.

-¿Cómo es posible? Estás vivo, en mi mundo y con tu forma humana.- Preguntó la joven sin salir de su asombro.


- Le estuve dando vueltas cuando te fuiste. Regresé a casa y mi vecina la bruja me ayudó a curarme, pero no solo eso, también me abrió los ojos. En ese mundo no quedaba nada para mí, en cambio en este sí, estás tú y tenía que decirte que te amo con locura. Y sí, digo con locura porque estoy haciendo una estupidez tras otra. Somos de mundos distintos y para colmo, aquí soy el doble de un asesino muerto. ¿Por qué está muerto, verdad? Si no fuese así, yo no podría estar aquí en mi forma humana. No sabía qué pasaría al cruzar, pero tenía que intentarlo, aunque ahora que lo pienso, tendré que tener cuidado para no acabar preso por equivocación o peor, muerto. Pero tenía que decírtelo, no podía dejar que te fueses para siempre de mi vida sin saberlo. Te quiero, Luna. Te quiero y te querré siempre, me aceptes o no.- Confesó por fin Álex, después de tantos rodeos.

Luna estaba tan feliz que no podía ni articular palabra, por eso puso sus manos en las mejillas de Álex, como él había hecho al despedirse la vez anterior y le besó. Pero no fue un beso casto y puro como el que le había dado entre las orejas a la loba en la que ella se había convertido, sino un beso de película, de esos que te dejan sin respiración y con ganas de parar el mundo. Un beso que no necesita de ninguna otra explicación, ni motivo, ni razón.

-Tendré que ponerte al día en muchos aspectos, pero antes tendremos que poner kilómetros de por medio. Como bien has comentado, por aquí piensan que estás muerto y queremos que lo sigan creyendo. ¿Qué te parece si cruzamos el charco y nos vamos un tiempo a Méjico? Dicen que en esta época del año está bastante bien.- Dijo Luna con una pícara sonrisa dibujada en su rostro.

-¿Méjico? ¿Qué es eso?- Preguntó Álex intrigado.

-Ya lo verás amor, ya lo verás.- Sentenció Luna mientras cogía de la mano a Álex y salían de aquella tienda sin mirar atrás.

FIN






domingo, 15 de octubre de 2017

Luces y Sombras. Capítulo 4


-Menuda mierda.- Dijo Alex al darse cuenta que la camioneta había pasado a mejor vida.

Luna le miró preocupada, ambos estaban heridos, Alex tenía una herida en la cabeza y ella en un costado. Habían hecho un buen uso del maletín de primeros auxilios, pero aquellas heridas les supondrían un hándicap en su aventura y más tarde o más temprano, les pasarían factura. La camioneta estaba inservible y aún les quedaban varios kilómetros hasta llegar al punto en que Alex había atropellado a Luna, ese sería el lugar de partida para dar con el espejo. Pero para llegar allí,  tendrían que recorrer a pie aquél frondoso bosque y por desgracia la noche se les echaría encima.


-Atajaremos por el bosque, prefiero enfrentarme a cualquier animal, antes que volver a encontrarme con "los bestias" de antes. – Añadió Alex intentando disimular. No quería que Luna se preocupase más de la cuenta, pero aquél bosque no era lo que se dice, un cuento de hadas.

El Bosque Sombrío, así lo llamaban en el pueblo y con razón. Las innumerables desapariciones, los terribles aullidos incesantes o la espesa niebla, que se abría paso entre los recovecos de aquellos enormes pinos negros, le daban al lugar una apariencia sin igual. Alex sabía lo complicado que sería salir de allí de una pieza, pero sin la camioneta y heridos como estaban, no tenían otra opción que caminar fuera de la carretera, alejados de los saqueadores en la medida de lo posible.  “Los hombres dan más miedo que las fieras. Ellas matan para sobrevivir, los hombres lo hacen porque sí.”, es lo que Alex siempre solía decir, de ese modo soportaba mejor la existencia en aquél extraño lugar al que llamaba hogar.

Las grandes ciudades estaban tomadas por hombres sin alma, sin escrúpulos, sin piedad, tan solo en los pueblos más apartados se podía vivir un poco en paz. Alex lo sabía bien, toda su vida la había pasado en uno de esos pueblecitos de las afueras, rodeado de espesos bosques y grandes montañas. Donde la gente formaba una pequeña resistencia que se hacía fuerte contra los saqueadores, plantándoles cara a la primera oportunidad y durmiendo con un ojo abierto como era habitual. Llevaban tanto tiempo resistiendo justo en el límite, que apenas recordaba nada más. Su trabajo de bombero le había servido, en más de una ocasión, para librarse de una muerte segura a manos de algún saqueador. Solían perdonar la vida de quien salvaba las suyas y en eso Alex era todo un experto. A veces se odiaba a sí mismo al pensar que, si tan solo hubiese mirado hacia otro lado, si no hubiese salvado a aquél desalmado en aquél incendio, aquella familia a la que habían asesinado tiempo después estaría a salvo. Pero él no era ningún Dios, no podía elegir a quién salvar y a quién no, eso no estaba en sus manos. Aquél mundo le consumía poco a poco y por desgracia, él lo sabía. Miró a la loba que permanecía a su lado impasible, le guiñó un ojo y metió en una mochila que llevaba lo imprescindible de la camioneta, después echó a andar a través de la espesura con la loba a su lado y juntos, se adentraron en el Bosque Sombrío sin echar la vista hacia atrás.


El sol estaba en lo más alto y hacía mucho calor, demasiado para lo que estaban acostumbrados en esas fechas, cosa que dificultaba aún más la travesía por la densa espesura. Llevaban varias horas caminando cuando Alex se detuvo, se sentó en el tronco de un árbol caído y sacó un par de sándwiches de su mochila, le dio uno de los sándwiches a Luna y el otro se lo comió él. Después, vertió agua en sus manos y las puso a modo de cuenco para que la loba bebiese de ellas, ya que estaba sedienta y no tenían ningún cuenco del que pudiese beber.

-Tendremos que racionar el agua y la comida, quizás tardemos varios días en dar con el espejo, sobre todo porque no sabemos exactamente la forma que tiene en este plano.- Dijo Alex, mientras le daba vueltas a las posibles formas que tendría el espejo en medio de un bosque como ese.


La noche se cernía sobre ellos mientras procuraban encontrar un lugar a salvo para pernoctar, pero tras varios minutos buscando por las inmediaciones, regresaron al árbol caído al ser su mejor opción. Alex sacó de la mochila una manta y la echó en el suelo, era lo bastante amplia para que pudiese sentarse junto a Luna y además, se cubriesen con ella. Recostó la espalda en aquél viejo tronco y mientras los aullidos de los lobos le cantaban a la luna llena, ellos fueron perdiendo el sentido hasta quedar completamente dormidos.

Alex seguía en el bosque,  pero algo había cambiado, se sentí extraño. La luz del sol entraba por las copas de los árboles, las mariposas revoloteaban por su alrededor y notaba que su cuerpo flotaba. Llevaba puesto un pantalón y una camisa blancos de lino e iba descalzo. Sentía la hierba fresca entre los dedos de sus pies. De repente alzó la vista al escuchar el crujido de una rama frente a él y ante sus ojos apareció una hermosa mujer con un vestido blanco y margaritas en el pelo. Esa mujer alzaba los brazos en su dirección y le invitaba a unirse a ella. Alex sin saber cómo, comenzó a dar un paso tras otro y cuando estaba a punto de entrelazar sus manos con las de aquella hermosa mujer, la joven cayó al suelo convertida en un gran lobo blanco.


De repente, algo sobresaltó a Luna e hizo que Alex se despertase de golpe. La loba comenzó a gruñir, mirando fijamente a una densa zona de árboles, por lo que Alex cogió la linterna que llevaba y antes de poder alumbrar con ella, pudo ver dos ojos amarillos aproximándose hacia ellos. Cuando consiguió alumbrar en esa dirección, comprobó que estaban siendo rodeados por una manada de tres lobos hambrientos, deseosos por desgarrarles la garganta a la primera oportunidad.


Alex se puso en pie y Luna se interpuso entre él y los lobos. Era imposible que saliesen ilesos de aquella pelea, Luna no podría con más de un lobo y eso dejaba otros dos para él solo y su linterna. De repente, uno de los lobos se lanzó a por Alex, pero Luna pegó un salto y le interceptó en el aire, mordiéndole en el cuello y cayendo con él al suelo. Los dos lobos rodaron por él mientras luchaban uno contra otro ferozmente. Entonces los dos lobos que faltaban, se abalanzaron sobre Alex y él consiguió golpear a uno en la cabeza con la linterna, lanzándolo contra el tronco de un árbol y haciéndole caer inconsciente a sus pies. El otro lobo aprovechó que estaba distraído y le mordió en un brazo, haciéndole sangrar y haciéndole gritar de dolor. Luna que lo escuchó, dejó malherido al lobo con el que se estaba peleando y se lanzó a por el lobo que seguía enganchado al brazo de Alex, haciendo que el muchacho cayese al suelo por el placaje de la loba y quedase libre del mordisco. Luna le hincó los dientes al lobo en un costado y éste se revolvió, mordiendo a la loba en una pata y manchando su pelaje blanco inmaculado de un tono rojo carmesí. Alex que vio lo que sucedía, se levantó tan rápido como pudo y le pegó con la linterna en la cabeza al lobo, haciendo que perdiese el conocimiento y quedase tendido sobre el verde follaje, después se arrodillo junto a Luna y la abrazó con lágrimas en los ojos. Él amaba a los animales, jamás se hubiese atrevido a hacerle daño a ningún ser vivo, pero no le habían dejado elección, lo había hecho para salvar a Luna, para salvarse él, pero qué mal se sentía por ello. Cogió en brazos a Luna y la llevó hasta la manta, donde alumbrado por la tenue luz de su linterna, curó las heridas de la loba y las suyas propias. Cuando terminó, dejó que Luna descansase con la cabeza sobre sus rodillas un rato y él montó guardia el resto de la noche, ya le habían pillado desprevenido una vez, cosa que no volvería a suceder. Vio cómo los lobos se levantaban malheridos poco antes del amanecer y emprendían la retirada a través del frondoso bosque que les rodeaba. Por suerte aquellos hermosos animales habían sobrevivido y Alex, pese a todo, se alegró de ello. 


 Continuará...

sábado, 23 de septiembre de 2017

Luces y Sombras. Capítulo 3


Cuando la bruja llegó, Álex la dejó pasar. Luna estaba sentada frente a la puerta esperando su llegada y cuando la vio, se levantó y fue a su encuentro. La bruja le acarició detrás de las orejas y a la loba pareció gustarle bastante, después de todo iba a tener más de animal que de humana.

-Siento haber tardado, pero necesitaba algunas cosas.- Dijo la bruja mientras pasaba y dejaba una bolsa de tela encima de la mesa del comedor.


Comenzó a sacar un objeto pesado envuelto en un paño negro, además de cinco velas blancas y un poco de incienso con olor a ruda. Con cuidado colocó en el suelo las cinco velas formando un círculo, encendió el incienso que inundó todo el espacio con su aroma al instante y le pidió a Luna que se metiese en el círculo junto a ella. Después, cogió aquél extraño objeto envuelto y al destaparlo descubrieron que se trataba de una bola de cristal. Extendió el paño frente a la loba, colocó la bola de cristal sobre el paño entre ambas y se arrodilló junto a la bola. Álex esperaba ver una densa niebla que lo inundase todo, o pequeñas imágenes en la bola de cristal con narrador incluido, pero cuando pasó el tiempo y vio que la bruja apenas se movía, no pudo ocultar su desesperación y por fin habló.

-No es por nada, pero llevas casi 10 minutos dándole vueltas a la bolita y yo no veo que haya cambiado nada.- Le recriminó Álex que empezaba a impacientarse.

-Te equivocas, ya comienzo a ver algo. No suelen ser imágenes muy nítidas y tampoco aparecen enseguida, todo requiere su tiempo. Por lo que puedo observar en ellas, confirman las sensaciones que tuve el otro día con tu chica. Se llama Luna y es una policía de un mundo paralelo al nuestro. Entró a través de un espejo mágico porque iba persiguiendo a tu doble en su mundo, que por cierto es un asesino despiadado y cruel, justo todo lo contrario a ti. Al cruzar por el espejo a un mundo paralelo donde su doble sigue vivo, tuvo que adoptar otra forma para poder coexistir con él. Ella se convirtió en una loba por el colgante que llevaba al cuello y él se convirtió en un cuervo por su atuendo negro. Si quiere volver a su mundo debe hallar al cuervo y llevarlo de vuelta con ella al otro lado del espejo. Pero ambos tenéis que tener cuidado, tú no puedes tocar al cuervo y ella no puede tocar a su doble, si es que se cruza con ella en algún momento. Si lo hacéis os fusionaréis como un solo ser con ambas formas y eso podría ser catastrófico.- Advirtió la bruja.

-¿Eso cómo puede ser? ¿Un solo ser con dos formas?- Preguntó Álex intrigado.

-¿Te suena la leyenda del hombre lobo? Pues nuestra querida amiga aquí presente, se convertiría en una mujer loba si llegase a fusionase con su otro yo. Mujer de día, loba de noche, sobre todo en luna llena. ¿Cómo crees que se formaron los antiguos mitos y leyendas?- Contestó la bruja mientras recogía la bola de cristal y la guardaba junto al resto de sus cosas.- Pero recordad algo, si ella quiere volver a su mundo tú no puedes acompañarla o te sucederá exactamente lo mismo. Solo puede haber un doble en cada uno de los mundos.- Dijo la bruja y después se marchó.


Álex se sentó en el sofá con Luna en su regazo. Le acarició la cabeza y mientras la loba se dormía recostada sobre sus piernas, Álex se preguntó lo que haría a partir de ahora con la información que su vecina le había dado. ¿Cómo demonios iban a encontrar a un cuervo negro y mágico? Como si no hubiese cuervos por todas partes.

Entonces algo despertó a Luna, que bajó del sofá como un rayo y se dirigió hacia la ventana de la cocina donde comenzó a gruñir. Cuando Álex miró a la ventana, pudo ver un cuervo negro de ojos rojos observándolos desde el exterior de la casa. ¿Sería tan sencillo? Quizás el cuervo hubiese vuelto a buscarla a sabiendas que era la única forma de regresar a su hogar. Pero aquél animalito tétrico escondía en su interior a un verdadero sádico, no podrían fiarse de él en ningún momento. En  aquél lugar lo bueno escaseaba y lo malo no era difícil de encontrar, por lo que otro asesino más no iba a equilibrar la balanza en ningún momento.

Álex abrió la ventana y el pájaro escapó volando hasta una rama de un roble cercano. Estaba claro que no quería ser atrapado, pero tampoco quería estar muy lejos de Luna, ya que era su única salvación.`


-No te preocupes Luna, volverá. Creo que sabe que no puede regresar sin ti, esa es una baza que podemos jugar a nuestro favor. Vamos a dormir y mañana le daremos caza.- Dijo Álex antes de volver a cerrar la ventana.

A la mañana siguiente, Álex y Luna se pusieron en camino hacia el lugar donde Álex había atropellado a la loba, quizás si regresaban sobre sus pasos y encontraban el espejo, el cuervo les seguiría y podrían regresar al otro lado.  Unos pocos minutos más tarde, Álex se detuvo en seco. ¿Qué estaba sucediendo? Se preguntó Luna, que por poco se come el salpicadero de la camioneta.

-¡Mierda!- Dijo Álex, dando marcha atrás a toda pastilla. – Es una barricada de una de las peores bandas de la zona, si nos ven estamos muertos. Son saqueadores y no dudan en incrustarte una bala en el cráneo para su disfrute.- Dijo girando la camioneta y emprendiendo rumbo en sentido contrario, pero ya era tarde, los saqueadores les habían visto y comenzaron a perseguirles.


Se escucharon disparos, por lo que Álex le pidió a Luna que bajase al suelo de la camioneta y permaneciese allí agachada.

De pronto, uno de los disparos fue a parar a la rueda trasera izquierda de la camioneta, haciendo que Álex perdiera el control y se estrellara contra un árbol fuera de la carretera. El chico estaba inconsciente y Luna tampoco estaba mucho mejor, pero al ver que un tío con aspecto desaliñado abría la puerta del conductor y le apuntaba a Álex con un arma en la cabeza, la loba salió de su escondite y se abalanzó hacia el hombre mordiéndole en el cuello. Éste consiguió dispararla en un costado y aunque la bala no la atravesó y solo la rozó, la loba dejó de morderle y cayó al suelo por el dolor. Cuando el hombre se levantó, con la mano en el cuello para intentar taponar la herida, apuntó a Luna con su arma y una voz de mujer le ordenó que se detuviese y fuese a que le curasen la herida. El hombre obedeció.

La mujer se acercó a la loba y se arrodilló junto a ella, aquél animal tenía algo que la atraía como el fuego a la pólvora, pero algo en su interior le decía que no era buena idea tocarla. Quizás fuese porque el animal estaba herido y podría morderla o por algo que no llegaba a comprender, pero se levantó, se dio media vuelta y se marchó.


Cuando los saqueadores se marcharon dejando a Álex inconsciente y a Luna tirada en el suelo, la loba se levantó con dificultad y tiró del pantalón del joven para despertarlo hasta que lo consiguió. Cuando volvió en sí y encontró a la loba herida, un casquillo de arma de fuego y la puerta del conductor abierta, supo que aquella loba le había salvado la vida. El joven le dio las gracias a Luna e intentó sanar su herida con el botiquín que llevaba en la guantera, mientras ésta lamía la herida que el chico tenía en la cabeza.

-Te llevaré a casa, te lo prometo. Tú salvaste mi vida, yo salvaré la tuya.- Le dijo mientras le rascaba la cabeza a la loba e intentaba poner de nuevo en marcha la camioneta.



Continuará...

jueves, 14 de septiembre de 2017

Luces y Sombras. Capítulo 2


Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue la llama de una chimenea encendida. Intentó incorporarse pero el cuerpo le dolía horrores. Se encontraba echada sobre una alfombra junto al fuego y con una de sus patas vendadas.


-Tranquila chica, no te pongas nerviosa, estás a salvo. Siento haberte atropellado, pero mi amiga Morgana te ha curado. Lo sé, no es veterinaria, pero es una curandera muy reputada en este pueblo. – Dijo el hombre del pelo alborotado con una sonrisa en los labios y una taza de chocolate caliente en las manos.

-Veamos cómo está nuestra paciente. –Dijo una mujer de pelo negro azabache, al acercarse a la loba herida.

El joven se acercó para escuchar el diagnóstico y cuando vio a Morgana retirarse de la loba rápidamente, la taza de chocolate que tenía en las manos se le escurrió y cayó al suelo partiéndose en varios pedazos.

-¿Qué sucede? ¿Está bien?- Dijo bastante preocupado.

-No es lo que parece ser. Este lobo no es realmente un animal.- Respondió Morgana mientras se colocaba de rodillas junto a la loba.- Estás encantada, ¿verdad cielo? Debes estar muy asustada.- Le habló a la loba mientras le acariciaba la cabeza.


-Explícame lo que sucede porque no lo entiendo.- Álex, que así se llamaba el joven, estaba cada vez más perplejo.

-El animal que aquí ves es solo un disfraz. En realidad es una mujer joven que se ha transformado en una loba por culpa de un espejo mágico de viaje.- Le explicó mientras posaba sus manos en el cuerpo de la loba, que poco después aulló en señal de afirmación.

-Tiene que ser una broma. ¿Cómo es posible?- Álex se arrodilló junto a ellas y colocó sus manos en el lomo del animal, pero éste se revolvió y por poco le muerde.

-Está enfadada contigo. No por el atropello, sino porque le recuerdas a alguien. ¡Por los Dioses! Ahora lo sé. Viene de un mundo paralelo para cazar a… un asesino y cree que eres tú. Al menos tiene la misma cara que tú en su recuerdo.- Le dijo mirándole directamente a los ojos.

-¿Yo, un asesino? ¿Mundos paralelos? Morgana, creo que deberías visitar a un médico porque estás perdiendo la cabeza. – Álex se levantó y fue a por la escoba para recoger aquél destrozo.

-Llámame loca si lo prefieres, pero no solo soy una simple curandera y lo sabes. Lo he visto al tocarla. Debes ayudarla a regresar a su mundo antes que sea demasiado tarde. Si se cruza con su doble aquí y se tocan, podrían fusionarse y alterar el espacio tiempo. Y tú debes tener cuidado, he visto en su mente la imagen de un cuervo, debéis darle caza y hacer que regrese con ella a su mundo o tú correrás la misma suerte.- Morgana acarició por última vez a la loba y después se marchó, no sin antes recordarle a Álex que debía hallar el espejo en el bosque.

Álex regresó junto a la loba después de despedirse de Morgana y cerrar la puerta. Cogió una manta que tenía en el respaldo del sofá y se la echó por encima al animal que seguía tendido en el suelo. No había creído ni una sola palabra de lo que la loca de su vecina le había dicho, pero si en verdad ese animal era una mujer, no quería que cogiese un resfriado por su culpa después de haberla atropellado, eso ya sería el colmo.

Mientras la loba dormía, Álex se quedó guardándola buena parte de la noche, hasta que el sueño se apoderó de él y se quedó dormido en el sofá. A la mañana siguiente se despertó y recordó que tenía turno de mañana en el trabajo, por lo que llegaba tarde, como de costumbre. Se puso corriendo el uniforme sin darse cuenta que la loba le observaba y cuando se dispuso a salir por la puerta, la loba le siguió.

-No puedes venir conmigo, aún no estás recuperada del todo, es mejor que te quedes aquí. Te prometo que cuando mejores te dejaré libre de nuevo, no soy ningún carcelero.- Le dijo al animal que no estaba muy de acuerdo con aquella orden, ya que la ignoró y se subió a la parte trasera de la camioneta de un salto.

-Vale, vale. Te vienes conmigo, pero procura cubrirme, mi jefe ya está bastante harto de que siempre llegue tarde.- Al final cedió y se metió en la camioneta.


Cuando llegó al cuartel de bomberos, su jefe le estaba esperando en la puerta.

-Llegas tarde, otra vez.- Le recriminó con los brazos en jarras.

-Lo siento jefe, pero ayer atropellé a esta loba de camino a casa y me pasé toda la noche cuidándola.- Dijo señalando al gran lobo blanco que descendía desde la parte trasera de su camioneta.

-¿Y por qué no te la has dejado en casa?- Le recriminó su jefe mientras observaba cómo el animal se colocaba entre Álex y él.

-Es muy testaruda, cualquiera le lleva la contraria.- Dijo mientras le acariciaba la cabeza.

-Está bien, pero si termina chamuscada al final del día, yo no quiero saber nada.- Sentenció el jefe tras la discusión.


De repente sonó la alarma, al parecer se había declarado un incendio en una vivienda familiar. Álex se puso el traje reglamentario y se colocó en la cabina del camión de bomberos con la loba a su lado. El resto de sus compañeros subieron a la parte de atrás y cuando ya estaban todos listos arrancaron el motor. El trayecto fue muy rápido y bastante movidito. Los compañeros de Álex se sorprendieron al verle junto a un lobo en la cabina del camión y al oír la historia que les contó, decidieron adoptar a la loba temporalmente como la mascota del cuerpo de bomberos.

Poco después llegaron a la casa incendiada, de la cual salía humo negro por todas las ventanas. Todos descendieron del camión y tomaron posiciones. La loba se mantuvo al margen y se quedó junto al camión para no interponerse. Observaba a Álex sin quitarle el ojo de encima. Le vio sacar a dos niños del incendio, uno en cada brazo. ¿Qué estaba pasando? El corazón de Luna se aceleró. De repente algo la sacó de su ensoñación. La madre de los niños gritaba desolada que Alicia, la pequeña de los tres hermanos seguía en la casa. Sin pensárselo dos veces, Luna se lanzó al interior de la casa mientras escuchaba los gritos de Álex desde fuera, pidiéndole que regresara.


Hacía mucho calor y el humo le empañaba los ojos, además de hacer casi imposible la tarea de respirar. Menos de un minuto le bastó para encontrar a la niña semi-inconsciente y metida dentro de un armario. Agarró a la niña de la solapa del pijama y la arrastró hasta fuera de la casa a tiempo, antes que el techo se derrumbase y las aplastase a las dos. Álex vio cómo la loba sacaba a la niña y después se desplomaba en el suelo. Los paramédicos cogieron a la pequeña que estaba sana y salva y se la llevaron en una ambulancia, mientras Álex recogía a la loba y le practicaba el boca a boca, o más bien el boca a hocico. Había tragado mucho humo, pero estaba bien, porque abrió los ojos y comenzó a lamerle la cara. Todos los bomberos se reunieron alrededor de la loba y de Álex, felicitando al animal. Habían hecho una buena elección como mascota.

De camino a casa, sentados en la cabina de la camioneta, Álex comenzó a sentir algo extraño.

-Has sido un animal muy valiente, pero aún estás convaleciente, prométeme que nada de heroicidades al menos hasta que estés mejor. Y además, necesitas un baño, ya no sé si eres blanco o color hollín.- Le dijo mientras le alborotaba el pelo de la cabeza con la mano libre.

La loba gruño, al parecer no le hacía mucha gracia lo de bañarse, pero era algo que necesitaba de verdad.

Al llegar a casa, la loba se sentó frente a la chimenea, esperando que Álex se diese cuenta y la encendiese, y así fue. Mientras Luna estaba revolcándose por la alfombra, Álex llenó la bañera.

-Vamos pequeña, es la hora del baño.- Dijo al aparecer en el salón con solo unos bóxer puestos y una toalla al hombro.

Luna se tapó los ojos en señal de protesta con las patas. La idea no le resultaba nada agradable y menos estando dolorida como estaba. Entonces Álex intentó cogerla en brazos, pero Luna gruñó.


-Está bien, si quieres quedarte en casa tendrás que bañarte, mira cómo me has dejado la alfombra.- Le recriminó, señalando a la gran mancha negra que lo invadía todo.

- ¿Y si me meto contigo en la bañera? Después me tengo que duchar igualmente, así que no me importa.- Le dijo mientras alzaba los brazos.

Entonces la loba se lo pensó mejor y se incorporó, dejó que Álex la cargase en sus brazos y la llevase hasta la bañera, donde se metieron los dos. Luna se dejó enjabonar y Álex la trató con cuidado de no hacerle daño, incluso se rió de la loba al verla intentar hincarle el diente al chorro de agua que salía del grifo de la bañera. Cuando salieron, Luna se sacudió el agua y lo salpicó todo.

-¿En serio? Me vas a dar más trabajo que si tuviese un niño pequeño en casa.- Dijo Álex mientras se quedaba en cueros y se metía a la ducha.

 Luna salió del baño apresuradamente, pero ya era demasiado tarde, ya le había visto en todo su esplendor. Poco después, mientras Álex preparaba la cena, escuchó un ruido. Eran las tripas de Luna, la loba estaba hambrienta, ya que apenas había comido desde hacía días.


-No sé qué más probar contigo. No te gusta nada de lo que tengo. Lo sé, no soy un buen cocinero y todo está precocinado, pero quizás te comas un buen filete crudo. Aquí lo tienes.- Le dijo mientras le servía un filete en un plato en el suelo.

Luna se llevó una de sus patas a la cabeza, negándose a comerse nada crudo. ¿Cómo le iba a decir que era vegetariana? Estaba claro que o se comía aquella cosa o terminaría muerta por inanición. Entonces tuvo una idea. Se acercó a la nevera y la abrió. Rebuscó en uno de los estantes y encontró un poco de arroz que había sobrado hacía días, ya que eso y poco más, era lo que Álex sabía cocinar.
Cuando el joven se dio cuenta de lo que la loba le quería decir, le preparó un gran plato de arroz, ya que no tenía cuencos para perros y Luna se lo comió todo entero.


-Jamás pensé que vería a un lobo vegetariano. Creo que eres un animal un tanto extraño. Por cierto, tendré que ponerte un nombre, amiguito.- Dijo mientras recogía la cocina.

La loba se acercó a la ventana y aulló, llamando la atención de Álex.


-¿Aúllas a la luna?- Dijo y entonces observó que la loba quería decirle algo.- Ah, claro. Te llamas así, Luna. ¿Acerté?- Después de un par de minutos intentando comprenderla, al fin había caído en la cuenta.

Luna salió corriendo, se abalanzó sobre él y le tiró al suelo para lamerle la cara.

-Bueno, creo que nos vamos entendiendo.- Le dijo entre lametones.

-Ya era hora.- Dijo Luna.

-¿Qué has dicho?- Comentó sorprendido al escuchar hablar al animal.

-¿Me entiendes? Llevo desde ayer intentando comunicarme contigo, si llego a saber que podías entenderme hubiese hablado antes.- Susurró la loba entre dientes.

-Esto no puede ser, no es real. Los animales no hablan.- Dijo Álex asustado mientras se levantaba del suelo.

-Por fin lo comprendes. Hasta esa amiga tuya que me sanó tiene más luces que tú, chaval. Te lo llevo diciendo desde ayer, que la bruja tenía razón.- Luna se sentó frente a él, mirándole aliviada.

Álex cogió su teléfono y marcó el número de Morgana. Ahora sí la creía y lo peor, la necesitaba. Tendría que prepararse una buena disculpa si quería la ayuda de la bruja. ¿Bruja? Siempre pensó que su vecina estaba loca, nunca creyó que fuese realmente una bruja. ¿Qué más cosas se había perdido hasta entonces?

Continuará...